EHZ Festibala: tres décadas de resistencia musical frente a la industria del espectáculo

Tras aquel primer encuentro en Arrosa, el certamen sigue defendiendo el euskera, el auzolan y la cultura vasca alternativa frente a la industria del espectáculo de masas. EHZ comienza hoy en Arberatze bajo el lema 'Geroaren lehen notak'.
26 jun 2026 05:48

Euskal Herria Zuzenean (EHZ) no es una cita musical más en el calendario de festivales. Es la prueba viva de que una utopía —o algo parecido— puede sostenerse durante treinta años cuando se construye de forma colectiva. El proyecto nació en Ipar Euskal Herria a mediados de los años noventa y el 26, 27 y 28 de junio de 2026 celebra sus tres décadas en Arberatze-Zilhekoa (Nafarroa Beherea), reafirmándose como bastión de la autogestión y de la cultura vasca alternativa frente a la industria del espectáculo de masas.

Una dulce insurrección cultural en Arrosa

Para entender el origen de esta aventura hay que remontarse a la Nafarroa Beherea de 1996. El contexto era complejo: la juventud se sentía huérfana de espacios culturales propios, el euskera luchaba por sobrevivir en el ámbito público y la brecha entre el mundo rural vasco más conservador y las nuevas tendencias rupturistas se ensanchaba año tras año.

Esa dulce insurrección cultural se fraguó en las mentes de un grupo de jóvenes de la asociación Piztu. Inspirados por el espíritu libertario y animados por el éxito de algunos festivales europeos de carga política de la época, decidieron que era hora de plantar una semilla en su propia casa.

En 1996, el pequeño pueblo de Arrosa se convirtió en el epicentro de un terremoto cultural. No fue una decisión fácil: muchos vecinos miraban con escepticismo la llegada de melenudos y punks a un entorno rural tan tradicional. Pero el primer EHZ logró romper las barreras desde el primer minuto. Y así hasta hoy.

El EHZ no sería posible sin los cientos de voluntarios que, año tras año, donan su tiempo por una causa común. Un modelo de autogestión que le permite tomar decisiones soberanas, lejos de las grandes marcas y de las subvenciones condicionadas.
La juventud que encendió la mecha lo hizo porque no estaba dispuesta a seguir esperando a que las instituciones o el mercado le dieran un espacio. Necesitaba un lugar donde el euskera fuera la lengua vehicular y donde la música sirviera como herramienta de transformación social, y no como mero objeto de consumo. La organización lo recuerda como si hubiera ocurrido ayer: “En aquellos inicios no teníamos nada más que la convicción de que debíamos crear algo nuestro”.

Arrosa fue el laboratorio en el que se gestó a fuego lento el espíritu que el festival conserva todavía hoy. Un carácter que se curtió a golpe de retos logísticos inmensos, en un entorno rural que por primera vez acogía a miles de personas unidas por un mismo idioma y una misma bandera: la de la libertad creativa. Ver a las bandas vascas de aquellos años tocar en lo alto de una colina, ante un público que mezclaba a jóvenes de los siete territorios de Euskal Herria con vecinos que jamás habían pisado un concierto de rock, fue un hito

El mayor festival de Euskal Herria

El EHZ quiere evitar que la identidad vasca de Iparralde acabe convertida en un “museo al aire libre”. Por eso, la “superación del folklore” es para el festival algo fundamental: no implica abandonar las tradiciones, sino reinterpretarlas de forma crítica para que la cultura vasca no quede congelada en el pasado ni reducida a producto de consumo turístico. El festival entiende la tradición como materia prima y no como un límite. Pide dejar de mirar la cultura vasca como una reliquia que hay que proteger y empezar a vivirla como una identidad en constante construcción, capaz de dialogar de tú a tú con cualquier movimiento cultural del mundo.

Promueve, además, el uso del euskera en contextos de ocio moderno y transgresor, demostrando que la lengua sirve lo mismo para el rock que para el activismo digital, y no solo para el ámbito rural o académico. Junto al euskera, el EHZ tiene como ejes el auzolan (trabajo comunitario), el cuidado de la tierra y la herrigintza (construcción nacional). Son innumerables los creadores, colaboradores y festibalaris que han pasado por él a lo largo de estos años.

Para el EHZ, superar el folklore no significa abandonar las tradiciones, sino reinterpretarlas de forma crítica: vivir la cultura vasca como una identidad en construcción y no como una reliquia que proteger.

El EHZ nunca ha sido un festival estático. Su naturaleza itinerante le ha permitido oxigenar pueblos y conciencias, adaptándose a cada geografía sin perder su esencia. Tras la etapa fundacional en Arrosa (1996-2003), inició un viaje nómada por algunos de los rincones más emblemáticos de Nafarroa Beherea y Zuberoa:

  • Idauze-Mendi (2004-2008): una fase de madurez política y social. El festival se trasladó a Zuberoa, un salto geográfico y cultural que sirvió para estrechar lazos con una de las provincias más castigadas por la despoblación.
  • Heleta (2009-2012): años de afianzamiento del modelo asambleario y de consolidación de la comunidad organizadora.
  • Lekorne (2013-2016): en las campas del castillo de Garroa, el festival encontró un entorno idílico para profundizar en su discurso ecologista y en la soberanía alimentaria, sirviendo solo productos locales. La edición de 2017 quedó suspendida por un fuerte temporal y la de 2018 no llegó a celebrarse por dificultades económicas: dos años en blanco que pusieron a prueba la continuidad del proyecto.
  • Irisarri (2019-2023): el renacimiento tras el parón. Un retorno al centro del pueblo y a una escala más humana, huyendo de los macroformatos para centrarse en la calidad de la convivencia.
  • Arberatze-Zilhekoa (2024-actualidad): el escenario del gran aniversario, símbolo de la capacidad del festival para seguir conquistando nuevos espacios.

El rechazo frontal a la mercantilización es otro de los rasgos que hacen único al EHZ. Como han subrayado sus portavoces en distintas entrevistas, el festival “no sería posible sin los cientos de voluntarios que, año tras año, donan su tiempo y su esfuerzo por una causa común”. Un modelo de autogestión que le permite tomar decisiones soberanas, lejos de las imposiciones de las grandes marcas o de las subvenciones condicionadas.

Para el EHZ el beneficio no es económico: lo que importa es el beneficio social y cultural. Cada euro recaudado se reinvierte en la propia estructura y en otros proyectos que fortalecen el tejido social de la zona.

Reencuentro en Arberatze para celebrar los 30

“Geroaren lehen notak” (Las primeras notas del futuro) es el lema de la edición de 2026, que se celebra los días 26, 27 y 28 de junio en Arberatze-Zilhekoa. El programa de este festival autogestionado se extiende a lo largo de tres días y, junto a los numerosos conciertos, incluye espacios de debate, charlas y talleres.

En esta edición histórica, el cartel refleja su carácter internacionalista. Artistas como los palestinos DAM o los argelinos Imarhan comparten escenario con el talento local de Merina Gris, Bele o Silitia. Pero más allá de los nombres en mayúsculas, el 30 aniversario es sobre todo una celebración de la transmisión generacional.

Para el EHZ el beneficio no es económico, sino social y cultural: cada euro recaudado se reinvierte en la estructura del festival y en los proyectos que fortalecen el tejido social de la zona.

Llega el relevo para aquella juventud que fundó el festival en Arrosa y que hoy contempla con orgullo a una nueva generación que recoge el testigo. El mismo fuego y la misma pasión de los noventa, con el discurso adaptado a las urgencias actuales: el feminismo, el cambio climático y la lucha contra el auge de la extrema derecha.

Treinta años después —y ojalá otros treinta más—, Euskal Herria Zuzenean sigue y seguirá siendo “un pueblo vivo, un pueblo en directo”.

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