Migración
Paula Guerra: “La muerte de Mame es la triste cristalización del racismo institucional”

La activista antirracista Paula Guerra, presidenta de SOS Racismo Madrid, hace balance de la política municipal en relación a las personas migrantes, refugiadas y racializadas.

Paula Guerra
Paula Guerra Álvaro Minguito

publicado
2019-03-15 07:00:00

Cuatro años después de que una nueva herramienta política llamada Ahora Madrid y compuesta por una laboriosa articulación de actores y voluntades consiguiera desplazar al PP de la alcaldía de la ciudad tras 24 años de reinado, se avecinan unas nuevas elecciones. El escenario ha cambiado, actores y voluntades están aún en proceso de rearticulación, y el clima pre electoral es bien distinto.

En El Salto Madrid queremos hacer balance de lo que ha pasado entre la primavera del 2015 y esta agitada primavera del 2019. Para ello hemos conversado con varias activistas que nos han ofrecido una perspectiva crítica de la gestión municipal.

Hablamos en esta ocasión sobre antirracismo, migración y refugio con Paula Guerra (Chile, 1976), presidenta de SOS Racismo Madrid. Paula comparece a la entrevista tras haber charlado con compañeras del colectivo, con el fin de poder aportar un punto de vista común.

¿Qué expectativas teníais respecto a la gestión municipal en el ámbito de la migración y del refugio?

Primero aclarar que SOS Racismo está super lejos de todo lo que sea la política partidista. Por supuesto que hacemos política con nuestro discurso, pero la política partidista, no es un ámbito en el que participemos realmente.

Respecto a la gestión municipal, no había expectativas muy altas pero sí había algunas respecto al tema de la manta. Pensábamos, al igual que los compañeros del Sindicato de Manteros, que podía haber una menor persecución policial, que incluso se podían tomar medidas a favor del colectivo en el sentido de mejorar sus condiciones materiales de vida.

También pensamos que podía haber algún tipo de medida de apoyo a las personas migrantes que llegan a la ciudad de Madrid con el objetivo de pedir protección internacional. De hecho tras el letrero grande que pone Welcome Refugees pensábamos que se iba a hacer algo, pero más allá de ese letrero no se ha hecho gran cosa.

Ha sido flagrante la no preocupación por los manteros y las personas solicitantes de asilo. Nos hemos sentido francamente decepcionadas

Pensamos que podían haber planes de trabajo para mujeres migrantes, para jóvenes migrantes, cosas de ese tipo. Esas expectativas entendíamos que podían no cumplirse, pero en el caso de los compañeros manteros y el caso de las personas que llegan aquí para solicitar asilo, ha sido flagrante la no preocupación por estos dos colectivos. Un fraude total. Ahí sí que nos hemos sentido francamente decepcionadas.

¿Cómo ha evolucionado la situación con el colectivo mantero?
Nos han dicho que han aumentado los golpes, de hecho las denuncias que ellos tienen por violencia policial, fracturas de muñecas, de piernas —ellos siempre dicen que les suelen pegar en las piernas—, eso ha aumentado, y eso también queremos que quede claro. Que no es que se haya mantenido la presión policial al colectivo de manteros, es que ha aumentado. Es un colectivo que está en Lavapiés, el barrio donde está SOS Racismo Madrid, por lo tanto es algo que nosotros vemos a diario.

Delante de nuestro local vemos cómo a las personas migrantes racializadas la policía se les acerca, les agarra y se las lleva. Se ha recrudecido. Yo entiendo que hay cosas que son competencia del Ministerio de Interior y cosas que son competencia del Ayuntamiento, por eso te digo que el tema de los manteros es donde queremos poner énfasis porque sí creemos que ahí el Ayuntamiento tiene algo que decir al respecto.

¿Y en relación a las personas solicitantes de asilo?

Ves por el barrio a personas que han llegado a España cruzando la frontera sur, deambulando sin tener dónde dormir y sin tener dónde comer, sin hablar el idioma, diciendo que al llegar a territorio español les han metido en un autobús... Les preguntan, a dónde quieres ir, ¿a Bilbao?, los meten en un autobús y son abandonados ahí a su suerte.

Ves por el barrio a personas que han cruzado la frontera sur, deambulando sin tener dónde dormir, sin hablar el idioma, diciendo que al llegar les han metido en un autobús...

No saben qué hacer, les dan 20.000 direcciones, Cruz Roja, CEAR. No saben a cuál acercarse. Vas a Cruz Roja: “No te puedo recibir”, vas a CEAR: “No te puedo recibir”. Esas personas para poder hacer uso de los dispositivos de acogida de estas instituciones tienen que pasar antes por la primera entrevista de asilo, y es la Oficina de Asilo y Refugio (OAR) que te hace esa primera entrevista, la que te deriva. 

Hay ciertos trámites que se realizan solo por internet, si una persona no ha conseguido tener acceso,  meterse en la página de la OAR, entender el idioma o solicitar una cita previa, va a quedarse ahí, deambulando. Es muy complicado el tema del invierno sobre todo, tener un lugar donde dormir. A nosotras no nos vale que el Ayuntamiento despliegue un enorme letrero de bienvenida si en la práctica no hace nada al respecto.

Otro episodio controvertido fue la campaña contra la venta ambulante del pasado invierno.
Fue una campaña horrorosa, el fondo era el mar con un pulpo negro que abrazaba un bolso de la manta. Está por un lado ese uso obsceno del mar sin darse cuenta que las personas que mueren en el Mediterráneo, como ese pulpo negro, son personas negras, como las que se ven condenadas a vender en la manta.

Esta campaña —aunque luego la quitaran— se queda en el imaginario y se crea un discurso racista contra determinadas personas y contra determinados cuerpos. Nosotras nos preguntamos: Si en el Ayuntamiento están Manuela Carmena y su gente que en teoría tienen una sensibilidad especial, ¿cómo es posible que hayan dado el visto bueno a esa campaña? ¿en qué momento alguien de su equipo miró eso y dijo, “para adelante”?

No son capaces de ver el racismo institucional que hay detrás de esa simbología, de esas imágenes y cómo criminalizan aún más a un colectivo que ya está criminalizado. Además, pareciera que quisieran trabajar en la manta cuando están condenados a trabajar en la manta porque si no te dan papeles, ¿en qué vas a trabajar?.

¿Y qué pensáis de medidas como la Tarjeta de Vecindad?
Es otra medida publicitaria que queda muy bonita para los medios de comunicación, queda muy bonita en la imagen, de hecho la presentaron entregándosela a unas personas, pero en realidad esas tarjeta no te permite acceder a nada a lo que tú ya no pudieras acceder de antemano. Es decir, si yo como persona sin documentación podía acceder a diez recursos del Ayuntamiento, con esa tarjeta puedo acceder a los mismos diez que ya podía acceder. Es, para nosotras, una medida cosmética, de lavado de cara. En la práctica, no significa nada.

Desde SOS Racismo venís denunciando racismo institucional en las prácticas del Ayuntamiento.
Hacer esa campaña tan brutal contra la venta ambulante es racismo institucional pero en toda regla, y ya la muerte del compañero Mbaye es como la triste cristalización de ese racismo. Recordemos cómo desde el Ayuntamiento las versiones oficiales que se daban al principio eran, aquí no ha habido persecución, este ha sido un problema de salud individual.

Luego, Javier Barbero tuvo que reconocer que las cámaras de seguridad efectivamente mostraban que había habido una persecución. ¿Por qué no se preocupó de cerciorarse antes de salir diciendo: “Es falso que lo hayan perseguido”? Porque la gente se queda con “es falso es falso” cuando estaba el tema en auge. Luego aparece diciendo, en realidad miramos las cámaras y sí hubo persecución, pero claro, eso lo dice cuando ya el tema no está en el tapete de la misma manera y la gente que había leído eso será un porcentaje muy mínimo respecto a la gente que le escuchó decir que no había habido persecución.

Al decir que desde el Ayuntamiento de Madrid hemos observado políticas, o conductas o versiones u opiniones racistas no estamos diciendo nada del otro mundo

Nosotros hemos visto racismo institucional por parte del Ayuntamiento, lo que no es de extrañar porque el Estado español es estructuralmente racista. Entendemos el racismo como el machismo, en una sociedad el machismo es una cuestión estructural, del mismo modo, en una sociedad el racismo es una cuestión estructural. Al decir que desde el Ayuntamiento de Madrid hemos observado políticas, o conductas o versiones u opiniones racistas no estamos diciendo nada del otro mundo, simplemente estamos constatando el hecho de que en España y en Europa existe un racismo estructural que se canaliza a través de instituciones, a través de prácticas ilegales que están institucionalizadas como son las paradas racistas.

¿Y sería consciente el Ayuntamiento de que reproduce racismo institucional? ¿Cómo podría evitarlo?
Nosotras queremos y demandamos una política municipal antirracista que tuviera en cuenta la opinión de las personas migrantes racializadas que sufren el racismo institucional. Es decir, si tú vas a elaborar planes de trabajo que involucran a determinados colectivos, tienes que contar con la voz de esos colectivos. Si vas a trabajar una política municipal para dar solución al problema de la manta, tienes que hablar con los manteros, si vas a trabajar en otras áreas, tienes que hablar con personas que se involucran en esas áreas, es decir, no pueden personas que no son migrantes racializadas y por lo tanto no viven la experiencia encarnada, sentarse en un despacho a escribir y redactar políticas migratorias o políticas antirracistas porque esas personas, al no ser personas migrantes racializadas, no saben lo que es el racismo institucional.

El concepto de racismo institucional viene desde muchísimo tiempo elaborándose, estudiándose desde el pensamiento decolonial. No es un invento del Sindicato de Manteros, no es un invento de los movimientos antirracistas de Madrid. Es una expresión utilizada desde hace mucho tiempo en distintas partes del mundo por parte de los autores decoloniales que hace referencia a cómo el sistema mundo actual está basado en una estructura racial, de privilegiados y oprimidos por cuestión racial.

Así, nosotros hablamos de estructura, es decir, la existencia de un CIE es racismo institucional, que se produzcan paradas racistas, eso es racismo. No estamos diciendo que el policía que te para es racista, no, la existencia misma de esas prácticas es racismo institucional, la existencia misma de un centro de internamiento para extranjeros es racismo institucional, vamos más allá.

¿Cómo se concretaría una política antirracista?
Demandamos políticas municipales antirracistas efectivas, que vayan más allá de la publicidad y del autobombo y que estén elaboradas en base a la opinión de las personas que sufren ese racismo institucional.

Demandamos políticas municipales antirracistas elaboradas en base a la opinión de las personas que sufren ese racismo institucional.

Se me vienen a la cabeza cuestiones más de tipo estatal, por ejemplo, el fin de la Ley de Extranjería, lo que implicaría cerrar los CIE. A nivel municipal se me ocurre por ejemplo el fin de la persecución policial a los compañeros manteros, eso implica dejarles de quitar sus mercancías y dejar de ponerles multas. Desde 2015 la venta ambulante está penalizada hasta con dos años de cárcel. Qué pasa, que esto hace que se entre en un círculo vicioso en donde la persona que se dedica a la manta lo hace porque no tiene papeles, no los tiene porque al dedicarse a la manta le pusieron una multa, una vez te pusieron una multa ya no puedes conseguir papeles, es un círculo. Eso le pasó a Mame Mbaye, se quedó en un círculo del que no pudo salir nunca, y le asesinó el racismo institucional inmerso en esa lógica.

Eso por un lado, por otro convertir la tarjeta de vecindad en una tarjeta que permita acceder a servicios y a derechos que ahora le son negados a la población migrante que está en situación de irregularidad administrativa. Que sea una tarjeta que permita de algún modo equiparar derechos entre personas autóctonas y personas migrantes sin papeles. Por ejemplo que permita acceder a la sanidad pública, a lo mejor que permita acceder al voto. Hay personas sin papeles, que están 15, 20 años sin poder votar a sus representantes.

Y cuestiones relacionadas a los solicitantes de asilo, que se pudiese destinar una partida de dinero para dar respuesta a todas esas personas que llegan a la ciudad de Madrid con la intención de solicitar protección internacional que se quedan sin techo y sin comida, totalmente desprotegidas. El Ayuntamiento de Madrid tiene que proporcionar recursos para que las personas, mientras están en este proceso, tengan un lugar donde dormir, tengan un sitio donde usar internet, intérpretes que les puedan sacar la cita. Eso es una medida efectiva, no un letrero gigante desplegado en la fachada del Ayuntamiento.

¿Y hay algo positivo en el balance?
Yo diría, primero, el tema del discurso. Es distinto tener un Ayuntamiento encabezado por una persona de derechas que va a estar todo el tiempo soltando argumentos racistas, que contribuya a conformar todo el relato y la narrativa racista que se consolida a través de los medios de comunicación, a tener personas que sí muestran una sensibilización especial por determinados colectivos.

Es importante tener a personas con un discurso diferente, empático, más apegado al respeto de los derecho de las personas, a la dignidad humana, esa parte sí me parece más positiva. Son discursos de personas referentes para la población española, son importantes para crear narrativa respecto a colectivos que han sido puestos en situación de vulnerabilidad. Básicamente, es eso lo que yo valoro. Es una formación política que no va a construir un discurso racista, xenófobo como puede ocurrir por parte de PP, de Vox, o incluso de Ciudadanos.

Luego otro elemento que me parece positivo es la posibilidad que sentimos desde los movimientos sociales de poder acceder a un espacio de diálogo que a lo mejor antes veíamos cerrado con un candado, más allá de que luego sirva. Sí que existe la sensación de que igual podemos ir, pedir una reunión, se nos puede recibir, esa sensación de que las puertas no están cerradas bajo siete llaves sino que puede haber una interlocución.

Respecto a todas las falencias que señalabas. ¿Cuanto crees que hay de falta de voluntad política, y cuánto de límites derivados de la práctica institucional?
Yo creo que se juntan varios factores, por un lado, el hecho de que están ahí elaborando estas políticas municipales personas que no son migrantes racializadas, es decir personas que no sufren como experiencia encarnada el racismo institucional. Esto es como si hombres estuviesen en su despacho diseñando políticas contra el machismo. Segundo, que para la política, para la izquierda española, las personas migrantes no somos prioridad, nunca lo hemos sido.

Las migrantes no somos un colectivo que produzca miedo, del tipo “si no hacemos esto con la población migrante vamos a perder esta cantidad de votos”, o “vamos a tener  marchas multitudinarias”. Como no hemos conseguido ejercer presión, somos un colectivo que no interesa

No somos un grupo que a ellos les resulta importante trabajar porque si no trabajas esas políticas pueda ocurrir algo, esto también tiene que ver con la poca capacidad que hemos tenido los colectivos de personas migrantes de convertirnos en un grupo de presión. No somos un colectivo que produzca miedo, del tipo “si no hacemos esto con la población migrante vamos a perder esta cantidad de votos”, o “vamos a tener luego en las calles unas marchas multitudinarias que van a salir en medios de otros países”, entonces como no lo hemos conseguido somos un colectivo que no interesa.

Por otro lado, es cierto que hay límites en cuento a las competencias del Ayuntamiento. Pero Manuela Carmena puede salir con todo su equipo dando una rueda de prensa diciendo, a ver, en la ciudad de Madrid se producen tal cantidad de paradas por perfil étnico racial al mes, esto no es competencia del Ayuntamiento pero pedimos al Estado que a través del Ministerio del Interior frene estas paradas porque nos resultan vejatorias, racistas, porque no se puede tratar a las personas como de segunda categoría, parándolas constantemente.

Pueden ejercer una presión político institucional hacia arriba, hacia el Estado, y creo que no se ha hecho, porque sinceramente hay vidas que importan menos, que importamos menos para el Estado. Parte de esa política municipal antirracista implicaría también como Ayuntamiento ejercer presión al Estado para que aquellas cosas que nos afectan y que son competencia del Estado se puedan abordar, y eso, que lo diga Manuela Carmena es más efectivo respecto a que lo diga una asociación.

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