Linn da Quebrada, mirando la transexualidad sin filtros

Negra, transexual, pobre, homosexual, superviviente de un cáncer sin cumplir siquiera los 30 años. No hay barrera, dificultad o prejuicio al que no se haya enfrentado Linn da Quebrada, artista brasileña que parece dispuesta a combatir el heteropatriarcado y visibilizar la transexualidad a golpe de baile funk.

Linn da Quebrada
La artista brasileña Linn da Quebrada.

publicado
2018-06-15 06:10:00

Linn da Quebrada se dio a conocer en Brasil hace dos años con “Enviadescer”, un tema de baile funk en el que se reía sin pudor de esos hombres heterosexuales que se jactan de su masculinidad a todas horas. Linn no es la primera que usa este género musical que podría considerarse la versión brasileña del reguetón: también tiene su origen en las clases más humildes, se le ha acusado de machista y obsceno, se ha desarrollado al margen de la industria establecida, de alguna forma ha estado vinculado a la criminalidad, ha sido vampirizado por nombres como Diplo y ahora se lo apropian feministas, gays y transexuales en la enésima reinvención del género.


Pese a que Linn no era la primera en atacar a golpe de funk la figura del hombre cis enamorado de sí mismo, sí logró respaldo suficiente como para que se animara a tomarse en serio su carrera musical. Pero la clave de su éxito no está solo en sus melodías, sino en unas canciones que exploran la identidad LGTBIQ y que tienen mucho que ver con el proceso de descubrimiento y aceptación de su propia sexualidad: “Crear una relación y una conexión conmigo misma fue un proceso que tuve que aprender. El hecho de que mi cuerpo me estuviera vetado por mucho tiempo y que mis afectos y deseos se considerasen malos, prohibidos, es algo que en cierto modo nos provoca un alejamiento de nuestros sentimientos, de nuestro cuerpo... De hecho, creo que he estado inventando formas de reconectar conmigo misma y de ser mi propio punto fuerte”, explica a El Salto.

Este repensarse y redescubrirse ha hecho que Linn lleve hasta las últimas consecuencias la idea de cuerpo como algo político: no es solo el tema principal de sus canciones, sino de todos los proyectos en los que participa, desde performances como “Bixaria bocket” o “Deposito” a su participación en el documental Meu corpo é político: “Todos somos cuerpos políticos, independientemente de dónde estemos y cómo nos posicionemos. Mi cuerpo es político y también lo es el tuyo. Lo son los cuerpos de los que nos leen, el de cada uno de nosotros. Nuestros cuerpos producen referencias todo el tiempo. Creo que desde siempre, y sobre todo de un tiempo a esta parte, he entendido esto, he pensado y actuado con mi cuerpo de una forma política que es adecuada para mí y que también es importante para el momento histórico que estamos construyendo”.

Linn da Quebrada, en una imagen promocional
‘Pajubá’, disco autoeditado por Linn da Quebrada le está sirviendo de vehículo para reafirmarse y luchar contra el heteropatriarcado.

En el documental autobiográfico Bixa travesty (Kiko Goifman y Claudia Priscilla, 2018), que además se hizo con el premio Teddy en la Berlinale, Linn indaga aún más en esa relación, explorando nuevas facetas como el machismo al que se enfrenta una vez que ha terminado su transición y se espera de ella que responda a los cánones de belleza que y lo que la sociedad espera de ella como mujer, y el cáncer que padece durante el rodaje.

Linn, pese a todo, no escatima detalles ni ahorra información al espectador, reivindica incluso la necesidad de mirar la realidad de frente, sin filtros: “Cuando acepté participar en el documental Bixa travesty tenía miedo de no tener suficiente material para un documental, pero me impliqué porque decidí que una película también era importante para mí: era importante para mi propio proceso de identificación, para entender mi nombre y mi identidad, por lo que estaba pasando, mis relaciones... No tenía miedo de que fuera invasivo. Todo lo que hago, lo hago hasta el final, con la mayor integridad, en una forma que tenga importancia para mí. Y el documental es justo así. Siento que las cosas deben tener una cierta cantidad de crueldad. La crueldad y la valentía de mirarme a los ojos para decir lo que necesito. La crueldad es necesaria para oír lo que importa. Y el rodaje fue maravilloso. Kiko, Claudia y todas las personas implicadas en él... fue un proceso de afectividad, de política de los afectos, y creo que de alguna forma todo eso se aprecia en la cinta y por eso la película es tan importante para mí”.

Un proceso de afectividad que pasa, también, por la necesidad de que los demás reconozcan su lugar en el mundo enfrentando al otro con un hecho incontestable: Linn es ella, al margen de prejuicios o de aquello a lo que estén acostumbrados, y por si queda alguna duda, se tatúa un gran “ela” en la frente.

“Me tatué ‘ELA’ (ella) para que se entienda que mi estética es también un movimiento político, un movimiento que se manifiesta en que cuando la gente lo ve y lo lee tienen menos dudas y más certezas sobre quién y qué soy. También hago que les resulte más fácil entender que soy ella. Quiero ser tratada como ‘ella’, y quiero que me trate así todo el mundo. También lo hice por mí, porque es una forma de escribir en mi propio cuerpo la forma en que me entiendo a mí misma, como ‘ela’ (ella)”.


En Bixa travesty, antes de ver a Linn con ese gran ELA sobre la ceja, vemos cómo advierte a su madre de que está harta de que se refiera a ella como él y que se tatuará el artículo en la frente: Linn no bromea, se toma en serio a sí misma, incluso a las partes menos agradables: “Conozco mis límites, mi modestia, mi crueldad. Por supuesto que hay muchas de las cosas en las que me he convertido —y me he convertido en muchas cosas— que permanecen en mí, cuáles son útiles y cuáles quiero mantener y cuáles quiero transformar”.

Ahora es Pajubá, su disco autoeditado, el que le está sirviendo de vehículo para reafirmarse y luchar contra el heteropatriarcado. Sus letras, todas en portugués, son una crítica continua a la sexualidad falocentrista, apela continuamente a ese macho que se cree superior, glamuroso pero que en el fondo tiene miedo de enfrentarse a lo desconocido, pero está también plagado de humor (como en “Dedo Nucué”, que habla de un culo superlativo) y de una sexualidad que no conoce tabúes.

Linn debe conformarse con su baile y su presencia escénica para llegar a las audiencias de otros países, y aunque es consciente de que llegaría a más gente cantando en inglés, tampoco quiere perder su esencia por el camino sacrificando su mensaje: “Necesito crear una intimidad con el lenguaje porque mi música tiene mucho que ver con el mismo, con la materialidad de la lengua, y con el lenguaje corporal. Y para eso necesitaría estar muy conectada con el sentido que tienen las palabras en la lengua, con el contexto en que uno vive. Tendría que crear una intimidad con el lenguaje”.

Es precisamente la necesidad de no depender de nadie la que llevó a la brasileña a poner en marcha una campaña de crowdfunding que le diera la libertad que no habría tenido en un sello: “Desde el principio supe que no tenía una oportunidad con el material que estaba produciendo. No podía pensar en ningún sello que quisiera unirse a esto. Incluso porque tampoco sabía muy bien qué era ‘esto’, este proyecto en el que me estaba metiendo. He estado construyendo esto con mucha gente que han sido mis socios en el trabajo y que han colaborado financieramente para que mi disco se convirtiera en una realidad. Mi álbum es el resultado de una inversión colectiva y estoy muy orgullosa de ello. Y creo que no hay mejor forma de que sucediera para este disco, salvo así”.


Las cosas están cambiando para Linn: se le están abriendo puertas por todo el mundo. A las giras, la atención que está recibiendo el documental biográfico, se suma la colaboración con el sello mexicano NAAFI, sobre la que aún no han trascendido detalles, y el apoyo de la mismísima Angela Davis, que en una carta abierta que le dirigió pidiéndole que se uniera al boicot a Israel, la ex Pantera Negra hacía gala de conocer y valorar su trabajo (petición a la que se sumó, después de todo Linn cree que “la música es también una respuesta al presente, y nuestra producción musical es la respuesta a lo que estamos viviendo, a la que estamos construyendo y a lo que queremos construir”).

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Esta fama repentina, sin embargo, no parece que vaya a matar de éxito a una artista embarcada en luchar contra todo y “reinventar las formas de producir sobre nuestra historia, incluso enfrentándonos a esa resistencia que se opone a nuestras vidas. Me he estado preguntando si la ‘esperanza’ en que lleguen días mejores me hace quedarme quieta o si la ‘esperanza’ es la que hace que actúe, pero más que ‘esperanza’ siento ira, y la ira me ha llevado a actuar. Tengo una esperanza iracunda. Eso es lo que me mueve”.

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