Máxima tensión en Oriente Próximo ante las amenazas de un Trump acorralado por el alza de gasolina y diésel

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ha señalado que las bases de inteligencia estadounidenses en la zona son alcanzables por su artillería, pero Teherán mantiene una vía de comunicación abierta a través de la mediación de Pakistán.
Yemen y Emiratos Árabes
Un soldado con el uniforme del ejército del Yemen del Sur frente a una base militar. Ricard González
22 sep 2026 00:01

El domingo 20 de septiembre, Donald Trump anunció que la ofensiva contra Irán afrontará en las próximas horas su fase decisiva. El presidente estadounidense ha dicho sopesar “destruir por completo” el país, poblado por 90 millones de habitantes.

La cadena estadounidense Fox News afirmó que Trump consideraba tres opciones: “Eliminar a Irán, dejar que se pudra económicamente o llegar a un acuerdo”. De esas tres vías, la que parece en marcha es la de las sanciones económicas. Este lunes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent anunció que el miércoles 23 de septiembre “todas las aerolíneas iraníes, absolutamente todas, cerrarán sus operaciones en todo el mundo”. 

Pero hasta ahora la Casa Blanca no ha conseguido concitar el acuerdo de los actores a los que pretende implicar en las sanciones. En agosto, Pakistán ya anunció que no secundaría la “Operación paria económico” lanzada por EEUU, que tampoco ha logrado involucrar a China en su plan. Pese a ese fracaso a medias de Trump y su equipo, lo cierto es que las cifras macroeconómicas hablan de una grave recesión en Irán, que vive desde la guerra con una subida de la inflación promedio interanual del 69,9%, que afecta especialmente a los alimentos.

La escalada ha sido recibida con cautela por el régimen iraní, que dice estar preparado para todas las contingencias. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) ha señalado que las bases de inteligencia estadounidenses en la zona son alcanzables por su artillería, pero Teherán mantiene una vía de comunicación abierta a través de la mediación de Pakistán, cuyo ministro del Interior, Mohsin Naqvi, viajó el lunes para tratar de llegar a un entendimiento.

Acualmente, se estima que ha sido reestablecido un 60% del tránsito, pero Irán no ha abierto por completo el paso marítimo ante el incumplimiento con respecto al levantamiento de las sanciones

De fondo, está la cuestión del Estrecho de Ormuz, abierto parcialmente tras el inicio de las conversaciones el pasado mes de junio. Actualmente, se estima que ha sido reestablecido un 60% del tránsito, pero Irán no ha abierto por completo el paso marítimo ante el incumplimiento con respecto al levantamiento de las sanciones y a las dudas con respecto a un ulterior ataque de Israel y EEUU en caso de reestablecimiento del tráfico. “Nuestras condiciones son el fin de la guerra en todos los frentes, el desbloqueo de nuestros fondos congelados y el levantamiento del bloqueo naval”, dijo el presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional el pasado sábado.

El conflicto, que dura ya siete meses, no tiene una fecha estimada de conclusión. El embajador de EEUU ante la ONU se negó a aventurar el plazo de fin del conflicto pese a que, a comienzos de año, Trump vaticinó que duraría “cuatro o cinco semanas”. 

El régimen saudí parece haber virado hacia una demanda de entendimiento con Teherán. Algo que está en consonancia con la mayoría de naciones del Golfo pérsico

Mientras, la expansión del conflicto sigue marcando a la región. En Yemen, la milicia Ansar Alá, los llamados hutíes, han llevado a cabo ataques sobre la capital de Arabia Saudí, Riad, y a las instalaciones del gigante petrolero Aramco en la ciudad portuaria de Yanbu. En las últimas horas, Trump ha dado nuevas pruebas de su política de impulsos con respecto a Yemen, país en el que, después de la reapertura del conflicto del pasado mes de agosto, se han registrado 674 muertos y 2.998 heridos según la Organización Mundial de la Salud. Se calcula que más de 150.000 personas han resultado desplazadas por el conflicto.

El fin de semana pasado, Mohamed bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudita, solicitó la ayuda de EEUU para contrarrestar el fuego yemení, algo a lo que Trump accedió para, más tarde, desdecirse y paralizar el bombadeo estadounidense contra posiciones de Ansar Alá cuando, según The New York Times, las bombas ya estaban cargadas.

Aliado histórico de EEUU y enemigo acérrimo de Irán, el régimen saudí parece haber virado hacia una demanda de entendimiento con Teherán. Algo que está en consonancia con la mayoría de naciones del Golfo pérsico. Durante el fin de semana, estos discutieron la necesidad de un cambio de paradigma, tal y como expresó el jeque Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, dirigente de los Emiratos Árabes Unidos, uno de los países que vivió con mayor crudeza las represalias del régimen iraní contra el ataque israelí-estadounidense desencadenado en febrero de este año. Tanto Pakistán como Qatar siguen enfrascados en la mediación para obtener un nuevo principio de acuerdo.

Se espera que esta semana los países del Golfo discutan con Trump una nueva hoja de ruta más beneficiosa para sus causas durante la cumbre de Naciones Unidas que tendrá lugar en Nueva York. A esa cita acudirá el presidente iraní, Masud Pezeshkian, quien no tiene previsto entrevistarse con funcionarios estadounidenses. Trump, sin embargo, no ha descartado que se produzca un encuentro con el presidente de la República Islámica.

De la parte de Israel, la opción de la aniquilación siempre ha estado encima de la mesa. Durante el fin de semana, las fuerzas armadas del país (FDI) llevaron a cabo nuevos ataques en Líbano y en los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania.

La desesperación de Trump

La Casa Blanca se juega mucho en las próximas semanas. Se acercan las elecciones de medio mandato y la popularidad de Trump sigue en horas bajas. Una encuesta de la derechista Fox News muestra que el 62% del electorado estadounidense cree que la guerra declarada a Irán ha sido un error, y la identificación de esa guerra con la subida de precios del combustible fósil es automática en un país en el que la gasolina cuesta elecciones.

El precio del barril de crudo se ha situado en los últimos días en torno a los cien dólares y los precios de la gasolina está por encimo de los cinco dólares por galón (3,7 litros) en EEUU. Este lunes se llegó a la cifra nunca antes alcanzada de 6,5 dólares/ galón. Esa subida marca un punto de quiebre importante sobre la población del país ya que, en noviembre, además de las elecciones de medio mandato, se llevan a cabo los desplazamientos masivos del Día de Acción de Gracias, seguidos por los de la Navidad, lo que, en un contexto de combustibles caro, se traduce en pérdidas económicas sustantivas.

Aunque oscilante, el precio del diésel, utilizado en la maquinaria agrícola y de transporte, se ha establecido en las últimas semanas en torno a los 190 dólares. El paso del crudo al diésel ha puesto en primer plano el papel de las refinerías y ese ha sido el motivo principal del aviso que ha lanzado la Casa Blanca a Ucrania, otra de las X en el mapa del mundo que ha desplegado Trump. La pasada semana, Trump exigió a Volodimir Zelensky que se detuvieran los ataques sobre refinerías rusas, pero el ejército ucraniano ha encontrado en esos bombardeos una llave para sostener el curso de la guerra y el pasado fin de semana se produjeron ataques con importantes daños sobre infraestructuras energéticas en Moscú y otros puntos de Rusia.

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