Kaka zaharra!

Desde Bilbao a Iruñea, y en todas las capitales del Estado, las movilizaciones por las pensiones, impulsada por movimientos transversales de mayores, ha supuesto un punto de inflexión.

Manifestación conjunta pensiones ley mordaza 17 de marzo
Manifestación en el centro de Madrid contra la Ley Mordaza y por las pensiones dignas, el 17 de marzo de 2018. David Fernández

publicado
2018-06-18 11:14:00

Al grito de “la mierda de siempre” comenzó hace varios meses la llamada “marea marrón” de la tercera edad. La subida del 0,25%, por debajo del IPC, con la hucha de las pensiones a punto de agotarse, sabe a burla y, con la primavera en ciernes, ha rebrotado el espíritu “yayoflauta” del 15M y las manifestaciones masivas. Desde Bilbao a Iruñea, y en todas las capitales del Estado, la movilización del 17 de marzo, impulsada por movimientos transversales de mayores, desde la MERP (Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones) a la Coordinadora de Mayores frente a la crisis, ha supuesto un punto de inflexión.

Los ancianos y ancianas malviven en muchos casos, cuando no se han convertido en el colchón de la crisis. Ahora están dando la voz de alarma: nos acercamos al colapso social. Sus reivindicaciones son variadas, pero todas coinciden en la necesidad de subir las pensiones más bajas, algunas de verdadera miseria, al menos hasta el SMI (hasta 57.000 pensionistas de la próspera Nafarroa cobran menos de 700 euros mensuales). En ese sentido, y en medio del debate de propuestas más o menos socorridas, las personas mayores nos avisan también de que es prioritario combatir la última estafa fiscal, el llamado factor de sostenibilidad, destinado a exprimir a los “viejenials” con engaños y basado en las pensiones privadas y los llamados “servicios para la segunda vida”. Una isla de Luggnagg de los Viajes de Gulliver, donde los struldbrugs o ancianos inmortales sufrían la eterna decrepitud.

En todo caso, lo que parece claro es que este sujeto político emergente —la persona mayor—, está llamado, junto a las mujeres, a protagonizar un nuevo ciclo de protestas. A la espera de que se incorporen jóvenes, precarios y migrantes, y más allá de una superficial solidaridad intergeneracional, sería deseable un primer escenario aderezado con sinergias entre las mareas morada y marrón. De hecho, hay demandas comunes como la brecha de género en las pensiones de viudedad, o la explotación de los cuidados y el síndrome de la abuela esclava.

Por suerte, todo apunta a que este empoderamiento de los mayores, como el de las mujeres, ha venido para desbordar y para romper. Sus demandas no caben en los carriles a los que se han acomodado las nuevas élites políticas y por los que transitan los distintos sindicalismos mayoritarios desde hace tanto tiempo.

Tras el exitoso 8 de marzo, continuamos con las buenas noticias porque, frente al imaginario de un envejecimiento activo institucionalizado y a base de pilates y Benidorm, ha llegado el envejecimiento activista, con dosis crecientes de ocupaciones plazas, clubs de jubilados y delegaciones de Hacienda. Ahí hemos de vernos todas las personas que no queremos comernos el marrón que se nos viene encima: utikan!

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