Ni rendición ni acuerdo: la guerra de Irán entra en su tercera semana sin salida a la vista

Hace dos semanas que Irán aguanta la embestidas bélica de Estados Unidos e Israel, mientras los mercados tiemblan y el mundo se mantiene en vilo.
Bombardeos Teherán Hamid  Valkli 13-03-26 - 8
Hamid Vakili Tras el anuncio del asesinato del ayatolá Seyyed Ali Jamenei en ataques aéreos estadounidenses e israelíes, la población de Teherán salió espontáneamente a las principales calles de la ciudad para llorar su pérdida. ©

Hoy se cumplen dos semanas desde que Estados Unidos e Israel decidiesen atacar Irán, se cumplen también dos semanas desde que los dos regímenes atacantes acabaran con la vida de la máxima autoridad iraní, el ayatolá Jameneí. Tras quince días de un fuego cruzado que ha puesto en jaque a toda la región, continúa la incerteza de qué sucederá en los próximos días.

Según las últimas cifras publicadas por el Ministerio de Salud de Irán, al menos 1.444 personas han sido asesinadas en esta campaña perpetrada por Estados Unidos e Israel, y 18.551 han resultado heridas desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la ofensiva. Ayer mismo, mientras se celebraba el día de Al-Quds, un día internacional anual para expresar el apoyo a Palestina y oponerse a la ocupación israelí, Israel bombardeó la plaza Ferdowsi, en Teherán, donde cientos de personas se congregaron pese al clima de guerra. El régimen sionista habría avisado momentos previos al ataque; en el momento en que se escriben estas líneas se había reportado la muerte de una mujer a causa de la metralla.

Incertidumbre en el terreno e incertidumbre en los mercados

El jueves, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí —hijo del difunto Ali Jameneí— emitió su primer discurso —aunque no en directo, sino leído por la televisión pública estatal de Irán— y aseguró que el estrecho de Ormuz, una de las arterias más importantes del comercio global, continuaría cerrado y que tampoco cesarían los ataques a intereses estadounidenses de la región. El nuevo ayatolá demuestra así que sigue vivo —a lo largo de estos días han circulado rumores de que podría estar muerto— pero sin la aparición pública siembra las dudas sobre su estado de salud, ya que se dice que resultó herido en los ataques del 28 de febrero. En su discurso, el nuevo líder también instó a que los países del Golfo tomasen partido y se posicionasen respecto a lo que está ocurriendo, por ejemplo, “cerrando” las bases estadounidenses “lo antes posible”. 

Esta información llegaba el mismo día que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en una entrevista con Sky News, aseguraba que era cuestión de días que la Armada de Estados Unidos empezará a escoltar barcos en el estrecho de Ormuz, una información que también llegaba a través del portal Axios. Este movimiento se produce en el momento que ha trascendido que Irán estaría minando el estrecho y tras ataques a diferentes buques con banderas internacionales. El acompañamiento de los buques, sin embargo, no se producirá de manera inmediata, tal y como remarcó el mismo jueves el secretario de Energía, Chris Wright, durante una entrevista con la cadena CNBCN. El motivo es que para las fuerzas estadounidenses ahora mismo la prioridad es “destruir las capacidades ofensivas de Irán y la industria manufacturera que abastece sus capacidades ofensivas”. 

En este contexto global de incertidumbre y con el consecuente aumento del precio del petróleo —en un mundo marcado por la interdependencia económica— Estados Unidos se ha visto obligado a suavizar de manera temporal las sanciones al petróleo ruso varado en el mar; es decir, ya en tránsito. La exención se alargará por 30 días. Con esta medida el Gobierno estadounidense pretende contener la sacudida global que está teniendo el cierre del estrecho de Ormuz. Irán no lo abrirá, han advertido las autoridades iraníes, hasta que cesen los ataques, algo para lo que, de momento, no hay fecha. De hecho, incluso advirtieron que el precio del petróleo podría alcanzar los 200 dólares por barril. Las reservas de petróleo de Estados Unidos están en su nivel más bajo en tres décadas. Ante estas circunstancias, el miércoles, la Agencia Internacional de Energía acordó la mayor liberación de reservas de petróleo de la historia: los 32 miembros que componen la Agencia —entre ellos España— convinieron, por unanimidad, liberar 400 millones de barriles de crudo.

La lucha por el relato

Además de la batalla en el terreno, tanto Israel como Irán están peleando por la batalla del relato; también los países del golfo Pérsico, donde se ha prohibido la difusión de imágenes de los impactos de los misiles iraníes que tienen como objetivo los intereses estadounidenses. En Emiratos Árabes Unidos (EAU), por ejemplo, unas 20 personas, entre ellas un ciudadano británico, ya han sido acusadas en base a la Ley de delitos cibernéticos del país, que castiga filmar y publicar material de guerra y que puede implicar penas de cárcel y deportación para los no nacionales. En este caso, las autoridades han sido claras: no se pueden difundir imágenes relacionadas con los ataques iraníes en el país. 

Todo esto se enmarca dentro de una guerra por el relato en la que ninguno de los países implicados, ni los protagonistas (Estados Unidos, Irán e Israel) y los secundarios (los países del Golfo) quieren mostrar sus debilidades, todo en aras de una supuesta “seguridad pública”.

Al inicio de la guerra, todos los y las periodistas que trabajan desde Israel recibieron unas directrices concretas sobre cómo informar sobre los ataques

En Irán, desde donde apenas están llegando imágenes, el apagón informativo es casi total; y los lugares que han sido blanco de ataques no son visitables, según argumentan los periodistas que se encuentran en el terreno. La censura en Israel también es un hecho: el régimen de Netanyahu ha prohibido que se publiquen contenidos referentes a los ataques por parte de Irán, también bajo la excusa del mantenimiento de la seguridad nacional. De hecho, al inicio de la guerra, todos los y las periodistas que trabajan desde allí recibieron unas directrices concretas sobre cómo informar sobre los ataques: qué se puede incluir y qué no. 

El coste político para la Administración Trump

A lo largo de estas dos semanas, también la sociedad civil estadounidense ha dado su opinión sobre sus consideraciones respecto a esta guerra. Las múltiples encuestas revelan una oscilación de la popularidad del presidente Donald Trump. Si bien durante la primera semana de la ofensiva una parte importante de los estadounidenses se oponían a la decisión tomada por Trump, esto ha ido cambiando a medida que van pasando los días. En una encuesta realizada por The Washington Post durante la primera semana de guerra, se reveló que el 39% de los estadounidenses apoyaba que “el presidente Trump ordenara ataques aéreos contra Irán”, mientras que el 52% se oponía a ellos y el 9% se mostraba inseguro. En una nueva encuesta llevada a cabo y publicada esta semana, estas cifras habían cambiado: el 42% apoya ahora la campaña militar estadounidense contra Irán; el 40% se opone y el 17% no está seguro. 

En sus intervenciones respecto a esta guerra, JD Vance —que no muestra abiertamente su oposición a las decisiones de su jefe— ha insistido en la idea de no cometer los errores que se cometieron en las guerras de Irak y de Afganistán

Según los datos, en lo que sí coincide la mayoría de la población encuestada es que la Administración Trump no ha explicado claramente los objetivos de esta ofensiva. “La proporción de estadounidenses que afirman que Estados Unidos debería ‘continuar los ataques militares contra Irán’ creció del 25% al 34% desde el primer fin de semana de los ataques [...] Entre quienes apoyan la campaña militar estadounidense en general, el 72% quiere que los ataques continúen, mientras que el 10% quiere que cesen y el 18% no está seguro”, se puede leer en las conclusiones.

Esto no es todo, la decisión de embarcarse en esta nueva guerra también ha dividido a los Republicanos y el movimiento MAGA, con una parte importante del movimiento opuesto a que Estados Unidos continúe interviniendo en asuntos ajenos. Una de las personas en la picota no es ni más ni menos que el vicepresidente JD Vance, cuyas diferencias políticas sobre este asunto con Trump son más que evidentes. En sus intervenciones respecto a esta guerra, JD Vance —que no muestra abiertamente su oposición a las decisiones de su jefe— ha insistido en la idea de no cometer los errores que se cometieron en las guerras de Irak y de Afganistán, en referencia a la cantidad de años que estuvieron las tropas estadounidenses sobre el terreno y lo que se alargaron ambas guerras. “El presidente Trump no meterá a Estados Unidos en un conflicto que dure años sin un objetivo claro”, dijo en una entrevista a la cadena Fox. A pesar de querer mantener las formas y el relato, el pasado 27 de febrero, un día antes de que se iniciaran los ataques de Estados Unidos contra Irán, JD Vance, en una entrevista con The Washington Post, decía que se mostraba “escéptico” acerca de las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero. 

“Somos filosóficamente un poco diferentes cuando se trata de la guerra de Estados Unidos con Irán. Creo que quizá estaba menos entusiasmado” reconoció el propio Trump en la conferencia de prensa del pasado lunes 9 de marzo en Mar-a-lago, en Florida. A pesar de lo evidente, el mandatario continúa manteniendo que eso no supone ningún problema y que no está causando ningún estrago en su relación. A quien sí le podría causar estragos, sin embargo, es al propio JD Vance y a sus aspiraciones políticas de cara a las elecciones de 2028.

La ofensiva parece no tener fecha de finalización; sino todo lo contrario. De momento, Irán resiste, mientras los mercados tiemblan y el mundo se mantiene en vilo

Trump llegó a este segundo mandato a la Casa Blanca con un lema “Make America Great Again” (MAGA) y una promesa firme: centrarse en los asuntos estadounidenses; algo que a la luz de los hechos —y no solo por su intervención en Irán, sino también por el secuestro del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de febrero o los bombardeos en Nigeria, entre otros— no ha cumplido. Ahora, las críticas de los que antes se posicionaban a su lado, incluso de personas como su exasesor más popular, Steve Bannon, van en una misma dirección: no está priorizando a Estados Unidos. Todo esto sumado a la falta de “avances” en la guerra de Irán y la ausencia de un plan B o un escenario post conflicto, tal y como él mismo ha reconocido, ponen al presidente en la picota de la opinión pública.

“Estamos logrando avances importantes hacia el cumplimiento de nuestro objetivo militar. Y algunos podrían decir que prácticamente lo hemos logrado. Hemos aniquilado por completo todas las fuerzas en Irán”, dijo a principios de esta semana Trump en la conferencia de prensa del lunes en Florida. A pesar de lo que diga el magnate, sin embargo, lo cierto es que la ofensiva parece no tener fecha de finalización; sino todo lo contrario. De momento, Irán no se rinde ni se da por vencido, mientras los mercados tiemblan y el mundo se mantiene en vilo.

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