Una carta urgente en defensa de un mundo decente

Sabemos que son demasiadas las veces que os traemos noticias difíciles de digerir. Pero precisamente gracias a ellas, se forja una opinión pública con ganas de cambiar las cosas y de impulsar victorias como las de los estudiantes o el pueblo brasileño.
carta urgente internacional
En Serbia, la victoria electoral de la Lista de los Estudiantes, trajo una de las mejores noticias del año. Queralt Castillo Cerezuela

Querida comunidad de socias y lectores de El Salto:

Escribo esta carta entre el cabreo, la tristeza y la alegría. Y no, no son sentimientos excluyentes. 

Cabreada porque hace apenas unos días, Benjamin Netanyahu volvió a ganar las elecciones en Israel, aclamado por una sociedad corrompida y que ha decidido salir del orden de la civilización para entrar en el marco de la impunidad. Israel, convertido en un Estado paria, “no solo impide las normas sino que erosiona la idea de civilización, mina los cimientos del orden internacional”, escribe el académico Meir Margalit. 

Triste porque, tanto si gobierna él como la lista de la oposición, la vida de la población palestina no va a cambiar; y si lo hace, va a ser a peor —si es que eso es todavía posible—. El genocidio en Palestina continua. Tres años después del 7 de octubre de 2023, más de 70.000 palestinos y palestinas han sido asesinados a manos del ejército israelí. De ellos y de ellas, de los palestinos y palestinas, no nos olvidamos en El Salto, y me comprometo a seguir escribiendo sobre todas las atrocidades que caigan sobre sus espaldas; siempre, eso sí, señalando al perpetrador. 

Tampoco me olvido del pueblo saharaui, que hace unos días ha recibido el enésimo revés en la sede de Naciones Unidas tras no renovarse el mandato de la Minurso en un juego geopolítico entre Estados Unidos y Rusia. Los y las saharauis, una vez más, quedan desamparados ante una comunidad internacional que ni se digna a mirarlos.

Nuestra defensa del pueblo palestino, el saharaui y tantos otros, oprimidos, minorizados, excluidos, apartados y maltratados, no se negocia

Sobre todos ellos y ellas, continuaremos escribiendo. Nuestra defensa del pueblo palestino, el saharaui y tantos otros, oprimidos, minorizados, excluidos, apartados y maltratados, no se negocia; y en El Salto estaremos ahí para ser altavoces de sus demandas, señalando, todas las veces que sea necesario, la vulneración de los derechos de las personas, sean de donde sean.  

Sin embargo, estos días también hay lugar para la alegría y la esperanza. Hace apenas un par de semanas, la Lista de los Estudiantes de Serbia, que llevaban dos años protestando en las calles contra la corrupción del todopoderoso Aleksandar Vučić, consiguió derrotarlo en las urnas con unas listas compuestas de personas de la sociedad civil. El país balcánico, siempre políticamente convulso, inicia una nueva etapa de esperanza. Desde el triunfo, los y las militantes no han perdido el tiempo y se han puesto a limpiar las calles de las diferentes ciudades serbias, repletas de mensajes nacionalistas y de odio contra la minoría albanesa y de ensalzamiento de líderes genocidas como Ratko Mladić, fallecido recientemente. 

La felicidad por Serbia vino acompañada por el júbilo que me provocó, a mí y a toda la plantilla de El Salto, ver la remontada y la victoria de Lula en Brasil. Contra todos los pronósticos —Flávio Bolsonaro había ganado en la primera vuelta— y de manera histórica, los lulistas se impusieron a la extrema derecha de un candidato que, sabiendo el calvario judicial que le esperaba por corrupción, huyó a Estados Unidos en menos de 48 horas.

La acción sostenida en las calles, como en el caso de Serbia, y el trabajo puerta a puerta y digital, como en el caso de Brasil, son buenos ejemplos de que pueden cambiar las tornas

Allí lo acogió Donald Trump, quien me ha dado en las últimas horas otro motivo para que esté con una sonrisa de oreja a oreja. En las elecciones de medio mandato, el partido republicano ha perdido la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, y eso son solo buenas noticias. Si bien los demócratas tampoco son santo de mi devoción —no hay que olvidar que Barack Obama ha sido el presidente, de momento, que más personas migrantes ha deportado—, me hace feliz la idea de que Trump pueda ser investigado por la guerra contra Irán, por su enriquecimiento y el de su entorno y que se abra la puerta a la posibilidad de un impeachment (destitución), entre otros.

Ante estas tres victorias, hay motivos para ser medianamente optimistas y pensar que las cosas pueden cambiar. La acción sostenida en las calles, como en el caso de Serbia, y el trabajo puerta a puerta y digital, como en el caso de Brasil, son buenos ejemplos de que pueden cambiar las tornas; de que los Milei, los Bolsonaro, los Trump, los Orban, los Vučić o los Bukele del mundo pueden desaparecer del tablero político si la gente se lo propone.

Solo una ciudadanía crítica y bien informada puede torcer el largo brazo del poder. Y para eso, hacen falta medios como El Salto. Sabemos que son demasiadas las veces que os traemos noticias difíciles de digerir. Pero precisamente gracias a ellas, se forja una opinión pública con ganas de cambiar las cosas y de impulsar victorias como las de los estudiantes o el pueblo brasileño.

Y esa es la mejor recompensa del trabajo periodístico que realizamos. Por muchos años más contándote la realidad que no nos gusta para poder transformarla en la que deseamos para todas y todos.


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El Salto es un proyecto formado por cerca de 200 personas y 11.000 socios/as que apuesta por un periodismo radicalmente diferente: sin financiación de empresas del Ibex35, democrático, descentralizado y de propiedad colectiva
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