Sumar
Crisis en Sumar: una ecologista cercana a Bustinduy se perfila como nueva líder de consenso entre los bandos
La paradoja del destino hizo que en la semana en que el Papa visitaba Madrid con mensajes de concordia y fraternidad, justo fuera un partido a la izquierda y no en el trumpismo el que estallara por los aires y exhibiera con crudeza el surco abierto en su interior, el cual, debe decirse, muchos venían callando para evitar la crisis que resultó inevitable.
Los dos sectores en disputa en Movimiento Sumar tienen a muchos de sus dirigentes y diputados pero, sobre todo, dos caras visibles: la coordinadora general del partido, Lara Hernández, y la portavoz parlamentaria, Verónica Barbero. Ambas puestas en sus cargos por decisión principalmente de Yolanda Díaz.
Si bien hace muchos meses hay una parte de la Ejecutiva que está disconforme con la labor de Hernández, la eclosión ha llegado en los últimos días con las dimisiones de la secretaria de Organización, Laura Moreno, y el secretario de Comunicación, David Comas.
Moreno envió el lunes una carta a los miembros del Grupo Coordinador (una especie de Consejo Ciudadano en Podemos) que acabó siendo una bomba neutrónica dentro de la formación, ya que no solo acusaba a Hernández de mentiras e ineptitudes sino que filtraba la existencia de seis expedientes internos por acusaciones de presunto maltrato laboral (dos de los secretarios y cuatro de empleados del partido).
Lara Hernández ha hecho saber que niega las acusaciones, tacha de “caza de brujas” todo lo dicho por sus adversarios y asegura que el tiempo le dará la razón y que esos expedientes quedarán en nada
Hernández ha hecho saber que niega las acusaciones, tacha de “caza de brujas” todo lo dicho por sus adversarios y asegura que el tiempo le dará la razón y que esos expedientes quedarán en nada. Algunos de sus defensores, entre ellos los diputados Txema Guijarro y Manuel Lago Peñas, admiten que esos malos tratos pueden haber existido pero creen que todo es sobreactuado para utilizarla como chivo expiatorio y quedarse con la marca electoral.
“Ella tiene las formas y tratos típicos de la Juventud Comunista”, dice con ironía un miembro del partido, que recuerda lo prolífero del CV partidario de Hernández: el PCE, Izquierda Unida, Podemos, Más Madrid y ahora Sumar.
El miércoles, al día siguiente de la filtración de la carta de Moreno, el aire se cortaba en el Congreso entre los diputados de Movimiento Sumar, con toda la prensa y muchos políticos sorprendidos por hasta dónde había escalado el conflicto. Los legisladores de los partidos socios del grupo parlamentario esquivaban las preguntas y pedían tener en cuenta que la crisis no era de la coalición sino de uno solo de sus partidos. Justo ese día, la vicepresidenta Díaz se ausentó con la excusa de viajar a Barcelona (y contaba con la suerte que no debía responder preguntas en la sesión de control).
Inicio de solución
Uno de los portavoces designados por Sumar, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, es uno de los más activos ‘pacificadores’, y viene hace días intentando mediar entre los dos bandos y tratar de ser un dique a una crisis que podría acabar en la disolución del joven partido, fundado en 2023.
Como comentaba uno de los diputados a El Salto, Urtasun interviene también porque tiene objetivos políticos: aunque no lo diga, no quiere descartar su candidatura a la presidencia del Gobierno (en caso que Pablo Bustinduy y Unai Sordo se mantengan en el ‘no’ y lo de Gabriel Rufián no prospere) y para ese fin le conviene un Movimiento Sumar existente. Esto es así porque Urtasun proviene de Catalunya en Comú, un partido que, como su propia denominación lo indica, no tiene anclaje en Madrid. El dirigente barcelonés funciona como un enlace de los ‘comuns’ en la fundamental región capital.
Urtasun ha enhebrado una solución que podría evitar un conflicto mayor: ha recordado un nombre, el de Rosa Martínez, que ya había surgido en febrero
Urtasun ha enhebrado una solución que podría evitar un conflicto mayor: ha recordado un nombre, el de Rosa Martínez, que ya había surgido en febrero (a propuesta de personas del sector contrario a Hernández) y que aunaría consensos y voluntades.
Martínez es una ecologista, exmilitante de Equo y actual secretaria de Estado de Derechos Sociales. Ha sido “recuperada”, como se dice en el argot político, por el ministro Bustinduy, quien la quiso sumar a su equipo en la cartera que dirige desde noviembre de 2023.
Su origen político se encuentra en Bilbao y, como suele ocurrir en Sumar, tiene un prólogo de enfrentamiento fuerte con Podemos cuando Juantxo López de Uralde, diputado por Araba de la alianza de Podemos, IU y Equo, decide abandonar esa formación ecologista cuando se alinean con Iñigo Errejón.
Según sus estatutos, Movimiento Sumar debe tener dos coordinadores (Carlos Martín lo era hasta que dimitió y quedó solo Hernández), por lo que se está pensando que, con el objetivo de calmar las aguas, la otra cocordinadora sea Verónica Barbero, una de las mayores defensoras de desplegar el partido territorialmente.
Ese tema no es baladí y ha sido uno de los focos de enfrentamiento. Barbero y otros referentes creen que el partido va muy tarde en su implantación territorial, frenada desde las elecciones europeas. Muchos le achacan esa responsabilidad a Lander Martínez, removido luego por el grupo cercano a Yolanda Díaz, y también a Hernández. “Comparten la postura ‘errejonista’ de que no hace falta trabajo en el territorio; solo un líder, medios y redes sociales”, critica uno de los dirigentes intermedios de la formación.
Queda por definir si Hernández participará de esa lista única y formará parte de la futura ejecutiva, que se votará en primarias de afiliados (en Movimiento Sumar se paga una cuota) el próximo 11 de julio. Ser parte de esa ejecutiva sin escaño en el Congreso otorga 50.000 euros al año al dirigente, por lo que desde el sector contrario creen que sería un despropósito dar un ingreso fijo a una dirigente con seis expedientes abiertos por maltrato.
Desde el sector que defiende a Hernández aseguran que el comité que analiza esos expedientes no es un comité de garantías sino que funciona como juez y parte ya que sus integrantes son mayoritariamente miembros de la ejecutiva contrarios a la coordinadora. Es decir, afirman que carece de neutralidad y es el principal argumento que esgrimen para hablar de una “caza de brujas” con tal de quedarse con el sello.
Por su parte, Barbero tiene intención de coliderar el partido porque cree que todavía tiene posibilidades de desarrollarse, como ella lo hizo en Galicia. Su idea es exportar la implantación hecha allí (aunque no logró escaño autonómico) a otros territorios, inclusive allí donde trabajan sus socios, como Mas Madrid o Compromís.
La portavoz, muy cercana a Díaz, tiene decidido que no será candidata a diputada por Madrid y que si lo es, lo será por A Coruña, según fuentes del partido han informado a El Salto. Este dato es relevante ya que en la negociación de la coalición, por ahora identificada como Un Paso al Frente, en Madrid los primeros seis lugares (los de posibilidad de entrar) tienen que contar con tres mujeres, y Más Madrid ha propuesto solo a una (Tesh Sidi) de los tres.
Mientras tanto, el partido trata de volver a la normalidad: el grupo coordinador ha votado este jueves por la noche que haya primarias en un mes y ha dicho a los periodistas que pide “disculpas” por no haber tenido “serenidad y cuidado en los últimos días”. Personas presentes en el debate han dicho a El Salto que varios dirigentes pidieron explicaciones a Hernández, pero que ella no respondió.
Todos anhelan evitar una disolución o un desprestigio mayor ya que se aproximan meses de alta intensidad política y negociaciones de un frente electoral. “Todo esto no hace más que debilitar la posición negociadora de Movimiento Sumar frente a los otros tres socios de coalición. A pesar del enfado, tenemos que tratar de no generar un terremoto que no abone la sensación de cuesta abajo”, explica una de las primeras espadas de Hernández.
El pequeño partido, con pocos militantes y poquísimos diputados autonómicos y concejales, subsiste gracias a ser socio minoritario del Gobierno y tener a su fundadora como vicepresidenta, por más que ella “ya pasa de todo lo orgánico hace tiempo”, como explica una de sus colaboradoras. Pero esa pertenencia al Consejo de Ministros y el nombre del grupo parlamentario hace que persista la marca en la conversación pública y que hasta el CIS pregunte por él (y, de hecho, es el cuarto partido más votado del Estado, por ahora).
Hace dos años que Yolanda Díaz no se involucra en nada de Movimiento Sumar, aunque sí que mediante gestos le ha retirado su apoyo a Hernández
Pero tiene dos problemas. El primero es que carece de una candidata o candidato fuerte. Lo de Martínez no puede ser interpretado como un ‘sí’ de Bustinduy, aunque es claro que ella no aceptaría coordinar Sumar sin su guiño. Frente a esta negativa y la de Unai Sordo, por ahora están en manos de Rufián o del desconocido Urtasun (porque aunque muchos quieren pactar con Podemos, ninguno quiere que Irene Montero sea la candidata).
El otro problema es más bien una hipoteca: la líder que lo fundó nunca se ocupó mucho de desarrollarlo. Díaz delegó en Josep Vendrell y el errejonista Lander Martínez el despliegue del partido. Luego, en Hernández. Pero las decenas de fuentes consultadas coinciden, todas, en que hace dos años que la vicepresidenta no se involucra en nada de Movimiento Sumar, aunque sí que mediante gestos le ha retirado su apoyo a Hernández. Todos los preguntados, comprometidos con el partido, respetan a la ministra de Trabajo y su legado de gestión pero lamentan, con mucha decepción, su abandono.
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