Opinión
Las luces y sombras del Gobierno de Gabriel Boric
@jaimebgl.bsky.social
Este miércoles se hace oficial el traspaso de poderes en Chile. José Antonio Kast llega al Palacio de La Moneda y, por lo tanto, es el momento de hacer balance de lo que ha sido el Gobierno de Gabriel Boric. La buena imagen internacional del presidente saliente y la concentración de unos cuantos miles de personas el domingo frente al Palacio de La Moneda para despedirlo han contribuido a generar un ambiente demasiado triunfalista. No todo ha sido de color rosa en el mandato de Boric, y conviene ser críticos con la labor del presidente y hacer un balance realista de lo que ha sido su gestión. La cual no sería justo tildar de fracaso absoluto, pero con la que tampoco conviene ser excesivamente complaciente.
Que Boric haya conseguido remontar la situación crítica de sus primeros años de mandato y no terminar calcinado políticamente es un triunfo nada desdeñable. No solo para él, sino para todo su espacio político
El balance del Gobierno de Boric, como casi todo en la vida, depende desde donde se mire. Si lo miramos con los ojos de diciembre de 2021, cuando aquel joven diputado ganó al ultraderechista José Antonio Kast y se convirtió en el presidente más votado de la historia de Chile, seguramente nos inclinaríamos más hacia el fracaso. Sin embargo, si lo miramos con los ojos de finales de 2022 o comienzos de 2023, el saldo es bastante más positivo. Entonces, el Gobierno de Boric parecía visto para sentencia tras unos primeros meses erráticos y una contundente derrota en el plebiscito constituyente. Que Boric haya conseguido remontar la situación de entonces y no terminar calcinado políticamente es un triunfo nada desdeñable. No solo para él, sino para todo su espacio político.
Comienzos turbulentos y giro concertacionista
Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de analizar el Gobierno Boric es que este tuvo dos etapas muy diferenciadas. Una primera marcada por las convulsiones y errores iniciales, y una segunda donde el Gobierno giró hacia el centroizquierda incluyendo en el gabinete a varios ministros de la Concertación de partidos por la democracia, la coalición tradicional del centroizquierda chileno.
Los primeros meses fueron muy duros para el Gobierno, que tuvo que hacer frente a temas complicados para la izquierda, como el repunte de la inseguridad o el conflicto con las comunidades mapuches en el sur del país. Este último fue especialmente doloroso debido a las altas expectativas que el mismo Gobierno había generado. El ejecutivo de Boric prometía abrir una nueva etapa basada en el diálogo y finalmente acabó recurriendo a herramientas que en el pasado había calificado de represivas declarando en mayo de 2022 un estado de emergencia en las provincias afectadas que se ha mantenido hasta el final del mandato, el más largo desde la vuelta de la democracia a Chile. Un récord que seguramente Boric no pensaba batir.
En el conflicto con las comunidades mapuche, Boric prometía abrir una nueva etapa basada en el diálogo y finalmente acabó recurriendo a herramientas que en el pasado había calificado de represivas
A estos problemas del día a día hay que añadirle la derrota en el plebiscito constituyente del 4 de septiembre de 2022, donde el Gobierno sufrió el mayor revés de la legislatura. Más de un 60% de los chilenos rechazaron la propuesta constitucional en la que el Gobierno había confiado el futuro de la legislatura. El plan original de Boric era convertirse en el presidente de la nueva Constitución y, a partir de ahí, relanzar su mandato con la legitimidad que le daría el voto favorable a un texto que promovía cambios importantes. En vez de ese impulso transformador, el Gobierno se llevó en el plebiscito una bofetada del electorado, que no solo rechazó el texto, sino que un par de meses más tarde eligió en la nueva cámara constituyente a una mayoría de derechas y ultraderechas. No había cumplido ni un año en el cargo, y ya no quedaba ni un atisbo de las esperanzas que Boric había generado.
Sin embargo, el joven presidente supo rehacerse. Dos días después de la derrota en el referéndum, impulsó un cambio de Gobierno que contribuyó a frenar una caída que en aquel momento parecía inevitable. Esta redención se basó fundamentalmente en la incorporación de ministros de la Concertación a las carteras más importantes de gobierno. Boric desplazaba a algunos de sus colaboradores más estrechos que estaban teniendo un mal desempeño gubernamental como Giorgio Jackson o Izkia Siches y confiaba en un nuevo perfil: personas con experiencia de gestión y militancia en los partidos tradicionales del centroizquierda. Partidos a los que Boric y los suyos habían criticado en el pasado, pero a quienes necesitaba para sacar adelante su mandato.
Cuando Boric había cumplido ni un año en el cargo, ya no quedaba ni un atisbo de las esperanzas que Boric había generado. Pero el presidente supo rehacerse
Este giro concertacionista tuvo sus contrapartidas. El Gobierno renunció a sus horizontes más transformadores, pero a cambio ganó en capacidad de gestión, recibiendo un balón de oxígeno que le ayudó a enderezar la legislatura. No había ninguna garantía de que el experimento saliera bien, pero finalmente la experiencia fue efectiva y Boric consiguió frenar su descenso a los infiernos.
A partir de entonces el nuevo ejecutivo se basó en un binomio que se ha mantenido a lo largo de toda la legislatura. Por un lado, el carisma y el talante de su presidente, y por otro, la imagen de solidez en la gestión de la Concertación, que consiguió acabar con la sensación de improvisación e inexperiencia que transmitía el Gobierno del primer Boric.
Sus logros han sido más limitados de lo que se pudo pensar al comienzo del mandato, y desde luego han quedado lejos de acabar con el neoliberalismo en Chile. Pero el Gobierno de Boric ha conseguido avances sociales que no se pueden ignorar. La histórica reducción de la jornada laboral a 40 horas, la ampliación de la cobertura sanitaria gratuita y la reforma de las pensiones son probablemente los mayores hitos de la legislatura.
En materia económica, a pesar de unas cifras modestas en crecimiento y creación de empleo, se ha subido considerablemente el salario mínimo, se han aumentado los impuestos a la minería del cobre y se ha conseguido contener el gran problema de comienzos de mandato, reduciendo drásticamente la inflación. Y en seguridad ha bajado la tasa de homicidios respecto a 2022, lo que, sin embargo, no ha contribuido a reducir la preocupación ciudadana en esta materia.
La histórica reducción de la jornada laboral a 40 horas, la ampliación de la cobertura sanitaria gratuita y la reforma de las pensiones son probablemente los mayores hitos de la legislatura.
Unos avances menos profundos de lo que le hubiera gustado al primer Boric, pero que han mejorado la calidad de vida de mucha gente.
La herencia de Boric
Otra manera de evaluar el desempeño de un gobierno es analizar el país que deja tras su paso. En este caso, el balance de Boric vuelve a ser ambivalente. Por un lado, quien le sucederá en la presidencia es nada menos que José Antonio Kast, el candidato de derecha radical al que Boric derrotó en 2021. Algo que no deja en buen lugar al ya expresidente.
Durante sus cuatro años de gobierno se ha producido una derechización del país sin precedentes, y en la primera vuelta de la elección de 2025 las tres candidaturas de derecha y ultraderecha sumaron más del 50% de los sufragios. A ellas se añade otro 20% que apoyó a Franco Parisi, un candidato que, si bien se niega a identificarse plenamente como derechista, cuenta con una agenda en materia de seguridad e inmigración que iguala o supera la de sus pares conservadores.
Cuánto de esto es atribuible al gobierno de Boric es complicado, pero lo cierto es que las medidas del ejecutivo no han conseguido frenar esta oleada ultraconservadora. El pasado mes de diciembre, 7 millones de chilenos (un 58% del electorado) prefirieron apoyar a Kast en segunda vuelta antes que a la candidata oficialista Jeannette Jara, que se presentaba como continuadora del proyecto de Boric. Se mire por donde se mire, es un fracaso que el ejecutivo que vino a acabar con el legado pinochetista en Chile termine cediéndole el bastón de mando a un candidato orgullosamente pinochetista como Kast.
Durante sus cuatro años de gobierno se ha producido una derechización sin precedentes, y en la primera vuelta de la elección de 2025 las tres candidaturas de derecha y ultraderecha sumaron más del 50% de los sufragios
Sin embargo, si miramos el espacio al que pertenece Gabriel Boric, el balance es menos apocalíptico. Boric se retira con un 37% de aprobación, una cifra similar a la del segundo mandato de Bachelet y superior a la del último de Piñera, y queda reafirmado como líder de un espacio que, con sus problemas, ha conseguido consolidarse como la principal alternativa de gobierno a las ultraderechas.
La alianza entre el Frente Amplio y el Partido Comunista se ha reforzado en estos años, y además de su experiencia de gobierno, ambos partidos han conseguido revalidar alcaldías, contar con bancadas importantes en el Congreso y el Senado y mantener una robusta base institucional y militante. La situación no es idílica y se ha retrocedido respecto a los resultados obtenidos en 2021, pero hay una base sobre la que construir de cara a futuro y el espacio aguanta mejor que muchas de las izquierdas surgidas tras la crisis del 2008.
Boric sigue vivo, que no es poco.
Uno de los principales logros de estos cuatro años del presidente Boric es haber sobrevivido políticamente. Durante su mandato ha sorteado multitud de reveses, como la derrota en el plebiscito, un caso de corrupción que involucraba a partidos de su coalición, como el Caso Fundaciones, o el de la agresión sexual del exsubsecretario de Interior, Manuel Monsalve. El Gobierno Boric fue capeando todos ellos, y si bien cometió errores, el presidente demostró que es una figura con carisma, con grandes dotes comunicativos y a quien, en absoluto, el cargo le viene grande a pesar de su juventud. Boric se mueve bien en el plano de lo institucional y lo simbólico y lo ha demostrado continuamente estos cuatro años.
Además de las reformas en salud, trabajo y pensiones, otro de los grandes logros del presidente ha sido defender una política internacional ambiciosa, basada en el multilateralismo y la defensa de los derechos humanos que ha reforzado el papel de Chile a nivel internacional y el suyo propio como referente para la izquierda en otras latitudes. Boric ha sido capaz de condenar violaciones de los Derechos Humanos independientemente de donde se cometieran, de no plegarse ni a Estados Unidos ni a otras potencias como China o Rusia, y de tener una voz propia en materia internacional erigiéndose como uno de los principales defensores de un multilateralismo de izquierdas. Algo que además de reforzar la posición internacional de Chile, ha contribuido a mejorar su imagen y probablemente le haya ayudado a sobrevivir en los momentos más duros.
La situación no es idílica, pero hay una base sobre la que construir de cara a futuro y el espacio aguanta mejor que muchas de las izquierdas surgidas tras la crisis del 2008
Al gobierno de Boric se le recordará por sus avances sociales, que aunque insuficientes caminan en la dirección correcta, por los vaivenes iniciales y los errores cometidos, pero también como el primer gobierno fuera del bipartidismo que durante tres décadas encarnaron la Concertación y la coalición derechista de Chile Vamos. La experiencia, eso sí, se ha quedado lejos de enterrar a los partidos tradicionales, que han tenido un rol más protagónico del esperado en el gobierno Boric.
Este es otro de los errores que se le ha achacado a Boric desde la izquierda: haberse entregado demasiado a la Concertación y haber gobernado como un presidente de centroizquierda renunciando a la iniciativa política. La gran pregunta aquí es si después de los seis primeros meses podía hacer otra cosa. La respuesta probablemente es negativa, lo que no quita que la relación con la Concertación merezca una reflexión de cara a futuro. Si la izquierda chilena vuelve a llegar al poder en Chile, tendrá que intentar encontrar un punto entre el primer y el segundo Boric. Entre el idealismo del primero que creyó que podría gobernar apartando de las decisiones importantes a la Concertación y el pragmatismo extremo del segundo, que rebajó en exceso sus expectativas gobernando prácticamente como si fuese un presidente de centroizquierda. En ese espacio se debe encontrar un punto que permita promover avances sociales más ambiciosos que los de la actual legislatura.
Con todos sus errores y limitaciones, el paso de Boric para la izquierda chilena no ha sido en vano y deja un legado que servirá de inspiración para muchos. Boric nos ha mostrado la dificultad de gobernar, pero también nos ha dado esperanzas de que se puede hacer. Su mandato no debe entenderse como un final, sino como el principio de algo y como una experiencia, que aunque incompleta y con sus errores, permita aprender y hacerlo mejor en un futuro.
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