Copaganda (o cómo la visión policial se convierte en sentido común)

La detención de Serigne Mbayé y de parte de su vecindario muestra la fabricación de la versión policial en comisaría, medios y redes.
Web de la Oficina de Comunicación de la Policía Nacional
Vista de la web de la Oficina de Comunicación de la Policía Nacional.
Coordinadores del libro `Policía y cultura. Estudios en torno al poder simbólico de las fuerzas de seguridad´ (ed. Bellaterra).
7 abr 2026 07:01

Lo que comenzó el pasado 26 de marzo con una identificación por un supuesto intento de robo por parte de dos policías de paisano, que solo encontraron indicios de sospecha en los dos únicos cuerpos negros presentes en las inmediaciones, terminó con la identificación, agresión, detención y posterior difamación del activista antirracista Serigne Mbayé y de seis de sus vecinos.

Se han escrito ya diferentes artículos sobre el daño social de aquella intervención racista, sobre la inseguridad provocada por la policía en contraste con el cuidado procurado por el vecindario y sobre la conexión de ese hecho con la fascistización de las políticas migratorias a escala europea. En este artículo queremos centrarnos en otra cuestión: el relato posterior.

Esos mismos medios omitieron la versión vecinal, respaldada por cientos de organizaciones sociales. Ante el embrollo institucional generado por una actuación claramente desproporcionada —en la que unos agentes del turno de tarde de la comisaría de Usera-Villaverde escalaron la situación—, Delegación de Gobierno expresó al día siguiente su respaldo al atestado policial, en un contexto marcado por el temor a que JUPOL y otros sindicatos policiales de extrema derecha intensificaran la presión interna y dificultaran aún más la gobernabilidad de la Policía Nacional.

Pero lo más llamativo a nivel comunicativo fue el silencio del gabinete de comunicación de Policía Nacional sobre lo sucedido. Dicho gabinete publicó al día siguiente cuatro notas de prensa sobre operaciones policiales de desarticulación de organizaciones criminales, cuando en general no publica más de una o dos diarias. La omisión de la primera información, la noticia más relevante en relación a la Policía Nacional de las últimas semanas, y la locuacidad a la hora de hablar del éxito policial en otras intervenciones tiene un nombre: copaganda.

¿Qué es la copaganda?

En las luchas de Black Lives Matter y Defund the Police que comenzaron la década pasada circuló este vocablo, cada vez más presente en los estudios sobre comunicación y seguridad. El término describe algo que probablemente todos hemos visto sin ponerle nombre: la construcción sistemática de una imagen positiva de la policía a través de noticias, series, redes sociales y productos culturales y la omisión de cualquier controversia en torno a su trabajo.

La copaganda no consiste simplemente en informar sobre la actividad policial. Va más allá. Se trata de un ecosistema comunicativo donde la institución aparece como democrática, moderna, eficaz, necesaria y heroica, mientras el crimen (asociado muchas veces a rostros racializados) se presenta como una amenaza constante que justifica su intervención.

Este fenómeno ha crecido al mismo ritmo que la capacidad comunicativa de las instituciones policiales. Los avances tecnológicos han permitido producir imágenes propias, grabar operativos, editar vídeos y difundir contenidos directamente al público. El resultado es una presencia constante de relatos policiales en múltiples formatos: informativos, ficción televisiva, true crime, TikTok, campañas educativas o charlas en colegios.

A medida que aumenta la exposición a estos contenidos, también crece el apoyo social hacia la institución. Pero la influencia no termina ahí: la comunicación policial no solo cambia cómo vemos a la policía, sino también cómo la policía actúa, adaptando sus intervenciones a un entorno donde la visibilidad mediática es central.

De la información a la estrategia: el origen de la copaganda

La copaganda no apareció de repente. Alyssa Rosemberg explica cómo, tras una primera etapa de fricciones entre la naciente industria cinematográfica y los departamentos de policía en Estados Unidos —marcada por cierres de salas y críticas al retrato ridiculizado de los agentes—, entre 1920 y 1950 se abrió una fase de colaboración: Hollywood ofrecería buena imagen de la policía a cambio de que ésta hiciera la vista gorda sobre algunos escándalos protagonizados por estrellas de cine.

Un proceso similar tuvo lugar en el Reino Unido a partir de 1945, impulsado por Percy Fearnley, jefe de prensa de la Policía Metropolitana, quien estableció vínculos de colaboración con productoras cinematográficas para generar propaganda bajo la apariencia de entretenimiento convencional.

Policía en Chaplin.
Hasta los años 30, la imagen de la policía en el cine correspondía a agente torpes, corruptos o violentos, que perseguían a los pobres. Escena de ‘El chico’ (1921), de Charles Chaplin.

Quienes firmamos este artículo hemos analizado la comunicación policial en España, incluyendo algunos de los resultados en el libro Policía y cultura. Estudios en torno al poder simbólico de las fuerzas de seguridad (editorial Bellaterra). Los primeros gabinetes de prensa policiales surgieron durante la década de 1960. Sin embargo, fue a partir de los años ochenta —en un contexto marcado por la necesidad de legitimación en el nuevo orden constitucional y por la aparición de informaciones sobre torturas, intentos de golpe de Estado y asesinatos en los que estaban implicados miembros de las fuerzas de seguridad— cuando la comunicación policial comenzó a adquirir un carácter claramente estratégico.

En los años noventa, esta estrategia se consolidó mediante el establecimiento de relaciones de reciprocidad y confianza con medios y periodistas, favorecida además por la transformación del mercado mediático: la privatización de la televisión intensificó la competencia por la audiencia y aumentó la demanda de contenidos espectaculares relacionados con el crimen y la seguridad.

La irrupción de las redes sociales abrió una oportunidad inédita: colocar la visión policial del mundo directamente en cada teléfono móvil

Sin embargo, sería ya en la segunda década del siglo XXI cuando la irrupción de las redes sociales abrió una oportunidad inédita: colocar la visión policial del mundo directamente en cada pantalla de móvil.

En ese contexto, la policía dejó de ser únicamente una fuente informativa para convertirse también en productora de contenidos. La gestión de la reputación institucional —más que la información entendida como servicio público— pasó a ocupar un lugar central, y la comunicación comenzó a concebirse como una herramienta clave para legitimar la acción policial.

Por primera vez, instituciones como la Policía Nacional o la Guardia Civil podían dirigirse directamente al público sin necesidad de intermediarios periodísticos. Esta autonomía comunicativa es un privilegio del que carecen otros organismos y políticas públicas.

Los gabinetes de prensa policiales han evolucionado hasta ocupar una posición hegemónica en el ecosistema mediático. Hoy no solo difunden información: producen imágenes, asesoran series y colaboran activamente en la construcción policial del imaginario social.

Los gabinetes de prensa policiales han evolucionado hasta ocupar una posición hegemónica en el ecosistema mediático

Este desarrollo coincide con un contexto donde la seguridad ocupa un lugar cada vez más importante en el debate público. La comunicación institucional se orienta así a reforzar la legitimidad social y cuidar la reputación del cuerpo.

Dentro de la propia organización policial ha surgido una nueva conciencia: gestionar la imagen pública forma parte del trabajo institucional. No se trata únicamente de actuar, sino también de contar cómo se actúa.

Narrativas y omisiones

El funcionamiento de la copaganda se basa en la construcción de relatos que presentan a la policía como protagonista mediante un lenguaje técnico y dramático, apoyado por una estética audiovisual similar al cine de acción, aunque aderezada con historias “humanas” de agentes salvadores. Las narrativas siguen un esquema simple: aparece una amenaza, se interviene o se investiga y se restaura así el orden, consolidando la imagen de la policía como héroe colectivo.

Tan importante como lo que se muestra y cómo se cuenta es lo que se oculta. Una de las grandes ausencias en la comunicación institucional es la violencia policial. Los medios y canales oficiales rara vez exhiben actuaciones letales o controvertidas, incluso cuando generan debate público. Cuando se mencionan problemas en la institución, suelen presentarse como casos aislados, desconectados del contexto general.

También quedan fuera aspectos relevantes como la selectividad racial en controles policiales, el lenguaje interno discriminatorio, los errores e incompetencias operativas y las dudas e incertidumbres del trabajo cotidiano. En muchos casos, la comunicación institucional revela su verdadero sentido precisamente a través de estas ausencias.

En la relación con los medios, más que censura directa lo que opera es un mecanismo basado en el control del acceso a la información. La dependencia de fuentes oficiales es la que genera autocensura periodística.

Contra-copaganda: cuando el relato se rompe

La copaganda no ha quedado sin respuesta. Medios alternativos, cine, series, música y redes sociales han generado narrativas críticas que cuestionan la imagen heroica policial, mostrando corrupción, violencia o racismo, y situando la acción policial dentro de contextos sociales complejos.

Existe además una tradición crítica en el cine social: en Francia, películas como L’Haine, La escurridiza, o cómo esquivar el amor o Los Miserables exploran la relación entre desigualdad social y control policial en las periferias urbanas, vinculando las condiciones de vida de las poblaciones segregadas con una policía orientada a su contención y relegación.

Algunas ficciones recientes han abordado temas antes considerados tabú, como abusos, infiltraciones o torturas. En las series del director David Simon, como The Wire o La ciudad es nuestra, hallamos intentos similares de desmontar la estética heroica policial mostrando contradicciones, burocracia y fallos institucionales; para Didier Fassin, autor de La fuerza del orden una etnografía sobre la policía francesa que muestra cómo afecta a la cultura policial el cine de acción de Hollywood, aunque el cine de Simon sea ficticio en relación al lenguaje etnográfico, contribuye a un trabajo de des-estilización producido por los espejos deformantes de la copaganda.

En España, el cine quinqui mostró en los primeros ochenta la perspectiva del joven de periferia, representando a la policía entre la ineptitud y la violencia. Los documentales realizados desde entornos activistas para denunciar montajes y abusos policiales, como Ciutat Morta, han dado paso en la última década a producciones con mayores recursos, como ¿Dónde está Mikel? o la popular serie Antidisturbios. Aunque algunos señalaron un posible blanqueamiento de la Policía, el rechazo por parte del gabinete de comunicación de la Policía Nacional del retrato ofrecido por esta serie resulta, en sí mismo, un buen indicio de su carácter crítico.

Sin embargo, no hay mejor contra-copaganda que la que producen directamente las personas afectadas y sus vecindarios al registrar intervenciones policiales violentas o racistas. La muerte de George Floyd o las intervenciones del ICE han generado movilizaciones sin precedentes y una fuerte creatividad en términos ACAB, propiciando unos no menos imaginativos intentos de censura en Estados Unidos: en abril de 2022, el Grassroots Law Project, organización dedicada a frenar los efectos de la violencia policial y el encarcelamiento masivo en Estados Unidos, informó de una nueva estrategia utilizada por la policía, la de reproducir música con fuertes derechos de autor durante sus intervenciones para que los vídeos grabados por ciudadanos, al ser publicados en redes sociales, fueran marcados y eliminados por violación de copyright.

En España, la censura del creciente fenómeno de grabar y difundir vídeos de violencia policial durante el 15-M intentó imponerse mediante la “Ley Mordaza” de 2015, aunque el Tribunal Constitucional dejó en suspenso en 2020 la prohibición de captar imágenes de agentes.

No sin riesgos, pues la arbitrariedad es una de las señas del trabajo policial, hoy observamos cómo la resistencia al poder policial se articula cada vez más desde lo audiovisual, con personas afectadas y vecinas que documentan, denuncian y construyen relatos alternativos frente a la autoridad.

Las contra-narrativas surgidas de grabaciones de actuaciones policiales racistas y violentas muestran precisamente lo que ocurre entre bastidores

Si la copaganda representa una escenificación del trabajo policial envuelta en valores democráticos, pinkwashing, fetichismo tecnológico y eficacia operativa, dirigida principalmente a una ciudadanía de clase media blanca —principal clientela de sus servicios—, las contra-narrativas surgidas de grabaciones de actuaciones policiales racistas y violentas muestran precisamente lo que ocurre entre bastidores y sostiene el poder institucional. La difusión de estas imágenes no pretende señalar a agentes de policía concretos, sino denunciar la violencia institucional.

Y no solo eso: la fuerza de estas prácticas reside en su dimensión catártica, capaz de transformar rápidamente la indignación en potencia e imaginación política, como se ha visto en las respuestas frente al ICE en Estados Unidos.

Eso fue precisamente lo ocurrido el pasado 26 de marzo, cuando detuvieron a Serigne y a sus vecinas: prácticas comunitarias de cuidado que escalan mediante la difusión de imágenes y que tejen redes de solidaridad y luchas compartidas a partir de una sensibilidad que devuelve a la policía al lugar que ocupa en la gestión del orden social desigual.

Redadas racistas
La Policía Nacional detiene a Serigne Mbaye (Podemos) en la puerta de su domicilio
Un dispositivo formado por agentes de paisano y Policía Nacional ha detenido al exdiputado autonómico y militante antirracista Serigne Mbaye.
Redadas racistas
Policía y Delegación de Gobierno ofrecen versiones contradictorias sobre la detención de Mbaye
La reconstrucción de los hechos por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ha ido cambiando a medida que el caso se amplificaba. Los agentes heridos se multiplicaron de uno a cinco en pocos minutos.
Policía
Sergio García
“El poder de la policía se ve en su capacidad para producir cultura favorable a la institución”
El investigador Sergio García ahonda en las estrategias de los gabinetes de comunicación de las fuerzas de seguridad, que han conseguido a través de series, películas y programas de TV transmitir a la población su propia visión de la policía.
Redadas racistas
Colectivos antirracistas protestan por el acoso policial contra los vecinos racializados de Lavapiés
La viralización de un vídeo en el que dos agentes de policía golpean a dos hombres negros e inmovilizan a uno rodeando su cuello con los brazos, provoca la respuesta de colectivos antirracistas que se concentrarán esta tarde en el barrio.
Violencia policial
Sentir la violencia estatal
Exponer la violencia estatal exige evidenciar la sensibilidad que la impulsa, hablar de ese sentir que no se espanta ante el daño causado, impugnar su sentido
Sobre este blog
Metropolice pretende ser un pequeño medio de difusión de problemáticas asociadas a los dispositivos de control policial, el securitarismo y las instituciones punitivas.
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