Opinión
Burgueses de poco pelo. Tras las huellas de La Internacional en Extremadura (I)

En febrero de 1870 se constituyó la primera sección de La Internacional en Extremadura, apenas un año después de que apareciera la primera sección de Madrid. Iniciamos un conjunto de artículos sobre los pasos de la AIT por tierras extremeñas.
España librecambista. La Flaca, 3/4/1869
España librecambista, La Flaca (Barcelona, 1869), 3/4/1869
12 feb 2026 07:00

Cuando uno ve en qué espectáculo ha devenido la cámara de los representantes del pueblo, sea alta, baja o un sencillo pleno de munícipes electos, no puede evitar poner por escrito el recuerdo que nos dejó Anselmo Lorenzo de su primera intervención pública entre los próceres de la patria, pasado ya el vendaval de La Gloriosa y entrado 1869, puestas las cartas sobre la mesa de los partidos que decían haber hecho la revolución mientras allanaban el camino de una pronta Restauración. 

El llamado Núcleo organizador de La Internacional, impulsada tras la visita de Fanelli y creada la primera sección[1], había decidido participar en diversos foros públicos, donde pudieran dar a conocer sus ideas. La ocasión se les pintó calva cuando vieron por las calles de Madrid un cartel donde se anunciaba una reunión pública a celebrar el domingo siguiente en la Bolsa de Madrid, plaza de La Leña, por la Asociación para la Reforma de Aranceles.

Ni corto ni perezoso, a falta de otro, Anselmo Lorenzo se postuló ante el Núcleo para perorar en tan insigne lugar, donde ya lo hacían oradores de privilegio como Moret, Silvela o Echegaray, sin que le arredrara, como dijo, carecer de instrucción y no haber hablado en público jamás, pero confiado “en la inspiración que la verdad y la justicia han de infundirme”.

Llegado el momento, tras hablar otros oradores antes que él, el presidente pronunció con solemnidad la fórmula “El señor Lorenzo tiene la palabra”, momento en que el conferenciante subió al estrado, más sereno y valiente de lo que él mismo esperaba, y comenzó su disertación.

Como dejó escrito, su presencia causó sensación: “allí donde se tenía costumbre de oír oradores notables, precedidos siempre del prestigio consiguiente a una brillante vida pública, no podía menos de causar extrañeza ver a un joven obrero, de aspecto tímido, vestido con blusa azul, que tenía el atrevimiento de entrar en el cenáculo de los elegidos”.

“Allí donde se tenía costumbre de oír oradores notables, precedidos siempre del prestigio consiguiente a una brillante vida pública, no podía menos de causar extrañeza ver a un joven obrero, de aspecto tímido, vestido con blusa azul, que tenía el atrevimiento de entrar en el cenáculo de los elegidos”.

Su discurso, leído de un escrito ya preparado, versó sobre la cuestión social, achacando al meritorio auditorio su interés por “la producción y el comercio con exclusivismo capitalista sin contar para nada con el trabajador”. “El trabajador”, dijo, “no es para vosotros más que un gasto, como el alquiler o el coste de la fábrica”, para pasar a someter a consideración de la sala el hecho de que “una revolución triunfante ha planteado la democracia y ha establecido una amplísima igualdad política que necesita como ineludible complemento la igualdad económica”.

Por último, recordaba en alta voz que, por primera vez, había sido investido como diputado un obrero catalán, en clara alusión a Pablo Alsina Rius, federalista, obrero textil elegido tras las elecciones constituyentes de enero de 1969, que asistía a las sesiones del Congreso ostentando la honrosa chaqueta de los días festivos, “y esa humilde prenda, hasta hoy rechazada en las reuniones de los privilegiados, tiene tanta majestad como la toga del magistrado, porque el que la usa es el representante del pueblo”.

Finalizada su intervención, Anselmo Lorenzo recibió un caluroso aplauso y fue felicitado efusivamente por Segismundo Moret, quien le invitó a sentarse junto a él y los suyos en la presidencia, honor que el atribulado Anselmo, persona tímida y humilde, no pudo rechazar a pesar de sentirse extraño, con su blusa azul entre trajes de gala y levitas con relojes de leontina de oro. Después descubriría que el afán por sentarlo en el escaño presidencial respondía al interés de aquella gente influyente por organizar una manifestación librecambista obrera que neutralizara el efecto producido por la gran manifestación proteccionista celebrada poco antes en Barcelona[2]. Por último, Anselmo Lorenzo cerró el episodio lamentando que nadie de quienes subieron al estrado tras él contestara a su soflama en defensa del pueblo llano: “cada uno de los oradores que hablaron después se limitó a exponer lo que tenía pensado como si todos llevasen aprendido el discurso de memoria”[3]. Una práctica entre sus señorías que no ha perdido lustre a pesar del paso del tiempo.

Poco después, convencidos de que era necesario crear un periódico que llevara a todas las provincias las ideas y hechos de La Internacional, Anselmo Lorenzo y sus compañeros fundaron La Solidaridad, Órgano de la asociación internacional de los trabajadores de la Sección de Madrid, bajo el lema NO MÁS DERECHOS SIN DEBERES, NO MÁS DEBERES SIN DERECHOS.

La Solidaridad
La Solidaridad, periódico AIT

Aquel semanario de cuatro hojas, que salía los sábados y que Lorenzo consideró el primer periódico de la AIT en España, recorrió parejo a La Nueva Idea los caminos del obrerismo. En su número 4, de 5 de febrero de 1870, llamaba a todos los trabajadores de las provincias a constituir secciones de La Internacional, dando precisas instrucciones para ello, que pasaban por reunirse todas las noches a leer los periódicos El Obrero, La Federación y La Solidaridad, destacando el auge de afiliación que la Asociación estaba experimentando en los últimos meses. El Obrero, órgano de todos los que ganan el pan con el sudor de su rostro, de Palma de Mallorca (Baleares) y La Federación, órgano del centro federal de las sociedades obreras, Barcelona, eran anteriores a La Solidaridad y se declaraban republicanos federalistas, si bien después -El Obrero a partir de marzo de 1870 y La Federación a partir de julio de 1870- hacen figurar en su mancheta la pertenencia como órgano de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

El ejemplo cundió pronto en tierras extremeñas.  El 26 de febrero de 1870, La Solidaridad anunciaba en la tercera página de su número 7 la creación de la primera sección de La Internacional de la que tengamos constancia en Extremadura, formada por tres labradores (Felipe Boticario, Pascual Fernández, Narciso Vega), un jornalero (Cándido Ramos), un barbero (Julián de Sander), un albañil (José Hernández), un herrador (Francisco Suárez), un zapatero (Plácido Bertol) y un comerciante (Celestino Hortigón), nueve vecinos de Cañaveral, un pequeño pueblo de la provincia de Cáceres, al norte del Tajo, que por entonces contaba con una población de apenas 1.800 personas, de las que solo medio millar sabían leer y escribir, según el censo de 1877. En el mismo breve se anunciaba la pronta constitución de otras secciones internacionales en los pueblos circunvecinos.

Al mismo tiempo que constituían esta sección, prácticamente los mismos vecinos organizaban el comité republicano federalista de Cañaveral, tal y como se publica en el periódico La Discusión, diario democrático, del 27 de febrero de 1870, página 2, señal de que apenas existía diferencias entre federalistas e internacionalistas, sobre todo en un tiempo previo al advenimiento de la República en el que estos últimos creían que esta era sinónimo de reforma agraria e igualdad económica[4].

Sus nombres y apellidos, el de sus compañeras y el de quienes les siguieron, junto a las acciones que llevaron a cabo para mejorar el mundo que les tocó vivir, germen de los derechos laborales y civiles que disfrutamos hoy día, han quedado sepultados por el pragmatismo capitalista de la historia: para el callejero solo cuenta, solo renta, el nombre de los próceres burgueses o nobiliarios que participaron en las componendas del gobierno de turno y miraron más por el beneficio de su propia clase que por el de la ciudadanía en general[5].

Sus nombres y apellidos, el de sus compañeras y el de quienes les siguieron (...) han quedado sepultados por el pragmatismo capitalista de la historia: para el callejero solo cuenta, solo renta, el nombre de los próceres burgueses

Burgueses de poco pelo: el Círculo de Artesanos de Cáceres

Para llegar a este momento inaugural de 1870 en el que la Asociación Internacional de Trabajadores echa a andar en Extremadura hay que volver la vista unos años atrás. Desde 1839 se puede datar la existencia en territorio extremeño de sociedades de socorros mutuos de carácter benéfico asistencial, si bien estas carecían de la organización adecuada, entre otras cosas, como dejó escrito el profesor Fernando Sánchez Marroyo, “por la carencia de unos planteamientos ideológicos precisos”[6].

Esos planteamientos ideológicos y organizativos, en los que confluyen las ideas del federalismo, el internacionalismo y el anarquismo, por este orden, nacerán en determinados espacios, inspirados y ocupados por quienes abogaban por un mismo fin mediante la puesta en marcha de distintos medios para lograrlo. Uno de esos espacios fue el Círculo de Artesanos de Cáceres.

Después de una larga sequía que había agostado los campos extremeños, noviembre de 1862 vino con lluvias, aunque no las suficientes como para hacer crecer los pastos que pudieran alimentar al ganado. Extremadura miraba hacia el ferrocarril que, aunque tarde, comenzaba a trazar sus caminos de hierro por la península. El 9 de noviembre, meses antes de que el primer tren llegase a esta región, se inauguró el Círculo de Artesanos de Cáceres[7], denominado también por la prensa del momento como liceo, casino o círculo lírico. A su inauguración, con sede en las habitaciones bajas del local que había ocupado el Gobierno Civil de la provincia, en la plaza de Cáceres, acudieron todas las autoridades y otras personas reconocidas.

Anselmo Lorenzo nos dejó en El proletariado militante un retrato de lo que fueron estos espacios, con especial referencia al Fomento de las Artes de Madrid, fundado en 1850, de donde surgió el primer Núcleo organizador de la Internacional en España, que después se reuniría en la calle de La Yedra. Lorenzo, con su peculiar gracejo, nos dijo que estos círculos estaban integrados por liberales ilustrados de la categoría deburgués de poco pelo y trabajadores capaces de sustraerse a la sugestiva y predominante influencia de la taberna.  Hennessy, en su más que vigente La República Federal en España, lo calificó del aspecto más instructivo de la primitiva actividad demócrata, en cuyas escuelas nocturnas se establecía contacto entre los obreros y los intelectuales radicales[8].

El de Cáceres no era distinto al de Madrid. Entre sus objetivos perseguía la instrucción y el recreo de las clases trabajadoras, con el fin de mejorar la condición social. Su primer presidente fue Lucas García Arnedo, impresor, socio de la Imprenta de Muñoz Bello y Hermanos, de donde había salido en noviembre de 1861 el diario El Eco de Extremadura, que apoyó y dio publicidad desde el primer momento a las actividades del Círculo.

El Círculo-liceo de Artesanos de Cáceres contaba con una biblioteca, con fondos donados por intelectuales tanto extremeños como de fuera de la región, con libros de Historia, Geografía, Economía, Comercio, Agricultura, Religión, Mitología clásica, Pedagogía, Minerología, Meteorología, etc. Entre estos fondos se encontraban volúmenes como La cuestión social, de Sixto Cámara, que había fundado en 1850, con el federalista Fernando Garrido, la sociedad secreta Los Hijos del Pueblo. En La cuestión social Cámara refuta la obra de Luis Adolphe Thiers (más tarde verdugo de La Commune de París) De la propiedad y reivindica los fundamentos que ya adelantara Pierre Joseph Proudhom en sus escritos.

Como vocal encargado de esta biblioteca, denominada Sección de Lecturas y Cátedras, constaba Juan Guillén y Barroeta, otro reconocido republicano federal, fundador después, en 1870, del diario El Faro de Cáceres, nombre que cambiaría el mismo año, siguiendo la estela societaria, a El Faro del Pueblo.

El Faro del pueblo
El Faro del Pueblo

Los asiduos al Círculo no solo leían en su salón periódicos y libros, comentando las noticias más relevantes. También se ejercía la instrucción escolar dirigida a las clases menesterosas. En mayo de 1863 el Círculo abre una escuela para adultos con clases nocturnas diarias y matutinas en domingos, a cargo de los profesores Alejo Leal, Andrés Berraquero, Benigno Díaz, José Fernández Ciudad, Lesmes Cortés, Lope García Crehuet, Vicente Amores y Barco, José González y Cárdenas y José Rodríguez Marcelo (estos dos últimos auxiliares)[9]. Los obreros, entre quienes abundaba el analfabetismo, acudían por la noche para adquirir la primera instrucción que les permitiera leer y escribir. Recibían clases de matemáticas, física y química aplicadas a las artes, dibujo lineal, higiene pública y doméstica, economía, legislación relativa al comercio y la industria “y otras muchas materias indispensables a los adelantos de la época”. Llegó incluso a tener una compañía dramática y un coro. De ahí su denominación como Círculo lírico. En el germen del asociacionismo obrero están estos coros que unían, en una sola voz, los anhelos y lamentos de los olvidados[10].

También, entre las labores del Círculo, estaba la de hacer cuestaciones públicas entre la sociedad cacereña con objetivo de socorrer a las familias de obreros que hubieran sufrido alguna desgracia, sobre todo cuando estas eran de carácter colectivo, como inundaciones por riadas u otros desastres. En esta labor de socorro mutuo se unían, de modo solidario, a otros círculos y organizaciones de similares características del resto del país.

También, entre las labores del Círculo, estaba la de hacer cuestaciones públicas entre la sociedad cacereña con objetivo de socorrer a las familias de obreros que hubieran sufrido alguna desgracia

El espíritu republicano y federal del Círculo de Artesanos de Cáceres no solo quedó patente en el pelaje ideológico de sus fundadores. El encargado de la biblioteca, Juan Guillén Barroeta, sería después el presidente del Círculo Republicano de Cáceres, de carácter fuertemente federalista, fundado el 22 de mayo de 1869[11]. Dicho federalismo se reflejó en el informe redactado por el Fomento de las Artes de Madrid con ocasión de su reunión general celebrada el 31 de diciembre de 1864. En el periódico El Obrero[12], la Junta Directiva del Fomento informa:

“… hemos procurado establecer relaciones con las Sociedades de provincias hermanas por su espíritu a El Fomento de las Artes, debiendo anunciaros que tenemos la satisfacción de hallarnos en buena armonía e inteligencia con La Filantrópica Artística, de Valladolid; El Porvenir, de Zaragoza; El Círculo de Artesanos, de Alicante; El Círculo de Artesanos, de Cáceres y El Casino Artístico, de Albacete. Hemos, asimismo, hecho gestiones a fin de procurar el establecimiento de sociedades de obreros en las capitales donde aún no existen…, a fin de procurar que llegue un día en que el obrero, a cualquier parte donde la suerte le conduzca, pueda continuar sus estudios y encuentre siempre una Sociedad amiga que le reciba en su seno y nuevos hermanos que le tiendan sus brazos”.

La condición de gente relacionada con la imprenta y la prensa, como fue el caso de los fundadores del Círculo de Artesanos de Cáceres, coincide con la de quienes apenas unos años más tarde contribuirán al impulso de las más atrevidas corrientes ideológicas que se dieron en España en el movimiento obrero y campesino entre la Primera y la Segunda República, ambas inclusive, la de Anselmo Lorenzo Asperilla, con el anarquismo, y la de Pablo Iglesias Posse, con el socialismo. Ambos eran tipógrafos. Ambos llevaban aquella blusa azul propia del oficio que tanto destacaba entre el “buen vestir” de la clase política española del momento.

Próximo artículo: El populacho en acción.

[1] La primera sección de Madrid de la AIT echó a andar en una reunión mantenida entre 21 obreros en el Círculo Republicano Antón Martín, en la calle de la Yedra de Madrid, el 24 de enero de 1869.

[2] Julián Vadillo nos recuerda que es un lugar común “establecer que los progresistas eran librecambistas y que los moderados eran proteccionistas”. En ambos grupos, dice Vadillo, “hubo defensores de ambas posiciones, si bien es cierto que, en los momentos de gobierno progresista, las medidas librecambistas fueron las más extendidas”. Julián Vadillo, La rebelión cantonal en la historia de España. La democracia de abajo a arriba, Editorial Almuzara, Córdoba, octubre de 2025, p. 49.

[3] Anselmo Lorenzo, El proletariado militante. Memorias de un internacional, Confederación Sindical Solidaridad Obrera, Madrid, 2013, Capítulo 6, Primera reunión de La Bolsa, 275-78.

[4] Julián Vadillo, obra citada, p. 57. Vadillo también nos recuerda que es necesario romper con un lugar común que considera el internacionalismo un bloque monolítico. Las filas de este último estuvieron inicialmente nutridas por defensores de un concepto “polisémico” de la república (181).

[5] No existen muchos estudios sobre los primeros momentos de La Internacional en Extremadura. La mayoría pertenecen a historiadores e historiadoras que dedicaron su tiempo y esfuerzo a bucear en los albores del Movimiento Obrero en estos lares, entre quienes cabe destacar a Fernando Sánchez Marroyo, María Jesús Merinero Martín, Juan García Pérez, Antonio Rodríguez de las Heras, Fernando Ayala Vicente, Ángel Olmedo Alonso, José María Lama y otros u otras a quienes debemos la fundamentación de este artículo, especialmente dedicado a la profesora María Jesús Merinero Martín, quien nos despertó el amor por la Historia siendo ella profesora de esta materia en la UEX y nosotros estudiantes de Filología. In memorian.

[6]Fernando Sánchez Marroyo, Aproximación a la historia del movimiento obrero y campesino de Extremadura (1868-1936). Un intento de síntesis, Revista Alcántara, Nº1, 1984.

[7]La Correspondencia de España, 16-11-1862, p. 1, da noticia de la fecha de su inauguración. Previamente habían aparecido en el Eco de Extremadura diversos anuncios de su puesta en marcha, impulsores y objetivos perseguidos, referencias que podemos encontrar en El Reino, Diario de la Tarde, ediciones de 28-10-1862, p. 4 y 18-11-1862, p.4.

[8] C.A.M. Hennessy, La República Federal en España. Pi y Margall y el movimiento republicano federal, 1868-1874, traducción del inglés por Luis Escolar Bareño, Los libros de la catarata, Madrid, 2010, p. 29.

[9]Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, Nº 59, 16-05-1863, p. 3-4.

[10] Cabe recordar el papel de los orfeones obreros y los coros de Anselmo Clavé, estudiados por Clara E. Lida en “Educación anarquista en la España del ochocientos”, revista de Occidente, Nº 97, abril de 1971, pp. 33-47.

[11] Aparte de Juan Guillén, integraban la directiva de este recién creado Círculo Republicano otros implicados en la fundación del Círculo de Artesanos, como Lucas García Arnedo (vocal). Noticia y relación completa en La Igualdad, 26-05-1869, p. 4

[12]El Obrero, periódico semanal de intereses morales y materiales, ciencias y artes y oficios. Destinado a defender los intereses de la clase obrera. Nº 21, 22-01-1865, p.2. Hemeroteca Digital de Barcelona. Referencia también dada por Anselmo Lorenzo en EL proletariado militante.

Cargando valoraciones...
Comentar
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.
Cargando...
Cargando...
Comentarios

Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.

Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!

Cargando comentarios...