Comunidad El Salto
Una carta urgente para acabar con la extrema derecha
@martincuneo.bsky.social
Queridos amigos lectores y socias de El Salto:
El fracaso del Gobierno de coalición en encarar la crisis de la vivienda ha marcado el declive de la excepción española, el fin de esa época en la que a nadie se le ocurriría señalar a los migrantes, a los sectores empobrecidos o, incluso, a los pensionistas como responsables de que el salario no alcance, de que los servicios públicos estén cada vez más degradados o que la vivienda se haya convertido en un bien de lujo.
Y el problema no es solo que falten los votos en el Congreso o el boicot de los Gobiernos autonómicos y locales en manos del PP. La política del Gobierno ha sido errática, contradictoria y anecdótica. Con quienes sufren esta crisis, solo se ha posicionado en el discurso. En los hechos, en las leyes, se ha puesto casi sin excepción de parte de quienes hacen negocio con la especulación.
Al igual que en otros países europeos, la sumisión del Gobierno a los intereses inmobiliarios ha llevado a la derechización de amplios sectores de la población. Sin vivienda digna, no hay emancipación juvenil ni posibilidad de formar una familia, no hay educación, no hay salud, no hay salario que alcance, no hay forma de quedarse en el barrio o, incluso, en la ciudad en la que queremos vivir. Sin techo no hay futuro.
La vivienda se ha convertido, como tanto se ha dicho, en una trituradora de políticas sociales y en una fábrica de ultraderechistas. Sin embargo, hay todavía una esperanza de evitar una victoria de las ideas de la extrema derecha y la clave es la vivienda. Pero no se trata de inventar nuevos lemas ingeniosos ni chascarrillos —“Más protección, cero especulación” es el último hallazgo del PSOE—. Se trata de dar un volantazo y declararle la guerra a quienes se enriquecen con la especulación inmobiliaria, los únicos responsables de esta crisis.
El movimiento de vivienda hace tiempo que lo ha hecho y muestra el camino. Desde que cientos de miles de personas tomaron la calles y más de 1.200 tiendas de campaña ocuparon Sol y tantas otras plazas en todo el territorio de los únicos “invasores” de los que se habla son los fondos buitre.
Si las leyes no obligan a bajar los precios de los alquileres, habrá que dejar de pagarlos. Si la letra pequeña o la grande de los decretos no echan a los fondos de inversión, habrá que ocupar sus pisos y hacerles la vida imposible
La potencia del movimiento de vivienda nos recuerda, una vez más, que si las instituciones no lo hacen, desde abajo se les puede obligar a hacerlo. Si las leyes no obligan a bajar los precios de los alquileres, habrá que dejar de pagarlos. Si la letra pequeña o la grande de los decretos no echan a los fondos de inversión, habrá que ocupar sus pisos y hacerles la vida imposible. Si las leyes no impiden los desahucios de hogares vulnerables habrá que llenar de cucarachas los buzones de los responsables. Si el Gobierno no sitúa el debate de la vivienda en el conflicto entre una minoría cada vez más rica y una mayoría empobrecida, tendremos que hacerlo nosotros y nosotras, desde las calles, desde los medios que no dependen de la financiación de las grandes empresas y los partidos políticos.
La vivienda no puede ser un negocio. Debe ser un derecho innegociable e incondicional para todas las personas residentes en España. Desde El Salto llevamos nueve años, más de 20 si contamos con los de Diagonal (y cuatro décadas si nos remontamos al Molotov), trabajando en esta dirección. Desde el movimiento okupa a las primeras manifestaciones de V de Vivienda, desde la creación de la PAH a los primeros desahucios parados, de los bloques en lucha a la expansión del movimiento inquilino y contra la turistificación, hemos acompañado la historia del mayor movimiento social de las últimas décadas, el del derecho a la vivienda, al barrio, a la ciudad, a la vida digna.
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