El último farero de Bislandia del Norte

El torrero de la isla de Sálvora, en la ría de Arousa, se jubiló este agosto. En esta entrevista, Julio Vilches, que acaba de publicar Sálvora, diario de un farero, habla del fin de la profesión y de sus 37 años de servicio al frente de una de las linternas marítimas más aisladas del litoral ibérico. Una luz que ya no tendrá quien la encienda.

Julio Vilches farero Sálvora
Julio Vilches, sobre el faro de Sálvora, en 1984. Foto: © Ana Torralva, VEGAP, Gijón 2017

publicado
2017-12-03 06:00:00

El pasado agosto una pequeña roca de 1,9 km2 en la boca de la ría de Arousa (Galicia), escarpada, en mar abierto y a merced de los vientos y mareas del Atlántico, se quedó sin su último farero. Julio Vilches, técnico mecánico en señales marítimas, llegó a Sálvora en 1980 para encargarse durante 37 años de este solitario candil oceánico que a tantos ha salvado.

En todo ese tiempo rellenó, junto a otros dos torreros, 17 libros de servicio, notas técnicas que con el tiempo fueron incorporando detalles de su día a día. En 2006, en una época de especial soledad, decidió juntar sus vivencias y elaborar un relato de su vida en la isla basado en la bitácora. El resultado fue una narración de 600 páginas que, con el tiempo, cayó en manos de su sobrina, Gloria Vilches, quien una década después editó el manuscrito que este otoño publica la editorial Hoja de Lata bajo el título Sálvora, diario de un farero y que cubre el tiempo entre la llegada del farero a la isla hasta el año 2000.

Julio Vilches hace frente en esta entrevista al fin de los fareros en España –algo que critica– y rememora una historia vivida en un paraíso virgen en el que, en el siglo XXI, corren libres los caballos salvajes. Una historia donde no faltan naufragios, tempestades, señores feudales, peligros y fantasía. La historia del reino de Bislandia, con sus provincias del Sur (la isla de Ons) y del Norte (Sálvora), el reino de ultramar que los torreros de estas islas atlánticas imaginaron en los años 80.

Como en tantas otras profesiones, la máquina ha suplantado al hombre. Pero los equipos y engranajes necesitan supervisión y arreglos. ¿Queda hueco para los fareros en el mundo?
Yo creo que sí, afortunadamente. La gente piensa que lo que se está haciendo en España o en países de Europa se está haciendo en todo el mundo, pero no es así. Sin irnos nada lejos, en Portugal los faros están supercuidados y vigilados, aunque también un poco militarizados, al igual que ocurre en Brasil.

Mientras transitan barcos, Sálvora es menos isla, pero en el momento en que se levanta el mar el efecto isla se multiplica

En muchos países se sigue mostrando un respeto por mantener la profesión. Yo comprendo que muchos trabajos desaparezcan en cierto modo, pero en los faros habría que mantener personal al menos en los más aislados o en los más importantes que aglutinan distintos servicios. Merecería a pena. Ahorrar en personal en un tema de seguridad marítima me parece muy cutre. En casos de faros importantes, con difícil acceso, la política actual lo que hace es que se pierdan calidad y garantías. No todo el mundo estará de acuerdo, pero yo lo creo de verdad.

Sálvora, la isla virgen en la que corren los caballos salvajes, pero también de las tempestades y el viento propio de una roca situada en mar abierto. ¿Es un paraíso o puede ser el infierno?
Para mí fue un paraíso, pero un paraíso vulnerable. Hay una serie de temas vitales. Por ejemplo tener comida en la despensa. Otro más importante sería que la salud no falle. Quitando estos importantes detalles, para mí fue un paraíso, pero para otra persona que hubiera tenido que ir obligada podría haber sido una cárcel, o un infierno. 

Isla de Sálvora
La isla de Sálvora, de apenas 2 kilómetros cuadrados, con el faro en primer plano.

De hecho, hay episodios del libro en los que cuentas momentos de aislamiento complicados, debido a problemas médicos.
Te refieres a cuando el compañero Pepe tuvo una neumonía. Como quedaban pocos días para el relevo pensó que iba a resistir. Realmente por la radio podría haber pedido ayuda médica inmediata, pero sí, los problemas de salud son más delicados allí porque a veces no sabes hasta qué punto puede ser importante salir o montar el tema de que tengan que mandar a alguien. 

Bislandia, con sus territorios del Norte (Sálvora) y del Sur (Ons). Llegasteis a crear todo un reino de ultramar basado en la amistad de dos grupos de fareros isleños.
Así lo has definido bastante bien. Llegamos cinco fareros a la vez, más uno que ya estaba en la isla de Ons, y nuestro entusiasmo circunstancial, empezando solo con música por las emisoras de radio nocturnas y siguiendo con bromas, fuimos creando una especie de radio fantasma o pirata, y nos lo pasábamos muy bien.

Además, La voz de Bislandia era participativa
Sí, los pescadores podían entrar. Estaba la palabra breiko, que era solicitud de entrada en la onda, y les dejábamos pasar, o nos pedían una canción del día anterior… Había comunicación.

Ahorrar en personal en un tema de seguridad marítima me parece muy cutre
El bosque de las amanitas, la casa del ogro, las nieves perpetuas en las alturas de la isla (los excrementos de las gaviotas)… Leyendo esta bitácora uno imagina un mundo de cuento en una isla de solo dos kilómetros cuadrados.
Realmente el cuento ya estaba allí, no lo hicimos nosotros. Encontramos un lugar muy virgen, además de la profesión, que eramos nuevos y nos gustaba, el entorno era algo bastante espectacular. La de Ons era algo más habitada, un poco menos solitaria. En Sálvora había ciervos, muchas aves… Para el que le guste la naturaleza era bastante paradisiaca.

Cuando se piensa en un farero en una isla desierta a las puertas del mar abierto el tópico que viene a la cabeza es un ermitaño solitario, pero nada más lejos de la realidad.
Aquí hace falta hacer una puntualización importante. Al reunir todas las historias y haber escrito yo poco sobre los episodios de soledad, la soledad ha quedado completamente relegada, pero podías contar con que ocupaba el cincuenta por ciento del tiempo. Había sensaciones de soledad muchas veces subjetiva. Así llamo por ejemplo a cuando han estado cuatro amigos, te lo has pasado genial y, de repente, se marchan.

Puede haber la falsa impresión de que era una fiesta permanente. En ningún momento quise dar esa impresión pero una sobrina mía arregló y redujo los textos. He tenido siempre las puertas del faro abiertas, y la soledad no es tanta como uno se imagina, pero sí que hubo mucha. Y también hay que decir que la isla era mucho más solitaria con mal tiempo que con bueno. Mientras transitan barcos, Sálvora es menos isla, pero en el momento en que se levanta el mar un día, y otro día, y así a veces semanas, el efecto isla se multiplica sin barcos. 

Aldea de Sálvora
La aldea de Sálvora fue abandonada definitivamente en 1972.

¿Cómo se lleva esa vida con episodios de varias semanas sin ver a nadie, mala mar y con la perspectiva de falta de suministros? 
Ahí lo que se necesita es un poder de improvisación bastante alto. Y en caso de que hubiera un caso de necesidad realmente importante, siempre podrías pedir ayuda, pues había pista para aterrizar helicópteros. Los perros también hacen mucha compañía, son antídotos contra la soledad. ¿Cómo se lleva eso? Si tienes salud y comida todo se va llevando, porque aunque todo te pueda parecer una locura, lo integras en que es parte del trabajo y además tienes unas fechas de referencia. Te dices, "bueno, dentro de 15 días tengo un relevo", por ejemplo. Hay gente que lo llevaría bien, pero otra que obviamente muy mal.

El final de los fareros implica una jubilación muy distinta por muchas cosas, pero sobre todo porque implica desahucio

Criar dos niñas en una isla de a menudo tan difícil acceso no es tarea fácil. 
Pues fíjate, eso fue lo mejor. Yo me lo pasé esa época… Estuvimos pidiendo a ver si nos daban unos faros acondicionados para criar las niñas, pero luego el tiempo demostró que las niñas, la mayor hasta los diez y la pequeña hasta los cinco, aprendieron mucho. Tuvieron el privilegio de tener a sus padres siempre a su lado y cuando las empezamos a llevar al colegio siempre nos decían que iban mucho más adelantadas para su curso. En general, fue todo muy bien. 

Tengo entendido que inicialmente no pretendías publicar el diario, sino que era más bien un relato para la familia.
Así es, porque esto lo escribí en el 2006 y se ha publicado once años después. Lo pensé en una época en que estaba muy solo en la que dije, "voy a entretenerme y a contar todo", pensando en mis hijas. El libro llega hasta el año 2000, pero el diario lo interrumpí en el 2006 y se lo pasé a mis hijas y a mis hermanos, quienes se lo quedaron mucho tiempo. Ahora una sobrina de Barcelona me pidió permiso y me insistió mucho, y dije, por qué no.

Tras tantos años de servicio llega el descanso. ¿En qué lugar se jubila el farero de una isla atlántica?
El final de los fareros implica una jubilación muy distinta por muchas cosas, pero sobre todo porque implica desahucio. En 1992 compré la primera autocaravana porque tenía muchos meses libres y así viajaba con ella. En el 2005 me compré otra mucho mejor y viajé bastante. Y ahora, como no tengo especial interés en apalancarme en ningún sitio, estoy viviendo en mi autocaravana y me cambio de lugar cuando quiero. Es lo que estoy haciendo por ahora, no quiere decir que vaya a ser siempre así. Ya veremos.

Los perros también hacen mucha compañía, son antídotos contra la soledad
Sálvora fue “propiedad feudal”, de los marqueses de Revilla, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Hoy pertenece a la Xunta de Galicia y forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. ¿Cómo está la isla? Tú que la conoces bien, ¿crees que está protegida?
Regular, habría que hablar bastante. Resulta que cuando era del marqués la virginidad de la isla era absoluta porque él no tocaba nada de la isla. Luego la tuvo un apoderado suyo, un empresario, como arrendatario. Ahí las herejías consistían en disparar a veces a los ciervos... cosas así. Luego la cogió el parque nacional y eso un peligro, porque entran 120 personas [diarias]. Aparte están las ideas que puedan ocurrir hacer con la isla. Tienen su política de plantas invasoras: este año quitan estas, el siguiente aquellas, pero no se ha puesto ningún árbol en diez años. ¿Política con animales? Hacen cosas raras. Se llevaron los caballos salvajes que había para traer otros de raza gallega. Cosas un poco peculiares.

Ahora en Sálvora, la isla más virgen, casi inaccesible, me da miedo que vaya degenerando hasta convertirse en un parque temático

Respecto al faro, se tiene que negociar para ver si se queda dentro del parque nacional. Seguramente se quede como alojamiento para científicos, dicho grosso modo. No se sabe aún, hay que hacer un convenio.

Este verano hubo problemas de masificación en las Cies, y en Ons también. Y ahora en Sálvora, la isla más virgen, casi inaccesible, me da miedo que vaya degenerando hasta convertirse en un parque temático, que le pongan demasiadas cosas, carteles… que la llenen de artificio. Muy satisfecho del parque nacional no estoy, pero es preferible desde luego a que fuera una propiedad feudal. Aunque es verdad que, en lo que respecta a la naturaleza, cuando la isla era del marqués la virginidad era absoluta.

Entiendo que alguien tiene que cuidar de la maquinaria del faro en Sálvora. En cierto modo, ¿sigue habiendo un farero en la isla?
No, ya se automatizó todo, no hay farero. Los faros automatizados dependen de un puerto y ese puerto lo que hace es, periódicamente, mandar revisiones. No hay farero en Sálvora. En estos momentos solo hay un guarda del parque nacional que se turna con otro cada semana. Es es el único habitante fijo que hay en la isla en este momento.

Si quien pasa a revisar la maquinaria del faro de Sálvora no es farero, ¿no hay espacio en este país para el farero moderno?
Lo de los faros que está pasando en España no es así en todos los lugares del mundo. Hoy hay dos clases de fareros: los que se ocupan de bastantes faros y no viven en uno, y los que todavía viven en uno pero se ocupan de bastantes faros. Por ejemplo, la provincia de Tarragona tiene 15 o 20 faros y lo están llevando dos fareros que tienen todavía la suerte de vivir en un faro cada uno. En su faro casi no hay trabajo, todo está informatizado, pero hay torreros en España que siguen viviendo en el faro y su trabajo consiste en supervisar a lo mejor diez o quince.

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