El Festival de los Pueblos Ibéricos, Woodstock castizo de folk y protesta antifranquista, cumple 50 años

La primera edición del Festival de los Pueblos Ibéricos demostró que los estudiantes estaban capacitados para autogestionar actos multitudinarios sin apenas recursos.
La primera edición del Festival de los Pueblos Ibéricos
Público asistente a la primera edición del Festival de los Pueblos Ibéricos, celebrada en Madrid en mayo de 1976. Demetrio E. Brisset
9 may 2026 06:00

El 9 de mayo de 1976, en un país conmocionado por la violencia de franquistas que no asimilaban la muerte del dictador, más de 50.000 jóvenes se reunieron en un páramo cedido por la Universidad Autónoma de Madrid para crear un festivo ambiente reivindicativo de las libertades públicas y las culturas nacionales reprimidas en España y Portugal. El que todavía es la cumbre de los festivales de música folk celebrados entre nosotros demostró que los estudiantes estaban capacitados para autogestionar actos multitudinarios sin apenas recursos.

La compleja organización correspondió a voluntarios de la Federación de Sindicatos Democráticos de Estudiantes Universitarios (el de Madrid había sido creado en 1966 para derrocar al “sindicato de estudiantes” franquista, el SEU) y varios grupos que integraban la Federación de Asociaciones Culturales de la Universidad de Madrid (FACUM). El manifiesto que lanzaron explicaba que FACUM perseguía impulsar la libre expresión cultural dentro de la universidad y que era necesario que esta se hiciera eco de “las manifestaciones culturales realizadas en las diferentes nacionalidades del Estado Español que han estado y están al margen de la cultura universitaria”. Así justificaron la organización de este festival como un “primer paso para que estas culturas marginadas estén presentes entre los estudiantes universitarios”. También llamaron a toda la comunidad universitaria de Madrid y a los sectores de la cultura y la sociedad para que apoyasen “con su presencia y con su estímulo” la celebración de este primer Festival de los Pueblos Ibéricos.

Las autoridades obstaculizaron la convocatoria: hasta el día anterior no fue autorizada y exigieron que las letras de las canciones hubieran pasado censura y que no se ondeasen banderas ni se gritasen lemas ilegales; también suspendieron el servicio de trenes de cercanías hasta el campus de Cantoblanco. Para su control apostaron centenas de guardias civiles y policías a caballo en las carreteras de acceso y en las cimas que dominaban la hondonada, prestos a intervenir.

Una grata jornada de canción protesta

Las condiciones materiales eran precarias: rudimentarios escenario y equipo de sonido, ausencia de letrinas y barras con bebidas, y muchas zonas embarradas. A pesar de ello, millares de asistentes convirtieron el recinto en un espacio de libertad donde se exigían “¡Libertad! ¡Amnistía!” y con fervor ondeaban multicolores banderas: senyeras, ikurriñas, republicanas, comunistas, anarquistas, pendones comuneros y de Andalucía, Galicia, León, Asturias y del Frente Polisario. También se lanzaron globos con el “subversivo” mensaje Pan, Cultura y Libertad

Por el escenario se sucedieron dos docenas de cantautores-protesta y folk de las culturas nacionales del Estado español: Raimon, Pi de la Serra, Mikel Laboa, Manuel Gerena, José Antonio Labordeta, María del Mar Bonet, Julia León, Elisa Serna, Luis Pastor, Enrique Morente, Víctor Manuel, Pablo Guerrero, Daniel Vega, Bibiano y Benedicto, Miró Casavella, Fernando Unsain, Adolfo Celdrán, los grupos La Bullonera y La Fanega; además de los portugueses José Afonso, Fausto y Victoriano. Entre los estribillos que más se corearon, alzando el puño, estaban el “¡Diguem No!” de Raimon y “Habrá un día / en que todos / al levantar la vista, / veremos una tierra / que ponga libertad” de Labordeta. Como luego diría Raimon: “Impresionante la cantidad de jóvenes que han demostrado entender el problema de las nacionalidades”.

Mientras se experimentaba con vigor y alegría esa libertad de expresión por décadas penalizada planeaba la evidente amenaza de una carga violenta contra los asistentes por no acatar las prohibiciones. Quizás desde la dirección de las Fuerzas del Orden Público (ministerio Fraga del gobierno Arias Navarro), al conocer la multitud reunida en Cantoblanco no se atrevieron a ordenar una contundente represión para evitar que derivase en protestas generalizadas por la capital y no exasperar más a una opinión pública escandalizada por los recientes crímenes ejecutados o amparados por el Estado. De hecho, se guardaron minutos de silencio en dos momentos: por la mañana en recuerdo de los cinco obreros asesinados en marzo por la policía en Vitoria, y por la tarde al difundirse los sucesos de Montejurra, donde pistoleros de extrema derecha mataron a dos personas. Al regresar a Madrid, muchos fueron agredidos por la policía, y unos centenares se manifestaron por el centro, siendo un joven herido de bala. Había concluido un paréntesis liberador dentro de la sometida Transición, y de hecho no llegaría a celebrarse la segunda edición del festival.

Música
¿Dónde se escucha la canción protesta del siglo XXI?
Ya no se escriben con chaqueta de pana y guitarra al hombro, pero en 2020 sigue habiendo canciones que protestan contra el orden establecido desde una voz personal. Y menos mal.
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