Opinión
El antirracismo se convierte en apoyo mutuo en Iruñea

Más de doscientos trabajadores precarios duermen en las calles de Iruñea ante la inacción del Ayuntamiento y el Gobierno de Navarra. Iniciativas como Negu Gorriak/Derecho a Techo son un ejemplo de lucha de clases, apoyo mutuo y antirracismo.
Auzolan de limpieza en el Convento de Aranzadi (Iruña/Pamplona)
Auzolan de limpieza en el Convento de Aranzadi (Iruña/Pamplona)

CGT-Nafarroa

18 feb 2026 06:00


Si hace dos o tres años nos hubieran dicho que en Navarra la cantidad de personas sin hogar iba a aumentar un 83%, en general nos hubiera costado creerlo. ¿Aquí? Con lo bien que vivimos, no creo… Pues hoy es ya una realidad: 200 trabajadores y trabajadoras viven en las calles de Iruña. Una realidad inadmisible para CGT/LKN Nafarroa y para todos los colectivos que formamos parte de Negu Gorriak- Derecho a techo; una iniciativa que ofrece cobijo en invierno a dieciséis de estas personas en la librería Katakrak y, a su vez, denuncia las causas que han llevado a esta situación: el racismo institucional implícito en la Ley de Extranjería, la crisis de acceso a la vivienda, la ampliación constante de la distancia entre rentas altas y bajas y la normalización de la situación por parte de las instituciones.

Y sí, hemos dicho 200 trabajadores y trabajadoras. Poner el foco en el color de piel, en lugar de poner el foco en el hecho de que son trabajadores como tú y como yo, nos impide defender de manera conjunta los intereses que compartimos. La Ley de Extranjería es, en realidad, una refulación laboral encubierta: a estas 200 personas la Ley de extranjería les impide trabajar si no demuestran presencia en el territorio durante, al menos, tres años seguidos. Es la primera clave para entender lo que está pasando: es una ley profundamente racista, absolutamente ajena a la realidad y más propia de hace siglos, cuya finalidad es garantizar que haya una ciudadanía de segunda, abocada a la precariedad y la exclusión más absoluta y por lo tanto, más fácilmente explotable. A que te viole algún encargado si eres mujer y necesitas recoger fresas en Huelva, que trabajes de interna sin ningún derecho laboral reconocido, que repartas en Glovo con la licencia de otra persona, que vendas en las calles bajo la presión de la policía, que recojas chatarra por los contenedores. Y que por supuesto, no puedas denunciar nada de ello porque al estar en situación irregular, hacerlo te puede conducir a la expulsión del país.

Poner el foco en el color de piel, en lugar de poner el foco en el hecho de que son trabajadores como tú y como yo, nos impide defender de manera conjunta los intereses que compartimos.

“Yo no soy racista, pero… son demasiadas personas las que han venido”. No. No nos engañemos. No hay un desborde migratorio como se está tratando de transmitir. El objetivo es hacernos pensar que esto no da para más y que, por lo tanto, hay personas que sobran. No. Nuestro sistema ha sido capaz de recibir llegadas mucho más numerosas de población. En 2022 Navarra acogió, según cifras oficiales, más de un millar de personas que huían de Ucrania. Y no se cayó el sistema. Total normalidad. Por eso, he aquí la segunda clave para entender qué está pasando: las instituciones locales, provinciales y estatales se coordinaron para que así fuera. Ahora, no.

Entonces, si no hay desborde migratorio, ¿qué está pasando? Según datos del Atlas de la Distribución de la Riqueza, publicados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística, en Iruñea, las rentas de las personas más acomodadas crecen hasta cuatro veces más que en las zonas menos prósperas y el doble que en los barrios de clase trabajadora joven. Esta es la tercera clave: la brecha entre ricos y pobres está dando un gran salto cuantitativo, que hace que la pobreza sea cada vez más visible y más violenta.

Nuestro sistema ha sido capaz de recibir llegadas mucho más numerosas de población.

En este trasvase de rentas juega un rol clave la vivienda, un derecho básico que ha sido sometido a las leyes del mercado de forma consciente por parte de las instituciones públicas. El resultado es el esperado: entre 2018 y 2023 el precio de la vivienda en Iruñea ha subido más de un 35% (según datos del Informe Preliminar de zonas tensionadas elaborado por el Gobierno de Navarra). Porcentajes similares se dan en el alquiler. ¿Causas? La carencia histórica de viviendas de alquiler protegido, la especulación inmobiliaria, la gentrificación del Casco Viejo (Mercaderes 18, es un claro ejemplo) o la acumulación de viviendas por parte de fondos de inversión o por la “nueva” burguesía de propietarios. Capitalismo bien engrasado que expolia a quien menos tiene. ¿Consecuencias? Un impacto brutal en la clase trabajadora, que en el mejor de los casos, se ve obligada a trasladar un porcentaje muy alto de su raquítico salario a las y los rentistas (bien sea a través de la hipoteca o a través del alquiler). Para las clases más empobrecidas, las consecuencias son aún más violentas: familias que se ven abocadas a vivir en habitaciones -pagando la mitad de su salario en ocasiones- y personas que sobreviven en infraviviendas o edificios okupados, como es el caso del Convento de Aranzadi o la antigua Ikastola Jaso.

CGT Nafarroa forma parte de esta iniciativa porque amamos nuestra ciudad y nuestra tierra, y la única forma de que continúe siendo el lugar que conocemos, es que sea antirracista, entendido el antirracismo como lo que es: lucha de clases en estado puro. Porque el expolio contra los países del sur global, las guerras alimentadas por el aumento de los gastos militares y la emergencia climática, va a seguir obligando a millones de personas a tener que abandonar sus países. Es decir, la clase trabajadora de la periferia, va a seguir viniendo porque reclaman su derecho a existir, al trabajo y a su parte correspondiente de la riqueza expoliada. Quienes están hoy en la calle, son de las nuestras, y defender sus derechos, es defender el derecho a la vivienda, la sanidad o la educación públicas; porque las 200 personas que están en la calle, son nuestros padres, tías o abuelas que viajaron a Alemania en los años sesenta. O los cientos de miles que se fueron de España en la crisis de 2008. Podrían ser nuestros hijos o nosotras mismas, si algún día nos tocara salir con lo puesto, porque migrar es parte del ADN del ser humano desde que nace como especie.

Quienes están hoy en la calle, son de las nuestras, y defender sus derechos, es defender el derecho a la vivienda, la sanidad o la educación públicas.

El momento histórico que estamos viviendo nos obliga a inventar nuevas formas de sindicalismo, manteniendo y fortaleciendo los valores de siempre: organización, solidaridad de clase y apoyo mutuo. Por eso son imprescindibles nuevas alianzas, tejer una red con aquellos movimientos que están haciendo un trabajo ejemplar en defensa de la justicia social: Punto de Información Migrante (PIM), Apoyo Mutuo, SOS Racismo, París 365… Ojalá sepamos transmitir la importancia de este momento, porque está en juego el modelo social de los próximos años

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