Análisis
Las trampas mediáticas y la hipocresía blanca en el feminicidio de Claudia Tacoronte

La muerte violenta de una mujer se aprovecha para recuperar la vieja premisa de que existe una serie de países incivilizados a los que no deberían ir las mujeres euroblancas, dando por hecho que en sus propios países europeos están a salvo. Nada más lejos de la realidad.
Marcha Morelos Claudia Tacoronte 1
Marcha en Cuautla, en el Estado de Morelos. Fotografía: desinformemonos.org

Este texto está escrito en tres epígrafes. La división se debe más a mi necesidad de poner en orden un totum revolutum que se agolpa en mi cabeza y resuena por todo mi cuerpo que a algún tipo de jerarquía en las reflexiones. En mi diálogo interno y en las conversaciones con mis compañeras feministas mexicanas, todo sale a borbotones: sale de la rabia, del dolor, de la constatación de que una mujer más ha sido víctima de feminicidio en México.

Pero, para los grandes medios de comunicación, esas enormes cajas de resonancia de los mensajes más patriarcales, el problema no es la estructuralidad de la violencia contra las mujeres, sino la incapacidad de México (así, en abstracto) de contener la violencia (así, en general). Y, como no podría ser de otro modo, se aprovecha la muerte violenta de una mujer para reactualizar la vieja premisa de los países bárbaros incivilizados a los que no deberían ir las mujeres euroblancas, dando por hecho que en sus propios países europeos están a salvo. Nada más lejos de la realidad.

Uno: invisibilizar el movimiento

Es probable que, si pregunto a un español o española promedio que opina, discute o insulta en redes sociales, o que comenta al final de los artículos periodísticos (como es probable que alguien haga debajo de este mismo texto) a quién se le atribuye la frase que durante años significó la lucha por la vida de las mujeres Ni una mujer menos, ni una muerta más, nadie sepa qué responderme. A lo sumo, alguna más versada en feminismo me diga que es una consigna argentina y que está ligada al movimiento Ni Una Menos, que surgió en 2015 como respuesta al asesinato de la adolescente Chiara Páez, de 15 años y embarazada cuando su pareja le quitó la vida.

Sin embargo, esa frase fue escrita en 1995 por la poeta Susana Chávez en Ciudad Juárez, el entonces epicentro nacional de la desaparición de mujeres y esto no es baladí. En aquellos años, la industria de la maquila comenzaba a cobrarse sus primeras víctimas, pero las mujeres ya estaban organizadas. Los años 90, dice la investigadora y acompañante de familiares de víctimas de feminicidio Emanuela Borzacchiello, fueron los de las mujeres marchando por las calles con carteles colgados al cuello en los que aparecen fotos de sus hijas, amigas y madres víctimas de feminicidio. Esta forma de llevar al espacio público a las mujeres víctimas de feminicidio es una forma de cuidar la vida, al tiempo que es un posicionamiento político: el asesinato de mujeres no es una cosa íntima ni doméstica, es un tema estructural que atañe a la vida pública.

A pesar de que los medios pongan el foco en la violencia y no en la respuesta feminista organizada a la violencia, las mujeres y disidencias mexicanas llevamos por lo menos 40 años organizadas 

A pesar de que el tratamiento mediático del feminicidio de Claudia Tacoronte ponga el foco en la violencia y no en la respuesta feminista organizada a la violencia, las mujeres y disidencias mexicanas llevamos por lo menos 40 años organizadas para defender nuestras vidas. No somos las víctimas sin agencia que artículos simplones retratan, no somos las mujeres que tienen que ser salvadas por la Europa supuestamente respetuosa de los derechos y la vida de las mujeres. Sí, México es un país peligroso para las mujeres, pero como lo es cualquier país que tenga las raíces del patriarcado entrelazadas con las del colonialismo y el capitalismo. ¿Hay alguno que no las tenga?

El feminicidio de Claudia Tacoronte no nos pilla de sorpresa y tampoco nos encuentra desorganizadas. Muestra de ello son las protestas y manifestaciones que han tenido lugar en estos días en el estado de Morelos, pero que se enmarcan en una movilización más amplia y de largo aliento por parte del estudiantado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) como protesta a los feminicidios de las estudiantes Aylin Rodríguez, Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Fuentes. En marzo de este año, el campus Chamilpa fue tomado por las estudiantes durante más de 40 días.

No podemos invisibilizar que las mujeres y disidencias organizadas en México llevamos toda una vida creando e intercambiando herramientas de lucha, estrategias de resistencia, autodefensa y prevención; desplegando una imaginación política ilimitada para frenar una práctica de muerte que también por momentos parece no tener límites: el asesinato de mujeres por el solo hecho de serlo. Desde la creación de Nuestras hijas de regreso a casa, en 2001, organización que para muchas es un hito fundacional, hasta el movimiento conocido como la Revolución del Glitter, en 2019. Llevamos décadas empujando desde las calles y las organizaciones para que nuestras demandas lleguen a los órganos de toma de decisiones, es bastante más de lo que han conseguido en muchos países del norte global, pero claro, su racismo no les permite reconocerlo.

Dos: feminicidio

Uno de esos logros fue la tipificación e incorporación como delito en el Código Penal Federal del feminicidio. Se define como “la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal en la comunidad por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes por acción u omisión”. En la propuesta de ley presentada al Congreso mexicano se especifica que a aquella persona que cometa este delito se le impondrá una pena de 20 a 40 años además de las penas correspondientes por los delitos cometidos, ya sea homicidio, desaparición forzada, secuestro, mutilación, lesiones graves, trata de personas, tortura, abuso sexual, prostitución forzada, violación, esterilización forzada y discriminación por orígenes étnicos, raciales, preferencias sexuales o estado de gravidez.

Lo transformador de tipificar el feminicidio no es la pena que se imponga (no creo que la cárcel redima ni que la pena repare el daño), sino la profunda carga simbólica y de cambio de mentalidad que conlleva sancionar un delito de violencia contra las mujeres

Lo transformador de esta tipificación, a mi modo de ver, no es la pena que se imponga (no creo que la cárcel redima ni que la pena repare el daño), sino la profunda carga simbólica y de cambio de mentalidad que conlleva sancionar un delito de violencia contra las mujeres. En países donde la impunidad impera y la misoginia es ley, es radicalmente transformador que el delito incluya al Estado como perpetrador de un crimen, ya sea por acción u omisión.

España no tiene el feminicidio tipificado en el Código Penal y, aun sabiendo que se ha revestido el debate como un campo de disputa entre las tendencias político-criminales que apuestan por una deflación de los bienes jurídicos actualmente tutelados por el legislador penal y las pretensiones de mayor intervención punitiva, lo cierto es que, en la práctica, el Estado español no plantea respuestas antipunitivistas que acaben con la impunidad.

De hecho, tenemos en el gobierno de varias comunidades autónomas a un partido político que expresa sin pudor que el Pacto de Estado contra la vViolencia de Género atenta contra la igualdad ante la ley de todos los españoles y acaba con el principio de presunción de inocencia. Esto se llama negacionismo de la violencia de género, a la que por cierto siguen llamando “violencia doméstica”, como si la violencia sistemática en contra de las mujeres fuera un asunto menor, íntimo, de puertas para adentro. En lo que va del año, 37 mujeres han sido asesinadas en España, pero parece que eso no causa el mismo revuelo, ni la misma indignación que el asesinato de una mujer en México. ¿Por qué?

Tres: salvar a las mujeres blancas de la barbarie del tercer mundo

La Universidad de Granada dice que no conocía la situación de violencia contra las mujeres en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y no ha tardado en cancelar intercambios académicos con Morelos; la Universidad de Córdoba ofrece a sus estudiantes la oportunidad de volver antes de México debido al asesinato (nadie dice feminicidio); la Universidad de Sevilla “reforzará” la seguridad de sus estudiantes en México.

Con más de un millar acuerdos de colaboración entre universidades y centros de educación superior, México es uno de los destinos más solicitados por el alumnado español, sin embargo los medios españoles dejan caer, en respuesta al enardecimiento popular, que los intercambios académicos están en riesgo de cancelación. Esto es claramente un bluf. Es la típica amenaza de quien no ha terminado de entender que ya no tiene el poder de tutelarnos. No hay madre patria, no hay patrón en la hacienda. Los intereses económicos implicados en esos acuerdos de colaboración entre universidades son infinitamente más importantes que responder a las masas indignadas porque han matado a una de las suyas en el país de los otros.

Pero aquí a nadie le importa de verdad la vida de las mujeres. Les importa señalarnos, enarbolar la bandera de la defensa de la civilización frente a la barbarie, pero a mi me gustaría recordar que en el corazón de la civilización occidental, en pleno Renacimiento, ocurrió un genocidio político y sexual contra las mujeres para imponer el control del Estado y el capitalismo y que se denominó “caza de brujas” para revestirlo con un cariz religioso que a ojos de esa misma civilización le otorgaba legitimidad. No hay sitio para entrar en los abusos del Tribunal del Santo Oficio en lo que hoy es Europa, pero como historiadora, no podía dejar de hacer una mención a las raíces históricas de la violencia europea.

Habría que recordar que la estudiante mexicana María Fernanda Sánchez Castañeda desapareció en Berlín y su cuerpo se encontró flotando en las aguas del canal de Teltow de la ciudad alemana

¿Que las y los españoles tienen claro que no hay que visitar México porque es un país muy peligroso? Vale, pero habría que preguntarles entonces, si saben que Cancún es México, porque quizás creen que es una isla flotando en el Caribe, cuando resulta ser parte de la península de Yucatán. ¿Que hay “países” a los que no hay que mandar a las mujeres a estudiar? Vale, pero entonces, habría que recordar que la estudiante mexicana María Fernanda Sánchez Castañeda desapareció en Berlín y su cuerpo se encontró flotando en las aguas del canal de Teltow de la ciudad alemana. Lo que sucede es que hay una doble moral que responde a vuestro profundo racismo: Alemanía sí, pero México, no; pero de facto no pone en el centro la vida de las mujeres, sino una supuesta superioridad en materia de género. Nada más lejos de la realidad.

Para terminar solo quisiera mencionar que nunca había visto una cobertura mediática tan amplia, ni una indignación tan profunda por el feminicidio o transfeminicidio de ninguna mujer en México. Lo que deja patente una jerarquización social y racial en la que hay vidas de primera, vidas que importan, que merecen la indignación popular y vidas sacrificables, que ni tan siquiera alcanzan un mal titular en la prensa roja. El feminicidio de Claudia Tacoronte nos deja rotas, pero no porque sea española, sino porque es una más y nos deja con una menos.

México
“Los buscamos porque los amamos”, gritan las familias buscadoras en la capital mexicana
En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, cientos de familiares, activistas y organizaciones civiles se movilizaron en la capital mexicana.
Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...