Obituario
Julio, una senda hacia Utopía

En Extremadura, en esta tierra que tantas veces visitó, tanto en público como en privado, Julio deja a muchos huérfanos. Julio no puede morir mientras siga existiendo en el mundo una persona que se levante para decir ¡hasta aquí!

Anguita en Extremadura
Ex-Coordinador General de Izquierda Unida - Compromiso con Extremadura. Profesor en la Escuela Pública
19 may 2020 08:55

Una hoja en blanco, incapaz de escribir. Se agolpan los sentimientos, los recuerdos y las conversaciones vividas con un hombre bueno, es decir, excepcional. Una hoja en blanco pese a saber qué puedo decir, pero incapaz de expresarlo con palabras escritas o habladas.

Cuando desde el Salto, ayer, me pidieron unas breves notas sobre Julio Anguita en clave personal y extremeña respondí de inmediato que sí. ¡Cómo no hacerlo! Contribuir a preservar la memoria de Julio es un deber inexcusable. Pero el deber, o el anhelo, chocó con la realidad del impacto: el viernes, 16 de mayo de 2020, el corazón de Julio Anguita González había dejado de latir.

“Sabíamos que podía suceder, pero saberlo no te prepara para la noticia”. Las palabras de Teresa Rejas, de una Teresa que no podía contener las lágrimas mientras hablábamos por teléfono, vienen a coincidir con la de otro gran amigo extremeño de Julio y quien nos ha regalado la mejor aproximación a su vida política, Juan Andrade: “No es posible afrontarlo”.

De un maestro se ha dicho que su mejor biografía son sus alumnos. Del maestro Julio Anguita esa biografía es colosal

En Extremadura, en esta tierra que tantas veces visitó, tanto en público (para compartir espacios de lucha) como en privado (en momentos más íntimos y menos conocidos, junto a su mujer Agustina y con especial querencia por el norte de Cáceres) Julio deja a muchos huérfanos: he citado a Teresa, a Juan, citemos igualmente a Manuel Cañada. Y se agolpan también sus imágenes mientras hoy, por fin, escribo estas líneas. 

De un maestro se ha dicho que su mejor biografía son sus alumnos. Del maestro Julio Anguita esa biografía es colosal. Hay una generación de militantes que iniciamos nuestro periplo político seducidos por la palabra, el ejemplo y la rebeldía de Julio Anguita. 

Yo he tenido el inmenso honor de poder conocerlo en el ejercicio de la política y también en la cercanía, y desde esa cercanía descubrir otros prismas sorprendentes de su personalidad. Empecé a militar en Izquierda Unida en 1996 y lo hice por Julio. No fui el único. He asistido a sus intervenciones, desde el público y a su lado y he podido pasear con él - tenía una especial querencia por la pedagogía peripatéutica, que nos exige movilizar mente y piernas - en Cáceres y en Córdoba. Conocer los rincones de Córdoba enseñados por Julio es un momento mágico. 

Pero, ante su muerte, su adiós, ¡qué poder escribir de Julio! Tal vez solo estos apuntes deslavazados que mezclan recuerdos, geografías y tiempos pero, pese a ello, pese a esta memoria deslavazada e insuficiente, es necesario contar quién fue Julio Anguita, por nosotros y por su proyecto, por esa búsqueda permanente de un proyecto de futuro llamado UTOPÍA. 

UTOPÍA

Antes de que Eduardo Galeano poetizase Utopía como un inalcanzable ideal que, sin embargo, nos fuerza a caminar, y ahí radica su valor, Julio Anguita apelaba constantemente a su búsqueda.

Nos insistía en diferenciar entre la quimera imposible y Utopía: un mundo más justo que no existe, pero que puede existir y solo depende de nosotros que exista

Nos insistía en diferenciar entre la quimera imposible -cuyos sueños son los que proclaman los sacristanes de la política- y Utopía: un mundo más justo que no existe, pero que puede existir y solo depende de nosotros que exista. 

“Seguiré luchando por lo que creo - escribe Julio en Atraco a la memoria: un recorrido histórico por la vida de Julio Anguita (Juan Andrade y Julio Anguita, en ediciones Akal)- y contra lo que considero es una encarnación de la barbarie: el capitalismo en todas y cada una de sus fases, manifestaciones y aspectos. Y desde luego aspiro a vivir bien conmigo mismo en compañía de los míos: mi mujer, mis hijos, mis amigos y los que conmigo van en pos de Utopía. Hasta que baje el telón”.

Telón. Llegó el telón, pero no el silencio.

Julio luchó por Utopía hasta el último momento. No estaba aferrado a la nostalgia y sí a las ansias de futuro, porque la nostalgia es la señal de que se llega al fin de la Historia. Cuando dejó la Coordinación General de Izquierda Unida solo cambió de trinchera -esas fueron sus palabras- y continuó luchando desde otros frentes: Unidad Cívica por la República, Colectivo Prometeo, Frente Cívico “Somos Mayoría”... Unos días antes de fallecer nos enviaba sus intervenciones demandando organizarnos para hacer frente a una recomposición del sistema capitalista tras la pandemia.

Muchos años después de dejar la vida parlamentaria, Julio nos acompañó a los extremeños en nuestras luchas. Unas de sus últimas intervenciones tuvo lugar en un atestado Centro Cultural La Alcazaba de Mérida para apoyar a los compañeros del Campamento Dignidad, junto a Manuel Cañada, Pablo Iglesias o Sara Marchena. Ese mismo día había compartido con los activistas por una Renta Básica, Dignidad y Trabajo, el encierro en una de las iglesias de la ciudad emeritense. Nunca dudó en dar su apoyo a una causa justa, a una lucha colectiva. 

Junto a los extremeños estuvo en las marchas contra el paro que recorrieron nuestra geografía de norte a sur en los años de plomo del ibarrismo

Junto a los extremeños estuvo en las marchas contra el paro que recorrieron nuestra geografía de norte a sur en los años de plomo del ibarrismo, en actos de campaña para defender la independencia de los militantes de Izquierda Unida y su derecho a votar libremente en referéndum o para acompañar a los compañeros en la muerte de otro hombre bueno de Brozas: Pedro Blanco Aldeano. Aquí ha presentado sus libros y siempre ha estado al teléfono ante cualquier consulta, duda o inquietud. Pero si hay un acto que ha trascendido el tiempo, ese es el celebrado en Cáceres junto a José Saramago. Un auditorio atestado de gente y, sobre todo, jóvenes que convirtió en una llamada a la rebeldía. 

Cáceres, 23 de febrero de 1999:

“Pero la rebeldía no es un grito, no es un insulto, no es una pedrada. La rebeldía es un grito de la inteligencia y la voluntad que dice ¡no me da la gana decirle que sí a la actual situación!”

PROGRAMA. PEDAGOGÍA 

Julio no ha sido un político al uso. Recuerdo una cena en Don Benito cuando nos contó a Manolo, Teresa y a mí su concepción de la intervención pública: en unos de sus primeros mítines con el Partido Comunista de Andalucía, compartió mesa junto a un destacado dirigente de la época que nada llevaba preparado: “es cuestión de improvisar”. Aquello le marcó, porque Julio creía firmemente que al pueblo hay que tratarle con dignidad, con respeto, con decencia, y eso también significa preparar qué vas a decir, por qué los has convocado. Presentar un proyecto a tu gente y un proyecto donde ellos, es decir, nosotros, también seamos protagonistas. 

Julio siempre fue un maestro, en el sentido clásico y eterno de la palabra: aquel que muestra un camino y lo recorre contigo. Y sus intervenciones públicas eran un ejercicio permanente de magisterio, y de magisterio socrático. La mayéutica socrática que logra, a través del permanente cuestionamiento de lo que hay, llegar a la raíz de las cosas. De las injusticias. Solo entonces podremos erradicarlas. 

Su programa podía consistir en los artículos sociales de la Constitución Española o, muy especialmente, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, porque con su enunciación quedaban retratados los hipócritas de nuestro siglo

“Rebeldía no es gritar” - decía - Y en su rebeldía se conjugaba inteligencia, cultura y pasión política. 

Su programa podía consistir en los artículos sociales de la Constitución Española o, muy especialmente, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, porque con su enunciación quedaban retratados los hipócritas de nuestro siglo. 

CONTRA EL SECTARISMO

Un partido debe ser Razón Organizada. 

Para Julio el partido, como colectivo, no se agota ni en unas siglas ni, mucho menos, en una bandera. El partido debe ser capaz de integrar, de abrirse, de llamar y convocar a todo aquel que tiene algo que decir contra la injusticia. Esta es la simiente de “Convocatoria por Andalucía” que impulsó allí y después lo será de Izquierda Unida. Y esa convicción es lo que marcará su apoyo, en estos últimos años, al proyecto de Unidad Podemos. 

Julio nunca ocultó que en la elaboración colectiva de sus propuestas y programas siempre han participado más personas de fuera del PCE que del PCE. Siempre. Y nunca tuvo dudas de que ahí radicó la verdadera fortaleza de Izquierda Unida: un colectivo plural en torno a un programa de lucha y transformación.

Hoy vivimos tiempos extraños. La política deviene en espectáculo, en anécdota permanente, en píldora discursiva de 150 caracteres, en marketing, y es por ello que nos sentimos aún más huérfanos ante la muerte de un dirigente que nunca sacrificó sus principios en los altares de lo mediático. Vivimos tiempos donde, tal vez, y citaré de nuevo sus palabras,  empiezan a dominar los sacristanes y se arrincona a los teólogos. Y “¿Qué es el Sacristán? El que oficia la liturgia, el que repite y repite” expone en Atraco a la memoria.

Qué nos queda si escarbamos debajo del eslogan. Esa es la pregunta que nos debemos hacer. 

Julio detestaba la consigna fácil y todo el que ha podido escucharle en una intervención ha vivido una catarsis

Julio detestaba la consigna fácil y todo el que ha podido escucharle en una intervención ha vivido una catarsis: la suya era una poderosa oratoria al servicio de un proyecto y un ideal. Y no hacía concesiones ni a lo banal ni al postureo. Su negativa a firmar autógrafos o a posar -pese a granjearse con ello una imagen de antipatía- era más que un gesto: era un compromiso en primer lugar con sus principios. Una profunda postura ética. “Cuando pidan la firma a un maestro o a un médico, solo entonces”, porque lo contrario es deificar a quien es, antes que nada, un servidor público.

Y esa voluntad de servicio público también explica su rechazo a cobrar una pensión como ex-diputado cuando se la ofrecieron y optar por la de, mucho más humilde, maestro de la escuela pública. La austeridad en el ejercicio de la responsabilidad política ha acompañado la biografía de Julio desde sus inicios y hasta el final de sus días. No se enriqueció. Rechazó todo privilegio. Nunca se corrompió. No cruzó ninguna puerta giratoria.

Julio no podía corromperse porque su política siempre estuvo al servicio del pueblo y no se puede servir a dos amos: o se está contra el capitalismo, y por lo tanto con la mayoría social, con los trabajadores, o con el capitalismo.

Política anticapitalista hasta sus últimas consecuencias, y por ello, también contra los capataces del capitalismo. Es decir: contra los funcionarios de la coyuntura.

CONTRA LOS FUNCIONARIOS DE LA COYUNTURA. UNA PERMANENTE REBELDÍA

Julio Anguita fue un personaje incómodo. En el ejercicio del servicio al pueblo y tras su retirada “a otras trincheras”.

Juan Andrade lo resume brillantemente en Atraco a la Memoria: Julio Anguita sería más cómodo para el poder (hablamos del poder en nuestros partidos) si se hubiera dejado cosificar en un mito del pasado para consumo interno y exhibición controlada de puertas afuera. 

Pero entonces no sería Julio. Y por esa negativa, por esa renuncia militante y permanente a querer ejercer la política como simple gestión de la coyuntura, gestión de lo que te permiten hacer y no de lo que puedes hacer si estás dispuesto, Julio pagó un precio alto.

Julio no fue un visionario, un profeta en tierra extraña que sólo él ve el futuro

Se nos ha dicho que su denuncia de la Europa de Maastricht y sus futuras consecuencias; de la construcción de un proyecto europeo basado en el euro y no en los derechos sociales, laborales y políticos; del deterioro de la sanidad y la educación; del acomodo de la lucha sindical a los estrechos márgenes que dicte el poder económico y, con ello, del entumecimiento del músculo de combate sindical; de la deriva de la política imperio del marketing ha sido propio de un visionario, de un adelantado a su época. 

Es ésta, sin duda y paradójicamente, una injusticia que se está cometiendo, porque esconde a quienes también lo sabían pero optaron por callar y, lo que es peor, colaborar con el poder. 

Julio no fue un visionario, un profeta en tierra extraña que sólo él ve el futuro: cuando Julio se enfrentó al aparato mediático de la derecha de este país y al más potente aparato mediático, político y social del partido socialista o a las direcciones de los dos grandes sindicatos, y en particular a la dirección de CC.OO. (con Antonio Gutiérrez a la cabeza y su nutrido ejército de funcionarios de la coyuntura) y lo hizo para defender la votación de IU en contra del Tratado de Maastricht en el Congreso de los Diputados o para reclamar la Jornada Laboral de 35 horas no fue por tener una visión privilegiada, y por tanto exclusiva. Lo hizo porque era un político honrado que no estaba dispuesto a renunciar a sus principios o a vender a los trabajadores. Lo explico:

Tras sus intervenciones en el Congreso contra Maastricht, diputados del PP y del PSOE, en privado, le daban la razón. “Tienes razón, Julio. Pero es lo que toca, no podemos hacer otra cosa”. Esa fue una frase que escuchó en reiteradas ocasiones ¡en aquellos amargos días! en boca de dirigentes de la izquierda y de dirigentes sindicales. Tienes razón. Pero no vamos a hacer nada.

Él se negó a pactar con la bestia a cambio de un favor momentáneo y frágil. O de una futura puerta giratoria por donde transitar en busca de una jubilación de oro

Lo sabían. Y eran conscientes. Se estaba firmando un futuro de recortes sociales, de hombres de negro enviados por una autoridad monetaria sin control democrático para imponer políticas neoliberales, de austericidio, se estaba sellando el germen del artículo 135 de la Constitución. Y lo sabían. Julio también, pero él se negó a pactar con la bestia a cambio de un favor momentáneo y frágil. O de una futura puerta giratoria por donde transitar en busca de una jubilación de oro.

Julio pagó caro su rebeldía. Hay una suerte de resarcimiento en el Julio hoy reconocido, admirado y reivindicado por las nuevas generaciones, pero tenemos aquí que recordar su sufrimiento -y los momentos duros, muy duros- vividos en sus últimos años al frente de Izquierda Unida contra un poderoso aparato que lo acosó por tierra, mar y aire. 

Fue caricaturizado y estereotipado. Un Quijote enfrentado a molinos de viento, un califa soberbio y enloquecido. Tiempos de guiñol, de fracturas internas, de conflictos diarios. 

El enfrentamiento con el apartado sindical de CC.OO. fue especialmente canalla. De unas Comisiones Obreras que habían expulsado a Marcelino Camacho y que reclamaba una justa autonomía sindical, pero no podía aceptar una recíproca autonomía política de Izquierda Unida para rechazar Maastricht, para reclamar la Jornada Laboral de 35h, para pedir la República… Porque esa postura los retrataba.

Los sindicatos que, movidos por los cantos de sirena del poder aceptaron reformas laborales y una creciente precarización del mercado laboral, estaban cavando su propia tumba. Porque renunciar al músculo sindical entumece tu futura capacidad de respuesta cuando lleguen, y llegaron, las nuevas agresiones. Y entonces solo queda convertirse en administrador de una derrota. 

Julio lo vio. Pero no fue el único en verlo. Sí en rebelarse. En decir ¡no! En querer construir espacios colectivos de lucha para enfrentarlo. 

Esa alma rebelde, ese espíritu crítico, ese compromiso permanente con los trabajadores, ese negarse a aceptar toda forma de injusticia, ese ejercicio de pedagogía, ese ejemplo de dignidad están ahí y nunca morirá. Julio no puede morir mientras siga existiendo en el mundo una persona que se levante para decir ¡hasta aquí! 

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1 Comentario
#61102 16:44 19/5/2020

Bonito recordatorio

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