Educación bilingüe en Madrid: This is not a good idea

La Comunidad de Madrid presume de los resultados de su programa bilingüe. Sus detractores denuncian la división que supone entre el alumnado en función de su origen y clase social.


publicado
2017-05-01 14:20:00

Cada curso, desde hace catorce septiembres, más de 20 centros educativos colocan por primera vez “el cartel” que acredita el programa bilingüe en sus vallas. Un cartel que, una vez puesto, ya no se quitará, dado que el proceso impulsado por la Comunidad de Madrid durante los mandatos de Esperanza Aguirre, Ignacio González y Cristina Cifuentes, no es reversible. La educación bilingüe se extiende ya a un tercio de los centros de primaria y secundaria, se expande hacia la Formación Profesional y ha llegado a la educación de cero a tres años en forma de experimento piloto.

Solo algunas escuelas, como el colegio de Palomeras Bajas, en Vallecas, han renunciado conscientemente a tomar ese camino. En lugares como Las Rozas es difícil encontrar un colegio que no haya colocado la chapa de bilingüe en su puerta. El curso que viene, el distrito de Vicálvaro solo tendrá este tipo de centros. En ciudades como Móstoles, Leganés o Parla el proceso es lento, pero estos colegios comen terreno cada curso a los que no lo son. La prensa habla del “fin de los colegios no bilingües” debido a casos como el del Pérez Galdós, en el Barrio del Pilar, un centro no autorizado que está amenazado de cierre porque la Consejería no lo considera apto para el programa. Pero, ¿qué pasa con el bilingüismo? ¿por qué ha dividido a la comunidad educativa?

El problema, afirman quienes rechazan este modelo, no es el aprendizaje de una lengua, sino cómo se lleva a cabo y a qué se renuncia por el camino. Sus defensores dicen que el inglés es hoy una herramienta básica para la incorporación y la competición “con éxito” en el mercado de trabajo. También, asegura la Comunidad de Madrid, favorece “la libertad de oportunidades”.

Sus detractores dicen que el programa se puso en marcha como una decisión política, no educativa, tomada de forma unilateral. Y que ha generado un sistema de contratación de maestros paralelo al establecido por la ley —al introducir una capacitación que se lleva a cabo desde lo privado—.

Un estudio publicado por el think tank Fedea y realizado por investigadores de dos universidades madrileñas y el University College de Londres, puso en cuestión los resultados en primaria en las asignaturas que se dan en inglés para favorecer la inmersión lingüística. Se cuestiona que sea un programa bilingüe —es un programa de mejora de competencia en lenguas extranjeras— y se señala que nadie en la UE, excepto Malta y con malos resultados, ha aplicado programas de este tipo.

La principal preocupación de la comunidad docente son las diferencias que se establecen entre el alumnado

Pero la principal preocupación de la comunidad docente son las diferencias que se establecen entre el alumnado: tanto entre quienes están y no están inscritos en institutos que aplican el programa como, dentro de los bilingües, entre quienes están en “sección” —el tercio de alumnado con más nivel— y los aproximadamente dos tercios que están en “programa”, donde solo se da una de las asignaturas de inmersión en inglés —sociales o ciencias—. Una selección que sigue al gran corte en la educación, entre quienes van a las escuelas privadas, a las concertadas y a las públicas.

BabelRed21 es uno de los grupos más activos en la crítica del programa bilingüe. Esta red ha establecido dos líneas de denuncia: una sobre la pérdida de nivel en las asignaturas que se dan en inglés y otra sobre las consecuencias de la división del alumnado. Dos de los integrantes de este colectivo han hablado con El Salto. Prefieren no dar su nombre para poner en valor el trabajo de la red. Para una de ellas, maestra y delegada de un sindicato en las escuelas, la mayor victoria del PP ha sido dividir a la comunidad educativa en este tema: “Yo estaba entre los que decían ‘cómo mola’, pero cuando te das cuenta de que para que haya un centro bilingüe tiene que haber uno tipo gueto se te cae el alma a los pies”.

Cuestión de números

Faltan datos, reconocen casi todas las fuentes. Los que ha ofrecido la Comunidad de Madrid no analizan lo que sucede en los centros no bilingües a consecuencia del plan y, en los que lo son, no diferencia entre quienes están en “sección” y quienes están en “programa”. La Consejería, dirigida por Rafael van Grieken, publicó un estudio a principios de curso, pero sus conclusiones sobre los resultados de la Prueba de Acceso a la Universidad omiten un factor fundamental: quienes se quedan en el camino. Además, los resultados de la PAU, mejores en el caso de alumnos de centros bilingües, no permiten apreciar las diferencias entre quienes están en sección —que dan más horas de lengua inglesa y solo mantiene en castellano de manera obligatoria Matemáticas y Literatura­— y programa, con una inmersión más limitada.

Asimismo, las pruebas externas en tercero y sexto de Primaria señalan que los alumnos de bilingües aprenden más inglés y, según la Comunidad, sus conocimientos de Lengua, Matemáticas y Ciencias no se ven perjudicados.

Rafael Valentín, responsable de Enseñanza del sindicato CGT, apunta que sí hay diferencias: “La realidad es que si seguimos el estudio que hizo en su momento Fedea —una fundación ligada a la banca—, se reconoce que los niños y niñas cuyos padres y madres no tienen más estudios que de Secundaria obtienen peores resultados si son de centros bilingües”. Para Carro, su estudio aporta una visión muy clara de un aspecto determinado: hasta qué punto su puesta en marcha en Primaria ha empeorado los resultados en ciencias y sociales. Hay un efecto negativo, que no se observa en las asignaturas que se siguen dando en castellano, pero no se puede extrapolar a Secundaria. La investigación de Fedea también reveló que en las aulas bilingües ha aumentado el porcentaje de alumnos con progenitores con estudios universitarios y ocupaciones profesionales, y han disminuido los porcentajes de alumnos inmigrantes y con necesidades especiales.

Miguel Martínez, de Acción Educativa, considera que la información que da la Comunidad de Madrid “es sesgada o está descontextualizada”. Las pruebas de Conocimientos y Destrezas Indispensables (CDI) que se realizan dan, según Martínez, “resultados muy escasitos”. Para este docente, esta clase de programas bilingües son segregadores de por sí. “O crean segregación o la potencian”, resume. 

Cuestión de clases

A otra de las integrantes de Babel, cerca de la jubilación y con una dilatada carrera en la enseñanza, se le quiebra la voz cuando explica las consecuencias que tiene el bilingüismo sobre sus alumnos, estudiantes del sur de la capital. Esta maestra pide que se cuiden las palabras en el reportaje pero no puede evitar hablar de “guetos” cuando se refiere a los centros a los que van a parar los estudiantes que no dan el perfil de bilingües. Centros en los que los alumnos de piel blanca son la excepción —“probablemente los que están en silla de ruedas”, apunta esta profesora—. Centros como el suyo, con más de un 70% de fracaso escolar.

“Hablar de educación a quienes no tienen hijos pequeños es como si no fuera con ellos… pero, ¿qué ha pasado en París con la segregación y los guetos que han creado? ¿De dónde viene todo ese malestar? Viene de ahí. No les hemos dado oportunidades”, lamenta. “Los chavales interiorizan que no valen para nada”, abunda Paco, un profesor de refuerzo en una asociación que trabaja con chicos y chicas. “Los adultos, los expertos y los diletantes estamos hablando de segregación —dice una de las maestras—, el problema es que los niños son conscientes, porque llaman pijos a los de ‘sección’ y se autodenominan ‘chusma’”.

Para Miguel Martínez, la competición entre centros, azuzada por la creación del distrito único que permite a padres y madres elegir colegios con más criterios que el territorial y el sistema de evaluación PISA, genera una carrera por la captación del “buen alumnado” que equipara a la pública bilingüe a la concertada. Un modelo público “fragmentado” en el que se produce una estratificación entre aulas y en la profesión. Los profesores habilitados —que pueden cobrar hasta 1.500 euros anuales más— se quedan “con los mejores alumnos y los no habilitados se quedan con el gueto”.

En algunos casos, como en el del instituto Joaquín Rodrigo, de Vicálvaro, convertirse en bilingüe es una necesidad. Lola Elola, de la asociación de padres y madres del centro, explica que el sistema de matriculación, que da prioridad a los alumnos que proceden de colegios bilingües, provocaba que “si estos alumnos ocupan todas las plazas del instituto, quedan fuera los no bilingües, aun con hermanos dentro del centro, con todo lo que ello conlleva” para las familias a nivel de tiempos y planificación.

El papel de la comunidad

Finalmente, coinciden unos y otros, son las decisiones de los hogares las que marcan el destino de los centros, también el del alumnado, y, a largo plazo, el de la sociedad madrileña futura. Aquellas familias que pueden acompañar a los estudiantes en sus aprendizajes, que pueden costearse clases de refuerzo o estancias en otros países, pueden salir bien parados del programa y alcanzar un nivel de inglés que las generaciones anteriores no han tenido. Pero no es el único elemento, apuntan las fuentes. Algunas de esas familias optan por “comprar la segregación” dice una de las integrantes de BabelRed21, aun cuando tengan dudas sobre el programa bilingüe y miedos respecto a las competencias que se adquirirán en las asignaturas que se dan en inglés. Elola explica que, en el caso de su instituto, hay familias “que se plantean llevar a sus hijos a un instituto no bilingüe porque la enseñanza bilingüe es segregadora y no inclusiva”. Pero estos casos, de momento, son una excepción.

“La Consejería siempre dice que las familias lo demandan. Son familias que dicen ‘a mis hijos les va bien, a mis hijos les va genial’”, dicen desde Babel. La otra cara, recuerda esta profesora, son los centros a los que van a parar los perdedores del sistema, aquellos alumnos a quienes desde sexto se les avisa de que no dan el nivel, que no van a poder llegar a las aulas bilingües en Secundaria. “Yo no saco a nadie del fracaso escolar —dice esta maestra—, el alma de la escuela pública era compensar las desigualdades y esa capacidad se ha perdido totalmente”, finaliza.

Una maestra de un centro no bilingüe critica el programa bilingüe: “Yo no saco a nadie del fracaso escolar”

El profesorado tampoco ha hecho un frente común contra el programa. Comisiones Obreras ha denunciado la falta de personal, de desdobles y de refuerzos. No obstante, una de las integrantes de Babel señala que los sindicatos mayoritarios tienen afiliados que están a favor del programa y sus incentivos, y que ese es el motivo de que no se haya planteado más claramente un frente contra este programa en el sector docente.

Los interinos con la habilitación en inglés —hechas por lo privado— adelantan a profesores con mejores notas en las oposiciones oficiales, que se ven relegados a centros no bilingües o que no consiguen plaza. Paco, el profesor de refuerzo, detecta un doble deterioro de la enseñanza, la que parte de los profesores que no saben inglés pese a haber conseguido la habilitación, y la de quienes saben el idioma “pero no tienen ni idea de la asignatura que dan”, lo que lleva a otros de los problemas que señalan los detractores de este modelo educativo: la repetición y memorización de contenidos. Para Rafael Valentín, los contenidos se “merman” desde la docencia para no perder alumnado y “las tutorías son una entelequia o un desastre, ya que tratar de sentimientos en un idioma no nativo resulta muy complicado”.

Desde Babel se detecta “autocensura” respecto a este tema, que ha dividido a la comunidad educativa y que es la principal seña de identidad en materia educativa del Partido Popular de Madrid.

la apuesta de los tres presidentes
Todo comenzó como un reclamo electoral. La exministra Esperanza Aguirre prometía en mayo de 2003 implantar un programa de bilingüismo a más de cien centros si ganaba las elecciones. No las ganó, pero el PP se las apañó para gobernar a partir de septiembre de ese año. Desde entonces, la política educativa de los populares ha mantenido como reclamo el programa bilingüe, con Aguirre, con su sucesor, Ignacio González –con quien el programa no dejó de crecer en los presupuestos pese a la política de recortes de su administración– y con Cristina Cifuentes, la actual presidenta, espoleada por la posibilidad de que empresas de la City londinense se trasladen a Madrid.

 

inversión y recortes en 2018
El presupuesto para 2018 de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid aumenta un año más la partida de Calidad Educativa, donde se encuadra el presupuesto para el programa bilingüe. Un 5,8% más en unas cuentas que, en términos generales, siguen sin recuperar el nivel de 2009, cuando comenzaron los recortes. Hoy la educación cuenta con 300 millones de euros menos que aquel año. La madrileña es la comunidad que menos porcentaje de su PIB destina a educación y la que menos gasta por alumno. En 2018, la gran ausencia en los presupuestos son las partidas destinadas a medidas de igualdad.

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