Entre las protestas y el recuerdo de Pahleví: la solidez del régimen iraní a prueba

El descontento social expone el malestar del pueblo iraní, pero también la capacidad de resistencia del sistema instaurado tras 1979.
17 ene 2026 08:00

Poco se sabe acerca de la magnitud de lo que ha sucedido en Irán durante las últimas tres semanas —y continúa sucediendo, a pesar de que parece que las protestas han ido a menos en los últimos días—. El apagón informativo ha sido la causa por lo cual la información ha llegado en cuentagotas. A día de hoy, las organizaciones internacionales de derechos humanos hablan de casi 3.000 personas muertas por la represión violenta del régimen; pero estas cifras, de momento, no se han podido contrastar. 

La población iraní ha salido a la calle en masa, tanto en las grandes ciudades como en los pueblos para protestar, inicialmente, contra la caída del rial iraní y la inflación en los precios de los productos básicos. Tras varios días de manifestaciones, el malestar ha ido in crescendo y las demandas han cambiado: un sector de la población quiere reformas; el otro, directamente, apuesta por la caída del régimen de los ayatolás, que gobierna el país con puño de hierro desde 1979.

Un país fundido a negro

En el momento en el que se escriben estas líneas, la conectividad a internet no se ha restablecido y las llamadas entrantes y salientes continúan estando restringidas. Desde el jueves 8 de enero, Behruz (nombre ficticio para proteger su identidad y la de su familia), un iraní que vive exiliado en España desde hace más de veinte años, no puede contactar con su familia. Behruz salió del país porque era activista. “Anteayer conseguí hablar brevemente con mi hermano, que me confirmó que todos estaban bien, pero no he conseguido hablar con mi madre en todos estos días”, dice en una conversación para El Salto.

Como las comunicaciones están intervenidas, Behruz explica que habla en códigos con su familia, mediante palabras secretas que solo ellos conocen. Es en este punto de la conversación cuando su voz se quiebra

“Tienen toque de queda y no pueden salir de las casas; el pueblo está arrasado”, explica. También cuenta que la poca información que ha llegado, lo ha hecho desde Teherán, la capital, pero que en pueblos más pequeños, donde el fundido a negro es total, la represión del Estado está siendo muchísimo más dura. “No os podéis ni imaginar lo que está pasando fuera de Teherán. Si cae el régimen, veremos la magnitud de lo que ha sucedido”. Insiste en que lo está sucediendo, sin embargo, no es nada nuevo. Como las comunicaciones están intervenidas, Behruz explica que habla en códigos con su familia, mediante palabras secretas que solo ellos conocen. Es en este punto de la conversación cuando su voz se quiebra. Tiene miedo de nombrar cualquier indicio de localización geográfica. 

Explica que desde que tiene uso de conocimiento, “la gente ha salido siempre a la calle”. Reconoce que quizás no con tanta fuerza como ahora, pero lo achaca a los sistemas de represión del régimen. “El régimen usa la estrategia de dividir a la sociedad y como es un país con tantas etnias… Además no hay líderes, porque el régimen los aplasta. En cuanto aparece alguien, lo asesinan”.

Amenazas de Trump y escalada de la tensión

Las protestas en el país han traído una escalada de la tensión entre el régimen y Estados Unidos, que  ha amenazado de manera reiterativa con un ataque como respuesta a la represión hacia la población. El jueves por la tarde, sin embargo, y en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, el presidente estadounidense, Donald Trump, desactivaba la amenaza tras habérsele comunicado que las ejecuciones extrajudiciales programadas para aquel mismo jueves en Irán se habían cancelado. Aún así, y al tiempo que pronunciaba esas palabras, desalojaba la base de al-Udeid, en Catar, que aloja a unos 10.000 soldados estadounidenses y que es  la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio. También ese mismo día cerraban las instalaciones de la embajada británica y países como Italia, Polonia o España aconsejaban a sus nacionales a salir del territorio en la medida en la que les fuera posible. 

Rosa Meneses: “Irán no es Venezuela, y un ataque sobre el país podría incendiar toda la región”

A pesar de la subida del tono, hay analistas como Rosa Meneses,subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), que consideran que la opción de un ataque a gran escala era —o es— poco probable. “Irán no es Venezuela, y un ataque sobre el país podría incendiar toda la región. Sin embargo, lo que sucedió en Venezuela sí constituye un mensaje directo al régimen de los ayatolás”, explica para El Salto.

Un eventual ataque en Irán tendría consecuencias directas en Irak, y eso chocaría con los intereses de Estados Unidos. “Israel sí está más por la labor, pero no tanto Estados Unidos, que juega a desestabilizar para ver si el régimen cae solo”, puntualiza, “a pesar de que sí vemos un Donald Trump envalentonado por cómo han ido las cosas en Venezuela y por cómo se sucedieron los hechos en junio”. El pasado mes de junio, Estados Unidos, bajo el pretexto de la “legítima defensa”, bombardeó tres instalaciones nucleares en Irán —Isfahán, Natanz y Fordow—, lo que causó aproximadamente un millar de muertos. Era la primera vez desde la Revolución Islámica de 1979 que Estados Unidos atacaba con fuerzas aéreas instalaciones dentro del país. El régimen iraní respondió en aquel momento con una oleada de misiles que alcanzaron zonas de las ciudades de Tel Aviv, Nes Tziona y Haifa; y con un segundo ataque con misiles que tenían como objetivo bases de Estados Unidos en Catar.

“Está claro que el plan debe estar sobre la mesa, pero si no lo han hecho, es porque algo les retiene”, explica Meneses, quien considera que “Venezuela les ha salido muy bien pero en Irán podría ser que las cosas no fueran como ellos [lo estadounidenses] esperan”. A este respecto el analista Ignacio Álvarez-Ossorio, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, mira hacia las monarquías del Golfo, quienes habrían alzado la voz de alarma ante un posible ataque y habrían recomendado a Trump que tuviese en cuenta la posibilidad de desestabilización regional que podría ocasionar un ataque. Arabia Saudita, Catar y Omán apuestan por la vía diplomática, conscientes de lo incendiario que puede ser una intervención. En las últimas horas incluso se ha sabido, por el New York Times, que Israel había pedido a Donald Trump que pospusiera cualquier ataque planeado por fallos en los sistemas de defensa antimisiles, dañados durante el conflicto entre Israel e Irán el pasado mes de junio. Fiel a su estilo, ayer, el presidente estadounidense negó la mayor: “nadie me convenció, me convencí a mí mismo”, dijo. 

En las últimas horas también se ha sabido que el presidente ruso Vladimir Putin habría estado en conversaciones con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente iraní Masoud Pezeshkian para abordar la situación y ofrecerse como mediador con el fin de “garantizar la estabilidad y la seguridad en la región, según el Kremlin.

Un régimen sólido

Si bien la conversación sobre una eventual caída del régimen ha estado presente estos días, según explica Meneses, esto era algo complicado, ya que “se trata de un régimen que está muy solidificado debido a la enorme represión que ejerce sobre la población. La capacidad de aplastar cualquier levantamiento social es enorme, como hemos visto en en anteriores ocasiones”. 

Captura Irán
Captura de video de las últimas movilizaciones en Teheran.

Por ocasiones anteriores, hay que remontarse a las protestas masivas por el asesinato, bajo custodia policial, de la joven de 22 años y de origen kurdo-iraní Mahsa Amini o las protestas de 2009 contra Ahmadineyad. Ni entonces ni ahora el régimen ha estado a punto de caer. “Manejan muy bien el puño de hierro y siempre logran [los ayatolás] torcer las olas de descontento”, asegura Meneses, quien no niega que haya un “caldo de cultivo” para que el régimen se vaya desgastando. Concretamente habla de un “proceso social de largo recorrido” y de una base social que interacciona con todos los ámbitos, como el político o el económico. Este malestar generalizado hace que el régimen se tenga que ir reinventando y recolocando tras cada oleada de protestas “para poder sobrevivir”. Si bien la caída del régimen no parece inminente, sí que se podría llevar a cabo “algún proceso de regeneración”. 

Ayer 16 de noviembre, fecha de aniversario de la caída del sha, el analista Andreas Krieg escribía en Al-Jazeera: “Los sistemas iliberales suelen parecer más permanentes justo antes de cambiar. Pero los momentos de agitación también pueden generar una ilusión diferente: que el sistema está a un golpe externo drástico del colapso. Con Irán convulsionado por protestas sin precedentes contra el liderazgo del país, es tentador imaginar que el poder aéreo de Estados Unidos podría asestar el golpe final. Esa tentación malinterpreta cómo sobrevive realmente la República Islámica”.

Las Fuerzas Armadas y la Guardia Revolucionaria son las que sustentan políticamente al régimen, y, de momento, van a una

Por el momento geopolítico que se vive, quizás haya “una percepción externa de un régimen debilitado”, como explica Meneses. “Es la tormenta perfecta”, sentencia Ignacio Álvarez-Ossorio. “Se conjuga esa estrategia de máxima presión por parte de Estados Unidos con el malestar generalizado de la sociedad iraní ante el colapso económico, pero aquí lo que no se está teniendo en cuenta es qué alternativas puede haber; y eso es algo de lo que se habla poco. Se trata de un país de 92 millones de personas, y para hacer caer el régimen tiene que haber algo bien atado”, advierte. 

Además de la represión, hay otro elemento que caracteriza este régimen, a diferencia de otros, y es la ausencia de fisuras en su seno. Las Fuerzas Armadas y la Guardia Revolucionaria son las que sustentan políticamente al régimen, y, de momento, van a una. Continúa Krieg en su análisis: “La cohesión coercitiva es el cimiento del sistema: la capacidad de instituciones políticas y de seguridad paralelas para seguir actuando juntas, incluso cuando se erosiona la legitimidad. Cuando esa cohesión se mantiene, el sistema absorbe impactos que afectarían a estados más convencionales”. Krieg  hace énfasis en lo interconectado que está el país y como se estructura en base a “centros de poder  superpuestos en torno a la oficina del Líder Supremo, la Guardia Revolucionaria, los órganos de inteligencia, los guardianes clericales y una economía clientelista”. Por eso, “eliminar un nodo, ni siquiera el más simbólico, no derrumba la estructura de forma segura”. Por otra parte, y esto también es importante tenerlo en cuenta, “el régimen tiene una base social y una base de apoyos bastante sólida todavía”, puntualiza Álvarez-Ossorio.

Pahlaví​​​, una figura polémica que está intentado aprovechar la ocasión

Desde el inicio de las protestas, el hijo del último sha de Persia —Mohammad Reza Pahlaví​​​ reinó desde 1941 hasta que fue derrocado, en 1979— está intentando, desde Estados Unidos y a través de sus redes sociales postularse como una alternativa válida a los ayatolás. 

Su papel durante los últimos días ha resultado polémico. Para Menseses, “que Irán vuelva a ser una monarquía es altamente improbable; y esto responde a una campaña orquestada por parte de Estados Unidos e Israel en redes sociales; pero lo cierto es que Pahleví no tiene ninguna base de apoyo interno en el terreno”.

Reza Pahlavi hijo del Sah
El príncipe heredero de Irán, hijo mayor del sah Mohammad Reza Pahlaví.

Se trata, Pahleví, de una persona que no conoce ni el país ni su sociedad, ya que se fue de Irán en 1978 con apenas 18 años para estudiar en Estados Unidos. Un año más tarde, su padre sería derrocado y tendría que huir. Desde entonces, el hijo del últimos sha no ha pisado territorio iraní. “Él se deja querer y ve la oportunidad, pero dentro de Irán nadie lo ve como un líder político; o  como ese líder que Irán necesita; y el capital que tiene es muy negativo. Su padre lideraba un régimen dictatorial protegido por la SAVAK [la policía secreta] que reprimía, que torturaba y asesinaba”, recuerda Meneses. 

Álvarez-Ossorio: “Pahlaví es el candidato de Israel; ni siquiera el de Estados Unidos”

Además de la represión, a Pahleví le acompaña el colaboracionismo de su padre y el suyo propio con Estados Unidos y unas excelentes relaciones con Israel y su primer ministro Benjamin Netanyahu. En abril de 2023 se reunió con representantes del Ministerio de Inteligencia israelí y el pasado mes de junio visitó el Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén; algo que no fue bien recibido por la sociedad iraní. “Se percibió como un líder vendido a intereses ajenos a Irán”. 

Álvarez-Ossorio lo tiene claro: “Se trata, sobre todo, de una campaña de relaciones públicas”, algo respaldado por investigaciones del periódico israelí Haaretz. Recuerda el caso de Irak: “Cuando Sadam Hussein fue derrocado, también se promovió la figura de un opositor que en aquel momento vivía refugiado en Estados Unidos. No funcionó”.  A este respecto, el analista sentencia que Pahlaví es “el candidato de Israel; ni siquiera el de Estados Unidos”. Rosa Meneses pone los ejemplos de Afganistán y Libia, donde también hubo voces que apostaban por el restablecimiento de las antiguas monarquías, “pero las sociedades de esos países habían pasado página y descartó la opción”.

Una oposición en la sombra y una transición que podría sustentarse en las figuras reformistas del régimen

Otro sitio hacia el que hay que mirar es la oposición política. A diferencia de Venezuela, en Irán la oposición no existe. Y no existe, en la manera en que sí existe en Venezuela —donde hay líderes en el exilio e incluso dentro del país con altavoces propios y ajenos— porque está absolutamente silenciada, en la cárcel y sometida a torturas. “Hay oposición pero está silenciada, encarcelada, amenazada y torturada. Los líderes que galvanizarían a la población están fuera de juego por el régimen”, sostiene Meneses, que pone como ejemplo el caso de Mir-Hosein Musaví, quien desafió al ex presidente Mahmud Ahmadineyad en las elecciones de 2009 y lideró las posteriores protestas por fraude electoral. Actualmente vive incomunicado bajo arresto domiciliario.

Una de las opciones, en caso de una eventual caída del régimen, sería una transición apoyada por las figuras más reformistas del régimen y proceder a una reforma de la República islámica. “Dentro de los límites de este sistema se podría apostar por una república menos islámica, aunque resulta complicado, hoy por hoy”, desgrana Rosa Menses. También Álvarez-Ossorio pone sobre la mesa esta opción: “encontrar a alguien que, dentro del régimen, pudiera garantizar ‘el orden’ y evitar ‘el caos’; alguien del sector reformista, como Rohaní”.

Por su historia y su composición étnica, Irán es un país extremadamente complejo, con un sistema de etnias que podría llevar a una guerra civil o a conflictos en regiones como el Kurdistán, el Baluchistán o el Arabistán, “por eso lo más lógico sería apoyar a alguien dentro del régimen, pero con una agenda aperturista de reformas”, destaca Ignacio Álvarez-Ossorio.

¿Qué piensa la población iraní?

Si bien la población iraní vive represaliada y sin libertad, como recordaba Álvarez-Ossorio, el régimen aún cuenta con una base social sólida. Además de esto, considera que una eventual intervención estadounidense podría provocar el efecto contrario y que la población que ha salido a las calles se replegase. “Atacar de manera masiva los cuarteles de la Guardia Revolucionaria podría acelerar el caos y que se produjese un efecto boomerang, con el efecto contrario del deseado.Es decir, que la gente se desmovilice para no participar en el juego de Estados Unidos e Israel. Una intervención norteamericana e israelí no iría en beneficio de Irán, sino en beneficio de los proyectos imperiales del primero. Y no creo que la población iraní quiera convertirse en un protectorado israelí o norteamericano”, concluye Álvarez-Ossorio. 

Behrouz: “No podemos continuar pensando en el futuro de Irán, sino que hay que pensar en el presente. Más adelante, ya veremos qué hacemos”

Esta no es la opinión, sin embargo, de Behruz quien, tras más de veinte años de exilio y viendo la represión que sufren los suyos asegura que la población iraní ha llegado a un punto de no retorno. “¿Qué otras opciones tenemos?”, se pregunta. “No puedo continuar viendo las imágenes que llegan desde allí. Peor que lo que hay ahora no puede haber nada”. Se considera antimonárquico pero aceptaría un eventual retorno de Pahlaví, porque cree que es la única figura, hoy por hoy, que puede unir al pueblo iraní. 

“No podemos continuar pensando en el futuro de Irán, sino que hay que pensar en el presente. Más adelante, ya veremos qué hacemos”. Apuesta por actuar y luego “ya ver qué se hace, porque en Irán hay gente muy preparada que está esperando”, concluye.

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