Análisis
Podemos se sube a la rufianeta ante el vacío generado en la izquierda federal
Que las cosas pintan mal para Podemos no es noticia. La concatenación de malos resultados en Aragón y Castilla y León, por debajo de las expectativas, que ya eran bajas, obliga al partido morado a cambiar algo. No han tardado en abrir una ventana para que pase aire. El 9 de abril tendrá lugar un encuentro en Barcelona de Irene Montero, eurodiputada y candidata número uno de Podemos en las próximas elecciones generales (con o sin confluencia), y el hombre de moda en la izquierda, Gabriel Rufián.
Han pasado pocos meses desde la polémica entre Podemos y Rufián con respecto a las migraciones, de lejos el punto más conflictivo de la apuesta programática del diputado republicano, pero el acercamiento era previsible. En el acto fundacional de la vía Rufián, éste elogió a Montero, a la que llamó “fuerza de la naturaleza” y explicó que su proyecto de innovación política solo tendrá éxito si Podemos está en el barco.
El Plan A de Podemos, de que Sumar se descompusiera e Izquierda Unida aceptase renegociar con los morados la creación de un Unidas Podemos 2.0 no ha funcionado
Los datos le dan la razón. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas presentado el 18 de marzo vuelve a poner negro sobre blanco que la división de la izquierda impide imaginar una reedición del Gobierno de coalición. Lejos del diez por ciento combinado, Sumar y Podemos se hallan desde hace dos años en una competición por todo lo bajo. Sus líderes no generan niveles altos de aceptación, y la distancia entre esos dos espacios políticos no oscila en un sentido o en otro, lo que permite adivinar que las desavenencias públicas entre ellos importan más a los partidos que al público general.
El Plan A de Podemos, de que Sumar se descompusiera e Izquierda Unida aceptase renegociar con los morados la creación de un Unidas Podemos 2.0 no ha funcionado. Pocos días después del bautismo de Gabriel Rufián como líder de facto del espacio político mutante de la izquierda del Estado, Izquierda Unida, Sumar, los Comunes y Más Madrid sellaban una alianza para el próximo ciclo electoral en un ambiente aparente de total confianza y compenetración.
Pero cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Izquierda Unida y compañía obtuvieron el domingo un resultado malo en Castilla y León, Yolanda Díaz ya no está, y la falta de un liderazgo claro dificulta sobremanera la transmisión de buenas sensaciones dentro de un conjunto al que, para más inri, le falta nombre. (Y lo que no se nombra no existe). El último signo de las dificultades ha sido el fallido intento de investir al ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, como líder del espacio político.
El no de Bustinduy ha abierto un vacío mayor que el que se pretendía llenar. Ernest Urtasun (Comunes) ya ha dicho que no se ve como candidato y Mónica García (Más Madrid) puede dudar, pero no parece dar el perfil
El no del político madrileño ha abierto un vacío mayor que el que se pretendía llenar. Ernest Urtasun (Comunes) ya ha dicho que no se ve como candidato y Mónica García (Más Madrid) puede dudar, pero no parece el perfil que puede facilitar el acuerdo con Podemos y tampoco la peor rival que puede encontrar Montero si se llega a la guerra fratricida en la circunscripción Madrid.
En cualquier caso, el escenario de dos listas en la Comunidad de Madrid en unas generales es malo no por la pugna entre dos candidatas, sino porque implica que en provincias en las que la obtención de un escaño está al límite o peligra la batalla por todo lo bajo dejaría un resultado neto pobre, de derrota sin paliativos.
No todo son malas noticias. El acercamiento de Montero a Rufián abre un nuevo escenario en el que el político de Santa Coloma aparece como una figura de consenso que todos parecen estar dispuestos a aceptar, al menos de cara a la galería. Rufián no tiene un perfil de negociador, pero sí cuenta con un dato fundamental a su favor: el mismo CIS que deja tiritando a las izquierdas le sitúa a él como favorito para la presidencia. Sobre esas mimbres se puede levantar una propuesta lo suficientemente convincente para probar suerte. A día de hoy parece poco probable que esa propuesta prospere, pero juega a su favor que lo que hay en este momento ni gusta ni convence.
A medida que se acercan las elecciones generales, que se esperan en un plazo no superior a un año y medio, la izquierda tiene cada vez más difícil superar el factor imán que Pedro Sánchez ha ido generando con la aceptación del marco de “no a la guerra” y de la batalla contra la extrema derecha como su marco de actuación.
El acercamiento de Montero a Rufián abre un nuevo escenario en el que el político de Santa Coloma aparece como una figura de consenso que todos parecen estar dispuestos a aceptar
Todo parece un pierde-pierde para Sumar (IU, Movimiento Sumar y Más Madrid) tanto quedarse en el Gobierno como permanecer en él. Podemos, cuyo leitmotiv en los últimos dos años ha sido el ataque encarnizado con todos aquellos a los que responsabilizan de su desfallecimiento como partido, se ha topado con la dura realidad de que fuera del Gobierno tampoco se puede crecer, no al menos en la nueva primavera del sanchismo.
En el actual estado de desarticulación y dada la correlación de debilidades, Rufián aparece como el clavo ardiendo al que pueden agarrarse las direcciones de las distintas organizaciones de la izquierda federalista, vapuleadas en encuestas y urnas, y al mismo tiempo, como alguien capaz de generar algo de entusiasmo en exvotantes de esos espacios. Puede que en tiempos de bonanza nadie se hubiera subido a la rufianeta, pero ahora mismo parece el único vehículo que puede llegar a alguna parte. Aunque nadie tenga claro cómo seguir el mapa.
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