Memoria histórica
El franquismo que no se ha ido: los 1.287 vestigios de la dictadura aún presentes en Catalunya
Noventa años después del inicio de la Guerra Civil, el rastro de la dictadura en el espacio público catalán no se ha borrado. Placas de vivienda con el yugo y las flechas, monumentos dedicados a los caídos del bando nacional, cruces, lápidas, inscripciones o vidrieras vinculados al régimen todavía forman parte del paisaje cotidiano de muchos municipios. Según el Censo de simbología franquista del Memorial Democrático, en Catalunya todavía hay 1.287 elementos franquistas que no han sido retirados, reinterpretados ni señalizados.
El Censo recoge 3.988 elementos de simbología franquista, dos tercios de los cuales han sido retirados, vandalizados o destruidos, o se han señalizado, modificado o reinterpretado. Exceptuando la ciudad de Barcelona, que no está incluida en el registro, los municipios que conservan más elementos sin ninguna intervención son Banyoles (185), seguido de Reus (174) y Sabadell (118). También destacan otros municipios como Cornellà de Llobregat (80), Figueres (78) y Girona (55).
Jordi Font, director del Memorial Democrático: “En el espacio público convivimos con símbolos que, de verlos cada día, acabamos naturalizándolos. Pero eran un recordatorio constante de quién gobernaba”
Jordi Font, director del Memorial Democrático, explica que la presencia de símbolos franquistas en el espacio público contribuye a normalizarlos y a perpetuar el mensaje de poder que representan: “En el espacio público convivimos con símbolos que, de verlos cada día, acabamos naturalizándolos. Pero eran un recordatorio constante de quién gobernaba, sobre todo en el caso de las dictaduras fascistas, que tenían muy claro el carácter propagandístico”. En esta línea, la acción de censarlos contribuye a señalar que estuvieron ahí, para no borrarlos de la memoria ciudadana y activar su retirada.
Desde la elaboración del Censo en 2008, se han retirado en Catalunya más de 2.000 elementos y se han modificado 422. En 2019 se llevó a cabo una actualización, y posteriormente se han ido repitiendo de forma periódica cuando se han obtenido nuevos datos.
Placas de vivienda y monumentos: los casos más numerosos y más visibles
Cuando se habla de simbología franquista, es fácil pensar en grandes monumentos, pero hay muchas tipologías: grafitis, pavimentos, rotulación de calles, relieves, grabados o inscripciones, entre otros. Aun así, la mayoría de los vestigios que todavía se conservan son más discretos: un 84% de los elementos franquistas que continúan intactos son placas de vivienda (1.083), a menudo con el icono falangista del yugo y las flechas o con las siglas de la Obra Sindical del Hogar o el Instituto Nacional de Vivienda, dos organismos encargados durante el franquismo de llevar a cabo promociones de vivienda social.
Su discreción explica, en parte, que muchas hayan pasado desapercibidas durante décadas. Sin embargo, según Font, también respondían a una estrategia política muy concreta. “Las políticas de vivienda del franquismo estaban hechas para crear consenso a su favor; por eso dejaron marcas en cada vivienda que se construía”, asegura. Según el Censo, se han retirado en toda Catalunya 2.012 ejemplares.
La mayoría de los monumentos todavía presentes son monolitos de piedra con inscripciones dedicadas a caídos del bando franquista, situados en carreteras secundarias
Otra tipología de símbolo más visible y a menudo más polémica es la de los monumentos, de la que se conservan 18 ejemplares sin ninguna actuación posterior al franquismo, según el Censo. Por comarcas, y dejando fuera la capital catalana, las que todavía registran monumentos sin ninguna actuación posterior al franquismo son el Alt Empordà, con 4 casos; la Terra Alta, con 3 monumentos, y l'Anoia, con 2. El resto de los monumentos que aún permanecen intactos se sitúan en el Baix Penedès, el Ripollès, el Baix Llobregat, Osona, el Montsià, el Bages, la Garrotxa, el Gironès y el Pla de l'Estany.
La mayoría de los monumentos todavía presentes son monolitos de piedra con inscripciones dedicadas a caídos del bando franquista, situados en carreteras secundarias. Destacan casos como un monumento conmemorativo de cuatro metros de altura cerca de Calldetenes, un conjunto también de cuatro metros cerca de El Vendrell y un monumento con un muro de piedra en Pont de Molins que conmemora el fusilamiento de una cuarentena de prisioneros de guerra del bando franquista detenidos en Teruel y en Guadalajara, y donde una vez al año, apunta el Censo, todavía se rinden homenajes. El caso de Pont de Molins, señala el director del Memorial Democrático, es especial, porque ha sido señalizado para que se conozca qué ocurrió allí y quién construyó el monumento, y porque reúne memorias diversas y una “visión compleja del pasado”.
El caso más particular entre los monumentos es el del busto dedicado al alcalde de Amposta Joan Palau Miralles, asesinado en agosto de 1936 en un contexto de violencia social que se produjo a raíz del derrumbe de las instituciones democráticas causado por el golpe de Estado contra la Segunda República, y situado en el centro de la ciudad. Según el Censo, la dictadura de Franco “utilizó a las víctimas de esta violencia con fines propagandísticos y las convirtió en ‘mártires’ de la España franquista”. En otras tipologías, todavía permanecen en el espacio público 27 tumbas y lápidas, 19 cruces y una vidriera en la iglesia de Sant Feliu de Llobregat, que contiene un águila bicéfala y un escudo de España.
¿Qué monumentos se han retirado?
La retirada de la simbología franquista también ha afectado a los monumentos más visibles. Desde que el Memorial Democrático empezó a elaborar el Censo, se han retirado 14 en toda Catalunya, algunos de los cuales habían presidido plazas, carreteras o espacios públicos durante décadas.
La Terra Alta concentra cuatro de estas retiradas, entre las que se encuentran tres monolitos y un pequeño monumento situado en La Pobla de Massaluca. Sin embargo, los ejemplos se extienden por una parte importante del territorio catalán. En Sabadell, en 2017, se desmontó el monolito de dos metros y medio dedicado a Josep Maria Marcet, alcalde franquista de la ciudad entre 1940 y 1960, nombrado tras una visita de Franco y convertido en una de las figuras más representativas del régimen en el municipio.
En el Gironès, también desaparecieron un monolito situado en la carretera de Celrà, presidido por la inscripción “Caídos por Dios y por la Patria”, y el monumento que durante años ocupó la plaza de la Diputación de Girona. Inicialmente había sido erigido para homenajear a los muertos del bando franquista y, con la llegada de los ayuntamientos democráticos, se intentó resignificar dedicándolo a todas las víctimas de la Guerra Civil, pero finalmente el consistorio lo retiró del espacio público en 2009 y lo trasladó a un almacén municipal. Según recoge el Censo, “el equipo de gobierno ha valorado que el monumento es originariamente una herencia franquista” y que su futuro es incierto.
En Terres de l'Ebre fue especialmente significativa la retirada en 2017 de un monolito de 4 metros situado en el Coll del Moro, en uno de los escenarios emblemáticos de la batalla del Ebro
Un caso similar es el del monumento que se retiró de Centelles, inicialmente dedicado a los “caídos” con una inscripción, que fue sustituida por una placa en recuerdo de todas las víctimas de Centelles de la Guerra Civil, pero que finalmente fue trasladado a un almacén en 2018. Entre otros casos de monumentos retirados destaca un muro ubicado en el lateral de la puerta de la iglesia de Vilassar de Mar que se derribó en 2016 y un monumento en Torregrossa, en l'Urgell, con la inscripción “Caídos por Dios y por España, presentes”.
En Terres de l'Ebre fue especialmente significativa la retirada en 2017 de un monolito de 4 metros situado en el Coll del Moro, en uno de los escenarios emblemáticos de la batalla del Ebro en Gandesa, donde Franco se instaló para controlar la estrategia de la contienda. Era una posición disputada constantemente entre los dos ejércitos y, con la conquista definitiva, en 1938, se erigió allí el monumento dedicado a los miembros de la Sexta Bandera de la Legión.
La vía de la reinterpretación
Eliminar un símbolo franquista no es la única opción que se ha aplicado en Catalunya. En algunos casos, las administraciones y las entidades memorialistas han optado por reinterpretarlo, mediante la contextualización de su origen o la modificación de su significado para que deje de funcionar como un homenaje al régimen y se convierta en un elemento para explicar la historia. Según el Censo de simbología franquista, 426 elementos han sido modificados, señalizados o reinterpretados desde que se elaboró el registro.
Por ejemplo, en esta categoría figura el monumento a la batalla del Ebro de Tortosa, una obra de 45 metros de altura que se erigió para conmemorar la victoria franquista en la batalla del Ebro. En 2008 se retiraron varias placas y monolitos situados en la ribera del Ebro que conmemoraban la inauguración del monumento, pero la obra sigue en pie después de que en 2016 se celebrara una consulta popular para decidir su futuro, en la que ganó con un 68,36% de los votos mantenerlo y redefinirlo. Aun así, actualmente es un caso abierto: recientemente el Tribunal Supremo ha rechazado el recurso que presentó la Asociación Cultural Despierta España para evitar que el monumento se descatalogue y evitar así su retirada del espacio público.
Un ejemplo reinterpretado es el de la escultura de la plaza del Quarter de Valls, en honor a los caídos “por Dios y por España”: durante la transición democrática, concretamente en 1979, se retiró la inscripción franquista y se sustituyó por una frase del poeta Salvador Espriu (“Fes que siguin segurs els ponts de diàleg i mira'n de comprendre i estimar”).
En Reus se conserva un monolito con forma de obelisco que fue instalado en 1940 en la entonces llamada plaza de los Mártires como monumento dedicado a los caídos del bando franquista. En 1998 se retiró de este emplazamiento, se eliminó toda la simbología franquista y se trasladó a la plaza de la Libertad, dentro del cementerio municipal. Más adelante, en 2004, se incorporó una nueva placa conmemorativa con un significado completamente distinto, dedicada a todas las personas que lucharon y perdieron la vida durante la Guerra Civil.
Los símbolos franquistas en Barcelona
La ciudad de Barcelona no está incluida en el Censo de simbología franquista del Memorial Democrático, pero también cuenta con un estudio sobre elementos del régimen presentes en sus calles. Elaborado en 2005, en aquel momento contabilizaba 4.524 elementos, el 96% de los cuales eran placas de vivienda. Los distritos de la capital que más simbología mantenían en sus calles en el momento del estudio eran Horta-Guinardó, con 854 registros; Nou Barris, con 776 elementos, y Sarrià-Sant Gervasi, con 566.
En 2017, el Ayuntamiento de Barcelona censó las placas de vivienda del antiguo Instituto Público de la Vivienda y retiró 1.046 unidades. Dos años más tarde, la antigua Dirección de Memoria, Historia y Patrimonio del Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) registraba que todavía quedaban 18 placas por retirar, una cifra a la que hay que sumar algunos avisos puntuales de ciudadanos y entidades que informaron de elementos que no se habían detectado en las revisiones.
Entre los monumentos que había en el espacio público, destacan el monumento a la Victoria de la plaza de Joan Carles I, el monumento dedicado a los Caídos de la avenida de Josep Tarradellas y el fosar de Santa Elena en el castillo de Montjuïc, que contaba con un monumento presidido por una cruz y la inscripción “Honor a todos los que dieron su vida por España” y por una escultura. Los elementos con simbología del fosar fueron retirados en 2023.
La revisión de los elementos memorialistas de la ciudad y el establecimiento de un protocolo de actuación para la retirada de elementos franquistas, con detección, validación y retirada de estos vestigios son algunas de las acciones previstas por el Ayuntamiento según su Plan estratégico de políticas de memoria 2026-2030, que señala que, pese a las actuaciones llevadas a cabo, la ciudad todavía conserva algunos elementos residuales con simbología franquista.
¿Qué dice la ley?
La permanencia de símbolos franquistas en el espacio público contrasta con el marco legal vigente. Todos los elementos con simbología franquista deberían ser retirados de acuerdo con la Ley 20/2022, de Memoria Democrática del Estado español, que considera contrarios a la memoria democrática los elementos situados en edificios públicos o en la vía pública que hagan “menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar y de la dictadura, de sus dirigentes, partícipes del sistema represivo y de las organizaciones que sustentaron la dictadura”. De hecho, y según un real decreto de 2025, se ha desplegado también en el ámbito español un Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática para identificarlos y conocer el volumen de elementos a retirar.
La retirada efectiva sigue dependiendo, en gran medida, de los ayuntamientos, que son los titulares de buena parte de los espacios donde todavía se conservan estos vestigios
En el ámbito catalán, la ley de memoria democrática, que todavía está en trámite en el Parlamento de Catalunya, también prevé la retirada de la simbología franquista y sanciones por enaltecimiento del franquismo. El texto prevé un plazo de dos años para la retirada de todos los elementos de esta tipología que todavía ocupan la vía pública.
Pese a este nuevo impulso legislativo, la retirada efectiva sigue dependiendo, en gran medida, de los ayuntamientos, que son los titulares de buena parte de los espacios donde todavía se conservan estos vestigios, o de propietarios privados. El Memorial Democrático, que elabora y actualiza el censo, no tiene competencias para ordenar su eliminación, pero sí para documentarlos, asesorar y promover políticas de memoria.
Para su director, el reto va más allá de eliminar placas o monumentos y prevé que en los próximos años acaben retirándose del todo. La tarea del Memorial en relación con esta simbología se centra sobre todo en “consolidar la relación entre la memoria democrática y la educación”, haciendo que los espacios de memoria se conviertan en “lugares útiles para crear una ciudadanía crítica educada en los valores democráticos y capaz de discernir lo que ha significado vivir una dictadura y vivir una democracia”.
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