Sobre monoteísmo, capitalismo y patriarcado: respuesta a Kolitza

Sobre el monoteísmo. O de si todas las opresiones se reducen a la capitalista.


Das kapital

publicado
2018-01-11 08:15:00

Hace un par de semanas se publicó en Borroka Garaia da! un artículo escrito por Kolitza (“Marxismo y opresión de género- respuesta a Jule Goikoetxea y Teresa Larruzea”) en respuesta a otro que habíamos previamente sacado nosotras en Berria (“Marxen 'Kapitala' egungo patriarkatuan") y en el ElSalto en castellano.

Retomamos aquí el tema.

Antes que nada, dejamos claro que afirmar que el análisis de Marx sea imperfecto no invalida su aparato teórico. Y lo decimos porque nuestro artículo era básicamente una breve crónica de la crítica que la segunda ola del feminismo hizo a las categorías desde las que la izquierda piensa el capitalismo, es decir, que aparte de hablar de lo que quedó fuera de la investigación de Marx, de cómo hasta hoy existe una doble socialización para las mujeres al mismo tiempo que una relación jerárquica entre las distintas luchas dentro de la comunidad militante, el texto no tiene gran contenido analítico en sí mismo. En cualquier caso, parece que el fortalecimiento de una versión no materialista del feminismo tiene preocupada a alguna gente, bienvenido sea este debate, por lo tanto.

Apuntes sobre el rigor científico:

[Kolitza] No sólo no podía leerse en el escrito una crítica revolucionaria constructiva dirigida realmente al libro de Marx, sino que como viene siendo costumbre, se criticaba la caricatura, y junto con ella, al programa político (lucha de clases y comunismo revolucionario) del cual había surgido el aparato teórico (marxismo).

[Teresa-Jule] De la afirmación de que haya una parte que Marx no analiza cuando estudia el modo de producción capitalista, o de que la agenda política de los hombres asalariados haya ido por delante de la agenda política de las mujeres asalariadas y de la de las no asalariadas no se deriva, de ningún modo, la afirmación de que hayamos hecho una crítica a la lucha de clases o al comunismo revolucionario. Se trata de una complejización de las diversas relaciones de poder que atraviesan dicha lucha y una proposición por entender el concepto de clase desde una óptica multidimensional.

1. TESIS: Marx dejaría fuera de la teoría del valor la esfera de la reproducción:
De este modo, por ejemplo, alguien que plantea que hay un trabajo que no está siendo pagado, o que no está siendo remunerado, cae de facto en el pensamiento categorial burgués, según el cual el trabajo del individuo crea valor, y por lo tanto, debe ser remunerado, objeto de compra (mercancía).

Afirmar que las tareas de reproducción o que la esclavitud de los campos de algodón son prácticas no asalariadas es una verdad en sí misma, y no quiere decir, en ningún caso, ni que el salario equipare al/a la trabajador/a por aquello que trabaja (es decir, no quiere decir en ningún momento que el trabajo produzca intrínsecamente valor), ni que la responsabilidad sobre lo reproductivo llegaría un día a ser una relación de no-explotación por el hecho de que fuera asalariada (sí, en lugar de “etxeko lanaren balioaren aldeko borrokan” debería de haberse evitado la polisemia con “aintzatespenaren aldeko borrokan”). No es lo mismo decir que A es A o decir que A es B, aunque la cuestión sobre el salario por la responsabilidad reproductiva sea un debate complejo y necesario.

Supondría esto una medida que tendría consecuencias directas sobre el capital simbólico de aquellas tareas reproductivas que pudieran profesionalizarse, y por ende sobre el capital simbólico y económico de las mujeres. Pero que al mismo tiempo, no implicaría necesariamente 1. ni la desfeminización de dichas tareas y, en consecuencia, de aquéllas que siguieran estando escindidas de la forma valor 2. aún en el caso en el que la sexuación de la escisión pudiera ser superada dentro del modo de producción al que corresponde (hipótesis bastante irrealizable desde una visión materialista de la ideología), tampoco implicaría la desaparición de la subordinación simbólica de las mujeres en tanto que ésta no se limita a la división sexual del trabajo y 3. ni significaría en absoluto una ofensiva estructural para la amenaza del capital a la sostenibilidad de la vida en tanto que ampliaría la lógica del valor a mayor población y a más sectores de la vida. Pero también es verdad que, desde esta óptica, muchos de los logros de la lucha obrera, feminista y antirracista del último siglo y medio (jornada de ocho horas, abolición de la esclavitud, etc.) podrían ser tachados de indeseables por reformistas. Sin embargo, esto es una larguísima discusión que no ha sido abarcada en ningún momento en nuestro artículo.

2. TESIS: Marx no tomaría en consideración el trabajo femenino, que sería primordialmente ‘’trabajo reproductivo’’, y además; el trabajo reproductivo es exclusivamente trabajo no remunerado y trabajo femenino.
[…] Es que hay una división sexual del trabajo tanto en la esfera de la reproducción (que se da tanto dentro como fuera del puesto de trabajo) como en la de la producción (que es producción de plusvalía). En la reproducción hombres y mujeres trabajadores tienen las tareas divididas, en general las mujeres trabajadoras hacen (por imperativo social) las tareas que se consideran de menor prestigio, y eso las subordina políticamente, mientras que el hombre trabajador considera ser más valioso por ello (por arreglar un enchufe, por ser el chofer de la familia, o por defender a la familia en el barrio, etc...), y considera que la mujer debe subordinarse a él.

Afirmar que la responsabilidad sobre la reproducción la tienen las mujeres no es, bajo ningún concepto, lo mismo que decir que lo que hacen las mujeres es sólo tarea de reproducción. O, paralelamente, decir que únicamente se considera “trabajo” aquello que hacen los hombres no quiere decir, de ningún modo, que las mujeres no lo hagan, sino que existen quehaceres que los hombres no desempeñan de manera especializada que no son consideradas “trabajo”. Y de aquí no se deriva que los espacios de valorización del capital no sean espacios de explotación, sino que en tanto que la cara concreta del trabajo no es socialmente significativa si no está inmersa en una relación social abstracta, únicamente las actividades intercambiables por dinero serán reconocidas como económicas. Y, por lo tanto, que es de la condición “trabajador” (entendido como empleado) de donde se deriva la representación y el estatuto de realidad, es decir, el reconocimiento como sujeto (explotado).

Decir que al valor lo caracteriza una separación (Scholz, R. 1999) sexuada no significa que las mujeres no trabajen en la valorización del capital, sino que esta esfera se constituye en un principio masculino y que todo el resto del proceso queda invisibilizado y feminizado. Que “en la reproducción hombres y mujeres tienen las tareas divididas” es absolutamente falso, porque a pesar de que todos los cuerpos realicen actividades a favor de su propia preservación (comer, dormir, ir al cine, salir de fiesta y etc.), la responsabilidad reproductiva recae sobre las mujeres, pues es a ellas a quienes se les asigna el peso general de las tareas que hay detrás de la creación, la reproducción y el disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Y nos estamos refiriendo aquí, por lo tanto, a la repartición de aquellas tareas reproductivas que se realizan fuera del puesto de trabajo, no al hecho de que el trabajo asalariado, tanto el de los hombres como de las mujeres, esté también destinado a la reproducción del/a trabajador/a.

Por lo que no, la división sexual del trabajo no se da en la esfera de la producción y la de la reproducción, la división sexual del trabajo se da en la relación entre la producción y la responsabilidad reproductiva y en la interioridad de la esfera productiva. Es decir, que lo que se da es una doble socialización de las mujeres en donde lo que hacen en ambas esferas está siempre subordinado a lo que hacen los hombres. Y eso ya lo comprobamos cuando decimos que no es sólo que las mujeres trabajen en las dos esferas (es decir, que trabajen más), sino que además sus sueldos son inferiores en lo que a la producción de plusvalía respecta.

Las mujeres están políticamente subordinadas porque hacen por imperativo social tareas de menos prestigio, sí, pero al mismo tiempo, las tareas que las mujeres hacen son consideradas de facto de menos prestigio simplemente por el hecho de que sean desempeñadas por mujeres.

Segundo: si las mujeres no reciben una parte del sueldo familiar, o como dice el artículo, trabajan realmente ‘’sin cobrar’’, entonces mueren de hambre, de frío, o de lo que sea. Por lo que es falso hablar de que las mujeres puedan llegar a hacer trabajo sin recibir sueldo, tan absurdo como decir que alguien puede vivir sin comida, sin ropa o sin casa.

Recibir un sueldo propio o cobijarse, comer y vestirse a través del sueldo de otra persona no es, en absoluto, lo mismo, o no por lo menos en términos prácticos e históricos. Y afirmar lo contrario es obviar uno de los dispositivos centrales a partir de los cuales el patriarcado ha operado en la época moderna: el salario.

[…] es entonces cuando este nuevo feminismo ‘’descubre’’ que la mujer hace un trabajo no remunerado, que la mercancía la produce el hombre, y todo el resto de categorías confusas para hacer análisis no menos más confusos de la opresión de género, y para acabar postulando la existencia del hombre abstracto interclasista y la mujer abstracta interclasista como categorías políticas y socioeconómicas de clase.

La acusación de haber atribuido la producción de mercancías exclusivamente a los hombres ya la hemos desmentido. El resto tampoco es un argumento válido: si decir que los trabajadorxs y lxs capitalistas son una clase no implica que sean una clase abstracta, análogamente, decir que las mujeres y los hombres sean una clase tampoco implica que sean una clase abstracta. Todas las clases son concretas, entiéndase, reuniones de lo múltiple, con especificidades y relaciones de poder internas, es decir, todas las clases están divididas, y esto es absolutamente crucial para no homogenizarlas ni esencializarlas.

3. TESIS. El trabajo de los hombres sería trabajo remunerado, el de las mujeres ‘’no remunerado’’.

Se ha convertido en una falsedad repetida hasta la saciedad, esa famosa fórmula del feminismo académico italiano de los 60 y 70, según la cual existe algo así como ‘’el trabajo remunerado’’ frente al cual habría un ‘’trabajo no remunerado’’. A partir de ahí, se puede cometer el exceso de decir que ‘’los hombres no trabajan apenas sin remuneración’’, o que ‘’los hombres no trabajan sin remuneración porque son hombres’’. De golpe se legitima así TODA LA PRODUCCIÓN CAPITALISTA, lo que es lo mismo que legitimar todo el mecanismo económico que divide a una poderosa clase propietaria del mundo […]

Ya ha quedado desmentido. En ningún momento pretende que el pago equipare trabajo alguno, como si diéramos por sentado que existe una lógica de reparación entre el/la trabajador/a y el salario. Se ha hablado exclusivamente de trabajo asalariado y trabajo no asalariado o trabajo por el que se cobra versus trabajo por el que no se cobra (donde, evidentemente, se utiliza “trabajo” en el sentido transhistórico de la palabra, es decir, no como relación social específica capitalista de carácter dual en donde lo concreto está supeditado a lo abstracto). Afirmar que estamos legitimando la teoría de la intercambialidad del trabajo por el salario por decir que existen trabajos por los que no se percibe salario alguno tiene tanto sentido como decir que estamos defendiendo el fortalecimiento de la frontera estadounidense por denunciar que dicho trabajo lo van a realizar obrerxs mexicanxs explotadxs.

4. TESIS. La desmercantilización supondría únicamente la libertad del hombre blanco, y la libertad de la mujer vendría con la ‘’desfamiliarización’’. La libertad del hombre blanco se obtendría mediante la lucha de clases, la de la mujer mediante la lucha de género.

Afirmar que la desfamiliarización es condición para la libertad y dignidad de las mujeres no significa, en absoluto, que el desprendimiento de la dependencia de las mujeres para con la familia y la desfeminización de la responsabilidad reproductiva sean sinónimos de su libertad. Sino que, a diferencia de para los hombres, la desfamiliarización es un elemento necesario (pero no suficiente) para la emancipación de las mujeres.

Y será necesario pero no suficiente 1. porque las identidades de género están tan arraigadas al modo de producción capitalista (es decir, que los valores del valor sean los valores masculinos y los valores de la escisión los femeninos) que jamás podría darse un viraje despatriarcalizante completo sin que cambiaran las condiciones de producción 2. porque, en tanto que el capital amenaza inherentemente la sostenibilidad de la vida, la reproducción de ésta nunca podrá realizarse en condiciones de dignidad bajo el imperio de la plusvalía y, por último, 3. por su condición de dobles trabajadoras, a decir, porque aun siendo desfamiliarizadas, las mujeres seguirían bajo la explotación del trabajo asalariado.

Por lo tanto, en el caso de la emancipación de las mujeres trabajadoras tanto la desfamiliarización como la desmercantilización serán ambas condiciones necesarias. Y por ello, no es falaz decir que la desmercantilización, por si sola, sea sinónimo de la libertad y de la dignidad del hombre blanco, ni es una falta de respeto a toda vida afectada por el capitalismo. Sino todo lo contrario, es denunciar la abstracción del sujeto trabajador por parte del sujeto moderno auto-neutralizado (es decir, no engenerizado, no racializado, no emigrado, no homosexual, no disfuncionalizado y que no habla en su cotidiano una lengua ni representa una etnia minorizadas). Es especificar que el hombre blanco asalariado no representa los intereses de la totalidad de la clase obrera, y que por ello, para el resto de trabajadorxs, aún siendo absolutamente necesario, el zafarse del yugo capitalista no será garante su liberación como cuerpo inscrito por múltiples significantes y relaciones de apropiación.

Negar que la libertad de las mujeres, además de la desmercantilización, tiene como condición la desfamiliarización apelando a que eso nos lleva “al libre individuo burgués (sea mujer o hombre) con su dinero en el bolsillo y su libertad privada”, y que “se convierte en rechazo radical burgués e irreflexivo a la familia en general, a todo vínculo duradero y fuerte” es simplemente una falacia ad consequentiam. Sin embargo, aprovechamos para decir que el problema del fortalecimiento del capitalismo y de la crisis de los cuidados y su relación con la propagación de la ética individualista y la descomposición de la vida comunitaria es un debate muy necesario. Pero que dicho análisis se haga a costa de inculpar a la reivindicación de desfeminización de la responsabilidad reproductiva es tan justo como culpar al abolicionismo de que a finales del siglo XIX la producción de algodón bajara en Texas. O dicho de otro modo, que aunque los cuidados y la lógica no monetaria deban ponerse en el centro, lo desdoblado de la forma valor no es el residuo de una formación precapitalista que hay que conservar tal y como está, sino explotación de mujeres constitutiva de la producción de plusvalía.

Más allá de las tesis que erróneamente se nos han adjudicado y de los argumentos que de ellas han esgrimido, que creemos con esto haber desmentido, el resto del conflicto teórico nos parece oportuno.

Diríamos que la tensión es la siguiente:

Conflicto 1: De si hay o no un vacío analítico en el Capital

Según el artículo que aquí comentamos, al Capital de Marx no se le puede criticar el no haber analizado las tareas de las mujeres en lo que a la reproducción de la fuerza de trabajo respecta, ni el hecho de que no estudiara la relación de esta explotación para con la producción de plusvalía en su mapa sobre el funcionamiento de la economía política capitalista. Y según entendemos, los argumentos son que 1. En la sociedad que Marx investiga las familias obreras no tenían tareas domésticas que realizar porque trabajaban, hombres mujeres y niños, hasta dieciséis horas al día, por lo que no tenían ni casa, ni ropa ni prácticamente comida que cocinar. Y 2. en Marx la relación y proporción entre el trabajo productivo y el reproductivo es una expresión de la relación antagónica entre el capital y el trabajo asalariado.

En referencia al primer argumento, no es verídico que la enorme reducción del tiempo para la reproducción de la clase trabajadora (la desaparición de las tareas domésticas) fuera una condición universal en la época en la que Marx escribió el Capital. Según Federici (Federici, S. 2017), las empleadas de las fábricas oscilaban solo entre un 20% y un 30% de la población de las mujeres trabajadoras, entre las que, además, también algunas dejaban el empleo para dedicarse a sus hijxs.

Pero estamos de acuerdo con la segunda enunciación, que es verdaderamente donde se juega el conflicto, cuando se afirma que la relación antagónica entre el trabajo asalariado y el capital, absolutamente central en la teoría marxista, tiene su expresión económica en la relación y proporción antagónica entre trabajo productivo y reproductivo. La pregunta, por lo tanto es, ¿qué abarca el análisis de la reproducción en Marx?

Entendemos por reproducción en el Capital al conjunto de actividades destinadas a la conservación de sí, a decir, a la conservación de la fuerza de trabajo, y por “trabajo necesario” para la reproducción aquél que, resultado de la división social del trabajo, el/la trabajador/a desempeña para producir el valor de su propia fuerza de trabajo, que es aquí el valor equivalente a aquél de los medios de subsistencia que necesita para reproducirse (mercancías). Y es concretamente este “trabajo necesario” (Marx, K. [1867] 2010: 207), que la/el obrera/o realiza desde su puesto de trabajo y en el que se resume la importancia de la subsunción de lo reproductivo en lo productivo, lo que el estudio de Marx abarca de manera más metódica en relación a la reproducción.

Evidentemente, el ocultamiento de que las mercancías no produzcan, reproduzcan y domestiquen por sí solas la fuerza de trabajo no es obra de Marx, sino que es intrínseco al modo de producción que él estudia, pero ¿cómo puede ser que no se le dedique importancia investigadora al hecho de que la contradicción entre producción y reproducción oculta también explotación específicamente femenina en lo que a las tareas reproductivas realizadas fuera del puesto de trabajo respecta?, ¿al hecho de que es esta subordinación la que permite que una parte del trabajo que reproduce la misma mano de obra que genera plustrabajo le sea gratuita al capital? Esto es un hecho, aunque la ilegitimidad de la gratuidad sea un concepción burguesa de justicia que esconde que el trabajo para la producción de un sueldo es también una relación de apropiación y subordinación.

El aparato de la acumulación se sustenta sólo a partir de la contradicción entre la esfera de lo productivo y de lo reproductivo. Por supuesto, la que rige la formación social, la única importante para la sociedad del capital, es la producción de plusvalía, para la cual lo reproductivo no es más que su condición de posibilidad. Pero la escisión no es contingente al valor, y mediante ella el capital consigue que una parte del proceso (todo el trabajo reproductivo fuera del puesto de trabajo) le sea gratuita (y esto es una descripción de cómo funciona, no un análisis de si esta gratuidad le es o no sustancial). Y lo consigue porque la articulación de una variedad de estrategias identitarias, generadoras, en este caso, del dispositivo moderno del género, garantizan que un montón de gente haga mucho trabajo sin ningún sueldo ni prestigio a cambio.

Es cierto que se observa en el Capital un concepto de lo reproductivo en el que también intervienen trabajos llevados a cabo por mujeres más allá de lo que se realizan en la fábrica. Cuando se afirma, por ejemplo, que el desarrollo de la industrialización destruye la esfera de la reproducción para apropiarse de la totalidad del tiempo de las mujeres. O, en referencia a aquellos quehaceres que no pueden ser reducidos, cuando se indica que las mujeres de la clase trabajadora se ven obligadas a alquilar el trabajo de una obrera (Federici, S. 2017).

Pero a pesar de ello, la función que la empresa patriarcal desempeña en la producción capitalista (no como entidad esencial, sino como modo efectivo de funcionamiento) tiene un lugar poco estructural en el Capital, y su mención no es en absoluto analítica. No se estudian ni las relaciones no asalariadas, ni las características de la explotación de las mujeres en lo que concierne a la responsabilidad sobre lo reproductivo, ni la participación de esta escisión sexuada para con la tasa de plusvalía. Nos adherimos cuando se dice que no es el filósofo, sino la economía política burguesa, la responsable de la subordinación de lo reproductivo a lo productivo y de la invisibilización del trabajo realizado fuera del puesto de trabajo pero, y he aquí nuestro punto, limitándose al análisis del trabajo reproductivo dentro de lo fabril no se visibiliza en absoluto ni que la disociación sexuada del valor es un elemento de la máquina ni que este desdoblamiento abarca una parte crucial de la subordinación contemporánea de las mujeres. Por ello, a pesar de que se reconozca la opresión de género, la racionalidad capitalista no es pensada aquí como co-conformada a partir de la explotación patriarcal, sino como un modo de producción asexuado.

No obstante, como el desarrollo teórico que le ha sucedido lo demuestra, la maquinaria analítica propuesta por Marx no está por ello en contradicción con un análisis del capitalismo a partir de sus entrañas patriarcales. Ahora, que su posición epistémica es androcéntrica es innegable.

Conflicto 2: De si el conflicto es entre el feminismo y el marxismo o de si lo es entre distintos tipos de feminismo

Que el conflicto no radica entre feminismo y marxismo ya lo dice el mismo artículo que se comenta, en donde hablamos de feminismo marxista. Sí, indudablemente, el conflicto se sitúa entre varias visiones del feminismo, pero también entre una visión materialista y consustancial del feminismo y una lectura monoteísta del marxismo (y subrayamos, decimos “lectura” y no “marxismo”) que folcloriza los análisis de distintos sistemas de opresión como contradicciones colaterales subsumidas bajo la dominación capitalista.
Nos valemos del estudio de Marx para entender la explotación dentro de los circuitos de acumulación del capital y, tras analizar la relación de éstos para con las distintas partes de la economía invisibilizada, concluimos necesaria (que no suficiente, y estos es crucial) la destrucción del modo de producción capitalista para la superación, entre otros, de la dominación heteropatriarcal y racista (y, evidentemente, capitalista). Es decir, que puesto que la racionalidad del capital está estructurada a partir de la división sexual del trabajo (y viceversa), este modo de producción está absolutamente arraigado a las identidades de género (o, en su defecto, a la proliferación de otras diferencias y desigualdades) y en consecuencia la despatriarcalización pasa necesariamente por el anticapitalismo. Por lo que no, del hecho de que el género sea una clase social no se concluye necesariamente que dicha opresión pueda resolverse sin tocar las relaciones de producción capitalistas. Pero al mismo tiempo, dado que la forma social patriarcal y racista no se reducen a la capitalista, de la abolición del capital no se deriva la inherencia de la desaparición de estos sistemas de dominación. Y decir que el que se toquen las relaciones de producción capitalista no garantiza que el patriarcado, aunque mute substancialmente de forma, vaya a desaparecer, no tiene porqué ser un argumento idealista.

Por ello, la verdadera matriz sería, en última instancia, la siguiente:

Conflicto 3: De si existen más ejes de clase más allá del capitalista y de si la dominación es esencialmente burguesa.

La mujer burguesa aparece de este modo como sujeto de opresión de género. Pero, si la mujer burguesa se aprovecha y desarrolla la opresión de género: ¿Cómo van a ser ‘’la mujer’’ y ‘’el hombre’’ en general, entendidos de forma interclasista, dos clases enfrentadas, o todavía peor: la polaridad específica creada por la opresión de género?

El marido en la familia proletaria, el violador en la calle de un barrio, son figuras privilegiadas de colaboración de clase, como el policía o el encargado de fábrica, que colaboran con el mando capitalista y reproducen la subordinación de la mujer a una división sexual y política del trabajo, división sexual que favorece en última instancia a toda la burguesía. De lo contrario no puede explicarse por qué una niña negra multimillonaria tiene más poder que un hombre blanco adulto vagabundo.

En tanto que articulador de la función “mujer”, el patriarcado afecta a todas las féminas, pero lo hace de una manera substancialmente distinta dependiendo de la manera en la que cada cuerpo se relacione con otras categorías de opresión. Esto es evidente. Pero del hecho de que las mujeres burguesas opriman a las mujeres trabajadoras no se deriva que el patriarcado se reduzca a una relación exclusivamente capitalista. ¿O acaso los marineros de Ondarru no conforman una clase por el hecho de que exploten (ellos y su patrón) aún más a sus compañeros racializados? La mujer burguesa se va de copas mientras la señora latinoamericana cuida de sus hijxs, está claro (es decir, se desfamiliariza a partir de la comodificación o explotación ajena porque tiene los medios para ello), pero también la violan en el baño del bar, se mete los dedos para vomitar su exquisita comida, tiene más dificultades para avanzar en su carrera y la dejan fuera del mercado porque ya no está tan buena o porque está embarazada. Y no por ser burguesa, sino por ser mujer. Y aunque esa misma opresión sea radicalmente diferente hacia la de las mujeres racializadas y pertenecientes a la clase trabajadoras, existe aquí una tipología de dominación de los hombres como hombres hacia las mujeres como mujeres. El marido de una familia proletaria no sólo colabora con su superior cuando calla a su mujer delante de sus amigos, sino que se beneficia también a sí mismo y a sus iguales. Y obviar este hecho, aparte de falso, es intolerable en términos políticos: es negar la existencia del patriarcado.

Por supuesto que una niña negra multimillonaria tiene más poder que un hombre blanco adulto vagabundo. Pero la vida de un hombre blanco adulto vagabundo no corre el mismo peligro que la de un hombre negro adulto vagabundo. Y el niño negro multimillonario, a diferencia de la niña negra multimillonaria, no ha salido corriendo de la habitación del hotel del productor de su nuevo disco. ¿Creemos acaso que por haber salido de la producción de plusvalía la reputación de un bangladesí será automáticamente equiparable a la de un noruego? ¿O que el humor de las bertsolaris mujeres hará que las plazas se rompan a carcajadas? ¿Que los cuerpos racializados dejarán de blanquearse a sí mismos? ¿Que los centros de adelgazamiento carecerán de demanda? ¿Que las niñas dejarán de tener miedo a ser violadas en las fiestas de su propio barrio? ¿Es sólo por un argumento de producción de mano de obra esclava que se ha prohibido el aborto (que también, pues las clases dominantes siempre han podido permitirse practicarlo) o existen causas paralelas que tienen que ver con la dominación propia y, por ende, precapitalista, hacia los cuerpos marcados como mujeres por parte de los hombres, como clases en sí?

Es innegable que, a partir de la instauración de la separación entre la producción y la esfera doméstica, la modernidad ha intensificado la dominación patriarcal en ciertos ejes, por lo que, las divisiones sociales por género han sido no sólo reproducidas, sino activamente producidas por el capitalismo. Ahora, eso no quiere decir que la dominación masculina se reduzca al servicio que mayoritariamente presta en la actualidad. El patriarcado se estructura a partir del trabajo (entendido aquí como una relación social específica de la modernidad), que se relaciona, a su vez, con dispositivos como la heterosexualidad, pero su articulación está motivada por una producción y conjunto de prácticas discursivas mucho más extensa, un entramado simbólico, político y conceptual que desborda el modo de producción capitalista. Y a pesar de que la unidimensionalidad sea siempre una ficción teórica, es decir, que el entramado práctico del patriarcado sea siempre coextensivo al del capitalismo, basta con imaginarnos un mundo fuera del dominio de la mercancía en donde se siga violando a las mujeres, sometiendo simbólicamente a los cuerpos racializados (es decir, racializándolos), o donde se haya extinguido el euskera, para saber de qué estamos hablando.

Esta es la tesis central: el patriarcado, sistema heredado de formaciones sociales anteriores, funciona en la modernidad esencialmente como categoría de explotación para la producción de plusvalía, pero aun siendo su forma actual una determinación del modo de producción capitalista, su existencia no es reducible a él, no se agota en él. En resumen, que aunque absolutamente imbricado con la forma capitalista, existe también un conflicto de orden enteramente patriarcal. Y por ello, que la abolición del capital garantice la disolución de la separación del valor sólo significa la superación del funcionamiento contemporáneo de la dominación heteropatriacal, no la desaparición del patriarcado.

Llamaremos feminismo burgués (o feminismo sin perspectiva de clase que termina colaborando con la racionalidad burguesa) a las reivindicaciones que se limitan a denunciar la problemática de género sin relacionarla con el servicio que la empresa heteropatriarcal presta al modo de producción capitalista (ya sea porque los sujetos no padecen opresión alguna más allá de la derivada del machismo-homofobia-transfobia o porque no analizan su codificación fundamental). De cualquier forma, aunque ese feminismo no abarque el pensamiento heteropatriarcal tal y como afecta a la inmensa mayoría de las mujeres (en términos de función socioeconómica), eclipse versiones más radicales del feminismo en claves materialistas e incida por todo ello sobre la ultraperiferia del problema heteropatriarcal, apela a una cuestión estructural e innegociable: la dominación masculina.

Del mismo modo, llamaremos monoteísmo teleológico (o concepto de clase sin perspectiva consustancial que termina colaborando con el solipsismo patriarcal), a la maquinaria práctico-teórica que diluya la totalidad del antagonismo histórico, socioeconómico y político bajo el manto moderno y omniabarcante de la “clase burguesa”.

Afirmar que la “consustancialidad” (Kergoat, D. 2005: 95) hace desaparecer el antagonismo obrero-burgués o una visión materialista del funcionamiento de la maquinaria social, o, a la inversa, que la dominación patriarcal y la dominación racista se reducen a las relaciones de producción capitalista, en el mejor de los casos, es un error teórico, en el peor de los casos, es hacer pasar al reduccionismo por radicalidad.

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13 Comentarios
Feminismo de clase. Isabel Benitez 10:53 11/1/2018

http://www.sinpermiso.info/textos/todos-los-feminismos-son-de-clase-entrevista

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Una interesada 23:34 13/1/2018

Ya que este artículo ha empezado con unas cuantas aclaraciones del tipo: de A no se deriva B, sino que A significa exactamente A' (A prima), lo cual es interesante y de agradecer, ¿sería mucho pedir que la autora o autoras profundizaran del mismo modo en su frase "Federici argumenta que la quema de mujeres (llamadas Brujas = violencia simbólica) se hizo con el objetivo de domesticarlas y de que trabajaran sin cobrar"? Muchas gracias.

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#10635 13:11 14/3/2018

Pues nada, las que escriben serán feministas, pero en absoluto marxistas.

La Kollontai les queda muy grande:

"La mujer trabajadora protege sus intereses de clase y no se deja engañar por los grandes discursos sobre "el mundo que comparten todas las mujeres". La mujer trabajadora no debe olvidar y no olvida que si bien el objetivo de las mujeres burguesas es asegurar su propio bienestar, en el marco de una sociedad antagónica a nosotras, nuestro objetivo es construir, en el lugar del mundo viejo, obsoleto, un brillante templo de trabajo universal, solidaridad fraternal y alegre libertad..." Aleksandra Kollontai, 1907

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#10630 12:33 14/3/2018

Una crítica insulsa y confusa ante un texto demoledor como el de Kolitza. Es mentira que acabando con el patriarcado (si es que aún existe tal cosa en este mundo hiper-individualizado) caería el capitalismo como por efecto dominó. Esta idea es mitología en estado puro y además, las feministas inteligentes, lo saben. Al capitalismo se le acaba..... acabando con el capitalismo.
Y eso no lo conseguirán las feministas en la soledad de su ghetto.

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Gustavino 18:32 11/1/2018

Qué ganas de enredarla. El lenguaje es tan cripticamente técnico que algunos pocos lo entederàn.

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Jule, Teresa 18:53 16/1/2018

Tras la siguiente frase:

"a partir de la instauración de la separación entre la producción y la esfera doméstica, la modernidad ha intensificado la dominación patriarcal en ciertos ejes, por lo que, las divisiones sociales por género han sido no sólo reproducidas, sino activamente producidas por el capitalismo"

Falta la referencia (Briales, A. 2014) con el siguiente link:

http://www.encrucijadas.org/index.php/ojs/article/view/29

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#6325 10:16 12/1/2018

¿el caso es que llegado el momento lo mismo que habria que "hipotecar" a los hombres que no renuncian a los privilegios que les concede gratuitamente el heteropatriarcado habria que hacer lo mismo con las mujeres de clase media-burguesa que no renuncien a los privilegios de clase?

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#6289 19:52 11/1/2018

mas le valdria escuchar un poco mas la Ginologiakurda y in poco mrnos el feminismo academico anglosajon

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Tolosarra 18:18 19/1/2018

Es obvio pues que el socialismo lo desarrollamos a nuestra imagen y semejanza, por tanto, anglosajón, occidentalista, europeísta o no. Si mi conciencia es determinada por las condiciones en las que hemos nacido, no seré yo quien vaya a ningún otro país a decirles que sí y que no han de hacer. Por favor, seamos conscientes de la reciprocidad tanto como lo hemos de ser cuando intentas hacer un copia pega internacional

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#6288 19:50 11/1/2018

como se nota qie algunos no han chupado calle y fabrica pero se han pasado la vida en univesidads anglosajonas

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Tolosarra 18:10 19/1/2018

Lo primero, me gustaría dejar claro que el capital no es tan solo un libro de Marx, el capital, es el análisis que aún hoy sigue en evolución, Das Kapital por tanto, no es más que la base en la cual se fundamenta tanto la metodología de análisis como toma de forma. Decir por tanto, que el análisis de Marx es imperfecto no es más que una insensatez.
Desde aquí, quiero mandar mi más sentido pésame a vuestras carreras políticas. Gracias.

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Anónimo 1:52 21/1/2018

¿Has leído aquéllo que comentas? No hablan de Marx en general, sino del Marx del Capital.

De todos modos, lo que dices sobre la hermenéutica tampoco es correcto. “El Capital” y el “análisis que aún hoy sigue en evolución” no son sinónimos. “El Capital” es objeto de interpretación y estudio constante, por supuesto, pero un análisis sucede por definición dentro de los límites del propio texto. Es decir, que “El Capital” es un libro.

Además, si por el hecho de que esté sujeto a interpretación no se pudiese decir que dicho libro fuera imperfecto, todos los libros serían siempre perfectos.

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Tolosarra 18:20 19/1/2018

Disculpa, "la" toma de forma

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Sobre este blog
Espacio colectivo para contradecirse sobre politica. Eso sí, con ritmo y poesía #POLIRIKA
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