Economía
Impuestos a la carne y al plástico: los impuestos Pigouvianos

Debido a la crisis climática, muchos países ya se plantean poner impuestos a la carne o a los plásticos. Estos impuestos, cuyo coste recae directamente en el consumidor, se llaman impuestos Pigouvianos.

Carne envasada en un supermercado
Carne envasada en bandejas de plástico en un supermercado. Kike Castro

publicado
2019-08-19 06:22

Este verano es el primero en el que las nefastas consecuencias de las emisiones de COa la atmósfera han abierto telediarios de todo el mundo. El movimiento Fridays for future ha puesto en el ojo público lo que todos los ecologistas venían advirtiendo desde hace lustros: el ritmo de producción de bienes de consumo y de emisiones es contrario a la salud del planeta que habitamos.

Greta Thunberg ha sido la cara visible de un movimiento que lleva meses saliendo a las calles de todos los países del mundo y que celebrará su primera gran acción el próximo 27 de septiembre, fecha de la huelga mundial por el clima. Una de las medidas de las que se habla para evitar el colapso medioambiental es el reciclaje.

Según el informe de Greenpeace Reciclar no es suficiente, el 82,6% de los residuos domésticos que se recogen son como recursos mezclados, no separados. El informe advierte, asimismo, de que el nivel de recuperación de los plásticos en España ronda el 25,4%. Con estas cifras se deduce que el nivel de reciclaje actualmente no supone un cambio significativo, por lo que sería deseable revertir la producción masiva de plástico cambiando el modelo productivo.

La semana pasada, la ministra alemana de Medio Ambiente, Svenja Schulze, abrió la posibilidad a poner sanciones a las empresas productoras de plástico en su país. “Estas empresas deberán pagar los costes de recogida de sus residuos, de eliminación y reciclado”, declaró Schulze. Es decir, una tasa progresiva por producir plástico. Según la ministra, “actualmente el coste de los envoltorios masivos de plástico [en Alemania] lo asume el consumidor, pero creemos que deberían ser las propias empresas las que lo costeasen”. Además, planteó una prohibición total de todo tipo de bolsas de plástico.

Los datos demuestran que las medidas estructurales reducen el consumo. Por ejemplo, la encuesta Edades del Ministerio de Sanidad hasta 2018 señala cómo, desde que se estableció la ley antitabaco en 2006, el consumo fue cayendo. Sin embargo, el propio Ministerio de Sanidad declaró el año pasado que en el último año había repuntado el consumo, por lo que declaraban que no estaban seguros de si la ley antitabaco se estaba cumpliendo convenientemente.

Otra medida que se propuso la semana pasada en Alemania para luchar contra el deterioro medioambiental, en este caso desde el partido de Los Verdes y algunos sectores de los socialdemócratas, ha sido la aplicación de una tasa extra al consumo de carne, con la que el IVA pasaría del 7% al 19%. Este tipo de impuesto, que pertenece al grupo de los denominados impuestos Pigouvianos, grava directamente al consumidor, penalizándole por el consumo cárnico. Es una medida impositiva que no tiene en cuenta el nivel de renta y que los Estados aplican para corregir una serie de externalidades (perjuicios para el conjunto de la sociedad, como, por ejemplo, la contaminación al producir).

Los impuestos Pigouvianos deberían corregir los daños que ocasionan las acciones o productos gravados, pero estos son difíciles de cuantificar. Además, las emisiones de CO2 no pueden ser compensadas con dinero, porque los bosques tardan décadas en regenerarse. Con esta situación, desde Ecologistas en Acción creen que "no debe cargarse sólo a la ciudadanía el consumo de carne. Hay que subir el IVA, pero es contradictorio que se autoricen las macrogranjas". Expertos en medioambiente y economía creen que algunas de estas medidas disuasorias podrían orientarse al sector de la carne, para desincentivar dietas con alto contenido cárnico, informar convenientemente de los perjuicios medioambientales que supone para el planeta y también para la salud humana y controlar las grandes explotaciones ganaderas para ver en qué condiciones se produce. Un informe de la ONU habla de que entre el 25 y 30 % de la producción mundial alimentaria acaba en la basura. 

Los datos de Greenpeace hablan de que el 14,5% de las emisiones totales provienen de la industria ganadera y que el 80% de la deforestación del Amazonas se relacionaría con la ganadería intensiva. Entre los gases que emiten, el metano y el óxido nitroso son los más presentes en este tipo de producción. Los impuestos Pigouvianos provocan un incremento directo del precio —en este caso de la carne— y la caída en el consumo de los bienes a los que gravan, haciendo que estos pasen de producto casi de primera necesidad (en base a los datos sobre el tipo de dieta que actualmente se sigue en España) a bien normal. Entonces, el consumidor pasará a consumir más estos bienes cuando aumente su renta y viceversa. A tenor de los datos de Statista, España es el segundo país consumidor de carne de la Unión Europea, con casi cien kilos por persona al año. En el caso alemán, el país germano se sitúa en el quinto puesto, con 88 kilos por persona.

La medida ha llegado con polémica y es rechazada por el actual gobierno de la Gran Coalición, pero también llega en un momento favorable para Los Verdes, que ya se sitúan en segunda posición en intención de voto, tras los democristianos de Angela Merkel. En Alemania cada hogar destina 586 euros al año al consumo de carne y productos derivados de ella, y la economía germana actualmente se encuentra en una zona cercana a la recesión económica. En el segundo trimestre el PIB alemán disminuyó un 0,1%, lo que ha hecho saltar todas las alarmas en la economía más fuerte de la Eurozona.

Markus Blume, del partido CSU —socio en coalición con el partido de Merkel—, apunta que “una subida del IVA no ayudará al bienestar animal, sino que encarecerá la carne”. Las dudas que los democristianos presentan han sido si se utilizaría ese dinero recaudado para reconfigurar todo el sector cárnico. La dependencia de la carne en Alemania, aunque menor que en España, sigue siendo muy fuerte en la carne de cerdo —con la que se elaboran principalmente sus famosas salchichas—, pero este año disminuyó más de dos puntos su consumo global.

Los Verdes llevan en su programa electoral, además, del fomento del consumo de productos bio, la obligación de que en las guarderías y colegios también se ofrezcan menús vegetarianos y veganos. Además de esto, quieren que el etiquetado clarifique específicamente si un producto es apto para el consumo de vegetarianos y veganos.

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13 Comentarios
es.pinedo
es.pinedo 11:41 28/8/2019

No tiene mucho sentido que la carne tenga unos precios tan bajos como los que aparecen en la imagen. Alguien o algo está asumiendo los costes: ganaderos, carniceros, el medio ambiente... Seguramente la solución pase por consumir menos carne, pero de mayor calidad. Pagar precios justos en origen (que el transporte a miles de kilómetros no salga rentable). Tampoco parece lógico que la carne producida en extensivo tenga el mismo IVA que la producida en intensivo.

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Oscar Amador 20:15 19/8/2019

100 kgs de carne al año por persona !! Y la gente sin saber ni querer saber la cantidad de mierda que se esta metiendo en el cuerpo y lo que eso supone para la seguridad social. Ni hablemos ya de la tortura animal ... Que empaqueten el jamon con fotos de cerdos vomitando sus entrañas como hacen con el tabaco a ver si la gente lo entiende

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Manuel 22:27 20/8/2019

¿100 kg de carne al año por persona? Eso es inverosímil. ¿Tienes un enlace a una fuente, por favor? O argumenta... porque la única forma en la que se me ocurre algo así es que se produzcan 100kg de carne por persona y los fabricantes tiren el excedente para que los precios no bajen.

Y, evidentemente, una cosa es la ganadería y otra la tortura animal. Se puede cuidar sin maltratar, y se puede matar sin tortura previa. No tiene sentido, salvo que se quiera hacer demagogia, asociar hechos no relacionados. ¿O acaso crees que los cerdos, por lo general, vomitan las entrañas cuando se los cría para comer?

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#38465 16:39 19/8/2019

El ecologismo mostrando su verdadera cara: una ideología de psicópatas liberales que protegen a las multinacionales mientras demonizan a la clase obrera.

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#38498 14:16 20/8/2019

Que idiotez... el ecologismo se enmarca dentro de la lucha de clases.

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Layla 20:05 21/8/2019

Ojalá fuese asi5

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Manuel 13:27 19/8/2019

Me parece mezquino. Así que la solución para dejar de contaminar es que los pobres no coman carne. Bueno, es posible que,como comer hay que comer, aumente el consumo de comida basura. Controlar la producción para que, en vez de orientarse al lucro, contaminando lo que haga falta para no mermar las ganancias de los propietarios de la explotación, se obligue a depurar los residuos; o reducir las emisiones de CO2 mediante otras vías (reduciendo las emisiones de los transportes, prohibiendo la obsolescencia programada y exigiendo una durabilidad media elevada para todo producto, reforestando, que es importantísimo, etcétera).

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#38497 14:15 20/8/2019

La carne seria más cara, pero eso no significa pasar hambre... sino volver a una dieta medianamente racional, basada en legumbres, cereales, frutos, etc...

También el transporte será más caro para las clases populares, y prácticamente todo producto lo será. ya que si se grava el combustible se grava todo producto.

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Manuel 22:21 20/8/2019

Si algo es más caro, pero apetece, se sigue comprando, por lo general. Así que quienes consuman más carne de lo «medianamente racional», seguirán haciéndolo. Solamente si no te lo puedes permitir (o consideras que ha subido tanto que ya es una estafa), es cuando dejas de consumirlo. Y quien no se puede permitir pagar la comida, es pobre. Porque aquí no se trata de promocionar una dieta saludable, o «medianamente racional», sino de gravar la carne en general para que quien no pueda pagar (tome casi nada, normal o demasiado), reduzca su consumo. En una pregunta: si alguien lleva una dieta «medianamente recional», ¿por qué ha de pagar más (si es que puede) por la carne?Mientras tanto, las explotaciones ganaderas pueden contaminar lo que les dé la gana, y seguir acumulando los resiudos en balsas (con sus filtraciones), sin que pase nada.¡Hay que reciclar! Ya hay algunos autobuses funcionando con biometano...

Y nadie ha hablado de subir los precios del transporte, sino de reducir las emisiones de CO2. Por ejemplo, actualizando la tecnología, para que se empleen vehículos eléctricos, y así, en parte, el transporte emplee también energías eólica, fotovoltaica, etc.; y no solamente combustión. Otra forma de reducir las emisiones, es obligar a no construir vehículos tan voluminosos. ¿Es necesario que haya coches con la altura y tamaño de furgonetas ligeras? Si hay que mover tonelada y media, pues claro que consumimos más, pero el peso no es un objetivo en sí mismo. Emplear más el barco, el tren y el bus, por este orden; dejar de incentivar la compra de coches e incentivar la de bicicletas eléctricas, ciclomotores y motos (por este orden)...

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#38453 7:56 19/8/2019

esto es el mismo saqueo de la checas version siglo XXI

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#38452 7:54 19/8/2019

La Unión Soviética entre 1927 y 1953 fue un Estado a menudo calificado como totalitario, modelado por un dirigente que disponía de todos los poderes y que se hizo rodear de un culto a la personalidad. El ascenso al poder de Iósif Stalin, el secretario general o Gensek del Partido Comunista de la Unión Soviética entre 1927 y 1929, marcó el inicio de una transformación brutal y radical de la sociedad soviética. En algunos años, el rostro de la Unión Soviética cambió profundamente por la colectivización agrícola integral y por la industrialización «a todo vapor», llevada a cabo por los ambiciosos planes quinquenales.

Tal modernización económica fue pagada por enormes exigencias de trabajo, impuestas o consentidas. El entusiasmo auténtico coexistió con las presiones, limitaciones o resistencias. Mientras algunos grupos sociales se beneficiaron del progreso alcanzado, como fue el caso de la nomenklatura o los estajanovistas, la mayor parte de la población vivió el sueño de construir una sociedad «justa y sin clases sociales» en un ambiente de privaciones y desigualdades que empeoraron con el tiempo. En algunas regiones, las hambrunas diezmaron a millones de campesinos.

La mutación de la sociedad estuvo acompañada por una política de represiones masivas, iniciada para la caza de campesinos recalcitrantes calificados como kulaks o de los opositores políticos y extendida gradualmente a la totalidad del cuerpo social. Las minorías nacionales, funcionarios del partido o simples particulares estaban potencialmente expuestos, pues todo ciudadano podía encontrarse bruscamente clasificado entre los llamados «enemigos del pueblo», «saboteadores», «espías del imperialismo» o incluso «cosmopolitas sin raíces». Esta transformación tuvo como resultado millones de víctimas, un costo cuidadosamente disimulado por el régimen, en un contexto de adoctrinamiento total. Así, se inició un largo período de terror y delación, marcado en especial por las Grandes Purgas y por la expansión considerable de los campos de trabajos forzados del Gulag.

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#38459 13:03 19/8/2019

Que carajo tendrá que ver..

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YAG 13:31 19/8/2019

No alimentes a los trolls, no hay que responder... quien ha publicado eso, seguramente no tenga capacidad de comprensión como para leer un sencillo artículo periodístico, y muy probablemente ni lo ha leído. Se dedica a difundir textos que tampoco ha comprendido o leído, probablemente bajo salario y mediante la ayuda de programas informáticos o bots. Sus mensajes son siempre falsos o tendenciosos, pero como dicen que una mentira dicha cien veces se convierte en verdad...

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