Senegal: entre la frustración y la esperanza

Dos años después de las protestas civiles que impulsaron un cambio de gobierno, la sociedad senegalesa se prepara para volver a salir a la calle ante el retraso de la convocatoria de elecciones locales.
Marlaska en senegal
Encuentro entre el presidente senegales, Bassirou Diomaye Faye y el ministro de interior, Fernando Grande-Marlaska. Fuente Moncloa
Fundación Por Causa
27 oct 2026 06:00

Senegal, el país con mayor tradición democrática del África Subsahariana, vivió del 2021 al 2024 una movilización ciudadana que luchaba por garantizar la continuación de la democracia y forzar las elecciones que pudieran traer un cambio del partido de Macky Sall, en el poder desde 2012. En 2026, con un nuevo gobierno en el poder, la situación se puede repetir.

El país confía en celebrar elecciones en enero de 2027, pero el presidente actual, Bassirou Diomaye Faye, aún no las ha convocado. Los partidos políticos y la sociedad civil temen que se retrasen o se pospongan ante el miedo del actual gobierno a la victoria masiva de los partidos de la oposición. Una nueva situación de inestabilidad podría tener una gran impacto en una región ya de por sí frágil e incluso en los flujos migratorios con destino a Canarias.

Las movilizaciones de los últimos años consiguieron su propósito de cambio de partido en el gobierno, aunque tuvieron un coste humano muy elevado. A lo largo de esos años a manos de las fuerzas de seguridad hubo desapariciones, represaliados y más de 65 fallecidos, según los datos recopilados por periodistas, activistas y Amnistía Internacional. Esta represión fue posible gracias al apoyo solapado al gobierno por parte de países europeos, como España o Francia que temían un cambio del status quo del poder postcolonial.

La policía senegalesa reprimió las manifestaciones usando equipamiento antimigratorio suministrado por la FIAP, una agencia de cooperación adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores de España), tal y como reveló una investigación de la Fundación porCausa con Al Jazeera. Esta cooperación antimigratoria se enmarca en el  proyecto GAR-SI Sahel financiado por la Comisión Europea, aún en vigor. 

Las elecciones de marzo de 2024 dieron la victoria al partido de los Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad (PASTEF), el partido liderado por el carismático y popular Ousmane Sonko, apoyado por una amplia mayoría social. Sonko se convirtió en primer ministro, pero no en presidente, porque enfrentaba presuntas falsas acusaciones en los tribunales de la época de su rival Macky Sall.

Desde su llegada al poder, el presidente Bassirou Diomaye Faye ha ido desarrollando una política de continuidad en la relación con los poderes económicos

El líder sorteó este impedimento nombrando presidente a Bassirou Diomaye Faye, un colaborador de su absoluta confianza aunque no gozaba de su popularidad. El ambicioso programa del PASTEF, apoyado masivamente por una diáspora amplia y muy comprometida, postula resituar a Senegal en el ámbito económico y de desarrollo social que le correspondería por sus recursos materiales y humanos, apelando al patriotismo y al sacrificio por el país. 

Sin embargo, desde su llegada al poder, el presidente Bassirou Diomaye Faye se ha ido alejando de estos ideales, desarrollando una política de continuidad en la relación con los poderes económicos y sus socios internacionales. En mayo de 2026 Sonko fue destituido como primer ministro y en julio de este mismo año, Diomaye Faye ha creado su propio partido, KIIRAAY-Los Patriotas Republicanos, que le permitirá presentarse a las próximas elecciones locales desvinculado del PASTEF y Sonko.

El descontento social ante esta situación de desafección y abandono de los valores por los que la sociedad civil luchó, está creciendo en los últimos meses. Emigrar es para muchos la única esperanza de futuro.  Seydi Gassama, director de Amnistía Internacional en Senegal, afirma en entrevista telefónica que no ve avances en los derechos humanos. A su parecer, a pesar de las promesas gubernamentales, no ha habido juicios ni detenciones contra los autores de las muertes en las protestas civiles que marcaron un hito por la defensa de la democracia en Senegal. Tampoco se ha dado una restitución a las víctimas. Ni sus familiares ni su abogados han querido hacer declaraciones para este artículo por miedo a posibles represalias o interferencias con el proceso.

La falta de futuro y la percepción de impotencia hacen que parte de la población siga considerando la migración como única oportunidad de mejora social. Gora, un taxista de Dakar, resume claramente este sentir: “en Dakar trabajo 12 horas al día y no puedo cubrir las necesidades básicas para mi familia, en Europa también trabajaré explotado 12 horas al día, pero al menos podré ahorrar y enviar dinero a casa”.

El relato de éxito migratorio sigue predominando sobre las cada vez mayores dificultades en el camino. Senegal, por su tradición democrática, es considerado un país relativamente garantista para sus ciudadanos, por lo que, según fuentes del Ministerio de Interior español, de las 7.245 solicitudes de asilo admitidas a trámites en 2025, sólo fueron resueltas favorablemente 371. Por otro lado, la migración circular promovida entre España y Senegal sólo benefició a 560 trabajadores, conforme a datos aportados por Moncloa, y todavía muy circunscrita a la agricultura y puestos de baja cualificación.

Para aquellos que quieren salir, la situación de irregularidad y precariedad sigue siendo el único camino. Como explica Fadel Barro,“la migración senegalesa sigue ligada a la fuerza y los músculos”. Este veterano periodista y activista es líder del colectivo Jammi Gox Yi y miembro fundador de Y’en a Marre, un colectivo nacido en el marco de los movimientos internacionales que cuestionaron el orden mundial en la década del 2010.

Los acuerdos firmados con el FMI en septiembre o la destitución de Sonko como primer ministro activaron una fuerte movilización de protesta

Sin embargo, la falta de expectativas también genera esperanza. La sociedad civil que salió a la calle en 2024 para pedir un cambio de gobierno, no está dispuesta ni a dejarse llevar por el intento del presidente de ocupar un espacio que correspondía a Sonko, líder incuestionable entre los jóvenes y la diáspora, ni a renunciar a los cambios estructurales necesarios en el país. Los acuerdos firmados con el FMI en septiembre o la destitución de Sonko como primer ministro activaron una fuerte movilización de protesta. 

El próximo reto son las elecciones locales previstas para enero de 2027 por calendario electoral. No ha sido hasta el pasado 8 de septiembre cuando el actual Primer Ministro, Ahmadou Al Aminou Lô, ha anunciado su celebración el próximo 17 de enero, pero no las han convocado oficialmente. Este retraso, unido a una campaña de búsqueda de apoyos entre militantes del PASTEF por parte del partido recientemente creado por el presidente, KIIRAAY-Los patriotas republicanos, han generado un ambiente de desconfianza y tensión. Como indica M.D., militante del PASTEF que pide no revelar su identidad por temor a represalias, “sabemos que Bassirou Diomaye Faye trama algo pero esta vez estamos dispuestos a volver a salir a la calle no sólo con nuestras manos”

En paralelo, la FIAP española a cargo del proyecto europeo GAR-SI, ha seguido adjudicando contratos para suministrar equipamiento (incluidos drones) y entrenamiento antimigratorio a las fuerzas de seguridad senegalesas. La FIAP no responde a las preguntas sobre los contratos vinculados a esta formación y equipamiento. Tampoco aclara  si existe una limitación para su uso sólo como material de capacitación o si cuentan con protocolos para impedir que sea empleado en la represión violenta de manifestaciones, como ocurrió en 2023.

Los próximos meses serán decisivos para el futuro de Senegal. En las próximas elecciones locales convergen muchos factores desestabilizadores que al mismo tiempo pueden ser el germen de la construcción del país que los senegaleses demandan. La creciente impopularidad del presidente, el descontento ciudadano, la presión social y el papel de las instituciones y países occidentales (incluida España) que siguen reacios a perder su poder, van a ser factores palpables durante la campaña electoral. Un retraso de las mismas o su anulación podrían suponer la vuelta a las revueltas en las calles, pero la victoria probable del PASTEF en las ciudades y pueblos podría marcar el inicio del cambio y un nuevo despertar del sueño de un país que aspira a adueñarse de su futuro.

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VV.AA.
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