El bloqueo petrolero impulsado por Trump deja a Cuba al borde del colapso

Luego de la intervención militar en Venezuela, Trump y Marco Rubio apuntan sus cañones contra Cuba. Con el bloqueo del suministro de petróleo desde cualquier país, buscan profundizar la crisis económica y provocar una catástrofe humanitaria. ¿Podrá la isla resistir a la asfixia?
Cuba e o Peak Oil
El transporte urbano ha sido una de las primeras víctimas del embargo petrolero impulsado por EEUU.

@Gera_Szalkowicz / IG gera.sz

10 feb 2026 06:00

La semana pasada, una inédita ola de frío en Cuba llevó la temperatura a cero grados por primera vez en su historia. Como si el nuevo coletazo de la crisis climática fuese parte del guion de asfixia del enemigo imperial, que en los últimos días apretó la soga para estrangular a la isla díscola bloqueando su suministro de petróleo. Después del secuestro de Nicolás Maduro, el tándem Donald Trump-Marco Rubio va por el viejo anhelo que desvela a las élites estadounidenses desde hace más de seis décadas: Cuba.

“Si yo estuviera en el Gobierno de La Habana, estaría preocupado”, advirtió aquel 3 de enero el secretario de Estado, obsesionado desde siempre por tumbar la revolución del país donde nacieron sus padres. La amenaza de que la mayor de las Antillas sería la próxima presa la explicitó, una y otra vez, el propio Trump: “Cuba está muy cerca del colapso”, “está lista para caer”, “no podrá sobrevivir”.

Y el 29 de enero pisó el acelerador. Firmó una orden ejecutiva que califica a Cuba como “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y la política exterior estadounidenses” y anunció la imposición de aranceles a los países que le vendan petróleo. En los hechos, un bloqueo energético que profundiza el histórico embargo económico-comercial y que busca provocar una crisis humanitaria.

Esta vez, la fachada oficial no incluyó presidentes narcos ni cárteles fantasmas. Pura guerra geopolítica y amedrentamiento ideológico: el decreto acusa a Cuba de “alinearse con países y actores malignos adversos a Estados Unidos” y de difundir “ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental”. 

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, describió la maniobra como “fascista, criminal y genocida” y aseguró que están dispuestos “a defender la patria hasta la última gota de sangre”. Días después, se mostró abierto a un diálogo con EEUU pero “sin presiones y respetando la soberanía y la autodeterminación”.

Una olla a presión

Las nuevas medidas coercitivas golpean sobre una infraestructura energética muy deteriorada y en el marco de una de las crisis económicas más profundas de la historia cubana. En diálogo con El Salto, Roque Lazo, integrante del Centro Memorial Martin Luther King, relata: “La realidad cotidiana está siendo muy difícil. Diría que es de crisis en varios niveles. Una crisis energética que provoca prolongados apagones, una crisis material que alcanza la alimentación, los cuidados, la salud pública, la educación, que provoca agotamiento físico, mental, que provoca desesperanza. Una crisis cuya causa fundamental tiene que ver con la política de asfixia de los EEUU y, en menor medida, con errores del Gobierno en la política económica”.

Gabriel Vera Lopes, analista y corresponsal de Brasil de Fato en La Habana, coincide en el carácter “sumamente crítico” de la situación. "Además de los prolongados cortes de luz que desordenan la vida cotidiana, la falta de suministro eléctrico afecta otras cuestiones como el bombeo de agua a las casas, la recolección de basura, el funcionamiento de las escuelas y universidades o el servicio de internet”, describe.

Díaz-Canel reconoció que Cuba no recibe combustible desde diciembre pasado y anunció “un plan de contingencia”. Entre otras medidas, se redujo la semana laboral a cuatro días, la Universidad de La Habana pasó a modalidad semipresencial, se recortaron servicios de transporte y se limitó la compra de gasolina.

El suministro de petróleo desde Venezuela a Cuba, que se venía reduciendo en los últimos años, se cortó de cuajo con la intervención militar estadounidense del 3 de enero

Cuba consume unos 120.000 barriles de petróleo al día, de los cuales produce cerca del 30%. Su principal proveedor era Venezuela que, en el mejor momento de la alianza entre Hugo Chávez y Fidel Castro a principios de siglo, llegó a enviar unos 100.000 barriles al día, mientras cientos de médicos cubanos atendían en cada rincón del país suramericano. Ese suministro de crudo, que se venía reduciendo en los últimos años, se cortó de cuajo con la intervención militar del 3 de enero.

El otro gran abastecedor es México, que enviaba unos 17.000 barriles diarios, pero también los interrumpió ante la extorsión de Trump: más del 80% de las exportaciones mexicanas se dirigen hacia EEUU, por lo que las eventuales sanciones impactarían de lleno en su economía. Su presidenta, Claudia Sheinbaum, anunció el envío de ayuda humanitaria, con 800 toneladas de alimentos y productos básicos, mientras explora “por vías diplomáticas” cómo restablecer el suministro de petróleo a la isla. En los siguientes días enviará otras 1.500 toneladas de ayuda humanitaria a la isla.

"La creciente hostilidad de EEUU se produce en un momento donde la prolongada crisis económica ha generado un nivel de desafección política muy fuerte en amplias franjas sociales”, dice el analista Gabriel Vera Lopes

El cerco energético se monta sobre una economía erosionada que tuvo una contracción del PBI de más del 11 % durante los últimos cinco años, sobre todo por la merma del turismo —principal fuente de divisas— que cerró el 2025 su peor año desde 2002 (con excepción de la pandemia). Ahí también cumplió un papel el boicot de Washington, que implementó el rechazo de visas a quienes hayan viajado a Cuba.

Una tormenta perfecta que tiene como nudo central los intereses de la Casa Blanca desde que en 1962 John F. Kennedy impuso el bloqueo económico, comercial y financiero, mantenido durante las 12 administraciones siguientes, cuyos daños acumulados se calculan en 170.000 millones de dólares.

Debilidades y resistencias

El descalabro económico se retroalimenta con el desgaste de la revolución. Vera Lopes señala que “la creciente hostilidad de EEUU se produce en un momento donde la prolongada crisis económica ha generado un nivel de desafección política muy fuerte en amplias franjas sociales, que se han visto desmoralizadas frente a la falta de respuestas, respuestas tardías y exceso de burocracia para enfrentar los problemas graves y urgentes”.

En sintonía, Lazo analiza: “En la alta política también hay una crisis. Una retórica impactada por el desgaste natural de los años y por una guerra asimétrica en el orden ideológico-cultural, que a nivel global va en contra de los preceptos esenciales de la revolución. Y hay otras causas particulares del proceso cubano, como la incompleta socialización del poder y la orfandad que dejó la partida de Fidel Castro”.

¿Hay lugar para el optimismo de la voluntad? ¿Qué capacidad de resistencia se vislumbra en este panorama sombrío? Lazo destaca que “crisis no significa muerte, ni necesariamente su antesala. Porque en medio de estas carencias gravísimas, también hay debajo una fibra patriótica que se volvió a evidenciar después del 3 de enero”. 

Vera Lopes también hace referencia a las marchas multitudinarias que sucedieron al ataque contra Venezuela: “Pese a esta crisis política, todavía perviven niveles muy altos de conciencia y de adhesión al proyecto que la prensa internacional deja de lado. Un nivel de movilización gigantesca que muestran elementos de patriotismo muy fuertes en la población que conviven, de manera tensa, con esas desafecciones o esos enojos por los reclamos acumulados”.

“La trágica soledad de Cuba”

Así tituló Eduardo Galeano un artículo en el que analizaba la compleja situación cubana tras la caída del bloque soviético. Y no son pocas las similitudes de este momento con aquel llamado “período especial”.

La intervención estadounidense en Venezuela impactó en varios planos. Por supuesto en lo material con el corte del suministro de petróleo, pero también en lo simbólico al dimensionarse la capacidad operativa de la principal potencia militar y en el efecto emocional que provocó el asesinato de 32 soldados cubanos que eran parte de la custodia de Maduro.

La gran pregunta es si las grandes potencias aliadas, China y Rusia, intervendrán activamente para sostener a Cuba. Hasta ahora, más allá de declaraciones, no lo han hecho

Lazo menciona también el impacto político: “Estamos viendo el desmontaje del Estado venezolano tal como lo conocíamos hasta ahora: yo lo traduzco como un cambio de régimen con el propio régimen. Y esta pérdida de nuestro principal aliado nos deja en una situación de mucha vulnerabilidad y nos lleva a preguntarnos si se podrá repetir esa estrategia con nosotros”.

La gran pregunta es si las grandes potencias aliadas, China y Rusia, intervendrán activamente para sostener a Cuba. Hasta el momento hubo declaraciones de apoyo y alguna que otra ayuda pero, como en Venezuela, todo indica que se mantendrán al margen de la agresión estadounidense.

“China es el principal aliado en la estrategia de transición energética, pero es una transición muy lenta, al momento Cuba produce apenas el 10% de energía renovable. Rusia suministra algo de petróleo por lo cual hay cierta expectativa de que haya un aumento de ese flujo, y también de ayuda en términos de seguridad”, señala Vera Lopes.

Lazo agrega la complejidad de una historia conflictiva en las relaciones de Cuba con Rusia y China. Y no deposita muchas esperanzas: “Ha habido algún respaldo material, pero muy insuficiente para el grado de profundidad de la crisis que vivimos. ¿Estarían dispuestos a jugarse sus estrategias geopolíticas en Europa Oriental y en Asia por lo que puede acontecer en el Caribe? Hay gente que le pone mucha fe pero hasta ahora la evidencia muestra lo contrario. Si no pudieron ayudar a Venezuela, ¿por qué ayudarían a Cuba?”.

Desde América Latina tampoco está habiendo una respuesta acorde a la gravedad de la agresión, más allá de alguna declaración de Lula y la preocupación de las organizaciones populares. La “Doctrina Donrow” y su amenaza belicista por ahora genera más miedo que unidad: cada quien negocia como puede y de forma aislada con el autopercibido emperador global. Y como una triste paradoja, Cuba, máximo ejemplo de solidaridad e internacionalismo, afronta su hora más difícil en una trágica soledad.

Estados Unidos
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