Energía solar
La transición no llega al tejado: las ciudades podrían generar un quinto de sus necesidades de electricidad
Coordinador de Clima y Medio Ambiente en El Salto. @pablorcebo.bsky.social, pablo.rivas@elsaltodiario.com
La transición energética necesita renovables, y para que esta no sea una simple permuta de sistemas de producción de energía y suponga un auténtico cambio basado en la justicia social y en una sostenibilidad real —lo que se conoce como transición ecosocial— necesita que el autoconsumo solar despegue, pero en términos diferentes. Aunque el crecimiento de la generación renovable en España ha sido espectacular en los últimos años, tiene una asignatura pendiente. En concreto, la producción de energía justo en el punto donde se consume masivamente: los tejados de las grandes urbes.
El Institut de Recerca Urbana de Barcelona (IDRA) acaba de publicar un informe que pone cifras a una realidad preocupante: las grandes ciudades desaprovechan sus tejados. Barcelona, epicentro del estudio, solo usa el 2,5% de su potencial, lo que quiere decir que, de cada cien tejados susceptibles de albergar placas solares, solo 2,5 cuentan con ellas. Pero el informe no solo denuncia esto. El modelo actual de incentivos al propietario fomenta la desigualdad: la implantación es mayor en los municipios con rentas más altas y con más viviendas unifamiliares.
“No puede ser que tengamos en barbecho un bien que en realidad es bueno tanto para el conjunto de la sociedad, para el propietario privado y el planeta”, lamenta Rubén Martínez
“Ahora mismo la potencia de energía solar en las ciudades depende de la renta, la propiedad y la buena voluntad de individuos”, señala a El Salto Rubén Martínez Moreno, director del Área de Urbanismo y Transición Ecológica del IDRA. “En realidad esa potencia, esa superficie que podría generar energía solar y dar seguridad, abaratar la factura y bajar las emisiones, es algo de interés general, necesario”.
Es por ello que desde el IDRA sostienen que potenciar el uso de un bien privado como son los tejados para albergar placas fomenta el bienestar social y ecológico. Por tanto, habría que tratarlos como un bien de utilidad pública. “Hay arreglos público-privado para hacer eso, pero no puede ser que tengamos en barbecho un bien que en realidad es bueno tanto para el conjunto de la sociedad, para el propietario privado y el planeta”, señala.
La grandes urbes son sumideros de energía
Las grandes ciudades del Estado español dependen de la energía que llega de fuera. La Comunidad de Madrid, con un área metropolitana en la que viven siete millones de personas, consume el 11% de la electricidad que se genera en todo el territorio del Estado, mientras que solo genera el 7,2%. Por su parte, Barcelona apenas produce energía: según los datos del IDRA, la fotovoltaica producida en la capital catalana apenas cubre el 1,5% del consumo eléctrico de sus hogares.
Una realidad diferente transformaría estas cifras. En Barcelona, si se usaran todos los tejados de edificios residenciales, comerciales e industriales, con una potencia estimada de 1.191 GWh anuales, se cubriría el 61,3% de la electricidad que consumen los hogares. De usarse todas las cubiertas para este fin, Barcelona generaría el 18,6% de su consumo eléctrico total y Madrid, el 17,3%.
En Barcelona, barrios como Vallvidrera, el Tibidabo i les Planes, la Font d’en Fargues, Sarrià o Pedralbes alcanzan 28 instalaciones por cada 1.000 habitantes, mientras que Ciutat Meridiana no tiene ninguna
Además, si se analiza dónde hay actualmente potencia solar instalada en las ciudades, los datos señalan que esta se encuentra las áreas con rentas más altas, baja densidad de población y mayor proporción de casas unifamiliares. Como ejemplos, en Barcelona barrios como Vallvidrera, el Tibidabo i les Planes, la Font d’en Fargues, Sarrià o Pedralbes alcanzan 155,9 W por habitante y 28 instalaciones por cada 1.000 habitantes, mientras que Ciutat Meridiana no registra ninguna.
Es por ello que desde el IDRA apuestan por desbloquear los tejados tratándolos como un espacio de utilidad pública mediante “una cesión de uso de cubiertas privadas a través de inversión pública o mixta”. Esta propuesta supondría que el propietario mantendría la propiedad, el operador energético público asumiría la inversión y, además, la energía podría repartirse en el barrio.
“A través de un decreto-ley de 2026 la energía compartida es algo mucho más fácil de desarrollar en las ciudades”, explica Martínez. “El excedente de energía que se produce en una cubierta comercial o industrial –prosigue– puede ser repartido en un perímetro de cinco kilómetros. Lo que hay que hacer es desbloquear esas cubiertas”.
De un IBI progresivo a la financiación sin adelanto de capital
Entre las propuestas que plantea el IDRA además para fomentar la instalación de placas solares en los tejados urbanos se encuentra la puesta en marcha de una progresividad en las bonificaciones del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) para la instalación de paneles. “Hay propietarios que no tienen capacidad de inversión. Lo vemos en el mapa de Barcelona: en Ciudad Meridiana, uno de los barrios con menor renta, los propietarios no tienen capacidad de inversión. Hay un elemento de igualdad que lo puedes hacer a través de los instrumentos fiscales de que disponemos”, apunta el director del Área de Urbanismo y Transición Ecológica del IDRA.
En el mismo sentido, proponen la financiación de las placas sin necesidad de que la persona invierta previamente. “Hay edificios de inquilinos que, al no tener capacidad sobre los tejados, tal vez tienen conciencia y quieren abaratar su factura y les falta el dinero. Eso hay que financiarlo para que sea un incentivo tanto para el propietario como para los propios inquilinos”, explica.
Asimismo, apuestan por un programa específico para barrios con alta vulnerabilidad climática. “Esa energía compartida se puede distribuir con criterios de bienestar social y ecológico, y ese excedente producido por los tejados privados con cesión de uso puede ir a barrios donde, en muchos casos, hay edificios plurifamiliares donde la superficie para producir energía solar es muy poca”. Es algo que, según sostiene Martínez, se puede coordinar mediante planes de energía solar municipales con objetivos por barrios y con una obligatoriedad de la ordenanza más allá de los edificios de nueva construcción.
En definitiva, para el portavoz del IDRA, “la transición energética solar urbana no puede quedar en manos de la agregación de preferencias de individuos privados, tiene que haber una voluntad pública de desplegar todo eso”.
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