Italia
Italia: una red de colectivos facilita el acceso al aborto que dificulta el Gobierno de Meloni
En el casco histórico de Palermo, en Sicilia, un grupo de activistas ofrece un servicio gratuito de apoyo a la salud sexual y reproductiva. En las salas de una biblioteca comunitaria que reúne textos y autoras del pensamiento transfeminista, durante dos días a la semana es posible solicitar información sobre el itinerario a seguir para interrumpir un embarazo.
En el contexto nacional italiano, donde quienes quieren abortar en los hospitales públicos se enfrentan a barreras y dificultades, este espacio representa un lugar seguro en el que sentirse escuchadas y recibir apoyo. “Quienes contactan con nosotras quieren saber cómo acceder a la interrupción voluntaria del embarazo, qué documentos hacen falta, qué derechos tienen. Sobre todo nos preguntan qué puede o no puede hacer el personal sanitario”, explica a El Salto Emilia Esini, sexóloga y miembro de Maghweb, la asociación que gestiona el servicio y la biblioteca que forman parte del proyecto llamado Non è un veleno.
“Acompañamos a las personas en hospitales y centros de planificación familiar. Los hemos monitorizado y cartografiado desde que comenzamos nuestras actividades en 2022, adquiriendo así una visión clara de la situación en la que se encuentran las estructuras sanitarias de Palermo”, continúa Esini. Hoy, un grupo de activistas está haciendo lo mismo en otras ciudades de la isla. “El apoyo que ofrecemos significa devolver justicia. Debería existir ya, garantizado por el personal médico y por el sistema nacional de salud, pero no sucede”.
Las prácticas de acompañamiento al aborto impulsadas por Maghweb no son un caso aislado. En Italia, organizaciones feministas y transfeministas han ideado formas de cuidado colectivo: organizan grupos de escucha y ayuda mutua, elaboran mapas de hospitales y farmacias, redactan folletos gratuitos sobre el acceso a los servicios para cubrir los vacíos dejados por las instituciones. En el país, hoy es posible recurrir a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) dentro de los primeros 90 días de gestación. Más allá de ese plazo, la IVE por indicación médica puede practicarse en caso de “grave peligro para la vida de la mujer” o de “procesos patológicos, incluidos aquellos relativos a anomalías o malformaciones relevantes del feto, que determinen un grave peligro para la salud física o psíquica de la mujer”.
El acceso al aborto está condicionado por numerosos factores como la objeción de conciencia, la burocracia o la inadecuación de las estructuras sanitarias
Pero en la vida cotidiana la situación no es tan simple. El acceso al aborto está condicionado por numerosos factores, como la objeción de conciencia del personal médico, la burocracia, la inadecuación de las estructuras sanitarias que alargan los tiempos de los procedimientos y la desigualdad de los servicios de salud en los distintos territorios. Una de las principales problemáticas es la dificultad para acceder fácilmente a información clara, a pesar de que la legislación italiana así lo prevé y de que la Organización Mundial de la Salud subraya que un primer paso esencial para mejorar el acceso y la calidad de la atención al aborto consiste en garantizar que todas las personas dispongan rápidamente de información precisa.
“Quien solicita nuestra ayuda no sabe qué hacer. Puede ocurrir que en esos momentos se tenga miedo o ansiedad, que no se sepa a quién acudir en una fase en la que el factor tiempo es fundamental”, explica Deborah Sannia, integrante del colectivo Mujeres Libres de Bolonia. Las activistas elaboraron una guía transfeminista sobre la interrupción voluntaria del embarazo: el documento presenta una lista actualizada de centros de planificación familiar y hospitales de la región de Emilia-Romagna, así como sus horarios de apertura, y explica en qué consisten los procedimientos del aborto farmacológico y del quirúrgico. Está escrita en varios idiomas e indica también el itinerario previsto para quienes no tienen ciudadanía italiana.
Laura Di Maggio, activista de Mujeres Libres: “Decidir libremente sobre el propio cuerpo es una reivindicación central del movimiento transfeminista, uno de los objetivos fundamentales de su acción política”
“Adoptar un enfoque transfeminista significa cuidar y hacer que la persona gestante no viva una experiencia desagradable. El aborto es una práctica que seguirá realizándose siempre. La autodeterminación es uno de los principales terrenos de conflicto con el patriarcado. Y decidir libremente sobre las propias decisiones reproductivas y sobre el propio cuerpo es una reivindicación central del movimiento transfeminista, uno de los objetivos fundamentales de su acción política”, comenta Laura Di Maggio, activista de Mujeres Libres. Desde su fundación en 2009 hasta hoy, el colectivo boloñés ha puesto en marcha colaboraciones con organizaciones de otras regiones, como los colectivos “Ccà nisciun' è fessa” en Nápoles y “Consultoria FAM” en Turín, además de “Aborto in pillole”, un proyecto colectivo que —a través de pódcasts, vídeos y newsletters— difunde narrativas positivas sobre el aborto farmacológico y la salud sexual y reproductiva. “Ponerse a disposición de otra mujer abre una grieta en el sistema patriarcal porque pone en práctica formas de solidaridad y reconocimiento. Ayudarnos y escucharnos significa afirmar que merecemos experiencias abortivas diferentes, mejores, más sostenibles. Significa reiterar que no tenemos por qué sufrir”, concluye Sannia.
Las organizaciones intercambian consejos y prácticas, ponen en circulación saberes. La puesta en común de experiencias supera las fronteras nacionales y da lugar a espacios de diálogo con colectivos del área mediterránea, como L’Associació en Barcelona, o de América Latina, como las Socorristas en Red de Argentina. “En 2025 organizamos en Pisa el festival ‘Facciamo da noi’. Grupos feministas procedentes de distintas partes del mundo debatieron sobre las prácticas de acompañamiento”, explica Eleonora Mizzoni, activista de Obiezione Respinta.
El colectivo Obiezione Respinta, con base en Toscana, ha elaborado un mapa sobre la objeción de conciencia, una de las cuestiones más relevantes en términos de acceso al aborto
El colectivo, con base en Toscana, ha elaborado un mapa sobre la objeción de conciencia, una de las cuestiones más relevantes en términos de acceso al aborto. Según los datos publicados por el Ministerio de Salud, en 2023 la proporción de ginecólogos objetores de conciencia fue del 57,1% con diferencias significativas entre los distintos territorios.
El mapa, elaborado sobre OpenStreetMap y alojado en un servidor autogestionado, se actualiza a través de testimonios directos de personas que abortan. Basta con hacer clic sobre la ciudad de interés para visualizar las estructuras y servicios, como farmacias, centros de planificación familiar y hospitales. Los colores indican las experiencias relatadas por las usuarias: el verde corresponde a aquellas consideradas positivas o adecuadas, mientras que el rojo señala problemáticas o dificultades. Además, pueden leerse testimonios e informaciones más detalladas, como casos de negativa en la venta de anticoncepción de emergencia. “Cualquiera puede compartir su testimonio, y es precisamente esa dimensión participativa la que otorga al proyecto un carácter de investigación. El objetivo no es solo verificar la existencia de un servicio: se trata de comprender de qué manera se accede a él y denunciar las problemáticas que convierten el recorrido en algo difícil o traumático”, continúa Mizzoni. “Así descubrimos prácticas como la escucha obligatoria del latido fetal, la existencia de los llamados ‘cementerios de fetos’, médicos que se niegan a recetar analgésicos, pero también situaciones de aislamiento y abandono sufridas por quienes están abortando. Estas experiencias y problemáticas difícilmente emergen de los informes oficiales, que ofrecen informaciones generales”.
La recopilación de testimonios directos impulsó a las activistas de varios grupos a colaborar en la guía “ivgsenzama”. El texto también contiene modelos de documentos que pueden utilizarse en caso de encontrar obstáculos, como cuando el hospital público rechaza a la persona gestante alegando que no hay lugar en la estructura. La red Pro-choice también ofrece un servicio de telemedicina para obtener la certificación para la IVG. A menudo conseguirla es una carrera de obstáculos, por eso varias ginecólogas se sumaron como voluntarias a la iniciativa lanzada por Lisa Canitano, de Vita di donna, que desde hace más de veinte años cuenta con una línea telefónica de ayuda para el aborto y mucho más. “Es un trabajo político y sirve para denunciar las carencias de los servicios territoriales”, explica Eleonora Cirant, activista y cofundadora de Pro-Choice.
Una de las principales luchas de la red tiene que ver con el acceso al aborto farmacológico, practicado mediante la administración de mifepristona (la píldora RU486) y posteriormente de misoprostol. Desde 2020, según lo establecido por el Ministerio de Salud, el procedimiento puede realizarse hasta las nueve semanas de gestación y debería poder llevarse a cabo también en hospital de día y en centros autorizados de planificación familiar. Sin embargo, el acceso al servicio sigue siendo desigual en el territorio nacional: en muchas regiones el procedimiento continúa centralizado en los hospitales, obligando a múltiples visitas a la estructura para controles y administración de los medicamentos. “Nuestras voluntarias recogen a menudo testimonios de personas que tienen que viajar lejos de casa para acceder al aborto farmacológico”, continúa Cirant. “Estamos convencidas de que es necesario avanzar hacia su deshospitalización, como ocurre en otros países europeos y como también recomienda la OMS”.
Algunas activistas de la red Pro-Choice colaboran en la gestión de un grupo en Telegram dirigido a personas que están abortando, activo todos los días de la semana
Algunas activistas de la red Pro-Choice colaboran en la gestión de un grupo en Telegram dirigido a personas que están abortando, activo todos los días de la semana: es un espacio en el que se pueden hacer preguntas libremente y recibir escucha durante todas las fases del procedimiento. “En los relatos de muchas activistas con las que he hablado tanto para mi trabajo de investigación como para mi militancia, el acompañamiento se describe como una relación de sororidad que implica escucha sin juicios, compartir los estados de ánimo y reconocimiento mutuo”, añade Cirant. La red coordina también un espacio mensual en el que compartir experiencias. “Históricamente el aborto siempre ha sido relegado al silencio, a la esfera privada”, afirma Roberta Lazzeri, activista. “Hablar de ello significa superar el estigma, combatir las narrativas culpabilizadoras y paternalistas. Significa reconocer que, al decidir abortar, una persona está ejerciendo su autodeterminación”.
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