Opinión
Esta huelga ya la estamos ganando
El titular puede parecer tramposo, o incluso algo ingenuo, pero en el fondo creo que tiene mucho de cierto. Una sombra recorre algunos centros educativos estos días: no vamos a conseguir nada. La huelga como fin. Zarzalejo se niega a negociar.
Sin embargo, también podemos hablar de la huelga como medio. Porque la realidad es que ya se ha conseguido mucho. Varias generaciones de docentes, con experiencias y trayectorias muy diferentes, nos hemos contagiado, nos hemos esperanzado y hemos (re)descubierto las mieles de la lucha colectiva formando parte de una de las mayores movilizaciones por la educación pública madrileña en la última década.
Nos estamos dejando llevar por la potencialidad de la masa crítica cortando calles y llenando de ruido y aplausos espontáneos Madrid. Vivimos con emoción encontrarnos con una compañera de hace años que nunca hubiéramos pensado que iba a hacer huelga. Nos hemos sentido arropadas por toda esa gente con la que nos cruzamos y nos jalea, por esos coches que pitan y saludan al pasar. ¿Quién nos iba a decir que en los recreos debatiríamos sobre los criterios para organizar una caja de resistencia en nuestro centro?
Nuestra defensa de una educación de calidad no se intimida ante el desprecio y los uniformes. Ya lo hemos gritado hasta la saciedad: “somos docentes”
Eso sí, todo acompañado de un despliegue de creatividad propio de profes que trabajan en una pública esquilmada y sacan adelante a sus grupos dando lo mejor. Y por supuesto no podía faltar la presidenta de la Comunidad dándonos material y buscando resignificar los conceptos. Poca broma con lo del coro rociero. Porque sí, es verdad que somos más de cantar, pitar y reivindicar desde la rabia y la alegría que de porras. Porque nuestra defensa de una educación de calidad no se intimida ante el desprecio y los uniformes. Ya lo hemos gritado hasta la saciedad: “somos docentes”.
Y eso se ve en la creatividad de las pancartas y las acciones, las chocolatadas, las canciones tuneadas, las alianzas con las familias, los cortes de autovías o las bicicletadas. Hasta una donación masiva de sangre. Decenas de adaptaciones curriculares para que la Consejería, para que Ayuso y Zarzalejo entiendan que en el futuro de la educación pública nos va el futuro de la sociedad entera. Que se tienen que sentar a negociar. Que como dicen las calles “solo la educación pública une lo que la desigualdad separa”.
Una sombra recorre muchos centros, pero no tiene en cuenta que los grandes cambios siempre van de abajo a arriba, que hay que pelearlos, como lo estamos haciendo
Y no, nuestro alumnado no sale perjudicado por perder unos días de clase, ni siquiera Bachillerato. Sacar la carta de la vulnerabilidad para cuestionar una huelga como hizo el editorial de El País es, cuanto menos, ruin. Tiene mucho más impacto académico estudiar durante tres meses a más de 30º, que tu clase sea un barracón porque no han terminado de construir tu centro, no poder comer en el cole porque no te ha llegado la beca, que las adaptaciones a las distintas necesidades educativas se alarguen de un curso para otro porque no hay orientadoras, vivir con toda tu familia en una habitación o compartir tu aula con 38 personas más. Las razones están claras. Y de dónde viene la violencia, también. Más de 30 años de Gobierno del PP desmantelando la educación pública avalados por los distintos Gobiernos centrales.
Una sombra recorre muchos centros, pero no tiene en cuenta que los grandes cambios siempre van de abajo a arriba, que hay que pelearlos, como lo estamos haciendo. La huelga general o la nueva acampada de Sol no nacen de un estallido social puntual. Un montón de colectivos de vivienda llevan más de una década trabajando en los barrios, haciendo redes, asambleándose y pensando estrategias. Y llegó su momento. Esta huelga lleva convocada desde junio, pero es fruto de todas las movilizaciones que nos han precedido en educación, de los tres años que llevamos construyendo asambleas en los centros, desde la horizontalidad y con la vocación de aunar y representar distintas realidades del mundo de la enseñanza, las laborales y las familiares. Por eso mismo, esta huelga hay que cuidarla y alimentarla, porque en sí misma ya es parte del proceso de cambio que necesitamos. Si puedes hacerla activamente, genial. Y si no, tienes la posibilidad de asistir a las asambleas de los recreos, participar en muchas acciones, contarlo en el parque o en la comida familiar de los domingos. Todo, siempre, suma. Las familias también lo saben y ya se están organizando en sus coles e institutos. La huelga como medio.
Y Ayuso, ya sabes, Madrid será tu coro rociero… y como no podía ser de otra manera, ya estamos buscando los tutoriales para hacernos unas buenas faldas verdes.
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