Opinión
¿Dónde estabais antes de Rocadragón?

Gaztelugatxe en Bermeo no nació con Juego de Tronos y la Diputación de Bizkaia no puede comportarse como el matón que llega el último y se apropia del patio.
San Juan Gaztelugatxe
El biotopo San Juan Gaztelugatxe en Bermeo es el paraje natural más turistificado de Bizkaia Arriguri
18 jul 2026 05:23

El pasado 10 de julio se inauguró la pasarela sobre el arroyo Madari, que completa el camino peatonal entre Gaztelugatxe y Bermeo. Ha costado 1,12 millones de euros, financiados con fondos europeos Next Generation. La Diputación Foral de Bizkaia merece reconocimiento por el trabajo realizado. Eso no obliga a aceptar la escenificación de la inauguración.

La diputada foral Arantza Atutxa agradeció a Nadia Nemeh, alcaldesa de Bermeo, que estuviera «con nosotros». En las primeras imágenes, la alcaldesa no tomó la palabra. Después explicó que la propuesta no había nacido en un despacho foral, sino de un proceso participativo y de personas que conocían aquel camino.


La frase parece un desliz, pero resume una forma de entender el poder. ¿Quiénes forman ese «nosotros»? ¿Cómo puede Bermeo aparecer como invitado en una obra situada en su municipio, surgida de sus vecinos y ligada a su memoria colectiva? Bermeo no acudió a acompañar a la Diputación. La Diputación acudió, con fondos europeos, a ejecutar una iniciativa nacida de la comunidad.

No estamos ante un incidente aislado, sino ante matonismo institucional. El matón no tiene razón: tiene más recursos, más cámaras y un gabinete de prensa. Llega después, ocupa el centro de la fotografía y habla como si todo le perteneciera.

La Diputación hizo su trabajo. Pero eso no le concede la autoría de la idea, la propiedad simbólica del lugar ni el derecho a relegar a quienes estaban allí antes

Gaztelugatxe no empezó con Juego de Tronos. Antes de convertirse en el camino hacia Rocadragón, ya era un lugar vivido, celebrado y cuidado. Formaba parte de la memoria de generaciones de Bermeo, Bakio y Busturialdea. Y cuando no había cámaras, había voluntarios que limpiaban, reparaban, vigilaban y mantenían la ermita. Gestionar la masificación es necesario. Pero ¿qué ocurre con el patrimonio que no genera miles de visitantes, titulares ni promoción institucional?

En Izaro sobreviven los restos de un convento franciscano abandonado en 1719 y la memoria de la ermita de la Magdalena, sin un despliegue comparable. San Pedro de Atxarre fue restaurada por la Diputación en 1994, pero una intervención de hace más de treinta años no equivale a una política continuada. En Ereñozar, la Asociación de Amigos de San Miguel de Ereñozar se constituyó en 1970; la ermita fue destruida en 1978, reconstruida en 1982 y, después, las excavaciones revelaron un castillo y una necrópolis medieval.

¿Hace falta que quieran rodar en Izaro, Atxarre o Ereñozar para que aparezcan inversiones, planes turísticos, equipos de comunicación y autoridades dispuestas a inaugurar algo?

Las historias no son iguales, pero plantean la misma pregunta: ¿hace falta que HBO quiera rodar en Izaro, Atxarre o Ereñozar para que aparezcan inversiones, planes turísticos, equipos de comunicación y autoridades dispuestas a inaugurar algo?

El problema no es que la Diputación intervenga en Gaztelugatxe. Debe hacerlo. El problema es que confunda capacidad administrativa con legitimidad histórica; que convierta a las comunidades locales en figurantes; y que, tras la fama mundial, actúe como si hubiera descubierto y salvado un espacio sostenido por otros durante generaciones.

En 2025 se creó el Consejo de Cooperación del Monumento Natural de Gaztelugatxe, presidido por la Diputación y con representación del Gobierno Vasco y de los ayuntamientos de Bermeo y Bakio. Los voluntarios que mantienen la ermita no tienen representación permanente. El órgano puede hablar de ellos sin hablar con ellos en igualdad de condiciones.

Eso exige cuatro compromisos: representación permanente y directa de los voluntarios en los órganos de gestión; financiación estable para materiales, seguros, desplazamientos, mantenimiento y relevo generacional; documentación sistemática de sus conocimientos sobre reparaciones, riesgos, tradiciones, memoria oral y conservación; y participación real en las decisiones, no una consulta ceremonial cuando los proyectos ya están redactados.

La pasarela de Madari no merece celebrarse es una liturgia de poder en la que la Diputación ocupa el escenario, Bermeo aparece como acompañante y quienes impulsaron la propuesta desaparecen detrás de una pancarta de fondos europeos

La pasarela de Madari merece celebrarse. Lo que no merece celebrarse es una liturgia de poder en la que la Diputación ocupa el escenario, Bermeo aparece como acompañante y quienes impulsaron la propuesta desaparecen detrás de una pancarta de fondos europeos.

Las instituciones pasan. Los cargos cambian. Los gabinetes de prensa encuentran otro escenario. El cuidado permanece. Gaztelugatxe no es Rocadragón. Y Busturialdea no es el patio particular de ningún matón institucional.

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