La Ingobernable
La Ingobernable no puede dormir

Un espacio que genera comunidad es un espacio mágico que trampea los mecanismos de un sistema que se empeña en disolver nuestros vínculos, mientras falsea identidades apelando a mitos excluyentes.

Manifestacion Ingobernable 2
Miles de personas acudieron a la manifestación por la permanencia de La Ingobernable en Madrid. Elvira Megías
Sarah Babiker

publicado
2019-07-12 17:00
Anoche tampoco desalojaron la Ingobernable.

Sentadas en el balcón, la luna reflejada sobre los cristales del Caixa Forum, la noche estaba apacible y la calle desierta, sin los escuadrones anunciados por Almeida preparando la toma. Se hacía raro estar ahí, en ese espacio que escupe vecinos y lame capitales. Si no fuera por la Ingobernable nosotras, nos decíamos, nunca miraríamos el Paseo del Prado desde estos balcones. Si no fuera por la Ingobernable, nosotras y tantos como nosotras, nunca hubiésemos encontrado un puerto en el que recalar dentro del océano impersonal y ajeno en el que se ha convertido el centro de la ciudad.

La noche empezó con una azotea llena de gente, una isla entre los tejados, una peli del 75 proyectada con mimo. Agnès Varda retratando la calle Daguerre de París. Daguerrotipos se llamaba. Mostraba la vida cotidiana muy individual, solo tímidamente colectiva, de panaderos, peluqueros, carniceros. Había admiración en el detalle con el que se observaban los oficios de los tenderos y sus saberes, esa cosa arrasada por el aluvión de franquicia e hipermercado que llegaría poco después. Pero la voz de Varda señalaba otra cosa, el inmovilismo, la rutina de repetir el mismo esquema una vez tras otra y tele los domingos, el camino solitario hacia la prosperidad basada en el trabajo y la familia nuclear del relato moderno.

Una se encuentra con mucha gente en la vida, y aunque no les ve cada día en los mercados, aunque a veces no retiene su nombre, surge lo familiar cuando se está en común, pero eso necesita de espacios.

Ya hay pocos caminos lineales, una se encuentra con mucha gente en la vida, y aunque no les ve cada día en los mercados, aunque a veces no retiene su nombre, surge lo familiar cuando se está en común, pero eso necesita de espacios. Con la gente que anoche se quedó en la Ingobernable, por ejemplo, que conversaba o dormitaba hasta que llegara su turno, solo compartimos una breve asamblea para organizar guardias, para saber cómo llevábamos eso de estar ahí, cómo reaccionaríamos ante decenas de musculados agentes de policía nosotras que después tendríamos que levantarnos para ir a trabajar o cuidar a nuestras hijas. Pero el estar ahí, nos hacía ser mucho más que nuestras individualidades reunidas. No estábamos solas.

Recorro los silenciosos pasillos nocturnos de la Ingobernable. Las paredes están llenas de carteles. Anuncian actividades, foros, debates, recuerdan formas de hacer, proponen futuros. Imagino a la Ingo en Daguerrotipos, planos fijos de las rutinas de la gente que más la puebla, manos afinando su caligrafía, mentes colectivas eligiendo la redacción precisa, formulando el esquema exacto para traducir el pensamiento común a todas esas frases que se desparrama por los muros.

Y pienso en la Ingo como lo contrario a la rutina, lo contrario a dejarse llevar por lo inevitable, como movimiento continuo contra las corrientes que imperan en la ciudad. Millones de daguerrotipos cuyas protagonistas no conozco, cientos de procesos cuidadosos, que posibilitan que estemos aquí desveladas por lo que tantas han construido. Un espacio que genera comunidad es un espacio mágico que trampea los mecanismos de un sistema que se empeña en disolver nuestros vínculos, mientras falsea identidades apelando a mitos excluyentes.

A pesar de todo y contra todo, aunque la Ingobernable no pueda dormir, este edificio oscuro y silencioso que mañana se llenará de vida de nuevo, aún sueña

Hace calor en el balcón, apuramos un cigarrillo mientras se acaba nuestro turno. La Ingobernable no puede dormir. Afuera aguarda el fin, escondido tras una noche insospechada del verano por delante, un final que arribará cobardemente, para destruir de un plumazo esto que tanto costó construir, esto que se construye cada día, esto que se microconstruye en esta noche de julio. Es la especialidad de este nuevo Ayuntamiento, arrasar contundentemente y sin reparo, arrasar lo que anunciaron pero también diversas cosas que se les van ocurriendo por el camino. Por su parte, quienes pudieron blindar la Ingobernable, proteger al organismo vivo que les estaba brotando sobre el suelo más caro de la ciudad, ya la dejaron sentenciada antes de marchar. Y a pesar de todo y contra todo, aunque la Ingobernable no pueda dormir, este edificio oscuro y silencioso que mañana se llenará de vida de nuevo, aún sueña.

Vamos saliendo hacia el exterior mientras las calles se activan. En realidad no he estado tanto aquí, no he participado de los engranajes comunes que ponen cada día esto en marcha. Pero a estas aulas de sillas irregulares, a estos pasillos salpicados de una forma de entender la ciudad y lo de todas se pertenece de muchas formas distintas. Se pertenece porque se está a gusto adentro. Y porque todo te empuja a entender a cada paso, en cada momento,  en toda conversación, en las mil charlas, en cada fiesta, que no estás sola ahí, y que no solo estás ahí, que tú también eres un poco la Ingo. Que, como dice un gran mural en el que incontables mujeres marchan juntas: “Esto es entre y para todas. Es un bien común”.

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3 Comentarios
Tatiana 18:34 15/7/2019

Gracias Sarah!

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#37125 21:21 12/7/2019

la ciudad la construimos entre todas, el sistema no nos deja, nos divide y nos quiere en soledad... resistencia

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Pazoto 19:33 12/7/2019

Ánimo Ingobernable. Gracias por esas guardias

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