Una página del cómic ‘Los Invisibles’, de Grant Morrison y Steve Yeowell
Una página del cómic ‘Los Invisibles’, de Grant Morrison y Steve Yeowell. Imagen cortesía de Panini.

‘Los Invisibles’, el tebeo antisistema de los años 90 que precedió a ‘Matrix’ y adivinó la distopía actual

Panini reedita en España la obra más personal y política del guionista escocés Grant Morrison, conocido por sus cómics de Batman, Superman o los X-Men, pero que en los 90 exploró los limites del situacionismo, el anarquismo o la representación queer en el noveno arte comercial.
Imágenes cortesía de Panini.
4 mar 2026 06:00

“Me miré en el espejo y ahí estaba King Mob, devolviéndome la sonrisa. Mi vida y la suya se alimentaban mutuamente, conformando un curioso bucle: si al principio fui yo quien había seguido sus pasos, ahora era él quien estaba siguiendo los míos, encomendándose a mi biografía para que esta insuflase vida a su historia”.

El guionista de cómics escocés Grant Morrison escribió entre los años 1994 y 2000 Los Invisibles, su serie de superhéroes más personal e inclasificable, y esta es una de las pocas ocasiones en que usar esos dos adjetivos no es un ejercicio de vacío. Aunque el autor ha firmado títulos de La Liga de la Justicia, X-Men, Batman o el mítico All-Star Superman que sirvió de inspiración a la reciente película de James Gunn, esta colección sigue siendo la más representativa de su visión particular del arte, la vida… y el anarquismo.

Este enero, la colección ha vivido su segunda reedición en España, celebrando su 30 aniversario con un par de años de retraso, como parte del primer ejercicio en el que los derechos de la editorial DC están en manos de Panini, que ha puesto a la venta el primero de, al menos, cinco tomos que abarca las 12 entregas iniciales de los 59 números mensuales que duró la serie.

Enmarcada en el sello Vertigo de DC, reservado para las propuestas más rupturistas y que no encajaban en el “universo” de Batman y Superman, cuenta la historia de un grupo de rebeldes, el Colegio Invisible, que a través del viaje del tiempo, el kung-fu, la meditación y la magia del caos, se enfrentaba a la Iglesia Exterior, formada por monstruos “gnósticos” de otra dimensión que tienen esclavizada mediante su control simbólico a la mayor parte de la Humanidad.

Como resume para El Salto Lewis Call, historiador y filósofo posanarquista, además de estudioso de la obra de Morrison, “Estados Unidos está actualmente gobernado por una banda viciosa de pedófilos fascistas nihilistas. Realmente se parece a la Iglesia Exterior. El Partido Demócrata no puede salvarnos de algo así. ¡Necesitamos al Colegio Invisible!”.

‘Los Invisibles’, de Grant Morrison y Steve Yeowell, un cóctel molotov contra el conformismo
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‘Los Invisibles’ de Grant Morrison, un cóctel molotov contra el conformismo. Imagen cortesía de Panini.

El propio Morrison, en su ensayo Supergods (Tuner, 2012), al que pertenece la cita que encabeza este texto, desarrolló cómo la serie en general y el personaje de King Mob en particular fueron su ejercicio de crearse un “traje de ficción” con el que experimentar los vasos comunicantes entre el mundo de las ideas y la vida real. “En todos los personajes había una mezcla de mí con otros conocidos: Dane McGowan, el joven amante del street punk destinado a convertirse en un bodhisattva, era el cínico de la clase trabajadora que seguía teniéndome bajo control; King Mob era el mago del caos artístico y con gusto en el vestir; Ragged Robin representaba mi alma sensible; Lord Fanny mi disfraz de bruja travesti indomable; y Boy era la voz de la razón, práctica y pragmática, que se aseguraba de que pagase religiosamente las facturas y los impuestos y diese de comer a los gatos”, resumía el autor.

Y sí, no suenan a superhéroes como los de las películas de Marvel, porque no se parecen demasiado (quizás en el fetichismo a los X-Men). El nombre de protagonista y alter ego de Morrison, King Mob, está tomado de un grupo de artistas situacionistas del Londres de los años 60 y 70 que publicaban la revista King Mob Echo, y puede traducirse como “rey de la mafia”, una forma de nombrar en argot a un capo del crimen, o literalmente como “rey multitud”. El propio Morrison atribuye a la estética de Los Invisibles un precedente de Matrix (2000), otra distopía antisistema de ciencia ficción escrita desde el mainstream y que hoy tiene una lectura queer explícita.

Contracultura y años 90

Para Call, la actualidad de Los Invisibles 30 años después de su publicación es casi mayor que entonces: “En los 90 todavía era posible mantener la pretensión de que el capitalismo podía ser contenido por la ley. Ahora los capitalistas pueden hacer lo que les dé la gana sin temor a consecuencias legales”. El ficticio Colegio Invisible, precisa, “desarrolló un modelo postsituacionista de acción directa táctica que ha resultado ser muy útil en el primer cuarto del siglo XXI. Los héroes de Los Invisibles hicieron uso táctico del espectáculo con fines revolucionarios”.

Los héroes torcidos de Morrison son expertos en el ‘détournement’, una táctica situacionista consistente en “remezclar símbolos visuales del ‘mainstream’ para darles un significado político radicalmente diferente”, señala el filósofo Lewis Call

Los héroes torcidos de Morrison son expertos en el détournement, una táctica situacionista consistente en “remezclar símbolos visuales del mainstream para darles un significado político radicalmente diferente”, señala Call. Algo que, en la actualidad, ve reflejado en la cultura del meme en línea, y la capacidad de algunos activistas de “dar la vuelta” al imaginario reaccionario, o en los ciudadanos de Mineápolis que grabaron las actividades del ICE de Trump semanas atrás, a los que considera “espectadores emancipados” según la teoría postsituacionista de Jacques Rancière.

Diego Salgado y Elisa McCausland, analistas culturales y colaboradores de El Salto, añaden que “una obra que tiene entre sus citas más conocidas aquella de que ‘es el fin del mundo tal y como lo conocemos’ no puede ser más vigente en un presente como el nuestro, donde el principio de certidumbre se ha desvanecido por completo”. Recuerdan que en Los Invisibles se lee que “hemos creado dioses y carceleros porque nos sentíamos pequeños, avergonzados y solos, y dejamos que esos dioses y carceleros nos juzgaran y nos llevasen al matadero tras ser sentenciados”. En la actualidad, comparan, se sigue alimentando a esos dioses y esos carceleros con la ansiedad y el deseo de participar de la simulación. Los Invisibles, según Salgado y McCausland, “contribuye a abrir esa pequeña rendija, rasgar el velo de la realidad, por donde acceder a otro estado de conciencia y, por tanto, del ser”.

Morrison creía tanto en la capacidad de la ficción de alterar la realidad que, cuando cayó enfermo después de que los villanos torturasen a su “traje de ficción” King Mob en el cómic, escribió una plena recuperación física y mental del personaje en la que incluso luego se echaba novia… y afirma lo mismo le ocurrió a él.

Al mismo tiempo, la cualidad de “bomba” de significado que irrumpe en la realidad de los años 90 de El fin de la Historia parece, en muchos aspectos, muy lejos del 2026 actual. Para McCausland y Salgado, no es tan importante que el lector o la lectora presten atención a la contracultura y los movimientos antiglobalización de los años 90 leyendo Los Invisibles, como que, al disfrutarlo en 2026, “se hagan preguntas en torno a la legitimidad de la contracultura y el activismo antiglobalización hoy. Y nos atreveríamos a decir que, desde ese punto de vista, es una obra tan reveladora o más en la actualidad que entre 1994 y 2000”.

King Mob, de ‘Los Invisibles’
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King Mob, de ‘Los Invisibles’, alter ego del propio Grant Morrison. Imagen cortesía de Panini.

Esa misma relectura sirve a Lewis Call, que nos atiende mientras se moviliza por los asesinatos del ICE en Mineápolis y busca nichos de resistencia mediática en los EEUU de Trump, para hacer autocrítica: “Alrededor del cambio de milenio, muchos izquierdistas posmodernos, incluido yo, subestimamos los peligros de la teoría de la simulación. Es demasiado fácil pasar a un nihilismo posmoderno donde nada es real y por lo tanto nada importa. Y ese tipo de nihilismo puede fácilmente sostener una política basada enteramente en mentiras”.

En su opinión, Los Invisibles sí insinúa algunas estrategias para lidiar con la muerte de lo real: “King Mob se preocupa por el creciente poder de la simulación, y se queja de que ya no puede distinguir qué es real, pero Jack Frost abraza la irrealidad del mundo posmoderno, y finalmente le enseña a King Mob que cuando nada es real, todo es real. Cuando la simulación se convierte en realidad, aquellos que han aprendido a vivir en la simulación pueden efectuar un cambio político real”.

Aprender a ser invisible

Resulta inevitable cuestionar si realmente tiene sentido considerar antisistema o revolucionaria una obra publicada por el gigante DC Comics —que desde hace 50 años pertenece al grupo de la mismísima Warner— y que ahora vuelve reeditada por una multinacional como Panini. “A esta pregunta nosotros le hemos dado muchas vueltas en todos nuestros textos, y aún no hemos dado con una respuesta satisfactoria, cómoda, seguramente porque es imposible”, responden Salgado y McCausland. A ambos les gusta la cultura de masas y opinan que Morrison y Los Invisibles lo son “pese a su heterodoxia, no a pesar de sus servidumbres para con la industria cultural y el escenario sociopolítico establecido, también debido a dichas servidumbres”.

Grant Morrison “ha hecho lo que ha podido, ha batallado con el sistema y consigo mismo, y muchas de esas tensiones están reflejadas en ‘Los Invisibles’”, opinan Diego Salgado y Elisa McCausland

En ese sentido, califican “la lucha de Morrison por una expresión antagónica a la establecida que pudiera, al mismo tiempo, leer e intervenir lo establecido” como un desafío, una intención llena de contradicciones y paradojas. “Todos nos desenvolvemos de una forma u otra en esa situación ambigua, obligadamente cargada de dudas y autoanálisis, lo que, todo hay que decirlo, resulta mucho más interesante y provechoso a nivel de lecturas y acción que creerse en una atalaya, una posición moral e intelectual de superioridad del todo insostenible si uno es honesto consigo mismo”, consideran. Para esta pareja de analistas, Grant Morrison es en este aspecto un artista ejemplar: “Ha hecho lo que ha podido, ha batallado con el sistema y consigo mismo, y muchas de esas tensiones están reflejadas en Los Invisibles. Si de algo nos habla este cómic es de la necesidad de romper con los espejismos, y no solo los creados por los demás sino aquellos de nuestra propia cosecha, con los que pretendemos sentirnos cómodos y más listos que los demás”,  señalan los autores de, entre otros títulos, Sueños y fábulas (ECC, 2022), un detallado ensayo sobre Vertigo.

Y finalizan citando al propio Morrison cuando escribió que “la figura del héroe fomenta la expectación pasiva, la revuelta entendida como otro producto a consumir”. Si de algo trata esta obra del autor escocés, resumen Salgado y McCausland, es de “conseguir ser invisibles ante nuestros propios ojos, ante nuestras propias limitaciones, nuestros marcos de pensamiento o, para ser más rigurosos, nuestras creencias y nuestros mantras y lugares comunes”.

Por su parte, el filósofo Lewis Call concluye señalando que las historias están vivas. “No estoy seguro de que una sola historia pueda cambiar mucho el mundo, pero sí creo que las historias pueden reflejar y amplificar los cambios que sus creadores quieren ver en el mundo”.

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