Roberto Vanacci, el rival de Meloni en la extrema derecha

Ante la crisis de identidad de La Liga, coge fuerza en Italia una nueva corriente de ultraderecha liderada por Roberto Vanacci. Las encuestas le dan el 8% de la intención de voto para los próximos comicios, que se celebrarán la próxima primavera.
Roberto Vanacci Futuro Nacional
Roberto Vanacci, exgeneral del ejército italiano y líder del partido de extrema derecha, Futuro Nacional. Foto: Parlamento Europeo
6 oct 2026 06:00

Queda poco para las próximas elecciones —que probablemente se celebrarán en primavera— y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, teme la competencia de un nuevo partido de extrema derecha surgido recientemente de una escisión de la Liga.

Ya durante el pasado mes de febrero, el exgeneral del ejército Roberto Vannacci fundó un nuevo movimiento político denominado “Futuro Nazionale”, que cuenta en la actualidad con nueve diputados que han abandonado los partidos que componen la mayoría de Gobierno y que, según las encuestas, recoge el 8% de la intención de voto.

Gracias al apoyo de los medios de comunicación, Vannacci se hizo famoso de inmediato

La carrera política del exoficial ha sido muy rápida. En 2023 publicó un libro, El mundo al revés, en el que resumía su pensamiento: xenofobia, homofobia, sexismo, discriminación de las minorías, nacionalismo, cultura jerárquica y autoritaria. Gracias al apoyo de los medios de comunicación, Vannacci se hizo famoso de inmediato, hasta tal punto que Matteo Salvini decidió presentarlo como candidato al Parlamento Europeo —donde fue elegido con 530.000 votos— y ascenderlo a vicesecretario de La Liga, partido del que posteriormente se marchó.

El exgeneral aspira ahora a superar electoralmente a la Liga y a Forza Italia y a condicionar a Giorgia Meloni, presentándose como paladín de una extrema derecha que no renuncia a su identidad y que defiende la deportación de todas las personas migrantes y el fin del apoyo a Ucrania, entre otros postulados.

Por el momento, no está claro si Futuro Nazionale se unirá a la coalición de derecha en las próximas elecciones. Pero, mientras tanto, Meloni está intentando frenar su ascenso y pretende recuperar la iniciativa en algunos de los temas más importantes para la extrema derecha italiana. Con esta idea, el Ejecutivo italiano ha estado trabajando durante las últimas semanas en una medida que está a punto de llegar al Consejo de Ministros y que establece por ley un límite máximo del 30% de alumnos extranjeros por clase; la obligación de aprender italiano para los progenitores de alumnado extranjero y la prohibición de llevar el burka y el niqab (el velo islámico) en la escuela.

El anuncio de la medida lo hizo Meloni durante la fiesta nacional de la juventud de Fratelli d’Italia (FdI). La intención es clara: recuperar a los votantes de derecha frustrados por una economía estancada y por la subida de los precios, mientras se señala, una vez más, a las personas migrantes.

Una Liga en crisis de identidad

En este contexto, resulta complejo de entender cómo es posible que el Gobierno más de derechas de la historia de la República italiana, liderado por un partido heredero del Movimiento Social, —la formación creada tras la Segunda Guerra Mundial por los veteranos del régimen de Mussolini— tenga que enfrentarse a una fuerza aún más extremista. “Italia ha sido el laboratorio que se ha adelantado en muchos de los fenómenos de la derecha moderna: primero, el magnate Berlusconi, que entró en política para defender sus intereses y los de su grupo social de referencia; después, la primera extrema derecha que accedió directamente al poder, antes que Le Pen, Vox y AfD; y ahora, el auge de una extrema derecha situada aún más a la derecha de la derecha radical”, explica para El Salto el historiador Davide Conti..

“Desde que llegaron al Gobierno, la Liga y FdI se han alineado con las políticas dictadas por la Unión Europea, que no abordan los nudos estructurales ni las crecientes desigualdades sociales. Esta normalización —a menudo denominada ‘melonización’— ha abierto un espacio a fuerzas más radicales. Vannacci recoge una parte del electorado que se aleja sobre todo de la Liga, pero también a un sector del electorado que no había votado en las últimas elecciones”, razona Conti.

Vannacci se dirige a las entrañas de un electorado de extrema derecha decepcionado. Tras haber creído en soluciones sencillas, ahora muchos votantes exigen medidas radicales

Según el escritor y periodista Saverio Ferrari, director del Observatorio Democrático sobre las Nuevas Derechas, “es en el vacío que se ha creado entre las promesas realizadas durante la campaña electoral y las políticas de gobierno de la Liga y de FdI donde ha crecido el ‘fenómeno Vannacci’. El jefe del grupo parlamentario de la Liga en la Cámara de Diputados, Massimiliano Romeo, ha hablado de ‘aburguesamiento’, con una Liga en crisis de identidad, subordinada a una Meloni que ganó las elecciones con un mensaje nacionalista, pero que luego se reveló fiel a Bruselas, a Estados Unidos y a la OTAN.

Vannacci se dirige a las entrañas de un electorado de extrema derecha decepcionado. Tras haber creído en soluciones sencillas —desde la supresión de los impuestos sobre los combustibles hasta el bloqueo naval en el Mediterráneo contra las personas refugiadas—, ahora muchos votantes exigen medidas radicales”, explica Ferrari. Según el periodista milanés, “de las encuestas se desprende que el exgeneral obtiene apoyo sobre todo entre las clases medias-bajas, que sufren por la situación económica y han bajado un peldaño en la escala social, entre las cuales aumentan el descontento, la frustración y la ira”.

AfD como modelo

Por ahora, el crecimiento del partido de Vannacci no parece amenazar directamente a Fratelli d'Italia, que, a pesar de los cuatro años en el Gobierno, se mantiene estable o crece ligeramente con respecto a 2022. Pero si Futuro Nazionale se presentara en solitario a las elecciones, podría debilitar la coalición liderada por Giorgia Meloni y entregar la victoria al “campo amplio”, es decir, a la oposición de centroizquierda.

Si, por el contrario, Futuro Nazionale entrara en la coalición de derecha, “nos encontraríamos ante una ampliación de la base de consenso y de la fuerza de la alianza liderada por Meloni, lo que desplazaría su eje aún más hacia la derecha, ya que Vannacci aportaría votos adicionales recuperados del abstencionismo. Una coalición ampliada de este tipo daría a un nuevo gobierno de Meloni la fuerza suficiente para modificar la Constitución y hacerse con todos los principales cargos del Estado, incluido el de presidente de la República”, destaca.

Futuro Nazionale debe enmarcarse en la ola de corrientes radicales en auge en toda Europa, desde Vox hasta el FPÖ, pasando por los Demócratas Suecos y llegando hasta AfD 

Mientras que Fratelli d'Italia, fundado en 2012, mantiene y reivindica un vínculo directo con la historia del fascismo y el neofascismo italianos —como atestiguan la identidad ideológica y el origen de su grupo dirigente—, el de Vannacci es un extraño “animal político” de carácter híbrido. Para Ferrari, “sin duda existe una continuidad entre Futuro Nazionale y el fascismo y el neofascismo, como demuestran las continuas referencias nostálgicas al pasado, a personajes como D’Annunzio y Marinetti; pero sobre todo al golpista Junio Valerio Borghese, con una glorificación de los militares de la ‘X Mas’ que colaboraron con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Futuro Nazionale debe enmarcarse, sobre todo, en la ola de corrientes radicales en auge en toda Europa, desde Vox en España hasta el FPÖ en Austria, pasando por los Demócratas Suecos y llegando hasta el verdadero modelo de referencia que representa AfD en Alemania, en el que Vannacci se ha inspirado para su programa: ‘remigración’, clases separadas en la escuela para niños y niñas migrantes y personas con discapacidad, defensa de la identidad cristiana, limitaciones a la libertad religiosa, supresión del aborto y de las uniones entre personas del mismo sexo, abolición del delito de feminicidio y trabajos forzados para los reclusos”.

En el núcleo fundador del partido, en torno al exgeneral Vannacci, figura un gran número de miembros del ejército

También para Conti, Futuro Nazionale no puede considerarse una evolución directa de la extrema derecha histórica italiana. “Vannacci recupera la jerga, la simbología —lleva al cuello un hacha de doble filo, símbolo de la organización neofascista Ordine Nuovo, activa en Italia en los años 60— y el imaginario explícitamente fascista, pero no proviene directamente de esa historia. Es la adaptación moderna de una extrema derecha que puede permitirse evocar la historia del fascismo sin representarla directamente”.

El historiador se muestra preocupado por el hecho de que, en el núcleo fundador del partido, en torno al exgeneral Vannacci, figure un gran número de miembros del ejército. “Deberíamos preguntarnos —afirma— cómo es posible que de las fuerzas armadas, que deberían encarnar el carácter antifascista del Estado y de la Constitución, puedan surgir fenómenos de este tipo”.

Son motivo de preocupación, asimismo, los vínculos de la extrema derecha con la clase dirigente italiana. Mientras que la mayor parte de la prensa progresista ataca a Futuro Nazionale por su cercanía a Moscú y por la supuesta financiación procedente de otros países, Davide Conti invita a afrontar los problemas sin resolver del sistema democrático italiano. “Me centraría más en las motivaciones internas del crecimiento del movimiento de Vannacci que en los vínculos reales o supuestos con otros Estados o movimientos de extrema derecha de otros países, o en los supuestos financiadores extranjeros “, asegura; y prosigue: “Deberíamos preguntarnos quién respalda económicamente al partido de Vannacci y qué sectores de la clase dirigente lo apoyan, teniendo en cuenta que el exgeneral fue invitado a exponer su programa ante la flor y nata de las élites financieras e industriales italianas reunidas en la conferencia anual que se celebra en Cernobbio”.

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