Trump, obsesionado con capturar a Raúl Castro

A las puertas de las elecciones legislativas, Donald Trump intenta amortiguar la derrota electoral de Bolsonaro con una victoria contra la Revolución cubana. Es una espina clavada en el orgullo imperial de EEUU que sobrevive hace 67 años a 90 millas de sus costas. El magnate sueña con capturar a Raúl Castro, como hizo con Nicolás Maduro. Una jueza ha ordenado su detención.
Postal Cuba
Al caer el sol las calles se quedan a oscuras y se iluminan con lámparas a batería. Jorge Gil Gimeno
31 oct 2026 06:00 | Actualizado: 31 oct 2026 12:31

“En estas próximas elecciones a la hora de votar haced de cuenta que yo me presento, que me estáis votando a mí”, dijo Donald Trump. Según las últimas encuestas solo entre un 31% y un 34% de estadounidenses sigue confiando en él, por lo que, si a la hora de votar en las legislativas del próximo martes 3 de noviembre a congresistas y senadores sus electores deben pensar que es a él a quien votan, probablemente terminen optando… por votar a candidatos demócratas. 

Trump confiaba en que el triunfo de Flávio Bolsonaro por el que su Gobierno y sus aliados oligarcas tecnológicos tanto hicieron le permitiría completar el control de América Latina y el Caribe a través de sumisos gobiernos ultraderechistas afines, a excepción solo de Sheinbaum en México y Díaz Canel en Cuba. Con Bolsonaro en el poder, Brasil saldría también de los BRIC con lo cual debilitaría ese bloque económico competidor que agrupa también a China, Rusia, India y Sudáfrica y que representa casi el 50% de la población y el PIB mundiales.

EEUU seguirá hostigando al nuevo Gobierno de Lula, que deberá gobernar en minoría y con grandes dificultades para sacar adelante y profundizar sus reformas económicas y sociales, pero la huida de Bolsonaro y su exilio en EEUU suponen un duro golpe para su partido, sus electores y para Trump. Pero no es la única preocupación que tiene en la región el magnate republicano para poder rediseñarla a su antojo en una versión actualizada de la Doctrina Monroe del siglo XIX. 

Hace muchos meses que aseguró que tomaría “el control de Cuba”, todo un símbolo para EEUU con el que estaba convencido de conseguir el voto de la poderosa comunidad cubana y de los productores agropecuarios, ganaderos y empresarios estadounidenses ávidos de ese mercado. Trump pretende convertir la isla en un gran resort controlado por su propio holding familiar inmobiliario y por otras grandes compañías hoteleras y de construcción. 

Decenas de hoteles de grandes grupos hoteleros europeos —entre ellos el español Meliá— han cerrado sus puertas ante las amenazas de represalias de EEUU—, y podrían ser remplazados por firmas estadounidenses. 

La ola ultraderechista mundial y las fuertes presiones de Trump hicieron que en la votación contra el bloqueo a Cuba este año países como Alemania, Italia, Grecia, Países Bajos o Montenegro dejaran de votar a favor de la resolución como lo hicieron en 2025 y decidieran abstenerse, mientras Eslovenia Y Bosnia-Herzegovina votaron en contra 

“De vuelta de Irán nos ocuparemos de Cuba”, sigue diciendo el magnate republicano, convencido de que en la isla rebelde —a la que no pudo someter ninguno de los presidentes que lo precedieron desde 1959 en la Casa Blanca— puede repetir el “modelo venezolano”. 

El pasado miércoles 28 se votó nuevamente en la Asamblea General de la ONU un proyecto de resolución presentado por Cuba de condena al bloqueo que sufre desde 1962 y que se ha agudizado hasta el extremo en este segundo mandato de Trump.

A pesar de que un año más la resolución fue votada por amplia mayoría —130 países lo hicieron—, Trump presionó a numerosos países y consiguió que 17 de ellos votaran en contra y que 21 se abstuvieran. En 2025 votaron a favor de la propuesta de Cuba 165 países, solo siete votaron en contra y 12 se abstuvieron. La ola derechista y ultraderechista mundial y las presiones de Trump fueron claves en ese cambio. 

En Europa fueron Eslovenia y Bosnia-Herzegovina quienes pasaron de votar a favor de Cuba en 2025 a hacerlo ahora en contra, y tanto Alemania como Italia, Países Bajos, Grecia, Croacia o Montenegro pasaron de apoyar el año pasado a Cuba a abstenerse en 2026.

En cualquier caso la resolución no es vinculante sin la aprobación del Consejo de Seguridad, donde EEUU la veta todos los años por lo que no tendrá efecto alguno, pero es una constatación de que Cuba, el país más solidario del mundo, se encuentra más aislada que nunca en el momento en que más lo necesita.

Trump consiguió tras el secuestro de Maduro imponer a Venezuela en pleno siglo XXI un humillante protectorado colonial e intenta repetir ese modelo en Cuba

Con un bloqueo económico y financiero feroz y una sola operación quirúrgica militar —el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores— la Administración Trump logró imponer a Venezuela desde el pasado 3 de enero y ante la pasividad de toda la mal llamada ‘comunidad’ internacional una suerte de protectorado colonial como aquellos que un siglo atrás, en plena expansión imperial, EEUU aplicó por la fuerza a Cuba, Haití, República Dominicana o Nicaragua. 

Pero la “vuelta de Irán” se hace esperar. La arriesgadísima aventura bélica a la que lo arrastró Benjamin Netanyahu amenaza con convertirse en una nueva derrota estratégica de las tantas sufridas por EEUU desde la guerra de Vietnam y que han influido no poco en el creciente declive de la hegemonía mundial de EEUU.

Las consecuencias de ese desastre ya está repercutiendo directamente en el bolsillo de millones de estadounidenses al llenar los depósitos de sus automóviles o los tractores de los productores agrarios y en todo el transporte terrestre, naval o aéreo, lo que ha provocado gran malestar en el propio MAGA (Make America Great Again), ese gran y variopinto movimiento social que puso en marcha Trump desde su primer mandato, en 2016.

Sus electores ven que la inflación sube como bajo el mandato de Biden —uno de los elementos que alimentó el malestar social y su derrota electoral— mientras las grandes petroleras estadounidenses están haciendo pingües negocios con la guerra de Irán y con el expolio del petróleo venezolano.

Una jueza de Miami ordena la detención del general Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas que sobrevolaban por enésima vez Cuba lanzando octavillas con llamamientos a la rebelión a pesar de las numerosas advertencias que le hicieron sus autoridades

El tiempo electoral apremia, y éxitos como el de Venezuela o el de Groenlandia —Dinamarca aceptó que EEUU amplíe sus bases y tenga el control militar de la isla— no repercuten en la calle, en los votantes. Trump insiste en buscar con golpes de efecto en política exterior lo que no consigue a nivel interno. Cuba es un escenario perfecto para ello, la obsesión de todo inquilino de la Casa Blanca. 

EEUU siempre se ha sentido humillado por no haber podido impedir que en 1959, en plena Guerra Fría un grupo de revolucionarios mal armados terminara derrocando a su fiel dictador, Fulgencio Batista; que expropiara empresas estadounidenses; que ayudara a movimientos de liberación en América Latina o África y que a pesar de imponerle un férreo y cruel bloqueo de seis décadas esa Revolución siga en pie.

La cabeza de Fidel Castro siempre fue la pieza más codiciada para EEUU. A falta de Fidel, al que no lograron matar con ninguno de los 638 intentos a lo largo de tantos años, les vale su hermano Raúl, que compartió con él la lucha desde la primera hora y las principales responsabilidades políticas y militares de la Revolución durante décadas.

A Trump y a Marco Rubio, su secretario de Estado de origen cubano, no les basta ya con asfixiar al máximo a toda la población de la isla convirtiéndola en una variante silenciosa y lenta del genocidio de Gaza, a la espera de que esta culpe a sus dirigentes de sus penurias, se subleve violentamente contra ellos y al mejor estilo Corina Machado pida a EEUU una intervención militar. 

Siguiendo los mismos pasos que Trump y su Justicia utilizaron contra Maduro para secuestrarlo (y en 1989 contra Manuel Noriega) una jueza de Miami ha ordenado su detención tras reabrir una antigua causa contra él.

 Lo acusa de ser el máximo responsable del derribo por parte de dos cazas MIG de la Fuerza Aérea Cubana de dos avionetas Cessna 337 Skymaster de la organización de exiliados ultraderechistas de Miami Hermanos al Rescate en el espacio aéreo internacional el 24 de Febrero de 1996, durante el Gobierno de Bill Clinton. 

La cabeza de Fidel Castro siempre fue la pieza más codiciada para EEUU. A falta de Fidel, al que no lograron matar con ninguno de los 638 intentos a lo largo de tantos años, les vale su hermano Raúl

Las avionetas procedían del aeropuerto de Opa Locka, Florida. Raúl Castro era en ese momento el ministro responsable de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Cuba sostiene que el ataque, que dejó cuatro muertos —los cuatro cubanos, tres de ellos con  nacionalidad estadounidense también y el cuarto estatus de residente en Miami—, se produjo en el espacio aéreo cubano, después de que esa organización, a la que se le había prohibido en numerosas ocasiones que hiciera vuelos rasantes lanzando miles de octavillas llamando a la rebelión, desobedeciera una vez más la advertencia. Basulto, que pilotaba una tercera avioneta, pudo huir de la zona.

Hermanos al Rescate fue creada en 1991 con dinero de la poderosa Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) por el exiliado cubano José Basulto, miembro de Operación 40, una organización paramilitar del exilio cubano entrenada por la CIA en los años 60.

En la década de los 90 Hermanos al Rescate reivindicaba ser una organización humanitaria que ayudaba a los cubanos que querían salir de Cuba rumbo a EEUU en frágiles embarcaciones y que dio lugar a la Crisis de los Balseros.

La Administración Clinton dejó de apoyarles en 1995 cuando llegó a un acuerdo migratorio con el Gobierno cubano por el cual dejaría entrar a EEUU a los más de 30.000 ‘balseros’ que acogía en pésimas condiciones en la base naval de Guantánamo —junto con haitianos— y devolvería a Cuba a todos los que intentaran hacerlo a partir de ese momento.

Basulto y el grupo de ultraderechistas cubanos de Miami que encabezaba decidieron cambiar su cometido e iniciar una agresiva campaña de propaganda desde el espacio aéreo cubano que La Habana denunció una y otra vez ante la Sección de Intereses de EEUU en La Habana sin resultado alguno. 

Paralelamente, la Dirección de Inteligencia (DI) cubano —también conocido como G2— infiltró a varios de sus agentes en Hermanos al Rescate y pudo conocer que el lanzamiento de octavillas era solo parte de un plan mucho más amplio y violento. 

No en vano Basulto se jactaba así en 2005 en el programa A Mano Limpia del canal 41 de Miami de sus acciones violentas: “En el año 1962 tiré desde una lancha rápida con un cañón contra un hotel en Cuba y hasta ahora el FBI no me ha venido a interrogar”. Fue el Hotel Rosita de Hornedo, en el barrio habanero de Miramar.

El Ministerio del Interior estaba al tanto de los planes violentos de Hermanos al Rescate, de Alpha66 y de otras organizaciones paramilitares del exilio cubano de Miami. La operación de espionaje se llamó la Red Avispa (recreada en el cine por la película de Olivier Assayas del mismo nombre) que terminó de ser descubierta y desarticulada por el FBI en 1998.

Sus principales protagonistas sufrieron duras condenas de cárcel pero terminaron siendo canjeados durante la Administración Obama por estadounidenses encarcelados en Cuba.

Donald Trump no logró acabar con Cuba ni capturar a Raúl Castro antes de las elecciones de medio mandato como pretendía

Presionado por el exilio cubano y por el Partido Republicano que controlaba ambas Cámaras el Gobierno de Clinton cambió radicalmente a partir de este incidente las relaciones con La Habana. Solo tres semanas después del derribo de las avionetas el presidente demócrata estampaba su firma a la Ley Helms-Burton que endureció drásticamente el bloqueo a Cuba ampliando las sanciones a nivel extraterritorial.

Trump no logró acabar con Cuba ni capturar a Raúl Castro antes de las elecciones de medio mandato como pretendía y aunque le quedan aún dos años hasta las presidenciales del 7 de noviembre de 2028 teme que una eventual derrota en la Cámara de Representantes y/o el Senado tal como vaticinan la mayoría de encuestas le impida completar sus sueños imperiales. 

Por ello las elecciones del próximo martes son especialmente importantes y crece la incertidumbre sobre cómo reaccionará Trump si a pesar del gerrymandering (rediseño de los distritos electorales para favorecer a sus candidatos) y de la total parcialidad del Departamento de Justicia se confirmara una sonora derrota del Partido Republicano.

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