Colombia
“Yo parí a mi hijo pero mi hijo parió una luchadora”, el reclamo de Luz Marina Bernal sigue alzado en Colombia
Fair Leonardo Porras Bernal desapareció el 8 de enero del 2008 de su casa en Soacha, cerca de Bogotá, Colombia. Le llevaron lejos, con la promesa de un trabajo, a más de 600 km, hasta el departamento de Santander. Allí lo encontraron meses después, en Ocaña, en una fosa común junto a otros jóvenes de Soacha, con 13 impactos de bala. A su familia les dijeron que Fair Leonardo era un comandante narcoguerrillero muerto en combate por el ejército colombiano. En su mano derecha descansaba su arma.
Lo cierto es que Leonardo, que tenía 26 años en la fecha de su muerte, sufría limitaciones mentales de nacimiento: su capacidad intelectual equivalía a la de un niño de 8 años, no sabía leer ni escribir, tenía certificada una discapacidad del 53% y la parte derecha del cuerpo, sobre la que plantaron un arma, paralizada. Su caso fue vital para desarmar los “falsos positivos”: ejecuciones extrajudiciales en Colombia cometidas por el ejército que secuestraba a jóvenes para asesinarlos, vestirlos como guerrilleros y cobrar recompensas secretas del Gobierno de Álvaro Uribe.
Fair Leonardo Porras Bernal murió el 12 de enero del 2008 pero su asesinato “parió una luchadora” como viene defendiendo su madre desde entonces. Su deslumbrante rostro representa la lucha de Luz Marina Bernal que junto a las madres de los otros chicos desaparecidos y asesinados luchan desde entonces contra la impunidad y por la justicia, son “las Madres de Soacha”.
Arte y memoria
18 años después, Luz Marina Bernal, nominada al Premio Nobel de Paz en el 2016, activista por la paz en Colombia y defensora de los derechos humanos sigue defendiendo verdad y justicia para las víctimas. En el marco del I Simposio Internacional sobre Memorias Participativas celebrado en Granada, España, Luz Marina Bernal reflexiona sobre un camino que comenzó con el dolor y se transformó en una resistencia artística y política.
Para Luz Marina, el arte ha sido la herramienta fundamental para “mantener la memoria viva” de su hijo y de los más de 10.000 desaparecidos y asesinados en el marco del conflicto. Describe procesos como el laboratorio de cenizas, donde las cartas, poemas y canciones dedicadas a los familiares se queman para, con sus restos, recrear los rostros de los ausentes.
Otro pilar de su trabajo es el bordado de chaquiras checas, una técnica minuciosa con la que reconstruye los rostros de líderes asesinados como Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal o Manuel Cepeda Vargas. “Tejo muchos rostros con chaquiras, en hilo; sin preguntar quién, qué clase de víctima es, porque lamentablemente en Colombia se ha dado una gran diversidad de violaciones a los derechos humanos”. Luz Marina describe las desapariciones forzadas como una de las violaciones más aberrantes, “porque nos roban el rostro, la identidad, su nombre, sus raíces, sus costumbres”. Para ella, encontrar a los familiares desaparecidos e inhumarlos dignamente es la única forma de ”morir y descansar en paz“ después de décadas de trasiego.
Para Luz Marina es muy importante la actividad artística en los procesos de memoria, “soy una de las convencidas de la importancia del arte en un proceso de paz como el de Colombia en el que hemos descubierto nosotras, las víctimas, que somos multifacéticas: bordamos, nos volvemos antropólogas, investigadoras, forenses, actrices, cantautoras, poetas”.
La activista lleva 17 años dedicada al teatro, una disciplina que considera una poderosa herramienta para sanar y visibilizar el dolor de las víctimas. ”El arte es una forma de sembrar una semilla en su corazón“, afirma. Según explica, las representaciones consiguen ”tocar las fibras" del público y crear un espacio seguro para que otras personas encuentren la fuerza de reconocer y expresar el sufrimiento que han guardado durante años. “Es como abrirles el camino para que puedan decir: 'Yo también soy víctima y me di cuenta de que ustedes tienen una fuerza inmensa para contar algo que yo no he podido hablar en años'”, relata.
Seguir tejiendo ‘lazos de memoria’
Luz Marina explica que las víctimas de crímenes de Estado en Colombia depositaban sus esperanzas en la victoria de Iván Cepeda en las elecciones celebradas el pasado 21 de junio. Hijo de Manuel Cepeda, senador colombiano asesinado en el marco de la persecución paramilitar contra la Unión Patriótica, Iván Cepeda es fundador del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado. Para las víctimas, su candidatura representaba «la continuidad del camino que nos dejó abierto Gustavo Petro; una oportunidad para seguir llevando a universidades, colegios y territorios, e incluso al ámbito internacional, la denuncia y las exigencias sobre lo que ha ocurrido con la memoria en Colombia».
“Seguiremos con la frente muy en alto, luchando por nuestras propias convicciones, por nuestra propia memoria, donde absolutamente nadie puede arrebatarnos esa lucha que hemos venido haciendo”, afirma Luz Marina Bernal ante el nuevo Gobierno colombiano.
La activista califica a Abelardo de la Espriella, ganador de las pasadas elecciones, como una persona que no mide sus palabras y cuyas consecuencias pueden afectar a todo el país. Teme las consecuencias de un Gobierno formado por personas “represoras y corruptas, que amenazan con silenciar las reclamaciones y las protestas” y quiere lanzar en su nombre y en el de las víctimas un mensaje muy claro: “Seguiremos con la frente muy en alto, luchando por nuestras propias convicciones, por nuestra propia memoria, donde nadie, absolutamente nadie, puede arrebatarnos esa lucha que hemos venido haciendo”.
La activista asegura que seguirán visibilizando las violaciones de derechos humanos en Colombia y tejiendo lazos de memoria “con todas las víctimas, tanto de las ciudades como de las localidades y los territorios”. El objetivo, subraya, es que se haga justicia y, sobre todo, que existan “garantías de no repetición de estos hechos”.
Para Luz Marina, uno de los mayores desafíos es implicar a las nuevas generaciones. Considera fundamental que «la juventud sea consciente de que Colombia tiene una historia muy dolorosa que se ha tratado de ocultar, que no la podemos dejar en un anaquel para que se olvide». Por eso, cree que los jóvenes deben convertirse también en protagonistas de esa reivindicación y exigir a las instituciones que afronten el pasado, “Que puedan decir al presidente de la República: ‘Como estudiantes de colegios y universidades queremos que la verdad sobre las violaciones de derechos humanos en nuestro país sea visible’”.
Una sola voz mundial por la búsqueda de familiares
Preguntamos a Luz Marina por el papel de las mujeres buscadoras en América. Ella nos responde que “las mujeres somos las que ponemos el cuerpo para una búsqueda definitiva”. Reconoce en las Madres de la Plaza de Mayo su principal precedente, “son mujeres que nos forjaron un camino para luchar y se enfrentaron a unos gobiernos nefastos que las trataron muy mal”. Explica que las argentinas son un ejemplo de fuerza que extiende a las madres de México, España o Cuba. La activista lanza una reflexión: “Si nos desaparecen a nuestros esposos, somos viudas. Si nos desaparecen al papá de nuestros hijos, ellos son huérfanos. Pero hay una pregunta que siempre formulamos: ¿cómo se califica a una madre cuando le desaparecen a un hijo o lo asesinan? No hay palabra para calificarla”.
Como buscadora, se define junto a miles de mujeres como “víctimas de unos conflictos que no nos pertenecieron”. A pesar del paso del tiempo, asegura que no renunciarán a la búsqueda ni aceptarán que se les siga negando “la oportunidad de recuperar los restos de nuestros abuelos, bisabuelos o tatarabuelas”.
“Quisiera invitar a todas las madres buscadoras del mundo a que nos uniéramos, a que fuéramos una sola voz mundial”, proclama Luz Marina Bernal.
Dieciocho años después del asesinato de su hijo, Luz Marina mantiene intacto el compromiso que marcó su vida: “Yo lo parí para la vida, pero él me parió para una lucha”. Acompañando a miles de familias colombianas que siguen buscando a esposos, hijos, hijas, hermanas, sobrinos o padres desaparecidos. “Quisiera invitar a todas las madres buscadoras del mundo a que nos uniéramos, a que fuéramos una sola voz mundial”. Exige que a esa sola voz mundial “la tienen que escuchar todos los gobiernos que deben exhumar los territorios a campo abierto, cementerios, fosas comunes donde se encuentran cada uno de esos restos de nuestros seres queridos”. Luz Marina quiere mostrar a las nuevas generaciones que “La unión hace la fuerza y la lucha la tenemos que hacer colectivamente, no individual, porque nadie podría creer realmente lo que estamos hablando”.
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