Extremadura
La Extremadura que también sucede: protesta social a las puertas del Teatro de Mérida
Extremadura conmemora su día inmersa en una profunda encrucijada territorial y social. Frente a los discursos institucionales que celebran la identidad de la región cada 8 de septiembre, un tejido ciudadano cada vez más organizado advierte de un modelo económico que amenaza el futuro de sus comarcas. La proliferación de macroproyectos de extracción energética, sumada a los recortes en servicios públicos elementales aplicados por el Ejecutivo autonómico, ha cristalizado en un malestar que este año ha desbordado los márgenes habituales de la protesta.
Este clima de tensión ambiental y social marcó los actos previos del Día de Extremadura celebrados este lunes. La tradicional entrega de las Medallas de la región, celebrada en el Teatro Romano de Mérida, se convirtió en el escenario de este choque de realidades. Convocadas por la plataforma Colectivos en Lucha, cientos de personas evidenciaron el pulso que los movimientos sociales mantienen contra las políticas de la coalición de PP y Vox. Fue un acto de fuerza que llevó a buena parte de las autoridades a acceder al recinto histórico por una entrada secundaria, evitando así el encuentro directo con una población que exige frenar el deterioro de sus condiciones de vida.
La jornada dejó una escena inédita por su magnitud. Mientras el vecindario de los distintos pueblos afectados por los macroproyectos sostenía la protesta a las puertas del teatro, una segunda marcha, integrada por diversos colectivos en defensa de la sanidad, la educación y la vivienda, arrancaba su recorrido desde otro punto de la capital extremeña para confluir en el mismo espacio.
Hacía tiempo que no veía tanta gente manifestándose a las puertas del Teatro Romano de Mérida. Esto también sucede en Extremadura, señora Guardiola. pic.twitter.com/PvGC5TAkd9
— Francis Reina (@francisrc93) September 8, 2026
El encuentro entre ambas columnas resultó especialmente emotivo: las personas asistentes se recibieron con largos aplausos mutuos en una clara muestra de solidaridad entre las distintas luchas que atraviesan la región. La suma de ambos bloques unificó las reivindicaciones y elevó el número de asistentes muy por encima de los registros de años anteriores, consolidando un frente común ante la administración.
El espejismo del biometano y los fondos de inversión
Gran parte de la indignación ciudadana que ha desembocado en Mérida tiene su origen en la proliferación de macroplantas de biogás. Durante los últimos años, localidades como Oliva de Plasencia han mantenido un pulso constante frente a la administración. En este pequeño municipio cacereño, el vecindario llegó a acumular cien semanas consecutivas de protestas contra una instalación de tratamiento de alperujo, un proyecto que la Junta de Extremadura eximió recientemente de la evaluación de impacto ambiental ordinaria.
La resistencia rural ha puesto al descubierto el entramado empresarial que sostiene estas infraestructuras. Aunque los proyectos se presentan bajo sociedades con nombres locales —como Desarrollos Bioenergéticos de Extremadura Alagón o Biored Vegas Altas—, el capital que las respalda proviene de grandes aseguradoras como MAPFRE o fondos internacionales como Goldman Sachs, BlackRock e InfraVia Capital Partners. Estas mercantiles, a menudo constituidas con un exiguo capital de 3.000 euros, prometen un desarrollo económico que choca con la realidad del sector: debido a su alto grado de automatización, apenas generan una media de tres puestos de trabajo fijo por instalación.
Frente a esta promesa vacía de empleo, los municipios deben asumir los impactos directos: aumento del tráfico pesado, olores, consumo masivo de agua y el riesgo de contaminación de los acuíferos. Esta asimetría ha provocado que conflictos originariamente locales en Casas del Monte, Miajadas, La Coronada o Granja de Torrehermosa hayan tejido una red de solidaridad regional sin precedentes.
Frenar el expolio del territorio
Además de las plantas de biometano, las organizaciones apuntan hacia los proyectos mineros, los centros de datos y las plantas de hidrógeno como responsables de esquilmar las reservas hídricas de la región. A esto suman la reciente prórroga de la central nuclear de Almaraz y las macroplantas fotovoltaicas, infraestructuras que definen como piezas clave del “colonialismo energético” ejercido por corporaciones como Iberdrola, Endesa y Naturgy en una comunidad que ya exporta el 80% de la energía que produce. Como alternativa, la plataforma defiende el autoconsumo fotovoltaico y el aprovechamiento del biogás a pequeña escala.
Las demandas de la jornada no se limitaron al ecologismo. Quienes asistieron exigieron un aumento de la financiación y de la plantilla para la sanidad, la educación y la dependencia. También reclamaron medidas efectivas para garantizar una vivienda asequible, precios justos para la producción agrícola y un mayor reconocimiento a la ganadería extensiva.
En el ámbito de los derechos humanos y la memoria, Colectivos en Lucha condenó la eliminación de fondos destinados a la Agencia Extremeña de Cooperación y a la Ley de Memoria Histórica y Democrática. Asimismo, denunciaron la negativa del Gobierno encabezado por María Guardiola a abrir edificios públicos para atender a la población migrante, exigiendo “mayor inversión en lo fundamental para la vida en lugar de apoyar la industria de la guerra y el genocidio”, en referencia a la instalación de la fábrica de armamento de Rheinmetall en Navalmoral de la Mata.
En la concentración participó la portavoz de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, quien puso en valor a la ciudadanía que pelea por construir un futuro en su tierra. “Extremadura no puede convertirse en el vertedero de Europa”, advirtió. De Miguel criticó la actitud de las autoridades por sortear a los manifestantes entrando por la puerta de atrás, y calificó al Ejecutivo de “fariseo” por negarse a acoger a menores migrantes procedentes de Ceuta. “Nos avergonzamos profundamente de un gobierno que está poniendo a Extremadura en el mapa no ya solo como una de las zonas más contaminadas, sino también como una tierra poco solidaria, con el corazón frío”, concluyó.
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