Opinión
Zara no es mi matria

Cualquier logro de esta empresa o donación que haga para blanquear su marca, las visitas de famosos a Arteixo, o cualquier exposición que “ponga a Coruña en el mapa” no me representa como española ni como gallega ni como nada.
Bad bunny super bowl
El cantante puertorriqueño, Bad Bunny, durante su actuación en la Super Bowl.

A mí me parece bien todo lo que no le guste a Trump, básicamente porque me considero una persona con valores que pretenden cuidar a la sociedad —o por lo menos no hacer más daño— y mi opinión no puede coincidir con la de mi peor enemigo: alguien que solo piensa en sí mismo. Es algo que me cuestiono bastante: cuando mi pensamiento se acerca a la propuesta de mi enemigo, he de repensar esa cuestión. Me ayuda bastante a no perder el norte en esta posmodernidad donde todo es relativo.

Y ya no solo es mi enemigo, lo es de todos los que tengan un mínimo de empatía con las personas, sobre todo con las que forman parte de minorías o a las que el capitalismo agrede de una manera u otra.

No he visto el espectáculo de la Super Bowl básicamente porque ni sabía el día que era ni la hora ni en qué canal, ni nunca le he prestado atención por razones obvias: si es lo más visto en EEUU será una puta bazofia, como sus políticas, su gastronomía, su sanidad y todo lo demás.

Pero llega el día siguiente del evento y las redes ofrecen todo tipo de información sobre lo acontecido: hay artículos de compañeras, reels, fotos, vídeos y lo que quieras.

Sabemos que el protagonista ha sido Bad Bunny, que viene de ganar tres Grammys por su último disco —que sí he escuchado y que, por cierto, me gusta (soy amante de la salsa)— y al parecer ha pronunciado un alegato bastante claro sobre que América no es solo USA y Canadá, sino que también la forman la suma de los países latinos. Los ha nombrado a todos y a cada uno. Lo hizo a través de su música, cantando en español en el evento norteamericano más importante, y con un montón de metáforas que “expertos” de las redes van desgranando para crear su propio contenido. Que si un niño durmiendo sobre varias sillas juntas como en la infancia de cualquier latino, que si vivir la vida como si fuese una fiesta…

Durante la ceremonia de los Grammys, Benito ya se posicionó contra el ICE por la oleada de violencia contra los inmigrantes que viven y soportan EEUU. Y cuando digo “soportan” me refiero a que sobre sus hombros está el funcionamiento del país en aquellas labores que no brillan por su sofisticación, pero que son básicas para el engranaje de la nación. Ha habido varias muertes por culpa de esos abusos policiales, e incluso detenciones de niños de 5 años como si fueran auténticos terroristas. El presidente Trump le resta importancia, como a todo lo que no le conviene.

El ICE es un cuerpo especial de policía de la inmigración al que está claro que le falta la cabeza pensante. Más o menos como a los antidisturbios españoles. O a esos policías que ejecutan los desahucios de personas que podrían ser sus padres.

Muy bien, Benito, por hablar de todo eso y posicionarte en contra, en un mundo donde los millonarios o son unos auténticos tibios o forman parte de la lista de Epstein con toda la maldad y retorcimiento que eso conlleva. Recordemos que Trump tiene más fotos con Epstein que cualquiera de nosotros con nuestros padres y NO PASA NADA.

El caso es que, a todo sí, Benito, muchas gracias por darle voz a los asuntos que Trump minimiza y que tienen un valor primordial en el presente que habitamos. Era necesario y lo hiciste. Una actuación brutal.

¿Seguro que SÍ a todo? A ver, recapitulemos, denunciar al ICE, reivindicar América Latina y a sus gentes… bueno, hay un detallito que me chirría. Poca cosa, eh, pero si no lo digo reviento. Se trata de algo que no opaca para nada la maravillosa actuación de Bad Bunny. Algo tan insignificante que lo dejaría pasar si no me afectase directamente.

Según la mayoría de los medios parece que Bad Bunny también se acordó de España —se ve que la teoría decolonial no le interesa— porque iba vestido de Zara y esto tiene que ser, por obligación, un orgullo para los españoles y más concretamente para los gallegos.

Incontable el número de artículos que señalan a la marca por encima de la narrativa que de verdad importa.

Lo siento, pero como gallega, Zara no es mi matria, ni nunca lo será.

Cualquier logro de esta empresa o donación que haga para blanquear su marca, las visitas de famosos a Arteixo (qué necesidad tendrás, Rosalía, qué necesidad), o cualquier exposición que “ponga a Coruña en el mapa” (desde antes de la Torre de Hércules ya estaba en mapas) no me representa como española ni como gallega ni como nada.

No tengo absolutamente nada que ver con Inditex.

Como si las tonterías que dice Rueda o Feijóo también tuviesen que representarme. Franco, Fraga, Rajoy, Amancio Ortega. Su hija Marta… ¿Mi matria está ahí? Ni de broma. Galicia es mucho más, no solo aquello que publicita la TVG y el grupo que edita La Voz de Galicia.

A mí me representan como gallega las manifestaciones contra Altri, la gente que ayuda durante los desastres medioambientales cuando la Xunta nos abandona, la literatura, la música, aquellos que luchan por conservar la lengua y las tradiciones.

Donde la sombra del PP o la de Inditex no emponzoña una cultura tan rica como la nuestra, ahí está mi matria.

Bastante me duele ver a todos los fachas fachísimos diciendo barbaridades con la imagen de Sargadelos rodeándolos. Si Isaac Díaz Pardo levantase la cabeza le daba un parrús. Vivo lejos de mi tierra y, por una necesidad vital, como en esos platos para tener a Galicia más presente, del mismo modo que algunas fotos de As Marías decoran mi casa, artesanía gallega que uso y de la que presumo, como tener, por si hay alerta de saudade, una lata de zamburiñas en la despensa y otros productos que me quitan la morriña.

Inditex no está entre estas cosas, no pienso que galleguice mi hogar con nada comprado ahí. Ni siquiera que nada de Zara Home cree hogar con cualquiera de sus productos en serie. Tampoco veo que esté aportando nada para mejorar Galicia si gasto mi dinero ahí.

Zara no es mi matria, y nunca lo será.

Benito, no sabes dónde te metiste. O sí, pero como ya eres millonario te suda el rabo. Te perdonamos porque lo que denuncias tiene mucho más peso.

Inditex roba ideas a creadores pequeños, esclaviza gente en el tercer mundo, entre estos, niños, y todo lo venden como si fuesen una familia tal y como lo expresaba Marta Ortega en Navidad.

Una familia tóxica, se referirá.

Los vídeos de los trabajadores de Arteixo celebrando la actuación llenan a cualquiera de vergüenza ajena.

Los que sí somos una familia somos todos los que hemos tenido que marchar de nuestra casa y hemos intentado construir una vida en un lugar diferente, fuera o dentro de nuestro país, y tenemos que empatizar con aquellos que han sufrido toda suerte de adversidades para conseguir llegar a un lugar donde poder empezar de nuevo.

Si nunca te has ido de tu casa, puede que tus padres sí, o tus abuelos o algún vecino de ellos de la aldea. Esos antepasados en Argentina, Cuba o Suiza que casi todos los gallegos tenemos podrían ser hoy víctimas del ICE o de otro grupo policial de las mismas características.

Nadie piensa en volver a Galicia para comprarse un jersey mal cosido en Zara. Todos los que echamos de menos la tierra y sus costumbres lo hacemos por lo que dejamos allí: las personas, el paisaje, la retranca y, sobre todo, el sentidiño.

Benito, si yo pudiese te enviaba un paquetito, ya no de chorizos como hacían las abuelas, sino de sentidiño, para que tu protesta contra los poderosos no incluya a otros poderosos que se lucran de todas y cada una de las oportunidades que el mainstream les pone en bandeja.

Hacer marketing de la protesta nos mete en el bucle del capitalismo voraz que todo lo engulle. Es horroroso.

PD: Benito, en dos lavados esa camiseta ya no vale para nada, si la quieres conservar guárdala sucia. Te queremos.

Opinión
Bad Bunny y la palabra “América” cuando la frontera se vuelve espectáculo
No se trata de convertir a Bad Bunny en héroe. Sería simplificarlo y neutralizar el conflicto. Se trata de entender que la cultura popular es hoy uno de los pocos espacios donde la disputa simbólica ocurre a escala masiva.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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