Opinión
El equipo de defensa de los Cinco de Ulm pasa al ataque

Crónica de la primera sesión del juicio contra cinco activistas propalestina que llevaron a cabo una acción no violenta destinada a impedir la continuidad del genocidio en Gaza en las instalaciones del gigante armamentístico israelí Elbit Systems.
Detenidas Ulm Alemania Palestina
Las Cinco de Ulm en el juzgado de Stuttgart en el que se juzgará su caso. Foto: Ignacio Rosaslanda.
Stuttgart (Alemania)
29 abr 2026 04:21

Desde la detención, los cargos extremos y la prolongada y cruel prisión preventiva que superó el límite de seis meses, ha quedado claro que el juicio contra los Cinco de Ulm (Ulm 5) no iba a ser justo. Y el patético espectáculo judicial que tuvo lugar en el Tribunal Regional de Stuttgart el lunes 27 de abril no ha decepcionado.

En un comunicado posterior a la vista, los abogados de la defensa denunciaron las distintas medidas de sabotaje a su labor y a los derechos de las activistas sostenida por la jueza-presidenta Kathrin Lauchstädt. El equipo legal de los Ulm 5 considera que esta conducta constituye una violación inaceptable del derecho de los acusados a un juicio justo y, por lo tanto, ha presentado una solicitud de recusación contra la jueza presidenta del tribunal.

Juicio-espectáculo

Comenzamos el día con una concentración frente al tribunal con gente que había venido de toda Alemania para saludar a los activistas de camino a su juicio espectáculo. La hora temprana no disminuyó la solidaridad y la energía de la gente, y los Ulm 5 fueron recibidos con cánticos de “Liberen a los Ulm 5” y “Palestina libre”. Algunas personas continuaron con la concentración, mientras que otras se dirigieron a la sala del tribunal. A varias personas les quitaron las kufiyas al entrar en el tribunal.

El juicio-espectáculo estuvo plagado de irregularidades incluso antes de comenzar. Para empezar, a pesar de que se había comunicado al tribunal las condiciones relativas al principio de publicidad y al derecho a que se proporcionaran bolígrafos y papel, el tribunal no cumplió con sus obligaciones.

El número de asientos disponibles para el público fue seis menos de lo que se había informado previamente. Las 62 personas del público fueron vigiladas por más de una docena de agentes de seguridad fuertemente armados, y en un momento dado incluso acudió la policía.

El juicio no pareció atraer la atención de los principales medios de comunicación alemanes, salvo la presencia de un representante de la Deutsche Press Agentur (DPA) y de la SWR. El informe de la DPA está tan sesgado por la “Statsräson” alemana (el derecho a existir de Israel) como era de esperar tras años de desinformación y propaganda y con frases dignas de repetirse en una clase de periodismo para ilustrar cómo son los medios de comunicación partidistas. Sin embargo, todos los principales medios de comunicación alemanes lo repiten sin cuestionar nada: pintan la solidaridad del público y al increíble equipo de abogados como problemáticos, mientras defienden las acciones de una jueza que parecía desbordada para un juicio tan importante.

Tras casi una hora de un lamentable espectáculo del Estado alemán, y sin poder siquiera ser escuchados con respeto, el equipo de abogados, en un gesto de firmeza, abandonó la sala

En cuanto entraron les defensores de los derechos humanos, elegantemente vestidos, Vi, Daniel, Crow, Leandra y Zo, fueron recibidas con una ovación de pie por parte del público solidario. Las trajeron esposadas y las metieron en una jaula de cristal antibalas. Es evidente que la juez y la fiscalía están intentando presentar a las cinco de Ulm como peligrosos delincuentes. Aunque les quitaron las esposas, la primera imagen que se transmitió a la prensa alemana ya estaba fijada.

Negación de derechos fundamentales

El tribunal, además, las hizo sentarse separadas de sus abogados, a pesar de que estos habían luchado por ellos antes del juicio para poder sentarse a su lado y garantizar una defensa justa. En el comunicado publicado por el equipo de abogados de las 5 Ulm denunciaron que para garantizar una comunicación fluida y confidencial con sus defendidas, el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH) explicita que deben tener el derecho de sentarse junto a ellas, cosa que la juez negó.

A pesar de los repetidos intentos del equipo de diez abogados por ser escuchados y presentar su moción oficial para que sus clientes se sentaran junto a ellos, el juez les negó no solo la posibilidad de presentar esta moción hasta que se leyeran los cargos, sino la posibilidad misma de presentar una moción para presentar una moción. Mientras tanto, se apagaron sus micrófonos, lo que impidió que el público, incluida la prensa, pudiera seguir con precisión lo que estaba sucediendo. Sus propios acusados tampoco podían oírlos correctamente. Tras casi una hora de un lamentable espectáculo del Estado alemán, y sin poder siquiera ser escuchados con respeto, el equipo de abogados, en un gesto de firmeza, abandonó la sala.

La jueza titubeó al anunciar un receso de unos 20 minutos, pero en cuestión de segundos cambió de opinión y dijo que serían dos horas. Los catorce agentes de seguridad escoltaron al público fuera de la sala y luego nos amenazaron con violencia si no abandonábamos la sala lo suficientemente rápido. Durante este receso, los abogados se acercaron a la concentración para hablar con la prensa presente (la que quería hacer su trabajo de verdad) y pronunciaron algunos discursos, informando a la gente de lo que estaba sucediendo.


Cuando terminó el receso y se permitió volver al público, los abogados habían hecho una jugada al estilo Power Rangers y se habían sentado en la cabina de seguridad acristalada. Esto provocó una furia apenas contenida por parte de la jueza Lauchstädt, que no les dejó hablar y les dio cinco minutos para que ocuparan sus asientos anteriores. Simplemente se quedaron de pie charlando a la espera de que pasaran los cinco minutos.

Tras eso, la juez dio por concluida la jornada, y dijo que el juicio espectáculo se reanudará el 4 de mayo. Al día siguiente el equipo de abogados ha recibido una nota oficial de que se cancelan las siguientes dos citas.

A la salida varias de las abogadas del equipo de defensa se dirigieron a la gente que estaba allí manifestándose y dijeron que nunca en su ejercicio de la abogacía habían visto algo parecido. Que la jueza desde hace semanas les ha prohibido llamarla o escribirle emails, lo que lógicamente impide la posibilidad de un juicio justo.

Teniendo en cuenta las nacionalidades de las personas acusadas (española, irlandesa, de Reino Unido y alemana), esto supone un estrés adicional no solo a las personas acusadas y sus abogados, sino a sus familiares y gente querida que viene desde otros países.

Al negarse a doblegarse ante la injusticia y situar la dignidad y el bienestar de sus clientes como prioridad principal, el equipo de abogados —teniendo en cuenta lo bien preparados que parecen estar— está jugando una partida de ajedrez en 3D contra un Estado que juega al escondite inglés con lo único que tiene a su favor: su odio hacia cualquier solidaridad con la autodeterminación y el derecho a la vida y a la tierra del pueblo palestino.

La acción noviolenta por la que se les juzga

El caso de las 5 de Ulm representa la psicosis del Estado alemán en su apoyo a Israel. Las activistas ocuparon temporalmente el 8 de septiembre de 2025 la sede alemana del fabricante de armas israelí Elbit Systems. Mientras se grababan con los rostros descubiertos, llevaron a cabo una acción no violenta destinada a impedir la continuidad del genocidio en Gaza.

En una serie de vídeos, explicaron sus demandas y explicaron por qué eligieron la una empresa responsable de una gran cantidad de las armas y la tecnología utilizadas en el genocidio en Gaza, tal y como se documenta en el informe de la relatora de la ONU Francesca Albanese sobre la economía del genocidio. Las activistas esperaron a ser detenidas por la policía sin oponer resistencia ni intentar huir. Desde entonces, estas cinco personas de nacionalidad irlandesa, británica, alemana y argentino-española permanecen en prisión preventiva.

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