Opinión
El primer billonario de la historia y las cacerías racistas en Belfast
Es bastante probable que este 12 de junio el mundo conozca a la primera persona que atesore una riqueza superior al billón de dólares. Un solo hombre va a tener un patrimonio de un millón de millones de dólares. La esperada salida a bolsa de SpaceX, la empresa de satélites de Elon Musk y que puede que alcance una valorización bursátil de entre 1,5 y 1,75 billones de dólares, aumentará la riqueza del sudafricano desde los 782.000 millones —que Forbes calcula que posee un día antes del lanzamiento— hasta superar la cifra del billón.
Mientras tanto, en la capital de Irlanda del Norte, turbas de supremacistas blancos recorren las calles por segunda noche consecutiva prendiendo fuego a las casas de personas racializadas. Los hechos ocurren después de que una persona de origen sudanés atacara a un vecino de Belfast y, tal y como ya ocurrió el verano pasado en Inglaterra y en Torrepacheco, los mensajes de odio empezaran a campar a sus anchas por redes sociales organizando las cacerías humanas que nos dejan terroríficas imágenes.
Hay lazos directos entre la acumulación de riqueza y el descontento social, entre que existan milmillonarios o billonarios y que las clases populares tengan cada vez menos y se enfaden
Parecen dos hechos totalmente aislados y que tienen poco que ver uno con el otro. Pero la verdad es que hay lazos directos entre la acumulación de riqueza y el descontento social, entre que existan milmillonarios o billonarios y que las clases populares tengan cada vez menos y se enfaden, entre que esos ricos controlen la información y los pobres crean que sus problemas son causados por los que son más pobres todavía que ellos, entre que estos milmillonarios controlen las plataformas digitales y que haya grupos de gente que se organicen para usar la violencia. En este caso concreto, además, las dos noticias tienen un personaje común: Elon Musk.
No es la primera vez que lo hace. El millonario ha auspiciado las cacerías racistas en Belfast mediante mensajes en la red social que se compró y en la que eliminó todo tipo de filtros y restricciones a los mensajes con la excusa de la libertad de expresión, convirtiendo Twitter en un lodazal de racismo y odio. “Solo protestando repetidamente y a gritos se logrará algún cambio!” “¡Migrantes asesinos que decapitan a personas inocentes en su ciudad natal es lo que está enfureciendo a la gente, no las redes sociales!”, son sólo algunos de los tuits y retuits que el sudafricano se ha dedicado a poner mientras hombres blancos encapuchados entraban en hogares privados donde vivían personas negras para prenderles fuego.
Elon Musk concentraría entonces más que la riqueza conjunta del 46% más pobre de la humanidad, más dinero que 3.800 millones de personas juntas
Un pogromo racista en una capital europea impulsada por el hombre que está contando las horas para convertirse en el hombre con la mayor riqueza jamás conocida. El propio gobierno británico ha señalado y culpado a Musk de alentar los altercados racistas, pero no es la primera vez tampoco que algo así ocurre y el casi billonario siempre se va de rositas.
Según unos cálculos realizados por Oxfam Intermon con motivo de la posibilidad de que el dueño de SpaceX alcance la cifra del billón de dólares, Elon Musk concentraría entonces más que la riqueza conjunta del 46% más pobre de la humanidad, más dinero que 3.800 millones de personas juntas. Un impuesto del 10% sobre su fortuna recaudaría lo suficiente para acabar con la pobreza extrema mundial durante un año, sacando a más de 800 millones de personas por encima del umbral de la pobreza extrema.
Son unos niveles de concentración de poder y de desigualdad extrema que solo pueden llevarnos al conflicto social y a la erosión de la democracia y las instituciones que las sustentan
Son unos niveles de concentración de poder y de desigualdad extrema que solo pueden llevarnos al conflicto social y a la erosión de la democracia y las instituciones que las sustentan. “La desigualdad económica alimenta la desigualdad política, y mientras la gente común debe asumir sus efectos, los milmillonarios continúan escribiendo las reglas en su propio beneficio”, explica Nabil Ahmed, director sénior de Justicia Económica de Oxfam América. “Que una sola persona acumule una fortuna de más de un billón de dólares es incompatible con una economía justa y con una democracia saludable”, afirma Ahmed sobre la fortuna que Musk es probable que alcance este mismo viernes.
Las migraciones no son una cuestión de reemplazos ni invasiones, como los multimillonarios como Musk o el resto de la extrema derecha racista nos quiere hacer creer. La gente abandona sus países porque el sistema global no es justo con ellos, porque no se pueden ganar la vida en los lugares en los que nacieron, incluso cuando esos territorios son ricos en recursos naturales. Si la gente del sur global se tiene que buscar la vida en el norte es porque desde el norte nos hemos dedicado a saquear al sur desde los tiempos de la colonización. Se ha construido un mundo donde los capitales son libres, pero las personas se encuentran fronteras cerradas, hostilidades y, en última instancia, cacerías humanas donde ellos son las presas.
Es decir, si personas como Musk no acumularan tanto capital, despojando así de dinero al resto, o si dichas riquezas fueran gravadas y utilizadas para acabar con las miserias del mundo, es bastante probable que muchas de esas personas que abandonan sus hogares, muchas veces jugándose la vida y la libertad, en busca de un futuro en los países del norte, se habrían quedado en las tierras que les vio nacer.
Promover el caos racista que aupe a los partidos protofascistas europeos es una estrategia nacional estadounidense cruzada con los intereses económicos de un casi billonario racista
Si la desigualdad extrema y la acumulación de poder y capital en pocas manos es un peligro para la estabilidad social y la democracia, el hecho de que la persona más rica que ha conocido nuestra sociedad esté alentando cacerías de personas racializadas mediante su propia red social es una aberración histórica que solo puede tener un mal final. Algunos millonarios como Elon Musk, porque no es el único, se han quitado por completo la careta. Están dispuestos a desestabilizar gobiernos al servicio de la supremacía blanca y de los intereses de la potencia imperialista que les acoge y les protege: los Estados Unidos de Donald Trump.
No es una afirmación que me saque de la chistera. El apoyo y la promoción de los grupos etnonacionalistas europeos para que se debilite la Unión Europea es uno de los puntos que quedó plasmado en el último documento de Estrategia de Seguridad Nacional publicado por el Gobierno de Donald Trump a finales de 2025. “La UE debería ser abolida y la soberanía devuelta a los países individuales, para que los gobiernos puedan representar mejor a sus pueblos”, tuiteaba a cara descubierta Musk en su red social, muy en la línea de la estrategia nacional de la Casa Blanca contra Europa, poco después de que Bruselas multara a Twitter por engañar a los usuarios. Promover el caos racista que aúpe a los partidos protofascistas europeos es una estrategia nacional estadounidense cruzada con los intereses económicos de un casi billonario racista. A ambas cosas se les tiene que poner fin.
Acabar con las enormes desigualdades mediante un gravamen a las grandes riquezas y su reparto ya no es sólo una cuestión de justicia fiscal, sino de supervivencia democrática y de paz social
El impuesto a los milmillonarios, un debate que está más vivo que nunca por el empuje de organizaciones como el European Tax Observatory y su director Gabriel Zucman, ya no solo se presenta como una herramienta para financiar los servicios públicos y acabar con —o al menos mitigar— la precariedad rampante que sufrimos un gran porcentaje de la población del norte, sino que debería ser una herramienta para acabar con la pobreza mundial y mitigar las enormes desigualdades que ponen en peligro la convivencia social.
Acabar con las enormes desigualdades mediante un gravamen a las grandes riquezas y su reparto ya no es solo una cuestión de justicia fiscal, sino de supervivencia democrática y de paz social. La fortuna de ese puñado de milmillonarios, en España tan solo hablamos de 33 personas, debería ser gravada para mermar su poder al mismo tiempo que ofrezcamos un futuro mejor a aquellas personas y generaciones que, desde su precariedad, se están viendo seducidos por los cantos de sirena racistas de esos mismos milmillonarios. ¡Ah! Y, por supuesto, se debería cerrar el acceso a Twitter en todos los países donde no queremos que el racismo y el odio campen a sus anchas.
Fiscalidad
Un impuesto a los millonarios europeos podría recaudar 120.000 millones en Europa y 5.200 en España
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