Opinión
El negocio de la muerte
Hay algo que hace tiempo me da vueltas en la cabeza. Es una arista intacta, un tabú tras la muerte de mi ama. Con ánimo de cerrar la herida y abrir melones, aquí va para quien quiera o pueda saborearlo: El negocio de la muerte.
No sé a quién ni en qué momento -probablemente a un hombre blanco, hetero, capitalista y occidental- se le ocurrió hacer negocio sobre el momento y la necesidad más crítica de todas las personas, pero, desde luego, acertó de pleno.
En una sociedad cada vez más envejecida, se convierte en un sector redondo que genera enormes beneficios económicos. Una industria, monopolio encubierto, que factura alrededor de 114 millones en Hego Euskal Herria, donde la mitad de la población tiene contratado un seguro de defunción.
Contando los servicios funerarios, el papeleo póstumo, la asistencia legal y la minutas de cambio de nombre de bienes o deudas morir cuesta, para quien pueda pagarlo, entre 6.000 y 7.000 euros
El coste medio de los servicios funerarios es de 3.800 euros y otro tanto el papeleo póstumo, la asistencia legal y minutas de cambio de nombre de bienes o deudas. Por lo tanto, amigas y amigos, morir cuesta entre 6.000 y 7.000 euros. Al menos para quien pueda pagarlo.
Esta situación es muy grave, pero, por lo general, la solemos padecer en silencio. Cada cual como pueda, sin hacer ruido, para que no profanemos la “paz” de la persona fallecida. Y es que cuando compramos servicios funerarios -sí, compramos- solemos tener en vilo nuestro estado emocional, con evidentes dificultades para pensar racionalmente y tomar decisiones.
Firmamos y pagamos a ciegas todo lo que nos ponen delante, con la intención de pasar el “trago” lo más rápido posible, con la esperanza de calmar el dolor cuanto antes. Y todo ello, tú y el capitalismo frente a frente, sin apoyo administrativo alguno, víctimas de la dejadez cómplice de las instituciones.
Además, no penséis que estas gestiones las realizan de la noche a la mañana, por lo menos en mi caso, he tenido que esperar cerca de un año para que la burocracia cumpla plenamente con su cometido. El tiempo de abogados, catastros y hacienda avanza contra tu tiempo vital, mientras esperas que salga la cicatriz de tu duelo.
Yo he tenido mucha suerte por los trabajos adelantados por mi ama en este sentido, también por la familia y amistades que he tenido a mi lado. Pero esta situación no explota igual en todas las casas. Muchas veces me pregunto cómo afrontan todo esto las personas que están en una coyuntura mucho más vulnerable. Puro barro.
Una empresa pública debería gestionar todos estos procedimientos para despedir y recoger el testigo de nuestras personas allegadas
La pérdida de una persona no puede convertirse en negocio, en momentos tan especiales y complicados no puede mandar el mercado. Entre otras cosas, porque no somos ese consumidor frío capaz de elegir libremente en una tienda, sino un ser humano frágil y psicológicamente condicionado, mermado.
No podemos permitirlo. Todo esto necesita una transformación radical. Creo que una empresa pública debería gestionar todos estos procedimientos para despedir y recoger el testigo de nuestras personas allegadas. Las instituciones deberían garantizar un mínimo servicio gratuito y digno. Y a quienes quieren ir más halla o tienen necesidades especiales cobrarles según su renta o patrimonio. Y todo lo demás, es un fraude ilegal se mire por donde se mire.
Muerte digna
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