Cuando Bollywood habla de matar por la patria y de hacerlo bailando

El thriller de acción ‘Alpha’, nueva entrega de una saga de ‘blockbusters’ de acción geopolítica pasada de vueltas, ha llegado a las pantallas españolas con una cierta discreción. El filme tiene algo de ‘agit-pop’ que asume el nacionalismo agresivo de la India gobernada por Narendra Modi.
Alpha película YRF Spy Universe
Fotografía promocional de la película Alpha.
14 jul 2026 06:00

La tentación codiciosa de diseñar audiovisuales franquiciados no es solo cosa de Hollywood. Del anhelo de encontrar un pelotazo como el llevado a cabo por Marvel Studios nació un universo cinematográfico creado sobre la marcha en Bollywood: el YRF Spy Universe. Un goteo de películas protagonizadas por (super)heroicos agentes del servicio de inteligencia indio se ha ido convirtiendo en una saga de obras más bien autoconclusivas, pero interconectadas mediante la aparición de personajes compartidos.

Películas como Ek Tha Tiger o War no partían de propiedades intelectuales previamente establecidas, sino de personajes de nuevo cuño basados en clichés muy arraigados. Sus responsables cruzan instituciones reales del Estado indio con los espectáculos bombásticos de Misión: Imposible. Los referentes, tanto en los personajes y situaciones que se plantean como en las formas audiovisuales a través de las cuales se plasman, remiten a nombres del cine globalizado y globalizador, comolas últimas entregas de la saga iniciada por The fast & thefurious, las secuelas de John Wick y lo que haga falta (¿alguien dijo Michael Bay?). Es especialmente relevante la influencia del audiovisual superheroico, quizá sobre todo en esa vertiente más proclive a mostrar ceños fruncidos y puños apretados que ha cultivado Zack Snyder (Batman v Superman). Como en una franquicia de comida rápida étnica, las convenciones globalizantes se combinan con sabores locales. Los cineastas del universo de espías YRF extreman el uso subrayador de la música, por ejemplo. Y dan unas cuantas, muchas, vuelta de tuerca a la inverosimilitud de las hazañas y acrobacias de Ethan Hunt y demás superagentes. Las coreografías de acción, de hecho, se adentran en terrenos de la gesta heroica abiertamente fantástica (algo parecido se hizo en la aventura anticolonial RRR) donde se abre la puerta a un disfrute humorístico. El espectáculo llega a invitar a la risa perpleja. Todo ello con una cobertura extra: la inclusión de algún número musical acaba de ratificar que estamos ante un artefacto desatadamente escapista.

Y llegaron ellas

La séptima película del YRF Spy Universe llega a las salas españolas en un momento en que se especula con que la franquicia esté en peligro. Al parecer, sufre un problema habitual en las sagas que se ha visto agravado en el contexto pospandémico: tendencia a acumular costes crecientes cuando los resultados en taquilla difícilmente pueden aumentar. La reacción ha pasado en este caso por el ajuste presupuestario y por dimensionar los liderazgos (o, mejor dicho, las presencias) de mujeres. Una apuesta que, hasta cierto punto, puede recordar a ese neoliberalismo progresista de Hollywood que reparte algunas visibilidades de diversidad como quien modifica una alineación futbolística, pero sin dejar de jugar al mismo juego con un estilo muy parecido.

De nuevo desde una mezcla de similitudes y diferencias, los responsables de Alpha siguen caminos repletos de contradicciones como los que transitaron los autores de obras como Wonder Woman. Y no solo porque se vuelva a identificar la soberanía femenina con la capacidad de matar mucho. Incluso se incluye una frase motivacional-camisetera que subraya que estas cosas de luchar y matar no son una cuestión de género, sino de habilidad. Este es un gesto discursivo igualitarista más bien puntual. Como si, a diferencia de lo acontecido con muchos espectáculos de heroínas de acción del Hollywood reciente, los autores de la película no solo no hubiesen creado una obra feminista sino que también hubieran renunciado a que lo pareciese. Eso sí, la productora YRF ha otorgado la cabeza de cartel (o algo parecido) a protagonistas mujeres antes que Marvel Studios, que lo hizo en la vigesimoprimera película.

Más allá de eso, el filme es una ensalada pulpy que ya es marca de la casa. Vuelven los héroes entregadísimos a la nación y vuelven las tramas mínimas organizadas alrededor de largas coreografías de violencia. Los personajes principales pueden acabar con decenas de enemigos sin rostro en apenas unos segundos. Y hacerlo de maneras delirantemente fanfarronas, porque las escenas de acción no solo son algo muy parecido a un baile, sino que también tienen mucho de sucesión de poses que pueden remitir tanto a las splash pages del cómic de superhéroes como a la autoexposición propagandística de uno mismo en redes sociales.

Incluso las novedades planteadas en ‘Alpha’ remiten a mil y un referentes del pasado. El detonante de la historia es el descubrimiento de un suero para crear supersoldados al estilo de Capitán América y tantos otros

Incluso las novedades planteadas en Alpha remiten a mil y un referentes del pasado. El detonante de la historia es el descubrimiento de un suero para crear supersoldados al estilo de Capitán América y tantos otros. Y una de las protagonistas ha sido criada desde la cuna para ser máquinas de matar perfectas y sometidas a largos programas de entrenamiento al estilo de los planteados en Nikita o en la reciente Ballerina.

Con todo, podría decirse que Alpha es una propuesta un poco más sobria de lo habitual en la franquicia. El relato es algo más grave que en otras ocasiones, aunque siga emergiendo un interludio musical (rodado en Valladolid, en esta ocasión, con la habitual mirada turística del cine comercialísimo). El empleo de una gama cromática más apagada puede entenderse como una adaptación a una historia que añade violencias más íntimas a las habituales correrías antiterroristas. Quizá sea también una adecuación pragmática: un presupuesto más restringido puede ocultarse mejor si proliferan las sombras. Cada espectador decidirá qué le parece esta nueva ecualización de la fórmula, algo menos fallera. Lo que no falta es el chovinismo y el correspondiente enemigo... ¿interior?

Como Chuck Norris, pero moviendo las caderas

El imaginario del YRF Spy Universe es el propio de las ficciones de geopolíticas pop (¿o pulp?) y antiterrorismo: defensa de la seguridad de la patria sin muchas sutilezas ni complicaciones. El interés nacional siempre es muy fácil de identificar, sin contradicciones ni intereses contrapuestos de ningún tipo. No solo porque se da por sentada una especie de unidad nacional, sino también porque hay enemigos fáciles de identificar, sean estos grupos oligárquicos transnacionales (véase War 2) o instituciones del vecino-enemigo como el ejército pakistaní y sus servicios de inteligencia.

En algunos aspectos, Alpha tiene un cierto aire revivalístico de un cine preglobal que sigue existiendo, pero que quizá ha sido un tanto desplazado del centro de la escena. La expansión mundial del neoliberalismo había estado acompañada por el desarrollo paulatino de un cierto sentido del pudor en la exposición de antagonismos, odios y supremacías. Degradar o demonizar abiertamente a comunidades, a países enteros, a credos, fue dejando de parecer tan normal. Eso no derivaba de arrebatos de humanismo internacionalista, sino más probablemente de un deseo de cuidar los mercados internacionales. El cambio de relato no siempre tenía lugar, y menos aún se acometía de manera rigurosa: se podía incluir a uno o dos personajes positivos iraquíes, o afganos, o lo que tocase, en historias que seguían siendo de buenos y malos, de los nuestros y los otros.

En el caso del YRF Spy Universe, se habían lanzado previamente algunos guiños de una amabilidad un tanto condescendiente hacia Pakistán, como la historia de amor entre uno de los héroes indios y una espía de aquel país. En Tiger 3, el superagente indio protagonista y sus colaboradores ejercen como indian saviors: salvan a una mandataria pakistaní de un magnicidio impulsado por militares y exmilitares de su país porque esta busca mantener relaciones pacíficas con la India. Evidentemente, la propuesta no dejaba de traslucir bastante chovinismo, los consabidos atajos conceptuales y la certeza absoluta de estar en el lado correcto de la historia: el entendimiento, como en el Rocky IV de finales de la Guerra Fría, pasa porque el otro asuma tus posiciones y juegue en tu terreno de juego.

Después de la casi enfermiza insistencia en el lema patriótico “India first” que se repetía más de una decena de veces en la anterior ‘War 2’, ‘Alpha’ podía parecer una compensación, una advertencia sobre los posibles excesos de un patriotismo mal entendido

Después de la casi enfermiza insistencia en el lema patriótico “India first” que se repetía más de una decena de veces en la anterior War 2, Alpha podía parecer una compensación, una advertencia sobre los posibles excesos de un patriotismo mal entendido. En realidad, las cosas terminan yendo por otro camino y acaba emergiendo el antagonismo con Pakistán mediante tiroteos a gran escala. El resultado no desentonaría con las maneras del belicoso cine reaganista de Chuck Norris y compañía, remasterizado con formas audiovisuales del siglo XXI y salpicado por algunas peculiaridades culturales propias.

Al final, Alpha es una nueva muestra de una cierta tendencia de los blockbusters de las potencias de la esfera BRICS a ensalzar la patria propia como una potencia regional o global. Ese ejercicio de autoestima se vuelve a llevar a cabo, como en tantos filmes chinos o rusos, mediante la reproducción de moldes muy parecidos a los empleados en aquellas películas que dibujaban un mundo monopolar donde Estados Unidos ejercía de sheriff (o de bully) con una indisimulada arrogancia imperial que resultaba potencialmente humillante. Quienes eran subalternos repiten modelos parecidos como si no hubiese otra manera de situarse en el mundo. Como si la queja no fuese que un país se imponía a los demás, sino que no era tu país el que se imponía. La geopolítica parece condenada, de momento, a ser entendida así. Y también las ficciones securitarias que se inspiran en ella.

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