Israel busca un nuevo Gobierno entre avances y el riesgo de la ingobernabilidad

El Likud y el bloque de Netanyahu han ganado las elecciones, pero no tienen los suficientes escaños para gobernar. La lista opositora, liderada por Gadi Eisenkot, ha movido ficha, pero necesita pactar con las listas árabes, algo que prometió que no haría.
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Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, en Tel Aviv, Israel, el 18 de diciembre de 2023. (Foto del Departamento de Defensa/Benjamin Applebaum) CC BY-NC

Se han tardado tres días en tener el escrutinio completo, y finalmente ayer se dieron los datos definitivos: el Likud, el partido de Benjamin Netanyahu, ganaba las elecciones del pasado martes 27 de octubre. Si bien las encuestas previas habían vaticinado todo lo contrario, el actual primer ministro consiguió imponerse frente a su a rival más directo, el ex general del Estado Mayor Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar! y de un bloque anti-Netanyahu que se ha llevado 48 escaños, frente a los 53 del bloque de Netanyahu.

Con la tasa de participación más alta desde 1999, los grandes protagonistas de estos comicios han sido los partidos árabes, que han conseguido finalmente 19 escaños. Ra’am, liderado prom Mansour Abbas y la Lista Conjunta (Hadash, Ta’al y Balad) consiguieron movilizar a la población y que votara en masa. Un 80% de la población árabe con ciudadanía israelí votó el martes; frente al 53% que lo hizo en 2022. Se trata de una diferencia de casi 30 puntos, algo insólito. Y es precisamente en los partidos árabes donde se encuentra ahora la clave de la gobernabilidad de Israel.

¿Ante una nueva crisis de ingobernabilidad?

Si bien el Likud es el partido que ha obtenido más votos, Netanyahu, viendo que la gobernabilidad del país se encuentra ahora en manos de los partidos árabes, ha acudido, como sus colegas Bolsonaro o Trump, al fantasma del fraude electoral y la injerencia extranjera. Descartado lo primero por el Comité Electoral Central del país y lo segundo por el Shin Beit, el servicio de inteligencia de Israel, ahora se le pedirá al hasta ahora primer ministro que intente formar gobierno: tendrá hasta 28 días con una prórroga de 14. Netanyahu llegó al poder por primera vez en 1996 y se ha mantenido 19 años en él; es el líder que ha estado más tiempo al frente del país desde la fundación del Estado de Israel, en 1948.

Solo Los Demócratas de Yair Golan, que están dentro de la coalición liderada por Eisenkot, están dispuestos a negociar con Ra’am o la Lista Conjunta

Ahora sin embargo, el país tiene ante sí una posible parálisis y crisis de ingobernabilidad parecida a la que se produjo entre 2019 y 2022, cuando se celebraron hasta cinco elecciones parlamentarias porque ningún bloque político conseguía una mayoría estable para gobernar. Ninguno de los dos bloques considera pactar con los partidos árabes, ya que eso significaría romper una de sus promesas electorales. Solo Los Demócratas de Yair Golan, que están dentro de la coalición liderada por Eisenkot, están dispuestos a negociar con Ra’am o la Lista Conjunta. Si bien a lo largo de estos días sí han trascendido conversaciones entre Mansour y Eisenkot, es poco probable que de ahí salga un pacto. Por la parte de Netanyahu, es impensable que este ni ninguno de los partidos aliados del Likud —como Poder Judío del ultra Ben Gvir o Sionismo Religioso-Zehut, de Bezalalel Smotricyh— se acerquen a las listas árabes.

También se descartaría, en principio, una gran gobierno de unidad entre ambos bloques: Eisenkot prometió por activa y por pasiva que no iba a negociar con Netanyahu y, precisamente, basó su campaña en presentarse como una alternativa al primer ministro. Durante la campaña electoral, el bloque opositor insistió en la idea de que la mayor amenaza para el país es el primer ministro; así que si ahora pactara con él, perdería la confianza de una buena parte de los votantes.

A quien más le beneficia esta situación es, sin duda, a Netanyahu, actualmente imputado en tres causas judiciales que están en manos del Tribunal Supremo y con una orden de detención internacional emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) a sus espaldas por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Con semejante panorama, parece evidente que intentará, por todos los medios posibles, permanecer en el poder.

Netanyahu fue el primer líder en visitar la Casa Blanca tras la reelección de Trump y el mandatario internacional que más veces le ha visitado

De momento, su gran baza internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha permanecido en un perfil bajo, si bien durante la campaña mostró su preferencia por él. Netanyahu fue el primer líder en visitar la Casa Blanca, en febrero de 2025, tras la reelección de Trump, y el mandatario internacional que más veces le ha visitado, hasta en ocho ocasiones.

Ante esta situación, hay expertos y analistas que pronostican la reanudación inminente de la ofensiva contra Irán, ya que le permitiría a Netanyahu rascar cierta popularidad dentro del país —donde la idea de la necesidad de aniquilación iraní está ampliamente aceptada— y ganar tiempo o incluso convocar unas segundas elecciones para mejorar los resultados. Lo quiso hacer en campaña, pero los mandos militares de las IDF le recomendaron que no lo hiciera.

Ninguna mejora para las condiciones de vida del pueblo palestino

Gobierne quien gobierne, la situación para el pueblo palestino no mejorará. Sobre la trayectoria de Netanyahu en Gaza y las atrocidades que está permitiendo por parte de los colonos en Cisjordania no hace falta extenderse; pero sí hay que mirar hacia la postura de Eisenkot, que sería la alternativa si finalmente Netanyahu no consigue gobernar.

La campaña de Eisenkot tuvo como eje la seguridad del país —y el contínuo señalamiento a Netanyahu como responsable de lo que sucedió el 7 de octubre de 2023—. El ex militar, que tenía un hijo que murió Gaza, prometió “mano dura” contra el pueblo palestino; con lo cual no cabe esperar ni la paz, ni el fin de la ocupación, ni el fin del genocidio en Gaza. Las negociaciones para retomar el trabajo por los dos Estados hace años que están desaparecidas de la agenda política.

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