Opinión
Desde Batalyaws: memoria frente a la nostalgia ultra
Hoy recordaba escuchando Carne Cruda que, en el contexto de las elecciones andaluzas de diciembre de 2018, cuando VOX irrumpió con fuerza en el Parlamento andaluz logrando 12 escaños, me encontraba en Utrecht gracias al programa Erasmus Plus, cursando mi segundo año de máster como estudiante de la Universidad de Granada.
Recuerdo analizar los mítines de este partido, horrorizada, para un ensayo de la asignatura “Transiciones Poscoloniales en Europa”, intentando comprender la expansión de su discurso. No me parecía casual que efemérides como el 2 de enero, día de 1492 en el cual el sultán Boabdil entregó las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos, fueran las elegidas por dicho partido para el enaltecimiento del odio al migrante. Mientras me nutría de las teorías decoloniales, me llegaban los ecos de la actualidad andaluza en la distancia.
Es como me di cuenta de que la dimensión poscolonial de VOX se basa en varios elementos: el uso del pasado colonial como momento glorioso, la construcción de una identidad nacional basada en la blanquitud y el cristianismo, y la apelación constante a 1492 como mito fundacional. Desde la “melancolía poscolonial”, el mensaje viene a decir que, para la recuperación de la grandeza, es necesario mirar a ese pasado; o, mejor dicho, a la interpretación, supeditada a los intereses del presente poscolonial, que se hace del mismo. La justificación del racismo y de sus políticas antiinmigración se posibilita mediante una representación imaginada e intencionada de la Historia, creando un enemigo —el “otro” inmigrante, MENA, moro— que puede ser nuevamente derrotado y nuestra nación reconquistada.
...la dimensión poscolonial de VOX se basa en varios elementos: el uso del pasado colonial como momento glorioso, la construcción de una identidad nacional basada en la blanquitud y el cristianismo, y la apelación constante a 1492 como mito fundacional
Desde 2018 hasta hoy, este relato no ha hecho más que crecer y yo, como extremeña, he contemplado con hastío cómo VOX ha irrumpido también en la Asamblea de Extremadura e incluso ha llegado a su gobierno en unión con el PP. Y, de nuevo, no me parece baladí que, en 2026, la camarilla de Guardiola asistiera al pregón del Carnaval pacense disfrazada de conquistadores y, poco después, se inaugurara en el socuello de la Alcazaba de Badajoz una estatua del rey cristiano Alfonso IX, mientras en las mesas de negociación del acuerdo de investidura el partido ultra lograba cristalizar eso que han llamado la “prioridad nacional”.
Estos son los mecanismos que utilizan los partidos de extrema derecha: la superioridad imaginada se refuerza en los países occidentales —especialmente aquellos con pasado colonial— mediante la construcción de un orgullo basado en dicho pasado. El de España es, de todas formas, un caso paradigmático. Edward Said, en Orientalismo (1978), reconoció que las relaciones entre España y el islam eran especialmente complejas, ya que el islam había formado parte de la cultura española durante mucho tiempo y no era un poder externo distante. La posición de España es única: orientaliza y coloniza mientras es, a la vez, orientalizada, generando una situación ambivalente.
En los huecos de estas ambivalencias, VOX libra su batalla. En un mitin en Covadonga, su líder, Santiago Abascal, afirmó: “Venimos aquí a defender nuestra identidad...”. Covadonga es un lugar emblemático para el fascismo español, asociado a la primera victoria cristiana frente a Al-Ándalus (722), considerada para éstos el inicio de la “Reconquista”. Es ampliamente reconocido que antes de los siete siglos de Al-Ándalus en la península ibérica España no existía como nación y que esta noción historiográfica está cargada de ideología, aunque como término, creado en el siglo XIX, viniera a legitimar la colonización de Al-Ándalus por los reinos cristianos.
El lema implícito de la presencia de VOX en Covadonga es el hoy trumpista “make Spain great again”. Su éxito radica en concebir la identidad nacional como inmutable y en peligro: esencial, blanca y cristiana. VOX exalta especialmente 1492 como símbolo de grandeza y lo convierte en referencia central para justificar políticas y discursos islamófobos, porque para ellos la inmigración y, ante todo, el islam, son las grandes amenazas de la identidad nacional. Con esa islamofobia con la que han deshumanizado a los menores migrantes no acompañados mediante el uso despiadado del acrónimo para apuntar a estas infancias como potenciales enemigas de la patria. Coherentemente, en sus discursos Abascal también afirma que: “España es Europa... porque salvamos al continente del avance islámico durante siete siglos”, conectando con la necesidad actual de proteger fronteras y expulsar inmigrantes según sus postulados ultras.
Es llamativo, sin embargo, que el partido sostiene que “España no tuvo colonias, sino provincias de ultramar”, y afirma que el Imperio Español fue igualitario. Me pregunto si es por eso que Guardiola puede presumir en su investidura de la futura creación del Instituto del Mestizaje y de Extremestiza mientras promete la expulsión de los MENAS. Viniendo de quién viene, solo espero que no signifique volver al sistema de castas del Virreinato.
Me pregunto si es por eso que Guardiola puede presumir en su investidura de la futura creación del Instituto del Mestizaje y de Extremestiza mientras promete la expulsión de los MENAS
Quizá el problema también radique en que, mucho antes de ver nacer a este partido fascista, quienes estudiábamos Historia ya en democracia aprendíamos, de forma aparentemente neutral, este relato de manera acrítica. 1492 era enseñado en las aulas como el año en que conquistamos América y expulsamos a los moriscos y judíos de la península ibérica. Nosotros, los cristianos; ellos, los otros: los moros, los judíos.
No sé cuánto y hasta dónde avanzará esta tramposa retórica, ni qué Extremadura construiremos en los próximos ocho años. Tampoco sé si lograremos frenar los discursos de odio que, tras tanta repetición, permitimos y normalizamos.
Sí sé que quiero mirar al pasado orgullosa de la diversidad y riqueza cultural de esta tierra, ocupada por numerosas civilizaciones hasta que —hace relativamente poco— inventamos los Estados-nación y comenzamos a tener pasaportes, NIE y leyes de extranjería. Convivo con personas con distintas espiritualidades en lo que fue Batalyaws —fundada por Ibn Marwan en el 875, capital del Reino aftasí o taifa de Badajoz— ¿no es acaso susceptible de ser parte de nuestra identidad como ciudad?
Aunque no confieso ninguna religión puedo compartir una ruptura del ayuno con la comunidad islámica de mi ciudad, asistir a la boda de un familiar cristiano y hasta pedir reikis a la madre budista de una amiga antes de algún acontecimiento importante para mí.
Es por todo ello que, en estos días tan tristes para nuestra región, deseo poder defender una convivencia intercultural e interconfesional justa y en paz. El odio y la nostalgia ultras ya están en nuestras instituciones; construyamos memoria desde las bases. Desde los barrios.
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