Capitalismo
Estado, territorio y soberanía: obstáculos para la democracia privada o neoliberal

La democracia global de redes, flujos y gobernanza multinivel que plantean las propuestas dominantes no tiene nada que ver con la democracia local. Y sin democracia local, nunca habrá democracia global.

Theresa May
Carteles en la calle parodiando a Theresa May. Matt Brown

publicado
2018-10-25 16:15

Mi intención con este artículo es abrir un diálogo público en torno a una idea que hace unos días Izaskun Bilbao publicó, parafraseando a Daniel Innerarity:

Pasamos demasiado tiempo discutiendo sobre términos como Estado, soberanía, territorio, que ya prácticamente no significan nada

Primero, si la gente discute mucho sobre algo, entonces, es que tiene significado. Porque el significado de las palabras está en su uso (Wittgenstein), no en una esencia transcendental accesible solo para algunos. Si la gente usa esas palabras, entonces tienen significado.

Segundo, despreciar o ignorar (diciendo que no significan nada) los debates que se están dando en todo el mundo, o al menos en Latinoamérica, África, India y Europa en torno al Estado, el territorio y la soberanía, empezando por el movimiento feminista (no sólo occidental) pasando por las propuestas económicas alternativas (de la economía circular, a la sostenible, desde el cooperativismo anticapitalista hasta la municipalización y la nacionalización de empresas y corporaciones), hasta los procesos de soberanía en Escocia, en Reino Unido con el Brexit, en Cataluña, Grecia e Italia, no es nada estratégico para una gobernante y nada honesto intelectualmente. Desde Italia, hasta Alemania, desde Rusia hasta Guatemala, se habla de soberanía y de territorio. Pero, como en el tema del nacionalismo, donde un 92% de la población europea tiene como identidad política principal la nación, todo aquello de lo que habla el pueblo, a la elite ilustrada tiende a resultarle primitivo, reduccionista e inconsecuente.

Las propuestas liberales, patriarcales y moralistas (es muy importante poner adjetivos, ya que no es lo mismo hablar de democracia socialista, de democracia liberal o de democracia patriarcal), como digo, las propuestas dominantes para resolver los déficits democráticos tanto globales como europeos se basan en la premisa de que la democracia puede funcionar sin comunidades políticas soberanas y sin la capacidad política (capacidad institucional y territorial) que hace posible que una comunidad política se autogobierne; de hecho, la mayoría de los pensadores liberales y neoliberales (incluidos los partidos del 155 y una gran parte del PNV, así como Podemos y ramificaciones varias) rechazan la soberanía nacional, popular y estatal como un mecanismo para democratizar el mundo (excepto si se trata del Estado español, de su soberanía y de su territorio).

En cambio, cualquier análisis político y económico, realizado fuera de las manos de los partidos y los lobbies neoliberales, muestra que el conjunto de estructuras públicas que llamamos Estado, junto con la teoría y las prácticas de soberanía popular y estatal, son fundamentales para la democratización, entre otras cosas, porque cuanto menos poder institucional y territorial tiene una comunidad política, menos soberanía, es decir, menos capacidad política podrá adquirir y, por lo tanto, menos poder tendrá para reproducirse a través del tiempo y el espacio como una democracia: ya que una comunidad sin capacidades políticas (soberanía material) y un lugar indiscutible de autoridad (soberanía formal) no puede gobernarse de acuerdo con sus propias decisiones políticas. En breve, la democracia en la actualidad no puede funcionar sin el Estado, entendido como conjunto de estrategias y estructuras públicas territorializadas que una comunidad desarrolla para autogobernarse.

Las propuestas en contra del Estado, la soberanía y el territorio, son todas propuestas a favor o del mercado libre y el capitalismo global o bien se sustentan en una Estado-fobia proveniente de la moral cristiana y patriarcal. Si no es así, por favor que ofrezcan textos y prácticas que lo desmientan.

Desde los movimientos sociales, los sindicatos y los partidos o asociaciones de izquierdas, se lleva años reformulando el concepto de soberanía popular, y en mi opinión, lo más acertado es repensarla como la capacidad institucional y territorializada del pueblo para gobernar de acuerdo con sus propias decisiones. Por lo tanto, en las reformulaciones no patriarcales ni liberales de la soberanía, el Estado y el territorio, no puede haber democratización, en el sentido de empoderamiento público-colectivo para el autogobierno, sin territorializar y/o institucionalizar el poder político. El territorio, desde las propuestas feministas, socialistas, decoloniales y ecologistas, es uno de los elementos básicos de la democratización porque el bienestar no es solo colectivo, sino también territorial: escuelas primarias y secundarias, hogares y hospitales del sistema de salud, transporte público, ferrocarriles y servicios sociales como guarderías, saneamiento, canalización de agua potable, reciclaje, producción, recogida y distribución de alimentos, agricultura y materias primas, industrialización, tecnologización, etc.: todo ello es territorial (a ver si alguien cree que Google “vive y se enriquece” en un espacio global tendido del cosmos).

Si un territorio tiene bienestar (tiene capacidad política/económica pública e institucionalizada, es decir, soberanía material para el autogobierno), entonces, la población que habita ese territorio tiene bienestar. Confundir el territorio y el Estado con fronteras arbitrarias (como si el Estado fuera más arbitrario que ser hombre o ser rico) sugiere una confusión mental importante, ya que las fronteras se imponen mediante el sueldo, la sexualización, la racialización, la no-diversidad funcional, el flujo de capitales, la mercantilización, la financiarización, el matrimonio, la religión, internet, los medios, el sistema de justicia, la educación liberal, la Unión Europea, la familia, los bancos, las corporaciones, etc. todos ellos implican fronteras, límites y exclusión. No entiendo tanta insistencia en la desaparición del Estado, el territorio y la soberanía y tan poca insistencia en la desaparición de los sueldos, la familia, la religión, el patriarcado y el capitalismo.

Para que pueda haber democratización, es decir, empoderamiento colectivo para el autogobierno, el poder se tiene que territorializar e institucionalizar (en sentido de publificar estructuralmente). Esta definición de democracia es nuestra. No vuestra. Y es tan particular como la vuestra, a ver si por un despiste histórico vais a creer que lo vuestro es universal y racional, y lo nuestro un vómito emocional y coyuntural.

No parece que a la elite liberal (elite económica y política) y gran parte de la academia, le interese la pregunta de ¿Qué necesita el pueblo o la comunidad política, en esta era de capitalismo global, para sobrevivir como una democracia? Entre otras cosas porque a dicha élite parecen no interesarle los conceptos no patriarcales ni liberales de soberanía, Estado y territorio. Nosotras leemos sus textos. Leen ellxs los nuestros?

Decir a la gente que más se moviliza (sean huelgas de trabajadorxs, sean pensionistas, sea el movimiento feminista, o sean las manifestaciones por el derecho a decidir) que su discurso está vacío y que no se corresponde con la realidad, cuando son las movilizaciones populares más grandes de este país (y mirad Cataluña!), es el síntoma más visible de hasta qué punto no interesan las demandas de soberanía material de la ciudadanía ni los mecanismos que hacen posible el autogobierno del pueblo. Causa por cierto directamente relacionada con la subida de la ultraderecha en toda Europa.

El objetivo y la idea de gobierno democrático y de soberanía popular siempre ha sido garantizar que las comunidades políticas se reproduzcan a sí mismas como ellas decidan (llamar al sujeto y objeto de la democracia pueblo, nación, demos, sociedad, comuna o comunidad no cambia este hecho). Si no se relaciona el objetivo de la democracia con el empoderamiento de las comunidades políticas para poder autogobernarse, y si no se relaciona el autogobierno con la capacidad territorial e institucional que una comunidad política tiene, es decir, con la soberanía material necesaria para poder decidir y llevar a cabo las decisiones que toma la población, entonces ¿a qué llaman democracia?

Este proceso de globalización que de una forma u otra avalan la mayoría de partidos (también los de izquierda) con las propuestas que hacen sobre una democracia cosmopolita o global no es más que la guía de cómo hacer desaparecer la democracia local. Y ¿cómo se hace esto? Quitándole a las comunidades políticas su territorio, su Estado (es decir, sus estructuras públicas) y su soberanía, o, dicho de otra forma, privatizando el territorio nacional (TTIP, CETA, Banco Central Europeo, etc.), la soberanía popular y las estructuras públicas (educación pública, sanidad pública, servicios públicos, etc.) que llamamos Estado. La Unión Europea es uno de los dispositivos clave de este proceso de privatización global llevado a cabo mediante la privatización de lo local.

Todo el mundo sabe que la globalización capitalista ha sido impulsada por los propios ejecutivos estatales, transfiriendo elementos clave de los Estados-nación a la esfera privada, a manos y corporaciones privadas. Este proceso es constitutivo de lo que llamamos la privatización de la democracia. La transferencia de las capacidades estatales y, por lo tanto, las capacidades públicas y políticas (desde la toma de decisiones, la elaboración de leyes y la implementación hasta la evaluación, re-regulación, producción y distribución) a manos privadas, ya sean expertos, lobbies, grupos de interés, actores ejecutivos o corporaciones: es lo que caracteriza la privatización de la democracia, y esa privatización de la democracia se hace privatizando el Estado, el territorio y la soberanía popular.

Según Sassen, la globalización es un proceso de desensamblaje de las lógicas organizativas y capacidades autoritativas del Estado-nación y su reensamblaje en lógicas económicas, judiciales y financieras a escala global; y estas capacidades y lógicas organizacionales conducen a la desnacionalización del territorio. Sin embargo, a menos que dicho reensamblaje global tenga estructuras públicas y políticas globales elegidas por el pueblo, la palabra "desnacionalización" no es más que un eufemismo. Sin estructuras públicas globales elegidas por el pueblo y responsables ante ellas, la “desnacionalización” es solo otra palabra para decir privatización de la democracia o desdemocratización.

Esto no se ataja con redes fluidas y gobernanzas multidimensionales, eso se ataja teniendo estructuras y capacidad política, económica y social local, es decir, teniendo comunidades políticas con soberanía material territorializada y públicamente institucionalizada y controlada.
La democracia global de redes, flujos y gobernanza multinivel que plantean las propuestas dominantes no tiene nada que ver con la democracia local. Y sin democracia local, nunca habrá democracia global.

* Para un desarrollo más amplio ver Privatizar la democracia: capitalismo global, política europea y Estado español (Icaria, 2018).

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Ha llegado el momento de cuestionarse el propio modelo de desarrollo de nuestras sociedades y de nuestra civilización.

2 Comentarios
#25007 23:25 25/10/2018

Desde la más absoluta ignorancia ¿dónde encaja el pensamiento anarquista con lo expuesto en el texto?
¿El "muerte al Estado, viva la anarquía" no es sino un anhelo de crear redes desde a abajo que permitan crecer hacia arriba sin los límites impuestos por el Estado tradicional?
Muchas gracias

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#25016 11:31 26/10/2018

Es un debate muy interesante, porque desde el entramado neoliberal se está propugnando el modelo sin Estado porque son las empresas las que dominan el mundo, y claro, desde algunos movimientos anticapitalistas libertarios se defiende la permanencia de un modelo con estructuras Estatales, el problema es la subordinación de la sociedad a ese poder estatal, quizás algo intermedio sea un modelo sin poder real sino dependiente de las redes locales y de base, como mero gestor de los servicios a la ciudadanía.

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