Vengo de un continente en donde la toma de tierras, no se llama “ocupación” sino recuperación. Vengo de un país en el que en 1954, veteranos de la Revolución Mexicana, construyeron un barrio con sus propias manos en la ciudad fronteriza de Tijuana, al ser expulsados de EEUU después de haber trabajado como braceros en el país del norte. Vengo de una ciudad en la que desde 1988, existe un inmenso barrio que atraviesa dos delegaciones (distritos) Tláhuac e Iztapalapa y que se organiza de manera autónoma, gestionado por el Frente Popular Francisco Villa Independiente. Vengo de un barrio de raigambre prehispánica, hoy denostado como violento y peligroso, un barrio de clase trabajadora que ha resistido por siglos a la colonización de sus calles, organizándose cuando el gobierno amenazó con demoler las antiguas vecindades para crear edificios multifamiliares.

Vallecas es conocido porque durante los años sesenta y setenta, se dio una fuerte lucha en contra de los derribos y la expropiación de sus casas consiguiendo que el barrio fuera reconstruido con ellos dentro

Vivo en la ciudad en la que está Vallecas, uno de los barrios “nacidos del barro” con más orgullo de clase; un barrio a donde llegaron migrantes de Extremadura y Andalucía y en un acto de recuperación de la tierra, construyeron sus viviendas. En donde las vecinas organizadas conquistaron derechos sociales como escuelas, alumbrado público y transporte, una lucha que en su mayoría impulsaron las mujeres del barrio. Vallecas es conocido porque durante los años sesenta y setenta, se dio una fuerte lucha en contra de los derribos y la expropiación de sus casas, consiguiendo que, en vez de expulsarlos, el barrio fuera reconstruido con ellos dentro.

Tenemos constantes ejemplos en la historia, de experiencias de defensa del territorio, de tomas y recuperación de tierras por parte de la clase trabajadora. Si alguien me discutiera la legalidad de las tomas, podría incluso responder que Marx diría, que las tomas de tierra son espacios de disputa de clase por la legalidad, (aunque esto es interpretación mía, claro). No hay argumento legalista que valga frente a la lucha de la clase trabajadora en busca de una vivienda digna. Sin embargo, nuestro argumentario progresista se derrumba cuando topamos con el estigma y la criminalización de la población que habita los territorios recuperados, Cañada Real es el mejor de los ejemplos.

Hasta ahora, a sesenta años de la existencia de Cañada Real, la izquierda madrileña no ha visto en ella un bastión de autonomía: racismo

Cañada es un barrio de Madrid, una franja lineal de tierra de 16 kilómetros, dividida en seis sectores. El Sector 6 está a dos kilómetros de Villa de Vallecas. El sector seis, es Vallecas. Ahí, viven en su mayoría personas migrantes (marroquíes) y gitanas, es decir su población es racializada; me atrevería a decir que el 100 por ciento de la población del sector seis es racializada y aquí está el por qué, hasta ahora, a sesenta años de la existencia de Cañada Real, la izquierda madrileña no ha visto en ella un bastión de autonomía: racismo.

En esta ciudad, la izquierda es una gran admiradora del Movimiento Zapatista, uno de los más grandes ejemplos de autonomía que tenemos. Conozco a poca gente que no haya ido a Chiapas, que no haya participado en los Encuentros zapatistas o en las brigadas de observación; que no conozca la historia de la formación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el largo camino que siguió al alzamiento de 1994. El territorio zapatista, con su gobierno propio, sus propias formas de justicia, su sistema educativo y de salud, ha sido y es un referente para quienes participamos de la transformación social. Parece que por momentos podemos obviar que en su abrumadora mayoría, quienes lo han construido son indígenas, o quizás más bien lo exaltamos de más, desde la mirada que exotiza y se asombra de que un grupo de indios hayan logrado lo que durante más de un siglo se ha luchado por tener en Europa (aquí también hay ejemplos, no vayan a mal interpretarme).

Nunca nombramos a Cañada Real y a Tabadol, la organización de mujeres nacida en el Sector 6 en 2010 para frenar los derribos, como ejemplo de autonomía, como espacio de lucha

Pero, a lo que yo quiero llegar, y para lo que escribo este breve y humilde texto, es a que nos preguntemos por qué, siendo la palabra AUTONOMÍA una de las más usadas, pensadas, teorizadas y anheladas, nunca nombramos a Cañada Real y a Tabadol, la organización de mujeres nacida en el Sector 6 en 2010 para frenar los derribos, como ejemplo de autonomía, como espacio de lucha y construcción de autonomía.

En cambio durante años hemos hablado de Cañada como un asentamiento de infraviviendas y chabolas, con un tono siempre de superioridad de clase. Claro que no puedo extender esto a toda la izquierda madrileña, pero desde que con muchas compañeras, empezamos a organizar la Marcha “Cañada se Queda”, he escuchado una y otra vez, con asombro y un poco de remordimiento, lo impresionante que es el no haberse planteado nunca antes lo que estaba sucediendo en Cañada Real y las terribles implicaciones que tiene no haber visto nunca que nuestras vecinas llevan décadas de acoso institucional. Por eso salimos junto a nuestras compañeras de Tabadol, porque su lucha es la lucha por el territorio, porque su apuesta es la construcción de autonomía.

Estos barrios forjados en tierras recuperadas, como Cañada Real, no son un asentamiento “ilegal” más, sino que son verdaderas escuelas de ciudadanía y de formación política

Deberíamos mantener en el centro de nuestro pensar y nuestro accionar político que estos barrios forjados en tierras recuperadas, como Cañada Real, no son un asentamiento “ilegal” más, sino que son verdaderas escuelas de ciudadanía y de formación política; porque nadie mejor que las personas que viven en ellas saben lo que es luchar por los derechos, luchar por el territorio, luchar contra la especulación inmobiliaria, luchar, como dicen las zapatistas, maestras de recuperación del territorio donde las haya, hasta que la dignidad se haga costumbre.

Ayuntamiento de Madrid
Madrid
“Vecina, sal, ¡que no tiren tu vivienda!”: una llamada a recorrer y defender la Cañada
La Asociación Tabadol y otros colectivos convocan una gran marcha el 31 de enero hasta la Cañada Real, e invitan transitar un “barrio vivo” para exigir el fin de los derribos y la cesión de terrenos.
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