“Oh, si pudiéramos
hundir las manos en el fondo del tiempo.
¡Y traerlas colmadas
de las emociones antiguas!”*
La mano se alegra hasta el corazón
cuando se extiende abierta a otra
que la encuentra contenta y juntas
crean un mundo todos las días
en el campo en la mar y en el aire
unidas en la labor y en la música
y el ritmo de las sonrientes palmas.
Descuidada esa herencia de los abuelos
no llegó a las manos de los ingratos nietos
que se creen señoritos por beber cañas
atento al celular frente al televisor riendo
los chistes del hijo del jefe local y patrón
olvidados de los muertos que dejaron
sus vidas por estas vidas dilapidadas.
Desde los cielos libertarios que nos habitan
llegan las palabras y tras ellas los actos
de hombres rudos y amorosos y de mujeres
duras a las duras y tiernas aún en su bravura
como Luciano de San Saor o Conxa Collado*
quien supo ser una de las siete aguiluchas
en la Modelo en Pedrables y en Aragón.
Rescatar ejemplos del ayer para aprender
a enseñar sin nostalgia lejos de la cátedra
y revivir junto a los hijos este bello legado
resurgido de la cárcel la muerte y el olvido.
Ramón Haniotis
*1 (Lucía Sánchez Saornil)
* 2 (Concha Collado Pérez)