Marta Echaves: “Nos faltan rituales para drogarnos que no sean los del consumo en la lógica del ocio”

En su libro Químicas piedades, la autora recorre la historia de las drogas, con la ketamina como eje conductor, en su papel dentro de una sociedad capitalista que nos ofrece soluciones patentadas a los problemas que nos genera.
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Marta Echaves, investigadora cultural y autora de Quimicas Piedades (Cielo santo, 2026). Álvaro Minguito

@econocabreado.bsky.social

Coordinador de la sección de economía

7 may 2026 07:00 | Actualizado: 7 may 2026 08:39

Salió de un laboratorio bajo la mirada militar y con un fin concreto, el ser un anestésico fácil y rápido de administrar. Pero acabó llegando a las raves, los despachos de Silicon Valley e incluso a hospitales públicos y clínicas privadas en las que se usa para tratar depresiones resistentes al tratamiento o el estrés postraumático. La ketamina y sus variantes comerciales para nuevas aplicaciones, como el Spravato de esketamina patentado por Janssen Pharmaceutical Companies, ha pasado de ser considerado “una anestésico para caballos con el que se drogan los punkis” a formar parte de los rituales de creatividad de los directivos de empresas tecnológicas o de caros tratamientos financiados por la Seguridad Social.

En el libro Químicas piedades (Cielo santo, 2026), la escritora y filósofa Marta Echaves hace un recorrido cultural y casi antropológico de las drogas, poniendo el foco en las “enfermedades civilizatorias” del capitalismo, tal y como define a los graves problemas de salud mental, y a la industria que está buscando la solución a esos males pero con una intención mucho más económica que científica. Todo ello de la mano de la ketamina, un compuesto que pese a salir de un laboratorio, y no de un campo cultivado por mujeres en una zona remota de un país del sur, nos muestra con nitidez la evolución de un mundo que sigue bebiendo, o mejor dicho esnifando, de las mismas lógicas colonialistas, racistas y clasistas que llevan marcando la War On Drugs o las guerras coloniales como la del opio.

Una vez leído tu libro, no me queda claro si apoyas o no el uso de la ketamina.
Una de las estrategias del libro, que he escrito más por acumulación que por argumento, es que sea el lector quien tome sus decisiones. Obviamente está mi opinión, mi sesgo, mi interpretación, pero no tenía tan claro que quisiese dar una conclusión cerrada respecto a este asunto, porque también creo que las drogas son muy ambivalentes, contienen muchos matices. Personalmente creo que hay potencial en los psicodélicos, incluida la ketamina, para ciertos tratamientos ligados a enfermedades civilizatorias. Pero creo que el problema es cómo se usa, cómo se patenta, quién se lucra, cómo se receta, cómo se informa, etc. Creo que hay una obsolescencia de las medicaciones tradicionales y que hace falta seguir investigando. Entiendo que tiren por algo que ya existe y se puede investigar. Sí me preocupa cómo se hace, bajo qué lógicas y a quién beneficia. 

Pese a que las drogas se usan desde civilizaciones anteriores, pese a que alguna de esas sustancias psicodélicas se utilizan desde hace 3000 años, para lo que se está recetando ahora, en lo que se está invirtiendo millonadas en investigar, son para enfermedades de salud mental, que supongo que es a lo que te refieres con esas “enfermedades civilizatorias”.
Sí, me refiero a estas enfermedades, sobre todo de corte depresivo ansioso. Desconozco cómo se entendía la salud en los contextos más ancestrales, porque creo que, obviamente, cuando se han usado estas sustancias enteógenas en contextos de comunidades amerindias, había un tema de salud. El chamán también es un médico de alguna forma, pero claro, tiene otra concepción de la enfermedad.

En el libro señalo cierta falta de inversión, que hay una caída de la inversión en los tratamientos y fármacos de tratamiento psiquiátrico frente a otros fármacos para otras enfermedades. Lo que provoca una especie de obsolescencia de esos fármacos. Y, por otro lado, creo que la crisis de la salud mental también necesita soluciones. Sobre todo se repite mucho eso de que hay un 30% de las personas que toman fármacos que no les funciona. El origen al principio de la ketamina es para el tratamiento de la depresión resistente al fármaco. Ese 30% al final es un volumen de gente que son trabajadores trabajadores productivos. La pregunta también es por qué este alarmismo o esta gran mediatización de la crisis de salud mental.

¿No crees que sea alarmante el problema de salud mental actual? 
Sí, creo que es alarmante, pero al mismo tiempo creo que hay una especie de discurso más amarillista, que no digo que lo esté exagerando, pero está generando ese clima. Creo que ha habido otros momentos de la historia donde a lo mejor también ha habido temas de salud mental que no han interesado exactamente de la misma forma. 

Mucha gente que tiene una depresión o un cuadro angustioso provocado por un desahucio, probablemente no es que se tenga que medicar, sino que se tiene que organizar

Precisamente en el libro explicas que reconocer la enfermedad mental de una forma interna es una forma de individualizar ese problema y no mirar tanto a la sociedad y a los contextos sociales que nos pueden haber provocado esa enfermedad.
Exacto. Hace poco lo hablaba con mi padre. Me decía que cuando eran jóvenes, los malestares los situaban fuera. En el franquismo, en el jefe o en sus padres. Ahora, las generaciones más jóvenes no tienen un antagonismo social tan claro y por lo tanto hay una interiorización de los problemas estructurales. Fisher pone el ejemplo de los grupos de autoconciencia, que serían como los casos de la PAH. Mucha gente que tiene una depresión o un cuadro angustioso provocado por un desahucio, probablemente no es que se tenga que medicar, sino que se tiene que organizar.

Precisamente con esta dicotomía entre el fármaco y la lucha organizada, a mí me ha pasado que cuando publico algún tema sobre regulación de drogas o sobre avances científicos para luchar contra la salud mental con psicodélicos, siempre me salta algún perfil de izquierdas con frases tipo “esos sólo son parches, lo que hay que hacer es acabar con el capitalismo”. Yo siempre pienso en que no les falta razón, pero dile tú a alguien con depresión y que se está medicando que no se alegre por un avance científico farmacológico, aunque esté monopolizado por unas pocas empresas, si puede mejorarle un poco la vida.
Sí. Yo, por ejemplo, antes tenía posiciones más anti fármacos. Ahora tengo una posición en la que creo que los fármacos hacen falta. El problema es cuando tomas antidepresivos, te funcionan y luego no nos seguimos preguntando sobre aquello que nos produce ese malestar o le produce malestar a otros. El problema de ciertos discursos de la salud mental es que parece que cuando tú ya te curas, pues todo está bien. Cuando la cuestión es qué pasa con los demás, con mi vecino, con otra persona. 

El problema es cuando tomas antidepresivos, te funcionan y luego no nos seguimos preguntando sobre aquello que nos produce ese malestar o le produce malestar a otros

También hay que ver qué estatuto se les da a esos fármacos. Creo que la ciencia y la psiquiatría se arroga a veces unas explicaciones muy tajantes. Por ejemplo, el hecho de que se estén investigando los psicodélicos es lo que pone en evidencia que antes decían qué era la depresión, explicada como un desajuste químico, y ahora, de repente, dicen que son factores de estrés neuronal, que es otro modelo. Como pacientes, damos demasiada autoridad al médico y el médico se da mucha autoridad a sí mismo. No hay ningún espacio de pedagogía segura. Pasa, por ejemplo, cuando tú te estás medicando y de repente te quitan las medicaciones. Ese proceso es muy difícil, a veces de desajustes, muchas veces no hay un acompañamiento y uno no sabé qué le está pasando. Entonces creo que también pasa por cómo se plantean ciertos procesos, los de medicación y los de acompañamiento. Como siempre, no es el qué sino el cómo.

Ese es precisamente uno de los grandes debates dentro del mundo de los psicodélicos. Está la parte terapéutica que apoya tratamientos con acompañamiento y terapia, y está la parte farmacológica, la que busca que te tomes una pastilla y listo. Entiendo que te refieres a ese debate.
Sí. Ahora lo que está pasando con esta propuesta es que cuando tú tomas Spravato [el fármaco de ketamina que se está recetando para la depresión resistente], todos los efectos secundarios son los efectos que un terapeuta más psiconáutico diría que son un factor de cura. Que eso que sucede cuando las tomas es parte de la curación y que va más allá de las dianas moleculares, etcétera. En cambio, para la biomedicina más clásica son efectos aberrantes que hay que erradicar. Por lo que vamos hacia un modelo de psicodélicos sin psicodelia. Entonces, si tiende a desaparecer esta cuestión más existencial, más trascendental, más metafísica, estamos arrinconando una idea de salud. Creo que hay que estar en el debate de qué es la salud y cómo queremos definirla. La salud también puede ser tener una casa en condiciones.

En el libro hablas del colonialismo que siempre ha imperado en la historia de Occidente con las drogas. Hombres blancos aprovechándose de estas cadenas globales de explotación de las drogas, los territorios y las personas, normalmente mujeres. Pero, ¿qué pasa con las drogas sintéticas? ¿Existe también un colonialismo? 
Claro. Yo pensaba que una droga sintética de laboratorio que viene de Holanda no tenía una lógica Norte-Sur. Pero luego descubres que no es tan así. Para empezar, porque al final Europa tiene en parte el monopolio de la distribución, pero la producción sigue siendo en países de donde se aprovechan de la fabricación de drogas en otras condiciones salariales y de explotación, igual que se aprovecha Inditex. También he pensado mucho en el libro, aunque más fuera de mi eje, todo el tema de la contaminación que produce todo este tipo de sustancias y fármacos. Luego, ya con la industria farmacéutica, está el tema de las patentes, de cómo funciona. A veces, estas farmas no permiten que en otros países que tienen menos recursos puedan comprar los medicamentos y no puedan tener acceso. 

Además, el fentanilo es una sustancia sintética y tenemos un problema de frontera total Norte-Sur con México. Y los cárteles que estaban tradicionalmente asociados a las drogas de producción agrícola, ahora también están haciéndose con los laboratorios de síntesis, por lo que las lógicas se siguen reproduciendo. De hecho, al final lo que está consiguiendo Estados Unidos es demonizar a México a través del fentanilo, cuando en verdad es un problema que ha producido el mismo Estados Unidos. 

Las drogas como tecnologías pueden usarse para cualquier corte ideológico y hay historias de drogas psicodélicas utilizadas por personalidades fascistas ya a principios de siglo

Vemos como los señores tecnofeudales de Silicon Valley, como el caso de Elon Musk, son los que están poniendo de moda el uso de la ketamina. ¿Qué opinas de que sea la extrema derecha tecnológica la que esté hablando sin tapujos ni reparos del uso de este tipo de sustancias que siguen siendo muy mal vistas?
Las drogas como tecnologías pueden usarse para cualquier corte ideológico y hay historias de drogas psicodélicas utilizadas por personalidades fascistas ya a principios de siglo. Se puede rastrear una historia fascista de la psicodelia y hay libros sobre eso. Creo que no es lo mismo que a ti te dé un toque metafísico hacia pensamientos como que la vida es finita, que hay que vivir de otra forma y hay que incorporar la muerte en nuestra vida. Pero también puede ser que a alguien le de un viaje en el que piense que ha sido elegido para salvar a la humanidad a través de sus propios delirios. Esa idea del síndrome del elegido, del delirio de grandeza y megalomanía que también pueden darse con ciertos psicodélicos. 

Recién publicado tu libro, Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva para impulsar la investigación y el uso de la ibogaína, el LSD y psilocibina. Dos semanas más tarde ha reclasificado el cannabis para que su investigación y acceso también se impulsen. O sea, el país que dio a luz la War On Drugs de Nixon y que exportó el modelo prohibicionista al resto del mundo, ahora es el primero en dar pasos en este sentido. ¿A qué crees que responde este movimiento?
Creo que son nichos de mercado. Podríamos analizar qué ha pasado con la marihuana para poder entender este proceso. Aunque creo que también hay algo con que la Inteligencia Artificial tenga que ver con crear conciencia o con qué es en realidad la conciencia. Si puede haber conciencia en una inteligencia artificial, los psicodélicos pueden generar modelos de mapas neuronales. Ahí hay una especie de interés por ser capaces de mapear qué sucede en el cerebro cuando estás en un estado alterado bajo psicodélicos. Hay algo que se toca entre eso y entrenar a modelos de IA. Luego, claro, si tienes un mercado de drogas y tus amigos son los que las controlan, pues obviamente hay un beneficio.

También es verdad que Estados Unidos tiene un serio problema social con la adicción al fentanilo y otros opiáceos, y la ibogaína está siendo investigada como fármaco para las adicciones.
Sí. De hecho a mí me preocupa que estamos dejando atrás las enfermedades psicóticas, personas que han tenido algún tipo de trastorno psicótico, que probablemente tengan una locura más peligrosa para ellos mismos, entre comillas, que las enfermedades que yo llamo más civilizatorias. Hay algo de qué cuerpos interesa seguir manteniendo productivos, lo que dice mucho de nuestra sociedad. En Estados Unidos también tienen un problema muy grande con los veteranos de guerra, que es a lo que se apunta con la administración Trump con la ketamina, con el Spravato. Toda esa población que vuelve con estrés postraumático y depresión, necesitarás una forma de reintegrar socialmente a esas personas, sobre todo si quieres seguir siendo una nación que sigue entrando en guerras.

En el libro también relatas cómo el movimiento rave importa estas drogas, cómo se van absorbiendo y cómo va evolucionando lo que se consume. Desde el amor del LSD y el MDMA a ese individualismo disociativo de la ketamina. ¿Es la ketamina una expresión del neoliberalismo en las drogas o todas las drogas lo son?
Creo que son las formas de consumo. Es como se dice con la tecnología, que no son buenas ni malas sino que el punto está en cómo se utilizan. La ketamina también sirvió para experimentos contraculturales. Tenemos el ejemplo de Marcia Moore, que la utiliza para una especie de amor cósmico, de revelación, para estar todos en otra sintonía más cósmica en el planeta. Entonces, creo que es la época, cómo se consume y de qué se está defendiendo uno.

La ketamina podría darnos pie a otras formas de colectividades

Discuto que la ketamina sea individualista, creo que podría no serlo. Depende de cómo se tome. Se cuenta mucho que cuando hay varias personas puestas de ketamina juntas, hay cierta cosa telepática. Entonces la ketamina podría darnos pie a otras formas de colectividades. Creo que es un poco clima de época.

También es una droga que se toma entre muchas otras. Estamos en un momento de consumo de mezcla de sustancias donde vas pasando de una a otra porque unas dejan de hacerte el efecto que quieres, porque quieres que dure más la fiesta o por lo que sea. Es una cosa un poco voraz donde se quiere todo, como se pueda y hasta el fin.

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Marta Echaves durante la entrevista en El Salto. Álvaro Minguito

De hecho, en el libro explicas que, de la misma forma que ocurre con la cocaína que es llevadera para trabajar colocado, también hay gente que está aprovechando que el colocón de ketamina es de ciclo corto para consumir habitualmente en su día a día.
En realidad son testimonios más de Estados Unidos, donde hay cierto boom terapéutico de la ketamina que aquí no existe tanto. En España no conozco tanto este tipo de perfiles de adicción o de tomarla de forma más generalizada. Pero sí he visto algunos testimonios, sobre todo en Estados Unidos, donde sí que ocurre porque la duración la hace mucho más manejable.

El Spravato, el tratamiento legal de ketamina, no deja de ser una pequeña variación de la fórmula original, la esketamina, que ha sido patentada para venderla por algo así como unos 300 euros la dosis. O sea, un tratamiento completo a un paciente por depresión de varias semanas de inhalaciones puede llegar a costarle a la Seguridad Social algo así como unos 12.000 euros. Es decir, la Seguridad Social, con su miopía con este tema y por pasar por el aro de las grandes farmacéuticas, está gastando un montón de dinero público en algo que podría ser mucho más barato.
Sí, de hecho cuando empezaron los primeros ensayos porque se vio que había un potencial se hizo con Ketolar, con la ketamina. Pero luego sacaron la esketamina, el Spravato, y dijeron que ese compuesto era específicamente de uso antidepresivo. Entonces obliga a que el hospital use ese si quiere usarlo como antidepresivo. También hicieron el truco de decir que es para la depresión resistente y, como hay mayor número de suicidios, les permite tratarlo como si fuera una enfermedad mortal. Y como es una enfermedad mortal, se convierte en una break through therapy porque puede ir más rápido. Hay varios trucos que van usando para que todo vaya dejando un margen de beneficios cada vez más grande. Ya desde el principio hay muchas historias que demuestran que los propios investigadores que descubren los efectos antidepresivos de la ketamina no estaban precisamente por la ciencia, sino que intentaron hacer negocio con todo ello.

¿Qué posición debería tener la izquierda frente a las drogas? ¿Debería confrontar a la derecha? ¿Se está quedando atrás? ¿Silicon Valley le está comiendo la tostada? ¿Seguimos en el armario de las drogas?
Ya hubo una izquierda contracultural que fue expulsada de los cuadros de izquierda en la Transición. Hay un poso cristiano marxista en cierta izquierda que es muy peligroso. Pasa lo mismo con el feminismo pro sexo. Sea droga o sea sexo, lo que pasa es que en esto de lo políticamente correcto parece que no nos podemos permitir decir ciertas cosas sobre las drogas porque nos van a venir a decir ‘estos son unos drogatas’. A Ayuso no se le cae la cara de vergüenza hablando de las cañitas cuando el alcohol es una droga más peligrosa que otras.

También creo que en España, la heroína dejó una huella en este tema. Ciertas generaciones se mezclaron con esa sustancia, que además luego fue asociada a un virus que se llevó por delante a tanta gente. Entonces, creo que esas generaciones, cuando piensan en la droga, puede que piensen más en eso. No creo que las generaciones más jóvenes de izquierdas tengan esa misma imagen sobre las drogas.

Ayuso precisamente es una rara avis dentro del mundo liberal porque es antiporros. En cambio, partidos liberales como Junts, PNV o Ciudadanos han hecho o apoyado propuestas de regulación del cannabis. A nivel mundial ves como países liberales se están regularizando ya no solo el cannabis, sino la psilocibina, como ocurre en algunos estados estadounidenses o en Canadá. O sea que hay un debate. La derecha está empezando a abrir el debate de una regulación pro empresa, mientras la izquierda parece que sigue en ese armario.
Creo que es una mojigatería de la izquierda. Muy parecido al debate pro sexo o incluso al debate trans de ciertas ideas conservadoras de lo que es ser mujer. Creo que tiene mucho del eco de este debate generacional entre la izquierda contracultural y la izquierda marxista leninista ya de aquellas donde hubo toda esa pelea. Es una cuestión de una izquierda súper moralista y una especie de rectitud ascética que nos dice que deberíamos ser capaces de enfrentarnos a los males del mundo desde un ascetismo total, desde el sacrificio del militante. Por eso ves también a cierta izquierda más masculina y conservadora que no es capaz de entender frases como ‘si no puedo bailar, no es mi revolución’, porque tampoco entienden cierto feminismo.

Yo sí que creo que en las experiencias con drogas, sobre todo psicodélicas, hay un aprendizaje y que ese aprendizaje puede servir para entender que el realismo capitalista tiene afueras

También muy relacionado con esta idea de ciertas izquierdas de que las drogas son inventos capitalistas para despistarnos de esa verdadera rectitud que es luchar contra el capitalismo.
De ahí la apuesta de Fisher con el comunismo ácido, que parte de que no podemos luchar contra el capitalismo si no luchamos con la idea de un ego cerrado, yoico, individual y, a veces, ciertas experiencias de trascendencia del cuerpo en un caso disociativo o de otro tipo de hackeo metafísico con sustancias psicodélicas, enseña tecnologías del no yo o de la empatía con los otros. Yo sí que creo que en las experiencias con drogas, sobre todo psicodélicas, hay un aprendizaje y que ese aprendizaje puede servir para entender que el realismo capitalista tiene afueras. Entonces, al final eso es una propedéutica. Obviamente te estás drogando y no estás haciendo directamente una lucha directa, pero sí puede ser una propedéutica. 

Lo que pasa es que nos faltan rituales para drogarnos que no sean los del consumo en la lógica del ocio. Yo esto lo digo mucho, que no es lo mismo tomarte tú un tripi para flipar, que salir todo el fin de semana y tomarte 80 rayas y gastarte una pasta en alcohol en una discoteca. Creo que no hay circuitos de consumo que sean más críticos con el consumo. De hecho, creo que nos faltan rituales en general, incluso sin drogas. 

La izquierda un poco dormida en este debate, Trump aprobando cosas, Silicon Valley empujando cada vez más, tecnobros y bitcoiners hablando cada vez más de este tipo de drogas disociativas y psicodélicas… ¿Hacia dónde vamos?
Creo que vamos hacia esta cosa de psicodélicos sin psicodelia, de psicodélicos que estén mucho más diseñados, incluso con esta cosa de la medicina personalizada o de la farmacología personalizada, donde todo va a ser mucho más neutralizado. Por otro lado, también creo que hay cierto delirio de este imaginario Silicon Valley que tiene que ver con el biohacking, que tiene que ver con los marcos de salud. 

Vamos a ver algunas drogas mucho más peligrosas, mientras gente con recursos podrá optar a unas drogas muchísimo más higienizadas y mucho más controladas

Creo que, al final, vamos hacia un sistema cada vez más desigual en términos de acceso a los recursos, donde probablemente haya una desigualdad mayor respecto a quién puede hacer o no ciertas cosas y donde habrá drogas cada vez más adulteradas y cortadas. El drama del fentanilo es que tú ahora te compras otra droga y puede ir cortada con fentanilo. Vamos a ver algunas drogas mucho más peligrosas, mientras gente con recursos podrá optar a unas drogas muchísimo más higienizadas y mucho más controladas. Será una cuestión de desigualdad y de acceso a la salud. Habrá gente que probablemente tenga la posibilidad de ser inmortal y otros no puedan acceder a una buena sanidad. 

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