“Los buscamos porque los amamos”, gritan las familias buscadoras en la capital mexicana

En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, cientos de familiares, activistas y organizaciones civiles se movilizaron en la capital mexicana.

Las organizaciones de familiares de personas desaparecidas convocaron a doce horas de actividades en la Glorieta de las y los desaparecidos de Ciudad de México, el espacio que las familias buscadoras hicieron propio en 2022 cuando ocuparon esta céntrica rotonda para así visibilizar la crisis de las y los desaparecidos.

Las actividades comenzaron con un acto ecuménico y posteriormente se cubrió toda la rotonda con los carteles con los rostro y nombres de los desaparecidos. En las vallas que rodean la glorieta, fueron pegadas con engrudo 2.500 fichas de búsqueda.

“Este es un espacio público que hemos tomado hace años las familias, un espacio para hacer visible los rostros, los nombres, los lugares y los años de las desapariciones de nuestros seres amados”, cuenta una mujer mayor. “Estamos aquí para hacer una pega de todas las fotos”, añade.

Un grupo de mujeres llevan unos gorritos cumpleañeros. Es la familia de Verónica Rosas, que busca a su hijo Diego secuestrado y desaparecido el 24 de septiembre de 2015. “Dieguito ayer cumpliría 17 años y queremos celebrar su vida”, dice Verónica. “Nosotras apostamos por la memoria, la vida y la esperanza. Mientras no tengamos respuesta de lo contrario, para nosotros está vivo”.

Yonicia busca a su hijo Guillermo David Domingo Delcastro, desaparecido el dos de septiembre de 2017 en Ecatepec, en el Estado de México. ”Lo último que supimos es que estaba en la base de taxis donde trabajaba, salió a las nueve de la noche hacia casa y ya no supimos nada”. Yonicia cuenta con orgullo que esta hoy en la marcha “para hacer memoria y decirle a la sociedad que me hace falta mi hijo y que no normalicen la desaparición. Mi hijo era un hombre trabajador, de familia y siempre solidario con todo el mundo. Él no tenía nada de que temer ni de que avergonzarse y hoy le pido a la sociedad y a las autoridades que le busquen y le encuentren”, concluye.

Muchos familiares no han podido llegar hasta la movilización debido a la maratón que ha tenido toda la mañana la ciudad bloqueada y los accesos cortados. No es el caso de Juana Salinas y sus compañeras que vienen de un pequeño pueblo de Oaxaca. Salieron en la madrugada para llegar a la capital a la jornada reivindicativa, tal y como llevan haciéndolo hace años. Ellas buscan a Juan Carlos y Luis Vizarretea Salinas y a los otros diez hombres que desaparecieron hace 16 años en la terminal de autobuses de Matamoros, Tamaulipas, procedentes de Pochutla, Oaxaca. “Estamos aquí porque los amamos y queremos que regresen, son nuestros familiares”, afirma Juana.

Un grupo de la comunidad otomí, originarios de Querétaro y residentes en Ciudad de México pegan carteles porque, según dicen, “la lucha es de todas y todos y la gente ha de saber lo que pasa en México”. Una señora insiste en que “la gente sea empática con las madres y padres buscadores. No necesitamos tener un desaparecido para estar aquí: su lucha y su dolor es nuestro. Como pueblos originarios, hemos venido a abrazarlas”. Igual que ellas otras vecinas y activistas pegan carteles o bordan pañuelos con los nombres de las personas desaparecidas.

A las dos del mediodía se inicia la marcha, que tuvo que retrasarse a causa del maratón. Decenas de familiares caminan bajo un sol de justicia con el Ajolote buscador al frente. La marcha discurre desde el Ángel de la Independencia por Paseo de la Reforma hacia el Centro Histórico de la Ciudad de México. Con consignas como “México campeón en desaparición”, “¿Dónde están, ¿dónde están? ¿Nuestros hijos dónde están?” y “¿Por qué los buscamos? Porque los amamos”, los colectivos de búsqueda denuncian negligencias en sus casos y exigen el reconocimiento de la desaparición forzada.

La marcha finalizó en el Hemiciclo a Benito Juárez, de la capital mexicana, donde bajo una leve lluvia los familiares tomaron la palabra. Una mujer tomó el micro: “Le pido a la sociedad que cuando vean una ficha, no la quiten, no la desprendan, porque nos cuesta. Familias perdemos trabajos, perdemos vidas, perdemos identidad por estar buscando a nuestros seres queridos”. Otra denunció la desaparición de su hijo, Luis Enrique Hernández Alavarado, el pasado 5 de agosto. “Por eso estoy aquí, lo estoy buscando”, dijo tímidamente, a lo que el resto de las manifestantes le coreó, "no estás sola”. También se recordó a las personas trans desparecidas y otra mujer reivindicó a los soldados desaparecidos. Asimismo se alertó sobre el hostigamiento, las agresiones y amenazas que enfrentan muchas madres buscadoras.

Con más de 132.000 personas desaparecidas y no localizadas registradas oficialmente, México enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes. A ello se suman decenas de miles de cuerpos sin identificar en servicios forenses, lo que deja pone en evidencia los enormes fallos y carencias en el sistema en los procesos de búsqueda e identificación. Según el informe de Amnistía Internacional México, presentado con motivo del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, se calculan 132.844 personas desaparecidas y no localizadas, más de 72.000 cuerpos sin identificar en las morgues y, desde 2010, al menos 45 personas buscadoras asesinadas o desaparecidas. Pese a que México cuenta con una legislación que contempla la creación de instituciones para prevenir las desapariciones, buscar a las víctimas e investigar los casos, Amnistía Internacional asegura en su informe que el Estado mexicano no está ofreciendo resultados.

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