Sistémico Madrid
Las minas madrileñas de Victorino Alonso

Jubilado, insolvente y cosido a denuncias por las que nunca ha ido a prisión, el magnate del carbón sitúa su patrimonio en Madrid. Su red de colaboradores regenta 50 empresas localizadas en tres oficinas, a cual más siniestra, que suman 100 millones de euros, Porsche Cayenne incluido.

Sistémico Madrid Calle Dulcinea
Número 4 de la calle Dulcinea, donde hay un rótulo de Ferpi y una marcha de orín. Felicia Barrio
30 jul 2019 06:24

Sobre Victorino Alonso se ha escrito mucho y casi siempre cosas horribles. En la cuenca minera asturleonesa, larga en barrigas bien pagadas, pensarán que los tiempos de gloria del gran empresario del carbón de los últimos 30 años ya pasaron. “Estoy jubilado y con una pensión de 2.500 euros”, dijo al juez de la Audiencia Provincial de León el pasado abril durante el eterno juicio por el caso Felixolín. Allí poco queda de su imperio minero. Hoy, quien quiera seguirle el rastro tiene que viajar a Madrid. La suya puede ser la huella de poder más sucia y hedionda impresa en esta ciudad, que lo aguanta todo. Una huella de antracita, con olor a cobertizo cerrado y también a pis.

Entre Tetuán, Chamberí y Chamartín, la red de confianza del rey de la mina, “Don Vito”, como le conocen en la comarca de Laciana y fuera de ella, custodia una malla societaria de alrededor de 50 empresas que aúnan un patrimonio de 100 millones de euros. Medio centenar de empresas entrelazadas con ballestrinque doble por una orquesta necesaria formada por su abogado, César Garnelo; su hombre de confianza, Gerardo Biain; su primo Luis Alonso Verduras y testaferros, ejecutivos, amigos o socios como Miguel Ángel González Rodríguez, José Tascón, Teresa Cuesta Varela, Miguel Faustino Martínez Miguélez, Alejandro Rabanal, Antonio de la Fuente Vidales, Ignacio Fernández Bernaldo o Francisco Javier Suárez Castañón. Hombres y mujeres desconocidos para el gran público y tan olvidables como a la vez merecedores de formar parte de la memoria colectiva.

La mina: Don Quijote y Dulcinea

Alguien acaba de fregar la acera en la entrada del entresuelo en el número 3 de la calle Don Quijote, una de las tres oficinas de Alonso en Madrid. Bajando las asquerosas escaleras del callejón se llega a Raimundo Fernández Villaverde, a un paso de Cuatro Caminos. A un lado, un rótulo de Unión Minera del Norte SA; al otro, una pared de rejilla con ventiladores. La puerta está abierta, la limpiadora se vuelve para enfilar un pasillo estrecho iluminado con una luz amarilla y se pierde por esta suerte de bocamina.

La puertecita es el domicilio social de Unión Minera del Norte SA y Coto Minero Cantábrico SA, las dos empresas carboneras señeras de Alonso, ambas quebradas y liquidadas, que recibieron durante décadas millones de euros en subvenciones estatales. En torno a 1.700 millones entre ayudas al carbón y contratos públicos, según publicó El Mundo en 2017.

Al final del pasillo, al que solo le faltan rieles y vagonetas, como por arte de magia se llega a la entrada del portal número 4 de la calle Dulcinea, la sede de Ferpi Transportes y Obras SA. Cervantes no pudo imaginar semejante galería del amor y los jueces tampoco. En noviembre de 2016, una sentencia del Juzgado Número 1 de lo Penal de Huesca no pudo demostrar que Ferpi SA es propiedad de Victorino Alonso.

Contra toda ley y sin contrato mediante, las máquinas y operarios de Ferpi arrasaron en octubre de 2007 la Cueva de Chaves, un yacimiento neolítico próximo a la aldea de Bastarás, en la sierra de Guara, descubierto en los años 70 y situado en un coto de caza de 1.932 hectáreas propiedad de Victorino Alonso.

En Dulcinea 4, entreplanta, a un lado se lee el rótulo de Ferpi SA; al otro, una gran mancha de orín color azul cardenillo sube por la pared y baja hasta el centro mismo de la entrada. Su administrador único tiene un nombre común, Miguel Ángel González Rodríguez, la persona de contacto de numerosas empresas de Victorino Alonso. Ferpi es hoy la mayor empresa de su entramado, con un patrimonio neto de 60 millones, oficinas en varios países de Europa, Sudamérica y África y una cartera de clientes donde destacan Ferrovial, Acciona, Naturgy, Odebrecht, Repsol, Vale, Sacyr o FCC. Su origen está en las voladuras y movimientos de tierra en las minas leonesas de Alonso y su familia.
La sentencia de 2016 explica que un operario de Ferpi SA sustrajo el manto neolítico de la Cueva de Chaves y lo arrojó a un barranco cercano con una retroexcavadora de gran tonelaje para hacer del sitio un comedero para arrúis (unas cabras africanas introducidas ilegalmente en la finca), por orden directa y consciente de Victorino Alonso, según declaró uno de sus empleados, que fue despedido después. Alonso fue condenado a dos años y medio de cárcel y a pagar 25,54 millones de euros, y ofreció el coto como dación en pago. Pero, en noviembre de 2018, el juzgado suspendió la condena al considerar que Alonso no tiene antecedentes. Además, le declaró insolvente.

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Victorino Alonso García (La Vid de Gordón, León, 1952) es el empresario español que más distancia ha puesto entre la verdad judicial y la realidad. “Víctor” se ha jubilado, como dice, sin que ningún juez le haya encontrado culpable —por el momento— de corromper voluntades políticas y sindicales; de destruir montañas y valles; de quebrar la ley al extraer carbón, transportarlo, almacenarlo, venderlo y revenderlo, robarlo, ocultarlo o especular con su precio, o de comprarlo fuera y meterlo dentro de sus minas; culpable de malversar, de fraude laboral, fiscal, contable, de delito ambiental o contra el patrimonio histórico. A los ojos del sistema, Victorino Alonso García es una persona honrada.

Honrado y pobre. Qué curioso paralelismo con 1996. Aquel año, la Guardia Civil plasmó en un informe su perplejidad tras la decisión de varios juzgados de declarar insolvente a un empresario que poseía y dirigía un complejo entramado societario de unas 30 empresas, con un valor real de cerca de 20.000 millones de pesetas, un capital social superior a los 2.000 millones y un movimiento de dinero en suministros de unos 40.000 millones. La Guardia Civil —publicó El País— se mostraba extrañada de que “sin patrimonio conocido ni socios capitalistas colaboradores, un señor que poseía 40 acciones de Hullas de Barruelo, SA y un ciclomotor en 1989, y que manifiesta vivir de las propinas del padre, pueda ser el gestor de este emporio empresarial”. Todo, por no pagar la pensión a su exmujer y sus dos hijas.

El garaje: Ríos Rosas, 47

El portalón de Ríos Rosas 47 es la entrada de un garaje reconvertido por la ambición inmobiliaria internacional en centro de negocios. Como en las oficinas de Dulcinea/Don Quijote, estas también tienen salida a la calle de detrás, a Cristóbal Bordiú 46. Entre ambas direcciones, Alonso y su red tienen domiciliadas en torno a 35 sociedades, aunque ninguna de ellas figura en los carteles y rótulos que abundan en el edificio. Constructoras, madereras, empresas de transporte, de herramientas y maquinaria, contratistas… Alonso tiene un imperio diverso y ajeno a la mina. Flogemar SL, domiciliada en el edificio, gestionó hace décadas una finca de caza, La Rivera, en Zaraza la Mayor, Cáceres, donde pastaban antílopes negros africanos.

El azar puso de su parte para que esta segunda conejera empresarial de Alonso esté a dos manzanas de la Facultad de Ingenieros de Minas. Nada más entrar en el recinto está aparcado un Porsche Cayenne negro que en los registros de la DGT figura a nombre de Luis Alonso Verduras. Quizá sea el famoso coche con el que Victorino Alonso paseaba su cazadora de cuero por la comarca de Laciana. Su primo es apoderado de Ferpi SA y ostenta cargos y poderes en empresas como Mackina Wesfalia SA, que opera en Alcalá de Henares, y la hotelera Perfonor SL, dueña del hotel Don Pepe de Palma de Mallorca.

El piso: Enrique Larreta, 4

Alonso ha entendido siempre bien el juego judicial y sabe que mantenerse en un segundo plano en sus empresas dilata años las diligencias policiales y judiciales. Muchas de las causas contra él prescriben, acaban en vía muerta o se dirigen a sociedades que quiebran al día siguiente. Por eso, las empresas de control del empresario no están en ninguna de las oficinas mencionadas, sino en una tercera: Enrique Larreta 4, escalera D, primera planta, un piso de 162 metros en el que reposan Antracitas Calello SA, Cartemace SL, Comile SA, Empisa Compañía Minera SA o Fimbas SA, titular de la finca de Huesca donde está la Cueva de Chaves.

Cuentan las viejas glorias sindicales que una de las primeras apariciones de Victorino Alonso en las minas fue en 1978, con 27 años, tras completar la carrera de Minas en Oviedo. Una de sus explotaciones tenía problemas para organizar las primeras elecciones sindicales. El joven patrón invitó a los sindicalistas a abandonar el recinto empuñando un arma. 

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7 Comentarios
#51697 25:02 22/3/2020

Últimaa hazaña propia de Juan March o Al Caponel: os Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han confiscado 158.000 mascarillas en una nave de Ponferrada (León) del empresario minero leonés Victorino Alonso en pleno estado de alarma por el coronavirus.https://www.publico.es/sociedad/confiscan-158000-mascarillas-empresario-leones.html
Según otras fuentes, son 300.000. Mientras, nuestros sanitarios y personal de residencias se infectan por falta de protección. ¿Sabéis que harían con él en China?

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#39374 15:15 16/9/2019

El tema que nunca se toca sobre Alonso es la conexión masónica con los Zapatero, De ahí debe venir todo el poder que ostenta, si se elimina este poder se convierte en un pobre hombre.

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#40334 19:11 2/10/2019

Solo añadir que a las fincas de caza de su propiedad en Cáceres y Huesca suelen acudir como invitados Zp y Gallardón, conocidos masones..

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#37930 9:57 2/8/2019

Que el Estado reabra las minas de carbón para volver a dar trabajo a 50.000 mineros, como antaño. Así no habría empresarios mafiosos. No he visto ninguna instalación de renovables donde entren a trabajar todos los días 150 tíos. Hemos cambiado carbón nacional por gas de importación. Ganador de la transición energética: las Eléctricas y las Multinacionales del gas. Perdedor de la transición energética: los de siempre, la clase trabajadora: mineros, obreros de electrointensivas, obreros del metal. Y ¡ojo funcionarios y trabajadores cualificados del terciario pequeñoburgueses! Vosotros que estáis tan "concienciados", si no hay currantes (proletarios, esta gente que suda al trabajar) no hay nada que administrar ni se les puede vender a los proletarios productos ni servicios. Luego empiezan los recortes y todos a llorar.

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#37820 22:17 30/7/2019

Mientras el sindicalismo minero servía a la Izquierda y sus intereses, aquí no pasaba nada. Es lo que los pijo-yuppies concienciados ambientalmente llaman un win-win. Ahora que la pijoprogresía pequeñoburguesa se ha vuelto daltónica (dicen que son "rojos" pero son "verdes", véanse artículos como el presente) y controlan el cotarro hasta dentro de la derecha que quiere ser guay con olor a rancio, ahora queridos amigos, ahora ¡qué malo era el carbón y quienes estaban en ello! Pero bien que sabían.... y callaban. Y ahora valientemente, se publica aquí. Haberlo publicado hace 5, 10, 15, 20 ó más años. Y si un callejón huele a pis en Madrid, no es culpa de las empresas domiciliadas, si no de la exitosa gestión del "gobierno del cambio" y de sus predecesores. Porque anda que está (y siempre ha estado) Madrid de sucio y meao...

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#37819 22:12 30/7/2019

"Cuentan las viejas glorias sindicales que una de las primeras apariciones de Victorino Alonso en las minas fue en 1978, con 27 años [...]. Una de sus explotaciones tenía problemas para organizar las primeras elecciones sindicales. El joven patrón invitó a los sindicalistas a abandonar el recinto empuñando un arma". ¡Uy! ¡Fíjate qué malo! Un guaje con "un arma" frente sindicatos MINEROS y los propios MINEROS, que cómo todo el mundo sabe, siempre han tenido fama de flojos. ¿Y es que esas "viejas glorias sindicales" nunca denunciaron? ¿Nunca contaron? ¿O siempre se aprovecharon?

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#37800 13:43 30/7/2019

No son casta, son mafia.

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