Somalia
Somalia se desintegra al borde de otra hambruna
A pesar de apenas ocupar titulares, Somalia vive, desde hace meses, sumida en otra grave crisis alimentaria. Más de seis millones de personas, en un país de 19,7 millones de habitantes, se encuentran en situación de inseguridad alimentaria. A la sequía y la guerra en el territorio se le suman los recortes drásticos para la ayuda internacional y la reducción drástica de los fondos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que actualmente trabaja con una décima parte de los recursos que tenía en 2022. En Puntlandia, uno de los estados federados de Somalia, el PMA se ha visto obligado a cerrar más de 70 centros de salud. Si bien aún no se ha declarado el estado de “hambruna” —para que se declare oficialmente la situación de hambruna se tiene que dar la misma situación en varios estados del mismo país, y tiene que haber un número determinado de personas que estén en la llamada “fase de catástrofe de inseguridad alimentaria”— la situación es considerada por las organizaciones internacionales de “severa”.
Entre todas estas personas que sufren de desnutrición se encuentran alrededor de dos millones de menores de cinco años. UNICEF califica la situación en el país como “una de las crisis humanitarias más graves, complejas y silenciosas de nuestros días”. La destrucción de los medios de subsistencia de miles de personas las deja en una situación de vulnerabilidad acuciante y bajo una necesidad urgente de asistencia. Somalia ocupa actualmente el puesto 123 en el Índice Global del Hambre de 2025, un ranking de 123 países. Es decir, se encuentra en el último lugar. Hace apenas horas se publicaba un nuevo informe del IPC (Integrated Food Security Phase Classification, en español, CIF —Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases—), y las conclusiones no son buenas: “Cerca de 5,1 millones de personas se encuentran en la fase 3 de la CIF o superior (fase de crisis) entre julio y septiembre de 2026, incluyendo cerca de 1,4 millones de personas en la fase 4 (fase de emergencia). En el período actual, 19 zonas del país se encuentran en fase 4 (crítica) de desnutrición aguda.
Miles de niños y niñas se han quedado sin tratamiento para la desnutrición a causa del cierre de servicios sanitarios y nutricionales en determinadas regiones por falta de fondos
La situación extrema que se vive en algunas partes del país ha provocado, a su vez, el colapso de hospitales y centros de atención primaria. Según cuentan desde Médicos Sin Fronteras (MSF), miles de niños y niñas se han quedado sin tratamiento para la desnutrición a causa del cierre de servicios sanitarios y nutricionales en determinadas regiones por falta de fondos. A la desnutrición, según la organización, se suman otras enfermedades como la difteria, la neumonía o el sarampión, “lo cual dificulta mucho más el tratamiento y aumenta el riesgo de muerte”, asegura Emmanuel Omale, coordinador de proyectos de MSF en Somalia en una nota remitida por la ONG.
Sequía y la próxima llegada de El Niño
La escasez de alimentos tiene su origen en una serie de factores y situaciones que convergen en el territorio. En primer lugar hay que mirar hacia la ausencia de lluvias durante 2025, lo que ha tenido como consecuencia una sequía devastadora que está afectando a 4,6 millones de personas —una de cada cuatro, y entre los que se encuentran tres millones de menores—, según las estimaciones de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (UNOCHA); medio millón de personas se han visto obligadas a desplazarse forzosamente. Entre las zonas más afectadas está el territorio central del país: Galgaduud y Mudug. Allí, las familias que se dedicaban al pastoreo, se han tenido que marchar en busca de agua y nuevos pastos.
La situación es realmente grave, y la situación continúa deteriorándose. No esperamos mejores cifras ni ninguna mejora. El problema es que una vez entramos en sequía, se produce un efecto en espiral sobre la producción agrícola y sobre el ganado. Se secan los pozos y la vida en las comunidades se erosiona por completo. Ahora mismo no les queda nada, lo han perdido todo. El poco ganado que les queda tienen que venderlo”, explica a El Salto Juliet Moriku Balikowa, directora de Oxfam en Somalia.
Ante la eminente llegada de El Niño se prevé un aumento de las enfermedades, la reducción a la ya escasa agua potable y la limitación, aún más, del acceso a los servicios de salud
Esto no termina aquí: en las próximas semanas, se prevén tormentas e inundaciones a causa del fenómeno climático El Niño, lo que complicará más la situación en la región. Se prevé un aumento de las enfermedades, la reducción a la ya escasa agua potable y la limitación, aún más, del acceso a los servicios de salud. Respecto a la llegada de El Niño, el informe del IPC advierte: “Entre octubre y diciembre de 2026, se prevé que la población en fase 3 o superior aumente a 5,4 millones de personas [...] Esto incluye a 1,5 millones de personas que probablemente estarán en fase 4 y a casi 26.000 personas desplazadas internas (PDI) de Baidoa, en la región de Bay, que probablemente estarán en la fase 5 (catástrofe). “Las previsiones que tenemos es que la zona más afectada será el sur del país; 1,2 millones de personas podrían verse forzosamente desplazadas, y afectadas directamente unas 3,3 millones de personas, de las cuales la mitad son niños y niñas”, explica para El Salto Saviano Abreu, director de comunicación de UNICEF España, que acaba de volver de Somalia.
La devastación que provoca cada llegada de El Niño “es increíble, porque todas las infraestructuras de agua quedan arrasadas: las letrinas, las fuentes comunitarias, los pozos… Por no hablar de las enfermedades causadas por las fuentes de agua contaminadas. El cólera y la diarrea se disparan rápidamente. Esto provocará nuevas muertes, sobre todo de niños y niñas, porque son los que menos capacidad tienen de resistir algunas de estas enfermedades”, se lamentan desde Oxfam Somalia.
El encarecimiento de los alimentos básicos a causa de la guerra en Oriente Medio
A esta crisis alimentaria causada por una sequía extrema hay que sumarle el encarecimiento de algunos alimentos y la subida del precio del combustible a causa de la situación de guerra en Oriente Medio. El cierre parcial del estrecho de Ormuz y el de Bab-el-Mandeb, en el mar Rojo, han provocado un contexto de inestabilidad global que se traduce en que miles de personas no puedan acceder a productos de primera necesidad, como ocurre en Somalia. “En cuanto a los alimentos disponibles en los mercados, los precios son excesivos. La comida es tan cara que está totalmente fuera del alcance de gran parte de la población”, sostiene Juliet Moriku Balikowa.
Saviano Abreu, por su parte, hace hincapié en la subida del precio del petróleo: “Intentamos diversificar el origen de los suministros, precisamente para justamente minimizar el impacto cuando se produce este tipo de situaciones, pero desgraciadamente, la situación sigue afectándonos. El aumento del precio del combustible ha hecho doblar en algunos casos el envío de productos terapéuticos, algo fundamental para hacer frente a lo que está sucediendo ahora”, cuenta.
Conflicto armado y recortes drásticos en ayuda humanitaria
Por otra parte, hay que mirar hacia el conflicto. La situación de inestabilidad debido a los combates entre diferentes grupos armados que operan en la zona hace que hayan aumentado los desplazamientos y que sea más complicado para las agencias internacionales hacer llegar la ayuda humanitaria. En relación al conflicto armado, desde UNICEF prefieren no dar nombres, pero Abreu pone un ejemplo sencillo: “Hay distancias que son muy cortas, pero nosotros, como personal humanitario, no las podemos hacer por carretera; así que las tenemos que hacer en helicóptero o en avión, por temas de seguridad”. Esto también provoca que muchas comunidades vulnerables queden aisladas, al no poder desplazarse los equipos médicos.
Además, el conflicto armado provoca desplazamientos masivos y que los campos de desplazados se sobresaturen, además de severas violaciones de derechos humanos, sobre todo, de las niñas y las mujeres. “Los desplazamientos traen grandes desafíos: cuando la gente se desplaza, se traslada a las ciudades y presiona unos servicios básicos que ya ni siquiera son suficientes en este país”, sostiene Moriku.
UNICEF: “Los recortes de financiación han obligado al cierre de más de 200 centros médicos y nutricionales sobre el terreno, y otros 600 más se encuentran en riesgo de desaparecer, dejando desamparadas a las comunidades”
Por último están los recortes en materia de ayuda humanitaria y la escasez de fondos. En un país cuya población depende de la ayuda humanitaria internacional para salir adelante, los drásticos recortes en las diferentes organizaciones y agencias de las Naciones Unidas han tenido un efecto devastador. “Los recortes de financiación han obligado al cierre de más de 200 centros médicos y nutricionales sobre el terreno, y otros 600 más se encuentran en riesgo de desaparecer, dejando desamparadas a las comunidades”, explican desde UNICEF. Saviano Abreu recuerda las hambrunas de 2017 y de 2022, que “se pudieron evitar” gracias a la existencia de recursos. “En 2017 y en 2022 vimos que las hambrunas se pueden evitar. En 2022 había un presupuesto de 2.000 millones de dólares; ahora es de 300”. Para poder cubrir las necesidades, en UNICEF, por ejemplo, necesitaríamos 121 millones de euros, para poder preparar una respuesta; pero solo disponemos de 88 millones. Necesitaríamos 50 millones más para responder a El Niño”.
Somalia vive desde hace años sumida en una espiral de devastación por diferentes motivos que hace que las posibilidades de recuperación sean pocos
Juliet Moriku Balikowa hace énfasis en que “de las numerosas crisis que atraviesan Somalia, hay una que es de financiación. Los recortes del gobierno de Estados Unidos el año pasado fueron un enorme revés para este país, porque gran parte de la financiación, más del 50 % tanto humanitaria como para el desarrollo, procedía del Gobierno estadounidense a través de sus distintos departamentos”, recuerda la experta, quien se lamenta de además no tener recursos para cubrir las necesidades causadas por la sequía, de no tener “ni para emprender acciones que mitiguen la devastación que sabemos que ocurrirá con El Niño cuando llegue [...] Estamos muy por debajo de la financiación necesaria incluso para cubrir, por ejemplo, las necesidades de quizá el 25% de la población”.
Somalia vive desde hace años sumida en una espiral de devastación por diferentes motivos que hace que las posibilidades de recuperación sean pocos. “Aquí no hay descanso: sequías, conflictos, inundaciones… Y vuelta a empezar. Hay poco margen para la recuperación. Cada paso dado queda erosionado por una nueva perturbación. Vuelves a la casilla de salida todo el rato”, se lamenta la experta, quien insiste en la necesidad de tener en cuenta las cifras, pero sin perder de vista que detrás de cada número hay la vida de una persona.
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