Opinión
La huelga educativa frente a la institución que no quiere dialogar

La consejera de Educación de la Comunidad de Madrid prefiere hablar consigo misma y con los representantes de la escuela concertada. No quiere escuchar a la calle pletórica de esperanzas y energía que reclama ser vista y respetada.
Huelga educación corte A-42 - 4
Corte de carretera por parte de los docentes en la autovía de Toledo (A-42). Manuel del Valle

Militante de Solidaridad Obrera.

4 nov 2026 06:03

La educación pública no universitaria madrileña mantiene una huelga indefinida desde el 14 de octubre, que va a confluir con las movilizaciones en las universidades y la huelga general por el derecho a la vivienda del 11 de noviembre en los próximos días. Son ya cerca de tres semanas de movilizaciones masivas, concentraciones, manifestaciones, cortes de carreteras, cargas policiales, detenciones de docentes, y lucha sostenida en defensa del derecho fundamental a una educación pública, gratuita, universal y de calidad.

Es una huelga del conjunto de la comunidad educativa, impulsada por las organizaciones docentes y acompañada por múltiples asociaciones de familias y estudiantes. Una movilización de la mayoría social de los barrios, que reclama colegios climatizados y que no se derrumben, condiciones de trabajo dignas para las docentes, y medidas decididas para evitar la segregación clasista y racista en las aulas. Los docentes luchamos por los derechos de toda la comunidad madrileña, por la construcción de una sociedad que tenga en cuenta a sus sectores más vulnerables y que construya un área común del conocimiento accesible a toda la población con independencia de su origen social, su género, o su raza.

Y el Partido Popular madrileño, la élite clasista y ultraconservadora de la capital, se niega incluso a negociar con el Comité de Huelga. Mercedes Zarzalejo, la consejera de educación de la Comunidad de Madrid, muestra ufana su absoluta negativa a todo diálogo con la representación de las docentes en huelga. Indica que ella elegirá con quién negociar las cosas, preferiblemente con el sindicato corporativista y conservador ANPE, un producto directo del proceso de reorganización de los residuos del sindicato vertical franquista en los años ochenta que no ha convocado los paros. Zarzalejo prefiere hablar consigo misma y con los representantes de la escuela concertada. No quiere escuchar a la calle pletórica de esperanzas y energía que reclama ser vista y respetada, a las docentes que quieren legar una escuela pública viable a las siguientes generaciones de la clase trabajadora.

Este es un otoño caliente de protagonismo popular. Es el pueblo el que defiende su escuela pública, su derecho a la vivienda, su necesidad de ser oído y visto. Pero el Partido que se llama “Popular” ha decidido ser la herramienta de los fondos globales de inversión, de los milmillonarios de las empresas tecnológicas, de las siniestras camarillas que reclaman una “España blanca” y una “democracia iliberal”. Zarzalejo es un claro exponente del proceso por el que la derecha española muta de la democracia cristiana al abrazo con la ultraderecha parda, de la “transición democrática” (con todas sus limitaciones”) al Nuevo Orden Transhumanista de los profetas del totalitarismo de Silicon Valley. Zarzalejo, negándose a negociar, deja claro que ya no hay más línea sindical posible que la de la confrontación directa, que el “consenso” ha sido sustituido por la sordera selectiva y la imposición, que la era de la “sociedad civil abierta” ha acabado y ha empezado el violento interregno de la autocracia autorreferencial.

Cargas policiales: ese es el supremo argumento del nuevo poder que ha colonizado las instituciones en toda Europa. Ni siquiera es “la paz de los tenderos” de otros tiempos. Los tenderos hace ya años que han sido desalojados del centro de las ciudades por los fondos de inversión y las grandes transnacionales. Al final el Partido “Popular” que decía representarles ha dejado que los grandes capitales llevasen a las tiendas de barrio a la ruina, ha dejado a sus hijos fuera del bienestar que se les prometió degradando los servicios públicos, y ha destruido la moral cívica arrastrando al pueblo al vórtice del individualismo extremo y el racismo.

El “Viejo Topo” de la dignidad obrera ha seguido horadando el subsuelo cuando nadie le veía, durante las décadas del desencanto y la corrupción socializada

No nos confundamos: no estamos aquí defendiendo a los social-liberales que tienen la desfachatez de seguir llamándose socialdemócratas, ni a los “progresistas” que han cambiado el “asalto a los cielos” (la luminosa consigna de la Comuna) por el apego lujurioso a los sillones. Lo que defendemos son las multitudes en marcha, las docentes que luchan, las estudiantes que anuncian un nuevo futuro, las llamas ebrias de dignidad que alumbran este régimen crepuscular que ya no quiere dialogar.

La huelga de la comunidad educativa continúa. Zarzalejo no se inmuta: anuncia la crisis del mundo nacido tras la Segunda Guerra Mundial, el del “Gran Compromiso Histórico”, el “Modelo Social Europeo” y la “Democracia Pluralista Liberal”. Apela a la fuerza en lugar del diálogo. Cuando lleguemos a las puertas de su Versalles nos ofrecerá “croissants”, en lugar de pan.

Pero llegaremos. El adocenado “fin de la Historia” que predicaban los liberales de otros tiempos ha llegado a su fin. Las multitudes han vuelto a ponerse en marcha. El “Viejo Topo” de la dignidad obrera ha seguido horadando el subsuelo cuando nadie le veía, durante las décadas del desencanto y la corrupción socializada.

Defendemos la educación pública porque defendemos la libertad, la igualdad y la fraternidad. Porque somos las docentes del pueblo, la comunidad educativa de la España que, de verdad, madruga y no hace genuflexiones frente los grandes fondos de inversión. El Madrid que trabaja y ama, que enseña y aprende, que construye.

La huelga docente y Zarzalejo: la luz de la nueva humanidad que abre futuros frente a la oscuridad de la codicia encerrada en su cámara de eco.

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